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Full text of "Simón Bolívar"

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University  of  Toronto 


http://www.archive.org/details/simnbolvarOOroja 


SIMÓN  BOLÍVAR 


C0RBE1L.    —   IMPRENTA   DE    RENAUDET. 


BOLÍVAR 


SIMÓN 


BOLÍVAR 


'/ 


por 


el  Marqués  de  ROJAS' 


CORRESPONDIENTE     DE     LA     REAL    ACADEMIA     ESPAÑOLA 

OFICIAL    DE   INSTRUCCIÓN    PÚBLICA    EN    FRANCIA 


PARÍS 

LIBRERÍA  DE  GARXIER   HERMANOS 

G.    CALLE    DES    SAI.NTS-PÉRES,    6 

1883 


34 


-  3 


^1 


La  celebración  del  Centenario  de  Bolívar  es 
un  homenaje  que  honra  á  la  patria  del  Liberta- 
dor de  cinco  naciones,  y  al  Gobierno  que  lo  tri- 
buta con  tan  fervoroso  entusiasmo. 

La  apoteosis  del  hombre  que  completó  la 
obra  del  descubridor  de  un  mundo,  será  pre- 
sidida por  el  general  Guzman  Blanco,  que  do- 
minando el  espíritu  de  las  revueltas  civiles 
y  restableciendo  la  paz  de  la  República,  ha 
mantenido  la  independencia  de  Venezuela,  y 


—  VI  — 

con  la  autoridad  de  su  Gobierno,  tan  alta  como 
la  de  Bolívar,  le  ha  dado  un  puesto  en  el  con- 
sejo de  las  Naciones. 

Deseosos  de  concurrir  de  algún  modo  á  tan 
solemne  acto,  y  de  hacer  una  ofrenda,  si- 
quiera la  más  modesta,  en  el  ara  santa  de  la 
gloria  de  Bolívar,  hemos  trazado,  al  correr  de 
la  pluma,  este  trabajo  histórico.  El  muy  breve 
tiempo  de  que  hemos  dispuesto  para  darle 
cima,  nos  desanimó  en  los  comienzos  de  nues- 
tra labor ;  pero  pudo  más  el  deseo,  ya  que  no 
la  consideración  de  que  sólo  pretendemos  es- 
clarecer algunos  hechos  publicando  documen- 
tos inéditos  que  harán  luz  en  la  vida  del 
Libertador. 

La  historia  de  Venezuela  es  todavía  y  será 
por  mucho  tiempo  la  historia  de  Bolívar,  no  ya 
sólo  por  merecimientos  de  quién  trajo  un 
mundo  á  la  vida  del  derecho,  sino  también 
por  virtudes  de  una  generación  legendaria,  que 
vive  aun  en  el  corazón  de  la  patria,  y  llena  con 


—  VII  — 

sus  recuerdos  y  con  sus  grandezas  inmarcesi- 
bles la  historia  de  todo  un  siglo. 

El  temor  de  herir  la  susceptibilidad  de  Es- 
paña, que  tiene  entre  nosotros  el  cetro  de  la 
amistad,  más  merecedor  de  acatamiento  que 
el  cetro  de  su  antiguo  imperio,  nos  asaltó  al 
narrar  algunos  episodios  de  la  historia  y  aún 
puso  freno  á  nuestro  entusiasmo.  Empero  los 
descendientes  de  una  generación  que  en  cum- 
plimiento de  leyes  ineludibles  del  progreso, 
combatió  á  España,  con  más  denuedo  y  lealtad 
que  los  demás  pueblos  del  continente  ameri- 
cano, tienen  la  honra  de  haber  sido  los  pri- 
meros en  extinguir  por  siempre  el  fuego  de 
odiosidades  injustificadas,  y  de  reconocerse 
vasallos  de  ella  por  amores  y  por  gratitud  del 
corazón. 

El  Centenario  de  Bolívar  marca  una  nueva 
etapa  en  la  vida  de  Venezuela.  ¡  Bión  haya 
nuestra  patria  si  esta  apoteosis  contribuye  á 
afirmar  la  paz  pública,  y  hace  reverdecer  en 


—  VIII  — 

la  memoria  de  nuestros  compatriotas  las  salu- 
dables enseñanzas  del  grande  hombre  que, 
habiendo  sacrificado  vida,  nombre  y  fortuna 
en  aras  del  bienestar  público,  fué  mártir  de 
su  patriotismo  y  víctima  impíamente  inmolada 
en  el  nefando  altar  de  la  discordia  ! 


París,  lo  de  Mayo  de  1883. 


BOLÍVAR 


Simón  Bolívar  nació  en  Caracas  el  24  de  Ju- 
lio de  1783,  habiendo  sido  progenitores  suyos 
D.  Juan  Vicente  Bolívar  y  D.a  María  de  la  Con- 
cepción  Palacios  y  Sojo,  ambos  de  abolengo 
noble  y  cuantiosa  fortuna.  El  padre  de  Bolívar 
murió  en  1786  :  la  madre  en  178'.). 

La  educación  de  Bolívar  en  sus  primeros 
años  hubo  de  limitarse  á  lo  que  podía  en  aquel 
tiempo  aprenderse  en  Caracas  ;  primeras  letras 
y  rudimentos  imperfectos  de  las  lenguas  espa- 
ñola y  latina. 


2  BOLÍVAR 

En  Enero  de  1789  el  tutor  de  Bolívar  le 
envió  á  Madrid  para  que  perfeccionara  allí  sus 
estudios.  Bolívar,  que  para  entonces  tenía  el 
título  de  Teniente  de  milicias  de  Aragua,  re- 
sidió algún  tiempo  en  la  coronada  villa  y  con- 
trajo allí  exponsales  con  la  señorita  D.a  María 
Teresa  Toro  y  Alayza,  difiriéndose  el  matri- 
monio, porque  la  edad  del  novio  apenas  cifraba 
en  los  17  años. 

De  Madrid  pasó  en  1801  á  París,  donde  las 
ideas  y  costumbres  contribuyeron  muy  mucho 
á  formar  su  carácter.  Begresó  á  Madrid,  y  sin 
más  demora  efectuó  su  matrimonio  con  la  se- 
ñorita Toro,  embarcándose  en  seguida  con  ella 
para  Venezuela.  Diez  meses  después  de  su 
vuelta  á  Caracas,  falleció  su  bella  y  amable 
compañera . 

Besolvióse  Bolívar  á  fines  del  mismo  año  á 
volver  á  Europa,  y  ésta  vez  se  dirigió  directa- 
mente de  La  Guaira  á  Cádiz.  Pocas  semanas 
pasó  en  Madrid,  y  fué  después  á  París,  donde 
permaneció  algún  tiempo. 

En  la  primavera  de  1805  emprendió  un 
viaje  de  recreo  por  Italia,  Holanda  y  Alemania 


BOLÍVAR  ;j 

y  se  dirigió  más  tarde  á  los  Estados  luidos  de 
América,  de  donde  regresó  á  Caracas  á  fines  de 
1806,  decidido  á  la  edad  de  22  años,  que  en- 
tonces tenía,  á  vivir  alejado  de  la  política 
y  ocupado  exclusivamente  en  sus  propios 
asuntos. 

Hasta  esa  fecha  no  bullía  en  el  cerebro  de 
Bolívar,  como  lo  afirman  algunos  historia- 
dores, la  idea  de  redimir  á  su  patria. 

Á  su  regreso,  la  situación  de  Venezuela  era  la 
siguiente.  Desde  fines  del  siglo  pasado  habían 
comenzado  á  soliviantarse  los  ánimos  de  los 
americanos  en  favor  de  su  independencia.  La 
conspiración  de  Gual  y  España  había  sido  de- 
nunciada y  descubierta  en  1799.  D.  J.  M.  Es- 
paña halda  sido  ahorcado  en  Caracas  el.  8  de 
Mayo  de  1799.  Gual  que  logró  escapar  con 
vida,  había  muerto  envenenado  en  Trinidad, 
según  se  asegura,  por  un  echadizo  español. 

El  general  Francisco  de  Miranda,  con  el 
apoyo  del  Gobierno  Británico,  más  eficaz  en 
la  apariencia  que  en  el  fondo,  había  llegado  al 
país  con  una  expedición,  organizada  en  los 
Estados  Unidos,   compuesta    de    una    corbeta 


4  BOLÍVAR 

armada  en  guerra,  dos  trasportes  y  algunos 
elementos. 

Las  autoridades  españolas,  oportunamente 
avisadas,  se  habían  apoderado  de  los  buques  y 
de  la  mayor  parte  de  los  expedicionarios.  Mi- 
randa pudo  salvarse  refugiándose  en  Trinidad. 

De  los  prisioneros  hechos  á  la  expedición, 
diez  habían  sido  fusilados  en  Puerto  Cabello  y 
degollados  después  de  muertos.  Los  demás 
habían  sido  encerrados  en  los  presidios  de  Car- 
tagena y  Puerto  Rico. 

En  Trinidad  había  organizado  el  general 
Miranda  una  segunda  expedición  compuesta 
de  15  embarcaciones  y  500  voluntarios,  casi 
todos  extranjeros.  Con  ella  se  dirigió  á  las 
costas  occidentales  de  Venezuela  y  ocupó  el 
puerto  de  La  Vela  y  la  ciudad  de  Coro,  derro- 
tando previamente  la  columna  española,  fuerte 
de  1,200  infantes,  que  pretendió  impedirle  su 
desembarco,  y  apoderándose  de  un  fortín  y  de 
más  de  veinte  cañones. 

Miranda,  el  verdadero  precursor  de  la  inde- 
pendencia venezolana,  no  había  encontrado  en 
Coro  ninguna   cooperación,  ningún  apoyo  ni 


BOLÍVAR  f> 

simpatía  entre  los  americanos,  á  quienes  se 
había  propuesto  emancipar.  Después  de  pasar 
cuatro  dias  en  aquella  ciudad,  se  retiró  á  La 
Vela,  y  de  aquí  guió  á  Oruba  donde  disolvió  su 
expedición,  dirigiéndose  á  Trinidad. 

Los  auxilios  que  había  pedido  á  Jamaica  le 
fueron  negados,  y  en  consecuencia  abandonó 
el  proyecto  de  dirigir  la  expedición  sobre  el 
Río  de  la  Hacha  en  busca  de  mejor  suerte  para 
su  noble  causa.  De  Trinidad  continuó  viaje  á 
Europa. 

Estos  sucesos  tan  desgraciados  para  la 
causa  americana,  habían  producido  en  los  áni- 
mos de  los  venezolanos  un  pavor  extremo. 

Los  acontecimientos  ocurridos  en  España 
posteriormente  modificaron  un  tanto  la  situa- 
ción de  las  cosas.  La  abdicación  de  Carlos  IV 
en  íaror  de  su  hijo,  la  de  este  en  favor  de  su 
padre  ;  la  cesión  de  la  Corona  Española  en  fa- 
vor de  Napoleón,  la  proclamación  de  José  Bo- 
naparte  como  rey,  la  reacción  efectuada  en  la 
península  con  motivo  de  tan  oprobiosos  suce- 
sos, todo  contribuyó  eficazmente  á  despertar 
en  Venezuela  el  deseo  de  promover  la  emanci- 


6  BOLÍVAR 

pación  de  la  patria.  Pero  aún  no  estaba  col- 
mada la  medida. 

Acordóse  en  Venezuela  el  desconocimiento 
de  la  autoridad  de  Bonaparte,  y  se  reconoció 
después  de  mil  vacilaciones  la  Junta  de  Se- 
villa, y  más  tarde,  en  Enero  de  1809  fué  reco- 
nocida la  Junta  Central  de  España  é  Indias, 
como  única  autoridad  para  dirigir  los  asuntos 
de  la  Península  y  de  sus  colonias. 

La  tentativa  de  los  americanos  para  consti- 
tuir una  Junta  local,  quedó  frustrada.  El  bri- 
gadier D.  Vicente  Emparan  llegó  á  Caracas  con 
el  carácter  de  Capitán  general  de  Venezuela  y 
comenzó,  como  era  de  esperarse,  por  oprimir 
á  los  criollos,  declarando  que  no  había  otra  ley 
ni  otra  voluntad  que  la  suya . 

Pero  antes  de  proseguir,  detengámonos  á 
contemplar  la  figura  del  general  Miranda. 

De  inteligencia  luminosa,  de  carácter  re- 
flexivo y  austero,  de  temperamento  firmísimo, 
sobrio  en  costumbres  y  parco  en  juicios,  pro- 
bado en  el  crisol  de  la  adversidad  y  atento 
siempre  á  la  idea  que  engendró  su  mente,  era 
Miranda  de  la  madera  de  los  hombres  conven- 


BOLÍVAR  7 

cidos  que  jamás  tiemblan  las  consecuencias  de 
un  hecho  ni  reparan  lo  andado  en  el  doloroso 
camino  de  las  revoluciones  políticas. 

En  Rusia  fué  bien  quisto  de  todos  y  agasa- 
jado por  Catalina  ;  en  Francia  luchó  como 
bueno,  juntamente  con  los  mejores  caudillos 
de  la  Revolución  ;  en  los  Estados  Unidos  de 
América  riñó  batallas  y  expuso  enseñanzas,  y 
en  todas  partes  estuvo  siempre  al  servicio  de 
la  libertad  que  él  queria  implantar  en  su  opri- 
mida patria. 

La  caida  de  los  Girondinos,  con  quienes  mi- 
litara en  la  Revolución,  amenguó  su  prestigio, 
é  inesperadas  infidelidades  de  la  fortuna  pu- 
sieron su  nombre  en  tela  de  juicio  y  su  vida 
entre  los  hierros  de  aquel  monstruo  de  rece- 
los y  de  suspicacias  que  se  llamó  «  tribunal  re- 
volucionario » . 

En  medio  de  estas  grandes  convulsiones  no 
decayó  un  punto  su  acendrada  fé,  ni  se  dio  á 
partido  en  el  nobilísimo  empeño  de  redimirá 
la  patria  ;  y,  á  despecho  de  las  vacilaciones 
de  Pitt  y  del  gobierno  de  los  Estados  Unidos, 
partióse   á  Venezuela,    corriendo    á    la   aven- 


8  BOLÍVAR 

tura,  en  persecución  de  la  independencia. 
Parte  en  todos  los  tormentosos  sucesos  que 
en  aquel  momento  histórico  agitaron  al  mundo 
antiguo  de  las  supersticiones  y  al  nuevo 
mundo  de  las  esperanzas,  fuéle  dado  á  Miranda 
el  arrojar  en  los  campos  de  su  patria  la  semilla 
fructífera  del  árbol  santo  déla  libertad,  regado 
con  sangre  y  lágrimas  de  Francia  en  el  Calva- 
rio de  su  grandiosa  Revolución.  Precursor  y 
héroe  anónimo  de  la  independencia,  no  sabo- 
reó triunfos  personales  ni  obtuvo  mercedes. 
Su  nombre  y  su  apostolado  fueron  zaheridos 
por  la  calumnia.  En  la  obra  de  la  redención 
del  mundo  americano,  Miranda  fué  el  Naza- 
reno que  no  detuvo  su  cansada  planta  en  el 
camino  del  bien,  y  que  llegó  á  la  meta  herido 
por  sus  abrojos  y  coronado  de  espinas. 


II 


Las  tenaces  persecuciones  del  Capitán  Gene- 
ral Emparan  contra  los  americanos,  y  las 
noticias  que  llegaban  de  España  relativas  á  la 
disolución  de  la  Junta  Central,  contribuyeron 
grandemente  á  precipitar  los  sucesos. 

La  historia  de  lo  ocurrido  en  Caracas  el 
19  de  Abril  de  1810  es  de  todos  conocida  ; 
nos  limitaremos,  pues,  á  narrar  someramente 
el  hecho,  prescindiendo  de  pormenores. 

Celebrábase  en  aquel  día  la  festividad  de 
Jueves  Santo,  y  el  Capitán  General  juntamente 
con  el  Cabildo  concurría  á  los  oficios  reli- 
giosos en  la  Iglesia  Catedral.  El  trayecto  desde 


10  BOLÍVAR 

la  Casa  Capitular  al  Templo  se  hallaba  guar- 
necido de  tropas  cpie  tributaban  á  Emparan  los 
honores  de  ordenanza. 

Al  llegar  éste  á  la  puerta  principal  de  la 
Iglesia,  detúvole  bruscamente,  asiéndole  de 
un  brazo,  el  valeroso  patriota  Francisco  Salias 
quien  le  exigió  que  volviera  al  Cabildo  porque 
la  salud  de  la  patria  así  lo  demandaba.  Suce- 
dió á  este  hecho  un  ruidoso  tumulto,  que  no 
fué  parte  para  quebrantar  la  animosidad  de 
los  conjurados. 

Emparan,  atónito  primero  y  confuso  luego, 
regresó  al  Cabildo  ;  las  tropas  que  antes  le 
vitorearan  negábanle  ahora  los  honores.  La 
conspiración  triunfaba. 

Constituido  el  Cabildo  ante  Emparan,  la 
inexperiencia  de  los  revolucionarios  habría 
bastado  para  darle  tiempo  de  rehacerse  moral- 
mente  al  par  que  de  anularlos,  si  no  hubiera 
acudido  á  salvar  la  situación  el  Canónigo  chi- 
leno Doctor  José  Cortés  Madariaga,  audaz, 
inteligente  é  instruido,  quien  sin  pertenecer  al 
Cabildo,  tomó  asiento  en  él  á  título  de  dipu- 
tado del  clero  y  del  pueblo. 


BOLÍVAR  li 

Madariaga  enderezó  las  cosas  con  un  dis- 
curso en  extremo  viril  y  elocuente,  y  pidió, 
como  medida  de  seguridad,  la  deposición  del 
Capitán  General  Emparan,  deseada  por  todos. 

Este,  queriendo  conocer  la  opinión  del 
pueblo  que  á  la  sazón  discurría  tumultuosa- 
mente por  la  calle,  asomóse  al  balcón,  y  pre- 
guntó en  alta  voz  á  la  multitud,  en  la  cual 
había  muchos  conjurados,  si  estaba  satisfecha 
de  su  mando.  Madariaga,  situándose  detrás  de 
Emparan,  hizo  signos  á  la  turba  para  que  res- 
pondiera negativamente. 

«  No  le  queremos,  »  fué  el  grito  general. 

«  Tampoco  quiero  mando,  »  contestó  Em- 
paran mal  parado  y  mollino. 

Estas  palabras  fueron  consignadas  en  el 
Acta,  como  renuncia  voluntaria  de  su  auto- 
ridad. 

Al  triunfo  de  la  conspiración  sucedió  el 
triunfo  de  la  revolución . 

El  Ayuntamiento  se  constituyó  á  seguida  en 
Junta  revolucionaria  ;  desconoció  la  autoridad 
de  la  Regencia  de  Cádiz  y  declaró  que  las  pro- 
vincias de  Venezuela  procederían  al  estable 


12  BOLÍVAR 

cimiento  de  un  Gobierno  que  ejerciera  la  auto- 
ridad á  nombre  y  en  representación  de  Fer- 
nando VIL 

Entre  las  diversas  resoluciones  tomadas  pol- 
la Junta  de  Caracas,  una  fué  el  envío  de  dipu- 
tados á  Londres,  para  participar  lo  ocurrido  al 
Gobierno  Británico,  y  conocer  de  cerca  qué 
protección  podia  alcanzarse.  Esta  comisión,  de 
la  cual  fué  Bello  el  secretario,  se  componía  de 
Bolívar  y  de  López  Méndez. 

Algunas  veces  nos  liemos  preguntado  qué 
pudo  inducir  á  Bolívar  á  aceptar  una  misión 
que  probablemente  sería  infructuosa,  en  vez 
de  ocupar  en  circunstancias  tan  graves  un 
puesto  militar  en  el  cual  pudo  haber  prestado 
á  su  patria  servicios  más  importantes. 

En  las  crónicas  de  aquella  época  se  dá  á  este 
enigma  la  explicación  siguiente.  Bolívar,  á  su 
regreso  de  Europa  en  1806,  había  decidido 
retirarse  á  la  vida  privada.  Se  dedicaba  exclu- 
sivamente á  estudiar  y  á  gobernar  sus  intere- 
ses. Durante  los  tres  años  trascurridos  hasta 
1810  no  cesó  de  protestar  contra  la  tiranía  de 
que  era  víctima  su  patria,  pero  tal  vez  no  le 


BOLÍVAR  13 

pareció  oportuno  el  momento  para  la  reden- 
ción de  Venezuela  opresa  y  exangüe  ;  acaso  en 
su  claro  juicio  era  inaceptable  la  fórmula  de 
reconocer  la  autoridad  de  un  Rey  de  España. 

Corre  como  válido  el  rumor  de  que  la  revo- 
lución del  19  de  Abril  sorprendió  á  Bolívar  en 
sus  hermosas  posesiones  de  Aragua,  y  sólo  á 
instancia  de  sus  numerosos  amigos  se  decidió 
á  aceptar  la  misión  en  Londres,  juntamente  con 
López  Méndez  y  Bello. 

Embarcáronse  los  comisionados  y  al  llegar 
á  Portsmouth  el  11  de  Julio,  dirigieron  al 
Foreign-Office  la  siguiente  carta  : 


La  Suprema  Junta  Gubernativa,  establecida  última- 
mente en  Caracas,  Capital  de  las  Provincias  de  Vene- 
zuela en  la  América  Meridional,  nos  ha  constituido  sus 
diputados  cerca  de  S.  M.  B.  entregándonos  pliegos  que 
debemos  poner  en  manos  de  V.  E. 

Tenemos  el  honor  de  notificar  á  V.  E.  este  importante 
suceso,  así  como  nuestra  llegada  el  día  de  ayer  á  esta 
ciudad,  después  de  31  dias  de  feliz  viaje  en  el  Bergantín 
Wellington  de  S.  M.  B.  despachado  d^sde  la  isla  de  San 
Tomas  por  el  General  Cochrane  para  conducir  nuestras 
personas  á  este  Reyno. 

Una  vez  que  se  nos  envíe  el  correspondiente  pasaporte. 


14  BOLÍVAR 

como  lo  esperamos  de  la  bondad  de  Y.  E.  pasaremos  sin 
dilación  á  esa  Capital  á  cumplir  debidamente  nuestra 
comisión. 

Dios  guarde  á  V.  E.  muchos  años. 

Portsuiouth,  Julio  11  de  1810. 

Simón  de  Bolívar. 

Luis  López  Méndez. 

Excmo.    Señor    Ministro    de    Relaciones    exteriores 
de  S.  M.  R. 


Ya  en  Londres  celebraron  una  entrevista 
con  el  Marqués  de  Wellesley,  secretario  de  Re- 
laciones Exteriores  del  Gobierno  de  S.  M.  B.  y 
pusieron  en  sus  manos  la  credencial  y  la  carta 
de  Gabinete  en  que  se  participaba  el  nombra- 
miento. 

Publicamos  á  continuación  ambos  docu- 
mentos. 


D.  Fernando  Séptimo,  Rey  de  España  y  de  las 
Indias  c£a  y  en  su  Real  Nombre  la  Suprema  Junta  con- 
servadora de  sus  derechos  en  Venezuela. 

Por  cuanto  para  la  subsistencia  y  conservación  de  las 
relaciones  amistosas  que  han  existido  hasta  ahora  entre 


BOLÍVAR  Id 

estas  provincias  y  la  Gran  Bretaña,  es  necesario  delegar 
comisionados  cerca  del  Gobierno  deS.  M.  B.  que  presen- 
ten los  votos  sinceros  y  generosos  de  Venezuela  para 
otrechar  más  y  más  estos  vínculos;  reclamen  sus  dere- 
chos y  entablen  relaciones  de  recíproca  utilidad  entre 
estos  habitantes  y  los  vasallos  de  S.  M.  B.  y  conviniendo 
á  estas  Provincias  no  interrumpir  la  comunicación  y 
buena  armonía  que  existen  entre  ambos  pueblos  tan 
necesarias  para  la  confianza  y  seguridad  comercial.  Por 
tanto  he  venido  en  nombrar,  como  en  virtud  de  las  pre- 
sentes digo  y  nombro,  en  primer  lugar  al  Caballeril 
Coronel  D.  Simón  de  Bolívar;  en  segundo  al  comisario 
ordenador  D.  Luis  López  Méndez,  y  en  calidad  de  auxi- 
liar al  Comisario  de  Guerra  y  Oficial  1.°  de  mi  Secretaría 
de  Estado,  D.  Andrés  Bello,  para  que  pasando  á  la  Corte 
de  Londres  presenten  á  S.  M.  Británica  por  medio  de  su 
secretario  de  Estado  la  respetuosa  consideración  de  este 
Gobierno  :  den  Cuenta  de  la  instalación  de  la  Suprema 
Junta  Gubernativa  de  las  Provincias  de  Venezuela,  en 
quien  ha  recaído  por  substitución  de  los  derechos  del 
Pueblo  en  fuerza  de  mi  imposibilidad  y  de  la  disolución 
del  Gobierno  que  provisionalmente  me  representaba  en 
la  Península,  la  Soberanía  de  las  mismas  Provincias  : 
reclamen  la  alta  protección  de  S.  M.  B.  :  ofrezcan  por 
parte  de  este  nuevo  Gobierno  la  más  cordial  alianza, 
bajo  la  garantía  de  las  disposiciones  pacíficas  y  amisto- 
sas en  que  se  hallan  estos  Pueblos  con  respecto  á  los  va- 
sallos de  la  Gran  Bretaña  :  y  sean  el  órgano  de  las 
comunicaciones  que  exijan  entre  unos  y  otros  la  nece- 
sidad y  buena  correspondencia  y  no  se  opongan  á  las 
leyes  fundamentales  de  la  Monarquía  Española. 

Hágase  entender  á  lus  interesados  por  la  Secretaría  <\>' 


16  BOLÍVAR 

relaciones  exteriores  y  tómese  razón  en  las  demás  de 
este  diploma.  Dado  en  el  Palacio  de  la  Suprema  Junta 
de  Caracas  á  seis  de  Junio  de  mil  ocho  cientos  diez,  se- 
llado con  el  de  mis  armas  y  refrendado  por  el  expresado 
Secretario. 

José  de  las  Llamosas, 
Presidente. 

Martin  Tovar  Ponte, 
\ 'ice-Presidente. 
Juan  Germán  Roscio, 
Secretario  de  Relaciones  Exteriores. 


Excmo.  Señor, 

El  Coronel  D.  Simón  de  Bolívar  y  el  Comisario  orde- 
nador D.  Luis  López  Méndez  están  encargados  por  la 
Junta  Gubernativa  de  Venezuela  de  conducir  al  Soberano 
de  la  Gran  Bretaña  los  votos  que  hacen  unánimemente 
los  habitantes  de  estas  provincias  por  la  felicidad  de  su 
reinado  y  por  la  gloria  de  sus  armas  contra  el  enemigo 
común. 

Los  papeles  que  llevan  consigo  estos  comisionados 
instruirán  suficientemente  á  V.  E.  de  los  motivos  que 
han  producido  en  Caracas  el  establecimiento  de  un  Go- 
bierno más  análogo  á  las  circunstancias  y  más  propio 
para  precaver  los  riesgos  inminentes  de  que  nos  halla- 
mos amenazados.  La  sabiduría  y  justicia  de  V.  E.  nos 
hacen  esperar  que  aplaudirá  la  conducta  de  un  Pueblo 
generoso,  fiel  á  sus  deberes  y  cordialmente  amigo  de  la 


BOLÍVAR  17 

Inglaterra ;  del  pueblo  que  alzó  en  América  los  primeros 
gritos  contra  el  opresor  de  la  Europa,  invocando  la 
unión  con  la  potencia  que  acaudillaba  los  esfuerzos  do 
la  libertad  continental,  y  que  consecuente  á  sus  princi- 
pios y  á  su  conducta  anterior  ha  dado  á  los  demás  de 
América  el  ejemplo  mas  saludable  en  estas  circunstan- 
cias, porque  es  el  que  mejor  conciba  los  intereses  parti- 
culares de  los  habitantes  del  Nuevo  Mundo  con  los  de 
todo  el  Imperio  Español. 

Será  sensible  que  las  pasiones  de  algunos  individuos 
interesados  en  eternizar  la  antigua  servidumbre  ameri- 
cana, conspiren  á  denigrar  nuestros  motivos  y  á  atri- 
buirnos principios  incompatibles  con  los  deberes  de  Ciu- 
dadanos Españoles,  cuando  sólo  se  nos  oye  reclamar  los 
que  corresponden  á  este  honroso  carácter. 

Esperamos  que  V.  E.  se  digne  acoger  las  solicitudes 
que  los  Comisionados  llevan  el  encargo  de  presentarle, 
y  de  aceptar  el  testimonio  de  nuestro  respeto  y  consi- 
deración. 

Dios  guarde  á  V.  E.  muchos  años, 

Caracas,  6  de  Junio  de  1810. 

Excmo.  Señor, 

José  de  las  Llamosas. 

Martin  Tovar  Ponte, 

Excmo  Señor  Ministro  de  Estado  de  S.  M.  Británica. 


En  los  testimonios  precedentes  se  destaca  un 
«  de  » ,  antepuesto  al  apellido  de  Bolívar,  que 


18  BOLÍVAR 

pudiera  tener  sabor  de  aristocracia  en  palada- 
res demagógicos.  Bolívar,  luego  de  haber  re- 
gresado á  su  país,  suprimió  la  partícula.  Nadie, 
sin  embargo ,  con  más  derecho  que  él  á  usar 
adjuntos  al  apellido  signos  que  expresan  el 
merecimiento  personal  en  los  pueblos  cultos  y 
civilizados,  siendo  así  que  á  su  familia  estaban 
vinculados  el  Marquesado  de  Bolívar,  el  Con- 
dado de  Caporete  y  el  Señorío  de  Aroa. 

Tal  punto,  nimio  en  apariencia,  es  de  suyo 
importante  porque  este  y  otros  dieron  pretexto 
á  escritores  españoles  para  azotar  el  rostro  de 
Bolívar  con  la  acusación  calumniosa  de  aristó- 
crata. 

En  la  mayoría  de  las  Bepúblicas  de  la  Amé- 
rica española,  las  ideas  democráticas  arras- 
traron en  pos  desbordamientos  de  pueblos, 
hechos  de  antiguo  á  servidumbre  colonial  que 
envilece,  y  exaltaron  vulgaridades  odiosas.  La 
reacción  se  entronizó.  Túvose  entonces  por 
incompatible  con  las  nuevas  instituciones  polí- 
ticas el  uso  de  títulos  y  condecoraciones,  y  el 
mérito,  despojándose  de  su  representación, 
arrojó  condecoraciones  y  títulos  á  la  hoguera 


BOLÍVAR  19 

inextinguible  de  una  igualdad  social  íieticia, 
tan  mal  entendida  como  practicada.  Se  con- 
fundía malamente  la  igualdad  política  que 
engendra  la  República,  para  cubrir  con  un 
mismo  manto  á  los  ciudadanos  todos,  con  la 
igualdad  social,  siempre  inasequible,  cuales- 
quiera sean  las  formas  de  gobierno.  Justo  y 
plausible  es  buscar  la  igualdad  procurando 
elevarse  en  alas  del  mérito  á  la  cumbre  donde 
viven  los  ciudadanos  más  distinguidos  de  un 
país,  pero  injusto  y  censurable  despeñar  á 
estos  de  la  altura  en  que  están  para  que 
se  arrastren  abajo,  en  unión  de  los  que  no 
pudieron  llegar  á  ella  por  falta  de  mereci- 
mientos. 

El  Gobierno  Británico,  ligado  á  España  por 
tratados  de  alianza,  no  podia  en  aquellos  mo- 
mentos liacer  un  recibimiento  oficial  á  los 
Comisionados  de  Caracas,  sin  faltar  á  graves 
deberes  internacionales.  Por  otra  parte,  de- 
scoso de  obtener  en  América  las  ventajas  posi- 
bles para  su  comercio,  no  le  convenía  desairar 
á  los  enviados  de  Venezuela,  sino  agasajarles 
para  recabar  de  ellos  algún  acuerdo  mediante 


20  BOLÍVAR 

el  cual  se  consiguiera  la  reconciliación  de  la 
Colonia  con  la  madre  Patria. 

En  consecuencia  les  recibió  oficiosamente  y 
les  hizo  en  privado  cuantas  atenciones  habría 
podido  acordarles  públicamente,  pero  sin  la 
solemnidad  anexa  á  tales  actos.  Convínose 
entonces  en  que  las  negociaciones  se  empren- 
dieran por  medio  de  memoriales  y  protocolos 
no  autorizados,  y  así  se  hizo. 

El  siguiente  documento  contiene  las  pro- 
posiciones de  Bolívar  y  López  Méndez  al  Go- 
bierno inglés. 


Londres,  21  de  Julio  de  1810. 

Los  comisionados  de  la  Junta  Suprema  de  Venezuela, 
presentando  sus  respetos  al  Excmo.  Señor  Marqués  Wel- 
lesley,  tienen  el  honor  de  indicarle,  en  virtud  de  lo  que 
S.  E.  se  ha  servido  insinuarles  en  su  conferencia  del  jue- 
ves último,  las  miras  de  su  Gobierno  en  la  misión  que 
les  ha  conferido. 

El  primer  deber  de  los  comisionados  es  suplicar  á 
S.  E.  se  sirva  ser  el  intérprete  de  su  profundo  y  respe- 
tuoso reconocimiento  á  la  benévola  acogida  que  S.  M.  B. 
se  ha  dignado  dar  á  los  votos  del  Pueblo  y  Gobierno  de 
Venezuela. 

Impuesto  S.  E.  de  los  principios  que  ha  tenido  la  trans- 


BOLÍVAR  ¿\ 

formación  política  de  aquellas  Provincias,  y  del  espíritu 
que  anima  ala  Junta  Suprema,  no  puede  menos  de  ver 
en  ellos  el  mejor  garante  de  la  sincera  disposición  de  los 
Pueblos  de  Venezuela  á  conservar  sus  relaciones  de 
amistad,  comercio  y  buena  correspondencia  con  los  sub- 
ditos de  S.  M.  B. 

Las  solemnes  declaraciones  de  aquel  Gobierno,  in- 
cluyen además  la  seguridad  de  que  muy  lejos  de  aspirar 
Venezuela  á  romper  los  vínculos  que  la  han  estrechado 
con  la  Metrópoli,  sólo  ha  querido  ponerse  en  la  actitud 
necesaria  para  precaver  los  peligros  que  la  amenazaban. 

Independiente  como  lo  está  del  Consejo  de  Regencia, 
no  se  considera  menos  fiel  á  su  Monarca,  ni  menos  inte- 
resada en  el  éxito  feliz  de  la  santa  lucha  de  España. 

Desenvuelta  así  la  posición  de  Venezuela,  se  hallan  á 
descubierto  sus  intereses  y  los  objetos  de  esta  misión. 

1.°  Venezuela,  como  parte  integrante  del  Imperio  Espa- 
ñol, se  halla  amenazada  por  la  Francia,  y  desea  apoyar 
su  seguridad  en  la  protección  marítima  de  la  Inglaterra. 

El  Gobierno  de  Venezuela  desearía  también  que  por  el 
de  S.  M.  B.  se  le  facilitasen  del  modo  conveniente  los 
medios  que  puedan  serle  necesarios  para  defender  los 
derechos  de  su  legítimo  Soberano,  y  para  completar  sus 
medidas  de  seguridad  contra  el  enemigo  común. 

2.°  La  resolución  de  Venezuela  puede  ser  un  motivo  de 
discusiones  desagradables  con  las  Provincias  que  hayan 
reconocido  la  Regencia,  y  este  Gobierno  Central  tratará 
acaso  de  hostilizarla  directamente,  ó  de  turbar  su  paz 
interior,  fomentando  facciones  peligrosas. 

Los  habitantes  de  Venezuela  solicitan  la  alta  media- 
ción de  S.  M.  B.  para  conservarse  en  paz  y  amistad  con 
sus  hermanos  de  ambos  hemisferios. 


22  BOLÍVAR 

3.°  Requiriendo  la  continuación  de  las  relaciones  de 
amistad,  comercio  y  correspondencia  de  auxilios  entre 
las  Provincias  de  Venezuela  y  la  Madre  Patria,  algunas 
estipulaciones  entre  los  respectivos  Gobiernos,  el  de  Ve- 
nezuela se  prestaría  con  toda  confianza  á  ollas  bajo  la 
garantía  deS.  M.  B. 

Sería  también  tan  importante  como  conforme  á  los 
deseos  de  la  Junta  de  Venezuela,  que  el  Gobierno  de 
S.  M.  B.  se  sirviese  expedir  instrucciones  á  los  Jefes  de 
las  Escuadras  y  colonias  de  las  Antillas,  para  que  favo- 
reciesen del  modo  posible  los  objetos  insinuados,  y  muy 
especialmente  las  relaciones  comerciales  entre  aquellos 
habitantes  y  los  subditos  de  S.  M.  B.  que  gozarán  de 
nuestro  comercio,  como  una  de  las  naciones  más  favo- 
recidas. 

Los  Comisionados  no  deben  terminar  esta  exposición 
sin  asegurar  á  S.  E.  el  Marqués  Wellesley  que  su  defe- 
rencia corresponderá  en  todos  casos  al  modo  franco  y 
amistoso  con  que  S.  E.  les  ha  hecho  el  honor  de  tra- 
tarlos. 

Á  estas  proposiciones  contestó  el  Gabinete 
Británico  en  los  términos  siguientes  : 


II 


Se  dará  la  protección  marítima  de  la  Inglaterra  á  Ve- 
nezuela contra  la  Francia  afín  de  que  aquella  Provincia 
pueda  defender  los  derechos  de  su  legítimo  Soberano,  y 
asegurarse  contra  el  enemigo  común. 

Se  recomienda  con  ahinco  que  la  Provincia  de  Vene- 


BOLÍVAR  23 

zuela  intente  inmediatamente  una  reconciliación  cordial 
con  el  Gobierno  Central,  actualmente  reconocido  en  Es- 
paña, y  trate  en  primer  lugar  de  establecer  una  acomo- 
dación amistosa  de  todas  sus  diferencias  con  aquella 
autoridad. 

Se  ofrecen  cordialmente  los  buenos  oficios  de  la  Ingla- 
terra para  aquel  propósito  útil.  Entre  tanto,  se  emplea- 
rán todos  los  esfuerzos  de  una  interposición  amigable 
con  el  objeto  de  prevenir  la  guerra  entre  la  Provincia  y 
la  Madre  Patria  y  de  conservar  la  paz  y  amistad  entre 
Venezuela  y  sus  hermanos  de  ambos  hemisferios. 

Con  los  mismos  objetos  amigables  se  recomienda  con 
ahinco  que  la  Provincia  de  Venezuela  mantenga  las  rela- 
ciones de  comercio,  amistad  y  comunicación  de  socorros 
con  la  Madre  Patria. 

Se  emplearán  los  buenos  servicios  de  la  Inglaterra 
para  conseguir  un  ajustamiento  de  tal  modo,  que  se  ase- 
gure á  la  Metrópoli  la  ayuda  de  la  provincia  durante  la 
lucha  con  la  Francia,  bajo  las  condiciones  que  parece- 
rán justas  y  equitativas,  conforme  á  los  intereses  de  la 
Provincia,  y  provechosas  á  la  causa  común. 

Las  instrucciones  que  se  piden  en  este  artículo,  se  han 
mandado  ya  á  los  Oficiales  de  Su  Majestad,  con  la 
plena  confianza  de  que  Venezuela  continuará  mante- 
niendo su  fidelidad  á  Fernando  Séptimo,  y  cooperando 
con  la  España  y  con  Su  Majestad  contra  el  enemigo 
común. 

El  protocolo  del  asunto  que  á  continuación 
publicamos,  dará  una  idea  exacta  de  la  nego- 
ciación. 


24  BOLÍVAR 

Memorándum  de  las  Conferencias  celebradas  entre  el 
Marqués  de  Wellesley  y  los  comisionados  de  Venezuela, 
entregado  á  ellos  y  á  los  Ministros  de  España  el  mismo 
día  8  de  Agosto  de  1810. 


En  la  primera  conferencia  habida  entre  el  Marqués 
Wellesley  y  los  Señores  Coronel  D.  Simón  de  Bolívar  y 
D.  L.  López  Méndez,  Comisionados  de  Venezuela,  aquel 
les  enteró  de  las  circunstancias  que  necesariamente  im- 
pedían toda  comunicación  formal  ó  de  oficio  entre  el 
gobierno  de  Su  Majestad,  y  la  provincia  de  Venezuela  ó 
sus  Agentes  en  su  condición  actual. 

Los  actos  públicos  de  las  provincias,  de  los  cuales  se 
habían  comunicado  copias  á  Lord  Wellesley,  y  la  repre- 
sentación dirigida  á  Su  Majestad  por  las  Autoridades 
provisionales,  constituidas  en  Caracas,  expresaban  una 
declaración  de  principios  y  de  miras  que  permitía,  al 
parecer,  una  comunicación  amistosa  con  los  comisio- 
nados, no  sólo  conforme  con  las  relaciones  que  existían 
entre  Su  Majestad  y  la  Regencia  de  España,  sino  tam- 
bién apetecible  afín  de  conservar  los  derechos  del  legí- 
timo Monarca  de  España,  y  de  combinar  las  varias  sec- 
ciones del  imperio  español  en  un  sistema  de  oposición 
unida  contra  la  usurpación  de  la  Francia.  De  aquellos 
documentos  se  deduce  que  Venezuela  ha  declarado  cons- 
tantemente su  vigorosa  adhesión  á  Fernando  Séptimo, 
ha  constituido  las  Autoridades  provisionales  de  su  go- 
bierno en  el  nombre  y  favor  de  aquel  Príncipe,  y  ha 
limitado  la  existencia  de  aquellas  autoridades  hasta  el 
momento  en  que  se  restituya  al  Trono  de  España. 

Por  los  mismos  testimonios  parece  que  esta  provincia 


BOLÍVAR  25 

ha  declarado  también  su  determinación  de  contribuir 
con  todos  las  esfuerzos  posibles  al  socorro  de  la  Metró- 
poli, durante  la  continuación  de  la  lucha  contra  Francia. 

Además,  ha  expresado  en  los  términos  más  enérgicos 
una  determinación  firme  de  oponerse  al  progreso  del 
poder  francés  y  de  cooperar  cordialmente  con  el  Go- 
bierno Británico,  como  aliado  de  Fernando  Séptimo,  á 
los  fines  comunes  de  la  Alianza. 

No  obstante  la  declaración  de  estos  principios,  y  la 
aprobación  que  merecen  de  parte  del  Gobierno  de  Su 
Majestad :  la  separación  formal  entre  la  provincia  y  la 
Autoridad  Central  reconocida  en  España,  sugirió  la  ne- 
cesidad de  conducir  la  correspondencia  entre  la  Ingla- 
terra y  Venezuela  del  modo  que  pareciera  menos  apto 
para  favorecer  el  espíritu  de  división  entre  las  provin- 
cias españolas  de  la  América  meridional  y  la  Metrópoli: 
para  no  correr  el  riesgo  de  una  interrupción  en  las  bue- 
nas relaciones  que  ahora  subsisten  entre  el  Gobierno  de 
Su  Majestad  y  la  Regencia  de  España. 

Esta  precaución  debe  juzgarse  igualmente  provechosa 
á  ambas  partes,  unidas  en  una  causa  común,  pues  es 
claro  que  el  proceder  más  prudente  á  los  intereses  de  Es- 
paña y  de  los  aliados,  será  aquel  que  combine  la  mayor 
parte  de  los  esfuerzos  de  las  varias  secciones  del  Impe- 
rio español,  afín  de  conseguir  el  objeto  general  de  con- 
servar la  monarquía  y  de  resistirá  la  Francia. 

Estas  consideraciones  justificaron  la  acogida  amistosa 
de  los  Diputados  de  Venezuela,  pero  pareció  que  se  con- 
sultarían mejor  los  propios  intereses  de  Venezuela  por  el 
sistema  de  comunicación  que  se  había  adoptado,  que 
por  algún  otro  más  formal,  que  podría  ser  ofensivo  á  la 
Regencia  de  España. 


26  BOLÍVAR 

Pero  al  acordar  á  los  Diputados  de  Venezuela  la  aco- 
gida á  que  eran  acreedores,  Lord  Wellesley  consideró 
su  deber  principal  el  representarles  sin  reserva  el  peli- 
gro á  que  se  exponían  los  intereses  generales  de  la  Mo- 
narquía Española  y  de  los  aliados  por  la  separación  entre 
Venezuela  y  la  autoridad  reconocida  en  España,  y  por 
esa  razón  procuró  en  primer  lugar  inculcar  la  utilidad 
urgente  de  proseguir  medidas  de  conciliación,  que  se 
dirigiesen  á  reunir  la  provincia  con  la  autoridad  que  ac- 
tualmente ejerce  el  Gobierno  de  la  Metrópoli  en  el  nom- 
bre de  su  Soberano  común. 

Lord  Wellesley  manifestó  que  esta  unión  era  déla  más 
alta  importancia  para  todos  los  objetos  que  la  provincia 
había  indicado;  para  la  conservación  inmediata  de  los 
derechos  de  Fernando  Séptimo  y  de  la  Monarquía  en  su 
integridad  ;  la  armonía  y  orden  completos;  para  la  pro- 
secución vigorosa  de  la  guerra  contra  la  Francia  por 
medio  de  una  combinación  eficaz  y  sistemática  de  todos 
los  recursos  y  poder  del  Imperio,  y,  especialmente,  para 
el  objeto  principal  que  se  proponía  públicamente  la  pro- 
vincia de  Venezuela,  el  de  dar  á  la  Metrópoli  el  socorro 
más  eficaz  en  la  crisis  de  su  destino. 

Á  fin  de  alcanzar  ese  empeño,  no  había  medios  más 
oportunos  que  los  derivados  de  la  fuerza  que  se  sacaría 
por  el  Gobierno  Central  en  la  administración  de  los  re- 
cursos generales  de  la  Monarquía  gozando  de  la  unión 
constante  y  del  apoyo  nunca  interrumpido  de  cada  pro- 
vincia y  colonia. 

Con  respecto  á  los  agravios  locales  ó  temporales  de 
que  la  provincia  se  quejaba  bajo  el  Gobierno  provisio- 
nal establecido  en  España,  Lord  Wellesley  manifestó  que 
estas  consideraciones  eran  más  bien  motivos  para  una 


BOLÍVAR  27 

representación  urgente  á  aquel  Gobierno,  de  un  ajusta- 
miento amistoso  ó  de  la  interposición  de  los  buenos  ofi- 
cios de  los  aliados,  que  la  justificación  de  una  separa- 
ción positiva  y  súbita  del  Gobierno  general  del  Imperio. 

Consintieron  los  Diputados  en  principio  en  estas  re- 
presentaciones, pero  oponiéndose  á  la  conclusión  práctica 
é  insistieron  en  que  la  provincia  de  Venezuela,  bajo  la 
forma  que  acababa  de  tomar,  contribuiría  con  mayor 
eficacia  á  mantener  la  causa  de  su  legítimo  soberano  y 
de  la  Metrópoli,  que  con  una  unión  íntima  con  la  Auto- 
ridad que  actualmente  existe  en  España;  y  añadieron 
que  desesperaban  totalmente  de  obtener  cualquiera  otra 
reparación  de  sus  agravios,  que  pudiera  hacerles  capaces 
de  cooperar  eficazmente  contra  el  enemigo  común,  si 
no  conservaban  la  forma  de  Gobierno  que  ya  habían 
constituido,  como  el  único  órgano  por  el  cual  pudieran 
conservar  los  derechos  de  Fernando  Séptimo  en  la  pro- 
vincia de  Venezuela  contra  la  usurpación  de  Francia. 

Sobre  todo,  expusieron  que  los  Gobernadores  y  Agen- 
tes nombrados  recientemente  por  el  Gobierno  Central  de 
España,  en  la  provincia  de  Venezuela,  estaban  convictos 
de  mala  voluntad  hacia  Fernando  Séptimo,  y  de  afección 
álos  intereses  de  Francia;  y  que  la  causa  principal  de 
haber  sido  expulsados  era  la  publicidad  de  su  traición 
á  la  causa  española. 

Además  declararon  que  no  tenían  autoridad  alguna 
para  tratar  déla  reunión  de  la  provincia  con  la  Autoridad 
Central  en  España  :  que  eran  solamente  Agentes  del 
Gobierno  formado  en  Caracas,  y  que  no  estaban  auto- 
rizados para  hacer  más,  que  explicar  los  sentimientos  y 
las  miras  de  aquel  Gobierno  á  Su  Majestad  y  recibir  con- 
testación. 


28  BOLÍVAR 

En  este  estado,  no  quedaba  otra  alternativa  que  la  de  de- 
jar á  la  provincia  de  Venezuela  queprosiguierasu  camino 
sin  ninguna  interposición  amistosa  departe  del  Gobierno 
de  Su  Majestad,  ó  interponer  sus  buenos  oficios,  para 
procurar  solamente  salvar  la  provincia  de  un  peligro 
inmediato,  y  deducir  de  los  actos  de  ella,  que  parecían 
de  acuerdo  con  los  intereses  generales  de  España  y  de  la 
Alianza,  los  resultados  útiles  que  pudieran  presentar 
medios  de  aplicar  una  parte  de  los  recursos  de  Venezuela 
al  socorro  de  España  en  la  crisis  actual,  y  últimamente 
preveer  el  modo  de  conservar  á  Venezuela  para  su  legí- 
timo Soberano. 

Omitiendo  esfuerzos  para  valerse  de  esta  especie  de 
interposición  amistosa,  se  hubiera  dejado  á  la  provincia 
expuesta  á  todos  los  peligros  que  pudieran  temerse  de 
las  asechanzas  del  enemigo  común,  de  la  intriga  y 
facción  interior  de  otras  Potestades. 

Era  de  temerse  que  Venezuela,  en  tal  caso,  pudiera 
verse  obligada  á  seguir  un  camino  que  habría  podido 
alejarla  inmediatamente  de  los  aliados,  y  separarla  irre- 
parablemente de  su  legítimo  Soberano,  y  de  la  Corona 
y  Monarquía  Españolas. 

Pareció  más  prudente  interponer  los  buenos  servicios 
de  Inglaterra  con  el  objeto  de  prevenir  un  peligro  común 
á  España,  á  la  América  meridional  y  á  la  Alianza  : 
por  consiguiente,  se  pidió  á  los  Diputados  de  Venezuela 
que  se  sirvieran  exponer  de  un  modo  oficioso  las  miras 
y  objetos  de  aquella  provincia  en  la  Comisión  que  les 
había  confiado. 

Del  mismo  modo  y  con  idéntico  objeto  de  conservar 
en  la  crisis  actual  la  mejor  armonía  posible  entre  Vene- 
zuela y  la  Metrópoli,  se  recibieron  las  proposiciones  he- 


BOLÍVAR  29 

chas  por  los  comisionados,  con  sentimientos  de  amistad 
y  de  benevolencia ;  esperándose  que  sirvan  de  base  á  un 
sistema  de  conciliación,  tal,  que  prevenga  la  calamidad 
de  la  guerra  entre  la  Metrópoli  y  la  provincia,  y  última- 
mente promueva  los  grandes  intereses  de  la  Alianza. 

Las  proposiciones  de  los  comisionados  se  hallan  en  el 
documento  N°  (1)  y  la  contestación  á  dichas  proposi- 
ciones en  el  documento  Xo  (2). 


Los  Comisionados  del  Gobierno  de  Venezuela  suplican 
á  S.  E.  el  Señor  Marqués  de  Wellesley  les  permita  hacer 
dos  observaciones  relativas  á  la  respuesta  dada  por 
S.  E.  á  su  primera  nota  y  al  Memorándum  de  la  comuni- 
cación entre  el  noble  Lord  y  los  comisionados. 

La  Junta  de  Venezuela  se  prestará  gustosa  y  cordial- 
mente  á  negociaciones  con  la  Regencia  de  una  natura- 
leza conciliatoria,  no  alterándose  en  ellas  la  base  sobre 
que  se  ha  erigido  el  actual  Gobierno  de  aquellas  provin- 
cias; á  saber,  la  necesidad  de  no  reconocer  la  Soberanía 
del  Consejo  de  Regencia.  Sin  embargo,  las  provincias 
de  Venezuela  cooperaran  eficazmente  á  la  defensa  de  la 
Madre  Patria  con  todos  los  medios  que  se  hallen  á  su 
alcance. 

En  el  memorándum  se  expresa  que  «  los  comisionados 
expusieron  particularmente  que  los  Gobernadores  y 
Agentes  recientemente  empleados  por  el  Gobierno  Cen- 
tral de  España  en  la  provincia  de  Venezuela,  habían  sido 
convencidos  de  desafecto  á  Fernando  Séptimo  y  de 
adhesión  á  los  intereses  de  la  Francia,  y  que  su  expul- 
sión había  sido  principalmente  ocasionada  por  la  noto- 


30  BOLÍVAR 

riedad  de  su  traición  á  la  causa  española.  »  Los  comi- 
sionados conceptúan  necesario  aclarar  estas  expresiones 
reduciéndolas  á  que,  de  los  Gobernadores,  unos  proce- 
dían abiertamente  á  favor  del  Imperio  francés,  y  los 
otros  se  hacían  sobradamente  sospechosos  de  la  misma 
adhesión  y  miras  de  reconocer  la  soberanía  del  intruso 
rey  de  España. 

Los  comisionados,  renuevan  á  nombre  de  su  Gobierno, 
el  testimonio  de  su  cordial  gratitud  á  las  benévolas  in- 
tenciones de  S.  M.  B. 

10  de  Agosto  de  1810. 


El  asunto  estaba  terminado  sin  ningún  re- 
sultado satisfactorio  para  Venezuela.  Bolívar 
así  lo  comprendió  y  resolvió  al  punto  regresar 
á  Caracas.  Véase  la  esquela  verbal  que  dirigió 
con  este  motivo  al  Ministro  Británico. 

D.  Simón  de  Bolívar  y  D.  Luis  Méndez  tienen  el 
honor  de  saludarás.  E.  el  Marqués  de  Wellesley  y  de 
felicitarlo  por  el  restablecimiento  de  su  salud. 

Suplican  á  S.  E.  les  permita  hacerle  presente  que 
habiéndose  terminado  los  objetos  de  su  venida  á  Ingla- 
terra, les  importa  regresar  á  Venezuela  con  la  posible 
prontitud  :  y  como  el  Gobierno  de  S.  M.  B.  se  ha  servido 
ofrecerles  al  intento  un  buque  de  guerra  en  que  veri- 
ficarlo con  toda  seguridad,  han  creido  oportuno  avisar 
á  S.  E.  que  por  su  parte  se  halla  todo  listo  y  concluido, 


BOLÍVAR  :!l 

al  mismo  tiempo  que  le  ruegan  se  digne  ser  el  órgano 
de  su  respetuosa  gratitud  á  S.  M.  por  esta  nueva  prueba 
de  su  Real  benevolencia. 

Londres,  30  de  Agosto  1  SI 0. 


El  gobierno  Británico  hizo  preparar  en  con- 
secuencia un  buque  de  guerra  que  trasladara 
á  los  comisionados.  De  estos,  permaneció  en 
Londres  López  Méndez,  en  tanto  que  Bolívar 
volvía  á  su  patria. 

¿Llegó  solo,  como  lo  aseguran  algunos 
historiadores  ó  junto  con  el  general  Miranda, 
según  testimonio  de  otros  ?  Cuestión  es  ésta  de 
poco  interés  para  la  historia  ;  pero,  á  ser  cierto 
el  último  dato,  la  fecha  de  la  llegada  á  la 
Guaira  deberá  fijarse  el  10  de  Diciembre  de 
1810,  y  no  el  5  como  lo  asegura  la  mayoría 
de  los  historiadores. 

En  prueba  de  ello,  lié  aquí  la  carta  dirigida 
por  el  Señor  Juan  G.  Boscio,  ministro  de  rela- 
ciones exteriores  en  Caracas,  al  general  Mi- 
randa, en  respuesta  á  la  que  este  le  escribió 
participándole  su  regreso.  Este  documento  con- 


32  BOLÍVAR 

tradice  muchas  de  las  apreciaciones  históricas 
hechas  hasta  hoy  con  referencia  á  las  dificul- 
tades que,  según  se  asegura,  tuvo  el  gobierno 
de  Caracas  para  recibir  á  tan  digno  huésped. 


Acaba  de  recibir'  S.  A.  con  el  Oficio  de  Vd.  de  10  del 
corriente  los  despachos  de  cuya  dirección  se  encargó 
Vd.  en  Londres,  Curacao  y  abordo  del  bergantin  Argos. 

Al  instruirse  de  dicho  oficio,  S.  A.  ha  tenido  presente 
igualmente  el  otro  que  Vd.  remitió  desde  Londres  el  3  de 
Agosto  último.  Uno  y  otro  no  respiran  más  que  amor 
á  la  Patria;  y  esta  virtud  de  que  Vd.  manifiesta  estar  pro- 
fundamente penetrado,  su  concepto  público,  sus  anti- 
guas negociaciones  en  favor  de  la  América,  y  las  parti- 
culares recomendaciones  que  han  hecho  en  fayor  de 
Vd.  los  Comisionados  de  S.  A.  en  Londres,  D.  Luis  López 
Méndez  y  D.  Simón  de  Bolívar,  han  recibido  de  S.  A.  el 
correspondiente  permiso  para  que  Vd.  pueda  pasar  á 
esta  Ciudad  con  la  brevedad  que  guste. 

Al  entrar  en  esta  Ciudad,  Vd.  desconocerá  sin  duda 
la  Patria  de  quien  se  separó  en  años  pasados.  Entonces 
ella  estaba  oprimida  y  degradada  por  el  despotismo  y 
la  tiranía  :  las  bendiciones  que  el  Cielo  había  prodigado 
sobre  estos  países,  eran  infructuosas  bajo  el  influjo  de 
unos  enemigos  de  la  humanidad,  y  cada  Ciudadano 
aislado  al  parecer  entre  sus  propias  paredes,  apenas 
podía  consultar  por  su  tranquilidad.  Es  muy  distinta  al 
presente  la  perspectiva  que  esta  misma  Patria  ofrece  á 
las  miras  de  Vd.  Á  la  antigua  tiranía  ha  sucedido  un 
Gobierno,   cuyo    único   objeto    es  la  felicidad    de   los 


BOLÍVAR  33 

Pueblos  que  le  están  ú  cargo:  no  hay  mejora  que  no  se 
procure  emprender;  y  cada  ciudadano,  intimamente 
persuadido  de  que  sus  primeros  deberes  son  hacia  la 
Suciedad,  no  es  su  propio  interés,  sino  el  bien  común  el 
que  solicita  en  todas  sus  acciones. 

Vd.  va  á  aumentar  ei  número  de  estos  :  y  cuanto 
mayores  son  las  ventaja-  que  han  proporcionado  á  Vd.  la 
ilustración,  la  experiencia  y  el  conocimiento  de  las 
Cortes  extrangeras,  tanto  más  son  las  obligaciones  que 
Vd,  ha  contraído  en  favor  de  un  país  que  le  vio  nacer,  y 
que  ahora  lo  recibe.  Tales  son  las  esperanzas  que  el 
Pueblo  de  Caracas  ha  concebido  al  saber  la  llegada  de 
Vd ;  y  S.  A.  concediéndole  el  permiso  que  Vd.  solicita 
para  venir  á  esta  Ciudad,  cree  que  serán  realizadas.  A 
este  efecto  y  de  su  orden  superior  lo  comunico  á  Vd. 
para  su  inteligencia. 

Dios  gue  á  Yd.  m8  a8.  Caracas  Diciembre  11  de  1810. 

Juan  G.  Roscio. 
Señor  D.  Francisco  Miranda. 


Y  si  algo  faltara  para  comprobar  lo  dicho  y 
esclarecer  los  proyectos  del  general  Miranda, 
la  siguiente  carta  que  dirigió  al  Gobierno 
Británico  desvanece  no  sólo  aquella  duda,  sino 
también  algunas  otras  que  tienen  relación  con 
el  infortunado  General. 


34  BOLÍVAR 

Caracas  7  de  Enero  de  1811. 
Al  nobilísimo  Marqués  de  Wellesley. 

De  conformidad  con  mi  correspondencia  escrita  y 
verbal  con  V.  E.  acerca  del  estado  político  de  Sur-Amé- 
rica, y  particularmente  de  la  provincia  de  Venezuela, 
salí  de  Inglaterra  el  40  de  Octubre,  llegué  á  Barbada 
el  19  de  Noviembre,  á  Curasao  el  28  del  mismo  y  desem- 
barqué en  la  Guaira  el  10  de  Diciembre  último.  El  Go- 
bierno y  pueblo  de  Venezuela  me  recibieron  con  gran 
júbilo,  amistad  y  afecto,  confiriéndome  en  el  acto  re- 
compensas civiles  y  militares.  Por  estos  medios  espero 
ejercer  la  influencia  requerida  con  el  objeto  de  promo- 
ver los  intereses  de  la  Gran  Bretaña  de  un  modo  compa- 
tible con  la  prosperidad  y  seguridad  de  estas  provincias. 

Á  mi  llegada  á  esta  Capital  comuniqué  al  Gobierno 
las  miras  y  deseos  del  de  S.  M.  B.  con  respecto  á  la 
seguridad  de  estas  provincias,  y  al  apoyo  que  ellas  de- 
bían al  mismo  tiempo  dar  á  la  causa  española  en  la 
península.  Encontré  sus  sentimientos  en  perfecto  acuerdo 
con  las  miras  de  V.  E.  y  no  dudo  que  proseguirán  en  la 
misma  línea  de  conducta  moderada,  que  se  ha  obser- 
vado hasta  hoy,  á  pesar  de  las  provocaciones  y  del  vio- 
lento proceder  de  los  Agentes  de  la  Regencia  española 
en  Puerto- Rico,  sin  los  cuales  no  habría  ocurrido  distur- 
bio alguno  en  Coro  ni  en  Maracaibo,  ni  en  esta  Capital, 
donde  sus  maquinaciones  obligaron  al  Gobierno  á  tomar 
violentas  medidas  muy  agenas  á  sus  deseos  y  al  espíritu 
de  conciliación  que  estaban  siguiendo  ;  se  han  reparado 
ya  los  daños  y  nada  turbará,  así  lo  espero,  la  tranquili- 
dad de  que  se  disfruta  en  esta  Capital. 


BOLÍVAR  35 

El  muy  honorable  Nicolás  Wansittart,  como  dije 
á  V.  E.  es  mi  apoderado;  y  como  mi  patria  me  ha  com- 
ferido  ya  cargos  militares  incompatibles,  según  lo  con- 
cibo, con  cualquier  emolumento  extrangero,  suplico 
á  V.  E.  se  sirva  disponer  el  ajuste  de  mi  pensión  de 
conformidad  con  el  memorándum  que  dejé  cuando  salí 
de  Inglaterra,  reiterando  mis  más  sinceras  gracias  al 
Gobierno  Británico,  por  el  apoyo  y  pensión  que  me  con- 
cedió, mientras  mi  residencia  en  Inglaterra  fué  necesaria 
con  el  fin  de  promover  la  emancipación  y  proteger  los 
intereses  de  las  colonias  Sur-Americanas. 

En  carta  particular  á  Sir  Richard  Wellesley  he  men- 
cionado algunas  circunstancias  relativas  al  interior  de 
la  provincia  de  Caracas  y  al  limítrofe  reino  de  Santa 
Fé  de  Bogotá.  Si  los  hechos  allí  referidos  interesan  de 
algún  modo  á  V.  E,  puede  tenerlos  como  ciertos. 

Con  el  mayor  respeto  y  la  más  alta  consideración 
quedo  de  V.  E.,  Milor,  su  muy  obediente  y  humilde 
servidor. 

Francisco  de  Miranda. 


Hemos  copiado  esta  carta,  así  como  los 
documentos  insertos  anteriormente,  en  los  ar- 
chivos de  Londres,  con  la  generosa  venia  del 
gobierno  británico. 


III 


No  terminó  el  año  de  1810  sin  aconteci- 
mientos de  alguna  gravedad.  Casi  todas  las 
provincias  de  Venezuela  secundaron  el  movi- 
miento de  Caracas  ;  pero  las  de  Guayana,  Coro 
y  Maracaibo  pretendieron  contrarrestarlo  con 
las  fuerzas  militares  de  que  disponían.  Esta 
resistencia  contribuyó  poderosamente  á  fo- 
mentar la  reacción  en  el  sentido  español,  y  á 
encender  en  el  ánimo  de  los  patriotas  y  auto- 
res del  movimiento  iniciado  en  19  de  Abril,  el 
deseo  de  llegar  á  la  verdadera  fórmula  de  la 
revolución,  ó  sea  á  la  independencia  de  Ve- 
nezuela. 


BOLÍVAR  37 

En  esta  misma  sazón  llegó  á  Caracas  la 
noticia  de  las  horribles  matanzas  llevadas  á 
cabo  en  Quito  por  las  Autoridades  españolas. 
Sesenta  personas,  muy  notables  algunas,  con- 
tra las  cuales  se  procedió  enjuicio  de  conspi- 
ración, fueron  degolladas  impíamente  en  la 
prisión,  y  profanados  sus  cadáveres  por  la 
tropa  que  ejecutó  el  crimen. 

Este  infame  atentado  que  causó  general 
«hielo  en  Caracas,  bien  al  contrario  de  desani- 
mar á  los  patriotas,  pintó  más  al  vivo  en  su 
imaginación  el  deseo  de  tomar  represalias.  En 
la  pira  de  la  guerra,  á  medio  arder,  fueron 
arrojadas  una  á  una  las  pasiones  del  encono  y 
de  la  venganza.  España  contribuyó  á  fomen- 
tar el  incendio  porque  la  Regencia  de  Cádiz, 
al  saber  lo  ocurrido,  declaró  rebeldes  é  in- 
surgentes á  los  venezolanos  y  decretó  el  blo- 
«meo  de  la  provincia  de  Caracas,  enviando  á 
I).  Antonio  Cortabarría  con  facultades  omní- 
modas.... 

Por  entonces  había  ya  corrido  sangre  en 
varios  puntos  de  Venezuela.  Las  fuerzas  espa- 
ñolas, estacionadas  en  Coro  al  mando  de  Ge- 


38  BOLÍVAR 

ballos,  fueron  atacadas  con  buen  éxito  por  las 
fuerzas  venezolanas  al  mando  de  Toro.  Las 
de  Miyares,  que  desde  Maracaibo  llegaron  en 
auxilio  de  Geballos,  fueron  también  derrotadas. 

Á  este  punto  de  la  revolución  se  restituye- 
ron á  Venezuela  Bolívar  y  Miranda.  El  pueblo 
recibió  á  este  con  entusiasmo  indescriptible,  y 
la  Junta  le  nombró  en  el  acto  Teniente  Gene- 
ral. Su  presencia  en  el  país  fué  motivo  de  plá- 
cemes y  de  confianza  en  el  ánimo  de  los  pa- 
triotas todos. 

Se  hacían  elecciones  generales  en  Venezuela 
con  el  fin  de  constituirla  legalmente.  Miranda 
fué  nombrado  Diputado.  El  Congreso  nacional 
se  instaló  el  2  de  Marzo  de  1811,  y  uno  de  sus 
primeros  actos  fué  organizar  el  Poder  Ejecu- 
tivo á  cargo  de  tres  Ciudadanos  eminentes, 
los  señores  Padrón,  Escalona  y  Mendoza. 

El  desempeño  de  su  misión  era  para  estos 
Gobernantes  extremadamente  difícil,  porque 
Bolívar  y  Miranda  habían  constituido  una 
sociedad  patriótica,  compuesta  de  los  más  exal- 
tados partidarios  de  la  independencia  ;  en  el 
campo  realista  cundía  la  alarma  y  era  cada  vez 


BOLÍVAR  39 

menos  hacedera  la  comedia  del  Gobierno  en 
nombre  de  Fernando  Vil.  De  necesidad  era 
trazar  una  línea  divisoria  entre  aquella  primera 
etapa  de  la  revolución  y  las  venideras,  y  á 
ello  contribuyeron  principalmente  Miranda  y 
Bolívar  por  medio  de  la  Sociedad  patriótica. 

Los  realistas  imitaron  á  sus  adversarios  tra- 
tando, bien  que  sin  fruto,  de  restablecer  el 
perdido  poderío.  En  Cumaná  pretendieron 
infructuosamente  apoderarse  de  una  fortaleza. 
En  Guayana  quemaron  y  pusieron  á  saco  el 
pueblo  de  Cabruta.  Á  poco  andar,  la  situación 
se  hizo  tan  difícil,  que  no  fué  posible  prolon- 
garla, y  el  Congreso  Nacional  se  decidió  á  pro- 
clamar la  Independencia  de  Venezuela.  Esto 
ocurrió  el  5  de  Julio  de  1811. 

En  esta  fecha  memorable  fué  completa- 
mente desconocida  la  Autoridad  de  España  en 
Venezuela,  y  llamada  ésta  á  constituirse  en 
Nación  soberana  é  independiente,  pudiendo 
adoptar  la  forma  de  Gobierno  que  más  le 
conviniera. 

Esta  declaración  lanzada  en  son  de  reto, 
hizo  que  los  realistas  no  perdieran  tiempo  en 


40  BOLÍVAR 

conspirar  abiertamente  contra  el  nuevo  orden 
establecido.  Un  movimiento  que,  dirigido  por 
varios  isleños  de  Canarias  se  inició  poco  des- 
pués en  las  cercanías  de  Caracas,  fué  sofocado 
sin  hacer  uso  de  las  armas. 

Otro  de  mayor  importancia  ocurrió  en  Va- 
lencia. Esta  vez  fué  preciso  combatir,  y  las 
tropas  republicanas,  al  mando  del  general 
Miranda,  entraron  á  fuego  y  sangre  en  aquella 
(andad,  después  de  vencer  la  obstinada  resis- 
tencia de  los  enemigos  quienes  se  rindieron  á 
discreción.  Esta  campaña  costó  al  Gobierno 
Republicano  más  de  800  muertos  y  1,500  he- 
ridos. Bolívar  se  distinguió  en  el  combate. 

Muy  censurado  fué  entonces  el  propósito  de 
los  venezolanos  de  llevar  á  cumplido  término 
la  independencia  que  acababan  de  proclamar. 
En  España  particularmente,  se  les  calificó  de 
ingratos,  rebeldes,  malvados  y  otros  epítetos 
no  menos  afrentosos,  ora  en  documentos 
oficiales  emanados  del  Gobierno,  ora  en  obras 
y  palabras  de  los  más  eruditos  escritores.  Gran 
desastre  era  ciertamente  para  España  la  pér- 
dida de  sus  colonias  de  América  ;  pero  el  he- 


BOLÍVAR  4! 

cho,  juzgado  á  conciencia  era  lógico  y  fatal,  é 
inevitable  sn  realización  en  el  orden  providen 
cial  de  los  humanos  sucesos. 

Las  Colonias  tienen  siempre  una  secreta 
aspiración  á  la  independencia  ;  más  intensa, 
mientras  más  grandes  y  ricas.  Así  como  en  el 
mundo  de  la  familia  el  hijo  desea  la  mayoría 
para  emanciparse  de  la  patria  potestad,  así  en 
el  mundo  de  las  naciones  las  Colonias  desean 
tener  una  patria  propia  y  gobernarse  por  sí 
mismas. 

La  sociedad  civil  ha  fijado  en  sus  Códigos  la 
edad  en  que  por  ministerio  de  la  ley  queda 
relajada  la  autoridad  paterna  ;  pero  las  socie- 
dades políticas  no  han  podido  someter  á  reglas 
sn  dominación  colonial.  Los  Gobiernos  sabios 
y  previsores,  como  el  de  la  Gran  Bretaña, 
otorgan  á  sus  Colonias  los  mismos  derechos 
y  regalías  que  disfrutan  los  Ciudadanos  de  la 
Metrópoli.  Este  sistema  ofrece  la  ventaja  de 
retardar,  por  lo  menos,  la  época  de  la  eman- 
cipación. España  procedió  en  América  tic  un 
modo  muy  inconsulto,  convirtiendo  sus  ricas 
Colonias  en  patrimonio  de  mandatarios  venales. 


42  BOLÍVAR 

En  cuanto  á  la  independencia  de  Venezuela, 
el  hecho  no  solamente  fué  legítimo  si  que  tam- 
hién  inevitable.  El  sufrimiento  de  los  venezo- 
lanos había  llegado  á  su  colmo.  Allí  no  se  per- 
mitía la  instrucción,  ni  se  toleraba  la  imprenta, 
ni  se  concedía  la  lectura  de  libros  ;  el  comer- 
cio era  privilegio  exclusivo  de  los  peninsulares, 
así  como  también  la  industria  ;  los  desdicha- 
dos colonos  apenas  tenían  permiso  para  culti- 
var sus  campos,  bajo  innumerables  restric- 
ciones y  tributos,  y  debían  invertir  el  tiempo 
en  oir  pláticas  y  sermones  en  honra  y  enalte- 
cimiento de  los  Reyes  de  España. 

Para  disfrutar  de  algunas  garantías  en  sus 
personas  y  bienes,  los  venezolanos  tenían  que 
prosternarse  ante  sus  señores,  y  adular  tam- 
bién á  sus  subalternos,  por  despreciables  que 
fueran  ;  pues  no  habia  más  ley  que  la  volun- 
tad del  tirano.  La  muerte  era  preferible  á  ta- 
maña servidumbre. 

La  nación  que  no  habia  consentido  que 
en  Caracas  se  constituyera  una  Junta  en  favor 
de  Fernando  Séptimo,  mucho  menos  podía 
soportar  que  aquel  pueblo  se  declarara  inde- 


BOLÍVAR  43 

pendiente.  La  base  de  la  reacción  existía  ya  en 
el  país,  como  liemos  dicho  anteriormente.  Tres 
provincias  resistían.  Nuevos  auxilios  al  mando 
del  Brigadier  Gagigal  habían  llegado  á  Coro,  y 
con  ellos  resolvió  Ceballos  emprender  una  cam- 
paña en  el  interior  de  Venezuela.  En  su  tropa 
había  un  oficial  llamado  D.  Domingo  Monte- 
verde,  nativo  de  Canarias,  tan  ignorante  como 
presuntuoso  y  fiero.  Con  una  fuerza  que  Ce- 
ballos le  confió,  á  veces  siguiendo  sus  órde- 
nes, á  veces  desobedeciéndolas,  aquel  hombre 
tuvo  la  buena  suerte  de  penetrar  en  el  corazón 
del  país. 

Á  tiempo  que  este  fatídico  personaje  al- 
canzaba tales  triunfos,  ocurrió  en  Venezuela 
un  suceso  que  por  su  gravedad  y  consecuen- 
cias bastaba  para  aniquilar  la  causa  de  la  Re- 
volución . 

El  26  de  Marzo  de  1812,  á  las  cuatro  y  siete 
minutos  de  la  tarde,  sintióse  el  espantoso  te- 
rremoto que  destruyó  una  gran  parte  de , Ve- 
nezuela, particularmente  las  ciudades  de  Cara- 
cas, La  Guaira,  San  Felipe,  Barqnisimeto  y 
Mecida  :  no  sólo  quedaron  destruidas  muchas 


44  BOLÍVAR 

ciudades  y  sepultados  bajo  las  ruinas  sus  habi- 
tantes, sino  que  los  pocos  que  sobrevivieron  á 
tan  horrible  catástrofe,  apenas  pudieron  pensar 
más  que  en  salvarse. 

De  este  desastre  salió  ileso  Monteverdo, 
quien  aprovechando  el  momento  para  prose- 
guir su  marcha,  y  desenterrar  pertrechos  de 
guerra,  logró  ocupar  la  ciudad  de  San  Carlos 
después  de  haber  vencido  las  fuerzas  republi- 
canas que  pretendieron  impedirle  el  paso. 

El  Congreso  Venezolano  reunido  en  Valen- 
cia, concedió  facultades  omnímodas  al  Go- 
bierno para  que  hiciera  frente  á  la  situación. 
Este  las  delegó  en  el  Marqués  del  Toro,  y 
como  no  aceptara  fué  nombrado  para  reem- 
plazarle el  general  Miranda,  con  el  carácter  de 
Generalísimo,  título  que  prefirió  al  de  Dictador. 

Varias  provincias,  en  el  estupor  de  la  desgra- 
cia, creyendo  que  el  terremoto  era  castigo  del 
Cielo  por  haberse  rebelado  contra  su  amado 
Fernando  VII,  se  adhirieron  al  punto  á  la 
causa  realista . 

Casi  todos  los  pueblos  son  supersticiosos, 
pero  especialmente   los  dotados  de   imagina- 


BOLÍVAR  i.; 

cion  ligera  y  ardiente,  ó  sumidos  como  el  de 
Venezuela,  en  aquella  época,  en  la  más  com- 
pleta ignorancia. 

¡  Con  tan  pobres  elementos  debía  contar  el 
General  Miranda  para  alcanzar  la  indepen- 
dencia de  su  patria  ! 

Como  militar  de  consumada  pericia,  hizo 
cuanto  pudo,  reclutando  y  armando  hombres. 
y  estableció  su  Cuartel  general  en  Maracay. 
Fué  una  de  sus  principales  disposiciones  ase- 
gurar la  Plaza  y  fortaleza  de  Puerto-Cabello 
con  el  jefe  y  tropa  de  más  confianza,  y  para 
ello  nombró  á  Bolívar  comandante  general. 

Vanos  esfuerzos,  porque  Monteverde,  te- 
niendo segura  su  retaguardia  con  la  adhesión 
de  las  provincias  occidentales,  avanzó  alcan- 
zando parciales  triunfos  sobre  los  republicanos, 
hasta  acantonar  en  el  pueblo  de  San  Mateo. 
Miranda  retrocedió  con  su  ejército  colecticio  á 
La  Victoria;  pero  sabiendo  que  el  enemigo 
carecía  de  pertrechos,  antes  de  comprometer 
un  combate  formal,  ordenó  que  fuese  tiroteado 
por  Las  avanzadas  consecutivamente  cada  día, 
hasta  obligarlo  á  rendirse,  puesto   que   le   era 


46  BOLÍVAR 

imposible  recibir  elementos  de  guerra  de  Coro, 
distante  80  leguas  de  aquel  lugar. 

La  fatalidad  había  dispuesto  las  cosas  de 
otra  manera,  y  el  30  de  Junio  de  aquel  año  se 
sublevó  la  fortaleza  de  Puerto-Cabello,  enar- 
bolando  en  el  acto  el  pabellón  de  Castilla.  Un 
oficial  indigno,  seguido  de  los  presidiarios  y  de 
los  reos  políticos  que  allí  estaban  encerrados, 
efectuó  con  buen  éxito  aquel  movimiento. 

Bolívar  que  era  el  Jefe  militar  de  la  plaza, 
hizo  cuanto  pudo  por  someter  los  rebeldes, 
pero  sin  resultado  alguno.  Disputó  la  ciudad  y 
sus  alturas  á  viva  fuerza,  buscó  la  muerte  por 
doquiera  ;  pero  abandonado  por  la  tropa  y 
extenuado  después  de  cinco  dias  de  combate  y 
fatigas,  embarcóse  para  La  Guaira,  seguido 
apenas  de  algunos  oficiales  de  su  Estado 
mayor. 

Las  cartas  que  ahora  insertamos  referentes 
á  tan  triste  suceso,  ven  por  primera  vez 
la  luz  pública.  Durante  setenta  y  un  años  han 
permanecido  secretas  en  el  importantísimo  Ar- 
chivo que  dejó  el  general  Miranda,  y  que 
poseemos  hoy. 


BOLÍVAR  47 

Más  tarde  publicaremos  por  separado  otros 
documentos  de  más  importancia  llamados  á 
esclarecer  ciertos  hechos  históricos  que  esta- 
ban envueltos  en  las  sombras  de  la  duda  y 
de  las  conjeturas. 

Las  dos  cartas  que  Bolívar  dirigió  á  Miranda 
al  llegar  á  Caracas,  son  dignas  de  la  más  com- 
pleta admiración  :  revelan  el  militar  pundono- 
roso, honrado  y  valiente,  en  lucha  contra  el 
infortunio  y  la  adversidad  de  los  humanos 
sucesos.  No  pueden  leerse  estas  cartas  sin  ex- 
perimentarse una  emoción  profunda. 

«  ¡  La  patria  se  ha  perdido  en  mis  ma- 
nos!... »  exclama  Bolívar,  presa  del  desa- 
liento. ¡Y  era  él  quien  debía  salvarla  más 
tarde,  y  ser  el  verdadero  padre  de  la  patria  y 
el  fundador  de  la  República  é  Independencia 
de  casi  todo  un  continente  ! 

Caracas  12  de  Julio  de  1812. 

Mi  General.  Después  de  haber  agotado  todas  mis  fuer- 
zas físicas  y  morales  ¿con  qué  valor  me  atreveré  á  tomar 
la  pluma  para  escribir  á  V.  habiéndose  perdido  en  mis 
manos  la  Plaza  de  Pt0  Cabello  ?  Mi  corazón  se  halla  des- 


48  BOLÍVAR 

trozado  con  este  golpe  aún  más  que  el  de  la  Provincia. 
Esta  tiene  la  esperanza  de  ver  renacer  de  en  medio  de 
los  restos  que  nos  quedan  su  salud  y  libertad  :  sobre 
todo  P10  Cabello  no  espera  más  que  ver  parecer  el  ejér- 
cito de  Venezuela  sobre  Valencia  para  volverse  á  noso- 
tros; pues  nada  es  más  cierto  que  aquel  pueblo  es  el  más 
amante  á  la  causa  de  la  Patria,  y  el  más  opuesto  á  la 
tiranía  española.  Á  pesar  de  la  cobardía  con  que  al  fin  se 
han  portado  los  habitantes  de  aquella  ciudad,  puedo 
asegurar  que  no  por  eso  han  cesado  de  tener  los  mismos 
sentimientos.  Creyeron  nuestra  causa  perdida  por  que 
el  ejército  estaba  distante  de  sus  cercanías. 

El  enemigo  se  ha  aprovechado  muy  poco  de  los  fu- 
siles que  teníamos  allí  pues  la  mayor  parte  de  ellos  los 
arrojaron  á  los  bosques  los  soldados  que  los  llevaban,  y 
los  otros  quedaban  muy  descompuestos  :  en  suma 
creo  que  apenas  lograrán  doscientos  por  todo. 

Espero  se  sirva  V.  decirme  qué  destino  toman  los 
oficiales  que  han  venido  conmigo.  Son  excelentísimos, 
y  en  mi  concepto  no  los  hay  mejores  en  Venezuela.  La 
pérdida  del  Coronel  Jalón  es  irreparable,  valía  él  solo  por 
un  ejército. 

Mi  General :  mi  espíritu  se  halla  de  tal  modo  abatido  que 
no  me  hallo  en  ánimo  de  mandar  un  solo  soldado  :  pues 
mi  presunción  me  hacía  creer  que  mi  deseo  de  acertar,  y 
el  ardiente  zelo  por  la  Patria  suplirian  en  mí  de  los  ta- 
lentos de  que  carezco  para  mandar.  Así  ruego  áV.  ó  que 
me  destine  á  obedecer  al  más  Ínfimo  oficial,  ó  bien  que  me 
dé  algunos  dias  para  tranquilizarme  y  recobrar  la  sereni- 
dad que  he  perdido  al  perder  á  Pt0.  Cabello  :  á  esto  se 
añade  el  estado  físico  de  mi  salud  que  después  de  trece 
noches  de  insomnio,  de  tareas  y  de  cuidados  gravísimos, 


BOLÍVAR  49 

me  hallo  en  una  especie  de  enagenamiento  mortal.  Voy  á 
comenzar  inmediatamente  el  parte  detallado  de  las  opera- 
ciones de  las  tropas  que  mandaba,)- de  las  desgracias  que 
han  arruinado  la  ciudad  de  Pt0.  Cabello,  para  salvar  en 
la  opinión  pública  la  elección  de  V.  y  mi  honor.  Yo  hice 
mi  deber,  mi  General,  y  si  un  soldado  me  hubiese  que- 
dado, con  ese  habría  combatido  al  enemigo.  Si  me  aban- 
donaron no  fué  mi  culpa.  Nada  me  quedó  que  hacer 
para  contenerlos,  comprometerlos  á  que  salvasen  la 
Patria;  pero;  ah!  ésta  se  ha  perdido  en  mis  manos. 
De  su  subdito. 

S.  Bolívar. 


Caracas  14  de  Julio  de  1812. 

Mi  general  :  lleno  de  una  especie  de  vergüenza  me  tomo 
la  confianza  de  dirigirá  usted  el  adjunto  parte,  que  ape- 
nas es  una  sombra  de  lo  que  realmente  ha  sucedido. 

Mi  cabeza  y  mi  corazón  no  están  para  nada.  Así,  suplico 
á  usted  me  permita  un  intervalo  de  poquísimos  dias 
para  ver  si  logro  reponer  mi  espíritu  en  su  temple  ordi- 
nario. 

Después  de  haber  perdido  la  mejor  plaza  del  Estado, 
¿cómo  no  he  de  estar  alocado,  mi  general? 

¡  De  gracia,  no  me  obligue  usted  á  verle  la  cara  I  Yo 
no  soy  culpable,  pero  soy  desgraciado  y  basta. 

Soy  de  usted,  con  la  mayor  consideración  y  respeto,  su 
apasionado  subdito  y  amigo  que 

B.  S.  M. 

Simón  Bolívar. 
4 


50  BOLÍVAR 

P.  D.  —  Todavía  no  han  llegado  aquí  los  oficiales  que 
vinieron  conmigo. 

S.  Gmo  D.  Feo  Miranda. 

Hé  aquí  el  parte  original  dirigido  por  Bolívar 
á  Miranda  en  su  cuartel  general  y  firmado  de 
su  puño  y  letra,  conforme  con  el  borrador  que 
aparece  publicado  en  las  Memorias  del  General 
O'Leary.  Muy  plausible  y  digna  de  elogio  es 
la  intención  que  guió  la  pluma  del  distinguido 
publicista  Guzman  (Antonio  Leocadio)  al  escri- 
bir con  motivo  de  estos  sucesos  el  notable  folle- 
to publicado  en  Caracas  en  Agosto  de  1876. 
Pero  contiene  errores  históricos  que  deben  ser 
rectificados,  pues  ni  el  suceso  ocurrió  el  29  de 
Junio,  como  lo  asegura  el  escritor, ni  los  partes 
que  ha  consultado  para  referirlo  son  autén- 
ticos. 

Honorable  Generalísimo, 

Cumpliendo  con  mi  deber  tengo  el  dolor  de  haceros 
una  relación  circunstanciada  de  los  sucesos  desgraciados 
que  han  obligado  á  la  Plaza  de  Puerto-Cabello  á 
sucumbir. 


BOLÍVAR  ol 

Hallándome  en  mi  posada  á  las  doce  y  media  de  la 
tarde  el  día  30  del  próximo  pasado,  llegó  apresurada- 
mente el  teniente  Coronel  Miguel  Carabaño,  á  darme  la 
noticia  de  que  en  el  Castillo  de  San  Felipe  se  oía  un 
ruido  extraordinario,  y  se  había  levado  el  Puente,  según 
se  le  acababa  de  informar  por  una  mujer.  Que  el  Coro- 
nel Mires  había  ido  inmediatamente  á  saber  la  novedad 
que  ocasionaba  aquellos  movimientos.  Aún  no  habia 
bien  llegado  al  Castillo  dicho  Oficial,  cuando  se  le  intimó 
desde  lo  alto  de  la  fortaleza  que  se  rindiese,  ó  se  le 
haría  fuego  :  á  lo  cual  respondió  con  la  negativa,  y 
revolviéndose  hacia  el  bote  que  le  había  conducid»  i  allí, 
se  reembarcó  y  volvió  á  la  Plaza. 

Inmediatamente  después  de  este  acontecimiento  em- 
pezó el  fuego  del  Castillo  sobre  la  ciudad,  enarbolando 
una  bandera  encarnada,   y  victoreando  á  Fernando  7o. 

Un  momento  antes  de  comenzar  el  fuego  habia  venido 
á  mi  casa  el  Comandante  del  Castillo  Teniente  Coronel 
Ramón  Aymerich,  á  quien  pregunté  qué  novedad  era 
aquella  que  sucedía  en  el  Castillo,  y  me  respondió  igno- 
rarla :  entonces  supe  que  el  Oficial  destacado  allí,  era  el 
Subteniente  del  batallón  de  Milicias  de  Aragua,  Francisco 
Fernandez  Vinony,  el  cual,  de  acuerdo  ó  seducido  por 
los  presidiarios  y  reos  de  Estado  que  estaban  en  aquella 
fortaleza,  se  habría  sublevado  para  cooperar  con  las 
fuerzas  del  enemigo.  En  consecuencia,  mandé  reunir 
todas  las  tropas  que  se  hallaban  dentro  de  la  Plaza,  y  al 
mando  del  Coronel  Mires,  y  Teniente  Coronel  Gara- 
baño,  tuvieron  orden  de  cubrir  los  puestos  mas  avan- 
zados hacia  el  Muelle  y  la  fortaleza  del  Corito;así  lo 
ejecutaron  y  rompieron  el  fuego  de  artillería  y  fusi- 
lería contra  los   rebeldes;   el   que  fué  suspendido   poco 


52  BOLÍVAR 

tiempo  después,  por  orden  mía,  con  el  objeto  de 
mandar  al  Castillo  la  intimación  que  consta  bajo  el  N°  1.° 
en  que  les  ofrecía  libertad,  vida  y  bienes,  á  condición  de 
que  le  entregasen  con  todos  los  efectos  y  demás  per- 
trechos de  guerra  que  en  él  se  hallaban.  Me  contestó 
según  el  N°  2.°  que  rindiese  la  Plaza;  envíase  á  buscar 
al  G.  Domingo  Taborda  ;  entregase,   interina  el  mando 


(N.°l.°)Los  reos,  Oficiales,  Cabos  y  soldados  que  actualmente  se 
hallan  sublevados  en  el  Castillo  de  San  Felipe,  pueden  contar  con 
un  perdón  absoluto  de  vida  y  bienes  bajo  todas  las  seguridades  que 
puedan  exigir  para  la  evacuación  del  Castillo,  y  su  marcha 
adonde  tengan  á  bien  y  deseen  irse;  con  la  condición  de  que  en 
el  término  de  una  hora  hayan  de  entregar  dicho  Castillo  con 
todos  los  pertrechos  y  demás  efectos  de  guerra  que  haya  en  él ; 
en  inteligencia  de  que  no  hacerlo  asi  y  continúen  en  la  obstinada 
hostilidad  que  pretenden  hacernos,  serán  pasados  al  filo  de  la 
espada  irrevocablemente  dichos  reos  y  delincuentes.  Esta  misión 
no  tiene  otro  objeto  que  el  de  salvar  la  sangre  humana  que 
deberá  correr  si  yo  empiezo  á  hacer  jugar  mis  baterias  de  las 
Vijias  y  la  Plaza. 

Puerto  Cabello,  Junio  20  de  1812.  Simón  Bolívar.  Á  los  indivi- 
duos que  actualmente  se  hallan  en  el  Castillo  de  San  Felipe. 

(N.°  2.)  El  comandante  del  Castillo  de  San  Felipe  de  la  Plaza 
de  Puerto  Cabello,  ha  hecho  enarbolar  el  pabellón  del  Rey 
nuestro  Señor  Don  Fernando  7°,  y  como  sus  fieles  vasallos  pro- 
meten defenderlo  hasta  derramar  la  última  gota  de  sangre,  ha 
intimado  la  rendición  de  la  Plaza  al  Comandante  de  ella,  inteli- 
genciado, que  lo  demás  es  una  temeridad,  y  querer  derramar 
sangre  inútilmente.  Pide  después  de  dicha  entrega  por  Comandante 
de  la  misma  Plaza  al  C.  Domingo  de  Taborda,  despachando 
inmediatamente  á  buscarle  con  un  bote;  y  en  el  ínterin  que  venga 
que  quede  por  sustituto  el  C.  Faustino  Garcés;  viniendo  para 
este  convenio  los  Comandantes  de  la  Plaza,  Artillería  y  Cuerpo 
veterano.  Ciudadanos  Simón  Bolívar,  Diego  Jalón  y  Miguel 
Carabaño. 

Dios  guarde  á  Vd.  Ms.  As.  Castillo  de  San  Felipe  30  de  Junio 
de  1812.  Fancisco  Fernandez  Vinony.  Ciudadano  Comandante  de 
Puerto  Cabello,  Simón  Bolívar. 


B0L1VA1Í  53 

al  Teniente  Coronel  Garcés,  y  faese  yo  personalmente 
en  compañía  del  Coronel  Jalón  y  Teniente  Coronel  Cara- 
baño,  a  concluir  aquel  convenio  en  el  Castillo. 

Hice  segunda  intimación  notificando  á  los  sublevados 
que  si  no  cesaban  sus  fuego-,  y  se  rendían  en  el  término 
de  una  hora,  no  tendrían  después  perdón,  y  serian  pasa- 
dos al  filo  de  la  espada  :  la  contestación  fué  negativa, 
en  los  mismos  términos  que  la  primera  (N°  3.°). 

Repetí  tercera  intimación  (Xo  4.°)  que  no  tuvo  contes- 
tación alguna,  porque  los  fuegos  de  ambas  partes  se 
cruzaban,  y  era  ya  de  noche.  Viendo  la  obstinada  resis- 
tencia de  los  reos,  me  determiné  á  batirlos  con  todas 
las  fuerzas  que  estaban  á  mi  mando  :  para  lo  cual  mar- 
chó á  la  Vijía  del  Solano  el  Capitán  Montilla,  á  relevar 
al  Teniente  Coronel  Garcés  que  la  mandaba,  con  orden 
de  hacer  fuego  desde  allí ;  pero  observando  que  no 
alcanzaban,  sino  por  elevación,  y  sin  ningún  acierto, 
juzgué  más  conveniente  hacerlo  cesar  para  ahorrar  las 
municiones.  Y  después  de  haber  tenido  una  conferencia 


N.°  3.)  Todo  lo  que  no  sea  venir  á  este  Castillo  los  Coman- 
dantes nombrados  en  el  primer  Oficio  es  supérfluo  tratarse,  por 
que  todos  los  individuos  de  él  están  resueltos  á  perder  su  vida 
untes  de  rendirse,  y  por  lo  que  respecta  á  cesar  los  fuegos,  se 
verificará  en  el  momento  que  se  rinda  la  Plaza  ó  suspenda  los 
suyos  y  toda  operación  militar,  y  vengan  acá  los  sujetos  nom- 
brados. 

Dios  guarde  áVd.  Ms.  As.  Castillo  de  San  Felipe;  30  de  Junio 
de  1812.  Francisco  Fernandez  Vinuny  ;  Señor  Comandante  de  la 
Plaza.  D.  Simón  Bolívar. 

(N.°  4)  Yo  cesaré  el  fuego  cuando  Vds.  capitulen,  y  entonces 
les  concederé  la  vida,  y  la  libertad. 

Puerto-Cabello  30  ile  Junio  de  1S12.  Simón  Bolíyar.  Señor 
Comandante  del  Castillo  de  San  Felipe. 


.54  BOLÍVAR 

con  Garcés,  lo  devolví  á  su  destino,  por  haberlo  hallado 
en  mi  concepto  inocente,  y  más  que  todo,  porque  su 
popularidad  y  gran  crédito  entre  la  clase  de  Pardos,  lo 
hacían  temible  si  se  le  hacía  el  ultraje  de  quitarle  el 
mando  y  desconfiar  de  él  como  sospechoso;  y  en  este 
caso  no  me  quedaba  recurso  alguno  para  sostener  la 
Plaza,  pues  los  únicos  que  la  defendían  eran  pardos. 

El  bergantín  Zeloso,  bajo  los  fuegos  del  enemigo, 
salió  del  Puerto  con  la  mayor  bizarría,  y  aunque  con 
algún  descalabro  lo  salvamos.  El  Bergantín  Argos  se 
sostuvo  por  nosotros  á  pesar  de  los  repetidos  cañonazos 
que  le  tiraron,  y  la  marinería  á  nado  vino  a  tierra.  El 
Comandante  del  Apostadero,  C.  Juan  Bautista  Marti- 
nena,  fué  sorprendido  á  bordo  de  su  buque,  y  condu- 
cido al  Castillo,  donde  permanece  preso  con  la  mayor 
severidad. 

La  goleta  Venezuela,  la  tomaron,  y  llevaron  parte 
de  la  marinería  al  Castillo. 

Toda  la  noche  del  día  30  hubo  un  combate  el  más 
obstinado  de  artillería  y  fusilería  entre  el  Castillo  y 
nuestras  baterías;  éstas  estaban  cubiertas  de  nuestras 
tropas  que  se  portaron  con  un  valor  extraordinario ;  y 
en  particular  el  Teniente  Coronel  Carabaño  y  el  Capi- 
tán Granados  que  fué  muerto  de  un  tiro  de  metralla, 
como  también  varios  cabos,  sargentos  y  soldados. 

La  causa  que  tuvo,  según  las  conjeturas,  el  subte- 
niente Vinony  para  vender  la  fortaleza,  fué  hallarse 
quebrado  de  los  fondos  de  su  compañía,  por  una  parte, 
y  la  seducción  de  mando  ó  riqueza  que  esperaba  este 
traidor  por  recompensa  de  su  felonía,  luego  que  los  reos 
de  Estado  estuviesen  en  libertad,  y  su  paisano  Monte- 
verde  se  apoderase  de  la  Plaza. 


BOLÍVAR  55 

Este  Oficial,  indigno  de  serlo,  es  un  hombre  de  una 
conducta  detestable,  sin  honor  y  sin  talento.  Yo  igno- 
raba todo  esto.  El  Comandante  del  Castillo  Ramón 
Aymerich  que  vivía  en  él,  es  inculpable  ;  además  de  ser 
un  oficial  de  honor  é  inteligencia,  es  tan  prolijo  en  el 
cumplimiento  de  sus  deberes,  que  es  dudoso  se  halle 
otro  alguno  tan  capaz  de  gobernar  el  Castillo  de  San 
Felipe  con  el  celo  y  vigilancia  que  él  :  este  había  sido 
su  destino  mucho  tiempo  antes,  y  lo  desempeñaba  á 
toda  satisfacción,  como  es  notorio. 

En  cuanto  á  haber  acopiado  en  el  Castillo  víveres  para 
subvenir  á  la  manutención  de  trescientos  hombres  para 
tres  meses,  es  claro  que  nada  era  más  indispensable  que 
esta  medida,  para  en  caso  que  fuese  sitiado  como  no  era 
imposible  en  el  estado  actual  de  las  cosas. 

El  haber  almacenado  la  mayor  parte  de  la  pólvora  en 
dicho  Castillo,  era  de  igual  necesidad,  porque  en  los 
almacenes  que  se  bailaban  fuera  de  la  Ciudad  no  estaba 
segura,  y  por  esta  razón  la  había  mi  antecesor  transpor- 
tado á  la  goleta  Dolores,  que  tampoco  presentaba  más 
seguridad;  sobre  todo,  cuando  el  Comandante  Martinena 
me  ofició  repetidas  veces  que  la  pólvora  iba  á  perderse 
totalmente  porque  la  goleta  hacía  agua. 

El  resto  de  las  municiones  han  tenido  siempre  sus  al- 
macenes en  el  Castillo,  como  el  puesto  más  seguro  y 
retirado  del  enemigo. 

A  las  dos  de  la  tarde  del  mismo  día  30  os  di  el  primer 
parte  de  este  acontecimiento.   (N.°  5).   Á   las  tres  de  la 

;.V.  5.)  A  la  una  de  la  tardo  se  han  apoderado  del  Castillo  de 
San  Felipe  un  Oficial  infidente  con  la  tropa  de  su  mando  y  todos 
los  reos  que  allí  se  encontraban;  han  roto  un  fuego  terrible  sobre 
fsta   Ciudad  :    en    el   Castillo   se    encuentran    1,70U  quintales  de 


56  BOLÍVAR 

mañana  os  di  el  segundo,  repitiéndoos  lo  mismo  que  en 
el  anterior  (N.°  6). 

El  día  1.°  de  Julio  el  enemigo  continuó  sus  descargas 
de  artillería  y  fusilería  contra  la  Ciudad,  del  modo  más 
terrible  y  mortífero,  causando  tantos  estragos  en  las 
casas  y  habitantes,  que  arrebatados  estos  de  un  terror 
pánico,  hombres,  mujeres,  niños  y  ancianos,  empezaron 
á  abandonar  sus  hogares,  y  fueron  á  refugiarse  á  los 
campos  distantes. 

Dos  marineros  del  bergantin  Argos  mandados  por 
nosotros  le  cortaron  los  cables,  y  vararon  hacia  nuestra 
Costa,  con  el  doble  objeto  de  aprovechar  sus  pertrechos 
y  cuanto  fuese  útil,  y  así  evitar  que  el  enemigo  se  apo- 
derase de  él  :  pero  apenas  vieron  estos  perdida  la  espe- 


pólvora  y  casi  toda  la  artillería  y  municiones  de  esta  Plaza  :  esta 
padece  sumamente,  sus  casas  son  derribadas,  y  yo  trato  sin 
víveres  ni  municiones  defenderla  hasta  el  extremo.  Los  marineros 
de  los  buques,  forzosamente  han  pasado  al  Castillo,  y  él  se  hace 
temible  :  espero  que  á  la  mayor  brevedad  me  enviéis  cuantos 
recursos  estén  á  vuestro  alcance,  y  que  me  socorran  antes  que 
sea  destruido. 

Puerto-Cabello,  Junio  30  de  1812.  Simón  Bolívar.  Honorable 
Generalísimo. 

(N.°  6.)  H.  G.  Ahora  que  son  las  tres  de  la  mañana  os  repito 
como  un  Oficial  indigno  de  serlo  con  la  guarnición  y  los  presos 
se  han  sublevado  en  el  Castillo  de  San  Felipe,  y  han  roto  un 
fuego  desde  la  una  de  la  tarde  sobre  esta  Plaza  :  en  el  Castillo 
están  casi  todos  los  víveres  y  municiones,  y  sólo  hay  fuera  diez  y 
seis  mil  cartuchos  :  la  goleta  Venezuela  y  el  Comandante  Marti- 
nena  han  sido  apresados,  los  demás  buques  se  hallan  bajo  sus 
fuegos  como  bajo  los  mios,  y  solamente  el  Zeloso  se  ha  salvado 
muy  estropeado.  Debo  ser  atacado  por  Montevcrde,  que  ha  oido 
ya  los  cañonazos;  si  vos  no  le  atacáis  inmediatamente,  y  lo  derro- 
táis, no  sé  cómo  pueda  salvarse  esta  Plaza,  pues  cuando  llegue 
este  parte  debe  él  estar  atacándome. 

Puerto  Cabello,  30  de  Junio  de  1S12.  Simón  Bolívah. 


BOLÍVAR  57 

ranza  de  tomarlo  cuando  empezaron  á  cañonearlo  con 
mucha  frecuencia;  y  al  cabo  de  dos  horas  de  hacerle 
fuego,  lograron  acertarle  uñábala  roja  que  incendián- 
dolo lo  voló  y  convirtió  en  cenizas;  produciendo  un 
temblor  tan  universal  en  la  ciudad,  que  rompió  la 
mayor  parte  de  los  cerrojos  de  las  puertas  de  las  casas, 
y  rindió  muchas  de  ellas  :  de  cinco  marineros  que  esta- 
ban extrayendo  los  efectos  del  Argos,  dos  se  salvaron,  y 
tres  perecieron. 

El  Capitán  Camejo  que  se  hallaba  á  la  cabeza  de 
120  hombres  en  el  destacamento  del  Puente  del  Muerto, 
se  pasó  con  toda  su  tropa  y  oficiales  en  este  día  á  Valen- 
cia, seducido  por  Rafael  Hermoso,  oficial  de  Contaduría, 
que  la  noche  antes  habia  desertado  de  la  Plaza,  y  fué  á 
llevar  al  enemigo  la  noticia  del  suceso  del  Castillo. 

En  todo  el  día  1.°  estuve  combinando  la  operación 
única  que  podía  hacernos  dueños  del  Castillo,  y  era  la 
de  asaltarlo  con  300  hombres,  por  la  parte  del  Horna- 
veque  que  es  la  más  accesible  :  pero  la  dificultad  de 
buques  menores  para  transportar  los  soldados,  fué  mi 
obstáculo  invencible;  y  no  obstante,  el  entusiasmo  que 
tenían  las  tropas  y  los  patriotas  en  aquel  momento,  no 
pude  aprovecharlo  por  el  indicado  inconveniente. 

El  dia  2  los  insurgentes  siguieron  siempre  sus  tiros  de 
artillería,  aunque  con  menos  fuerza  que  los  anteriores; 
pero  el  terror  que  infundió  en  los  habitantes  el  fuego 
destructor  del  Castillo,  los  acobardó  de  tal  modo,  que 
en  este  día  desapareció  lodo  el  mundo  de  la  ciudad,  no 
quedando  en  ella,  arriba  de  doscientos  hombres  de  la 
guarnición,  y  rarísimos  paisanos. 

Conociendo  la  importancia  de  retener  á  los  habitantes 
de  la  ciudad,  y  contener  la  deserción  de  las  tropas,  tomé 


S8  BOLÍVAR 

desde  el  principio  todas  las  medidas  de  precaución  que 
puede  dictar  la  prudencia  :  primeramente,  puse  guar- 
dias en  las  puertas  de  la  ciudad  ;  mandé  patrullas  fuera 
de  ella  á  recoger  los  que  se  refugiaban  en  los  campos  : 
oficié  á  la  Municipalidad  y  Justicias  para  que  cooperasen 
á  esta  medida,  comprometiéndolos  fuertemente  :  rogué 
á  los  Párrocos  exhortasen  á  sus  feligreses  para  que  vinie- 
sen al  socorro  de  la  Patria;  mas  todo  inútilmente  porque 
desde  el  Venerable  P.e  Vicario  hasta  el  más  humilde 
esclavo,  todos  la  abandonaron,  y  olvidándose  de  sus 
sagrados  deberes,  dejaron  aquella  ciudad  casi  en  manos 
de  sus  enemigos. 

Los  soldados,  afligidos  al  verse  rodeados  de  peligros, 
y  solos  en  medio  de  ruinas,  no  pensaban  más  que  en 
escaparse  por  donde  quiera;  así  es  que  los  que  salian  en 
comisión  del  servicio  no  volvían,  y  los  que  estaban  en 
los  destacamentos  se  marchaban  en  partidas. 

El  día  3  no  ocurrió  novedad  particular,  excepto  la  de 
baber  recibido  un  Oficio  (N°  7)  del  Alcalde  de  i.a  elección 
en  que  solicitaba  una  Junta  para  tratar  sobre  los  acon- 
tecimientos del  día,  con  el  objeto  real  de  comprome- 
terme á  capitular  con  el  enemigo,  según  me  insinuó  el 


(N°.  7.)  Conviene  á  la  felicidad  de  esta  ciudad  y  á  nuestro 
propio  honor,  el  que  tengamos  una  Junta  do  rabudo  el  día  de 
hoy  para  tratar  sobre  las  extraordinarias  ocurrencias  que  ha 
habido  desde  el  30  de  Junio  próximo,  en  cuya  inteligencia  he 
mandado  citar  los  miembros  de  la  Municipalidad  para  esta  tarde 
á  las  tres,  debiendo  reunirse  en  la  Casa  del  C.  Pedro  Herrera 
como  más  segura  di'  los  fuegos  que  hacen  del  Castillo  de  San 
Felipe,  y  espero  os  sirváis  asistir  á  dicha  Junta,  pues  debe  deter- 
minarse el  asunto  con  vuestro  acuerdo. 

Dios  os  guarde  Ms.  As.  Puerto-Cabello  Julio  3  de  1812.  José 
Domingo  Goneu..  C.  Comandante.  Político  y  Militar  de  esta  Plaza. 


BOLÍVAR  b!> 

mismo  Alcalde  y  .algunos  Regidores;  aloque  contesté, 
que  primero  sería  reducida  la  ciudad  á  cenizas,  que 
lomar  partido  tan  ignominioso,  añadiendo  que  jamás 
había  tenido  tantas  esperanzas  de  salvar  la  ciudad, 
como  en  aquel  momento  en  que  acababa  de  recibir  noti- 
cias favorabilísimas  del  ejército,  y  que  el  enemigo  había 
sido  batido  en  Maracay  y  San  Joaquín;  y  para  más 
apoyar  esta  ficción,  hice  publicar  un  boletín  anunciando 
c<tas  noticias,  haciendo  salvas  de  artillería  y  tocando 
tambores  y  pífanos,  para  elevar  de  ese  modo  el  espíritu 
público  que  se  hallaba  en  abatimiento  extremo.  Logré 
mi  tanto  mi  designio,  y  si'  concibieron  por  entonces 
esperanzas  de  salud. 

El  día  i  los  insurgentes  redoblaron  sus  fuegos  para 
atemorizarnos  en  aquel  mismo  día  en  que  ellos  espera- 
ban nos  atacasen  los  Corianos;  así  sucedió  por  la  parte 
del  Puente  del  Muerto,  camino  de  Valencia,  en  donde 
estaba  un  destacamento  nuestro  de  cien  hombres  á  las 
órdenes  del  Coronel  Mires,  el  cual  rechazó  al  enemigo 
y  persiguió  victoriosamente  hasta  donde  estaba  su 
cuerpo  de  reserva,  que  reforzado  entonces  en  número 
muy  superior  al  de  los  nuestros,  obligó  al  Coronel  Mires 
á  retirarse  al  Portachuelo,  á  distancia  de  una  milla  de 
la  ciudad,  en  donde  le  mandé  detener  y  esperar  soco- 
rrosde  municiones  y  tropas;  en  esta  acción,  la  pérdida 
fué  igual  de  ambas  partes,  y  nuestros  soldados  se  por- 
taron con  valor. 

Yo  mandé  en  este  día  aumentar  las  municiones  de 
boca  y  guerra  de  todas  las  alturas,  con  el  linde  hacer 
•  ■n  ellas  una  obstinada  defensa,  en  el  caso  extremo  de 
no  poder  defenderme  dentro  de  la  ciudad,  como  era 
muy  probable,   porque   ya   la  guarnición  apenas  mon- 


60  BOLÍVAR 

taba  á  ciento  cuarenta  y  un  hombres  (N.°  8),  como 
consta  por  este  documento,  porque  la  defensa  que  debía- 
mos hacer  contra  los  Corianos  era  precisamente  en  la 
batería  de  la  Princesa,  bañada  por  los  fuegos  del  Cas- 
tillo, y  consiguientemente  atacada  por  la  espalda  como 
el  frente. 

El  mayor  inconveniente  que  presentaba  la  defensa 
dentro  de  la  ciudad,  era  la  carencia  de  agua,  que  habría 
sido  absoluta,  porque  los  enemigos,  apoderándose  del 
río,  nos  impedirían  el  tomarla;  y  no  pudiendo  recurrir 
al  pozo  del  Castillo,  no  habría  otro  partido  que  rendir 
la  Plaza  ó  morir  de  sed ;  pues  el  expediente  de  hacer 
excavaciones  para  extraer  agua,  no  es  adaptable  en 
Puerto  Cabello,  porque  estando  la  ciudad  á  nivel  del 
mar,  el  agua  es  impotable. 

(jS'°.  8.)  Estado  que  manifiesta  la  Fuerza  con  que  se  halla  la 
cortina  de  la  Plaza  de  Puerto  Cabello. 

PUESTOS.  0fics.     Sar,?\    Tamb" 

Casa  del  Capitán  del  Puerto.  1  »  » 

Artillería. n  1  » 

Id.  2°  cañón. . »  »  » 

Infantería  3er  punto »  1  » 

Cortina   de   la   izquierda.  »  »  » 

Infantería    del    Corito....  »  »  » 

Artillería 1  »  » 

Id.  de  la  Factoría i  1  >. 

Casa  de  Dn.  Gaspar 1  2  i 

Hospital,  punto   de  la  iz- 
quierda   1  1  » 

Artillería »  1  » 

Total 131 

Señor  Comandante.  Ochenta  y  un  infantes  tiene  la  guarnición 
de  Murallas  para  dentro.  Jal'»-. 


Cabs. 

Solds. 

Total. 

1 

¡j 

6 

2 

8 

11 

1 

7 

8 

2 

12 

lo 

» 

» 

» 

1 

18 

19 

2 

16 

18 

3 

8 

12 

3 

15 

21 

o 

10 

13 

» 

7 

8 

BOLÍVAR  Gi 

El  día  o  el  enemigo  atacó  el  destacamento  del  Palilo 
que  estaba  al  mando  del  Subteniente  Cortés,  el  que  fué 
totalmente  derrotado,  sin  que  escapase  más  que  el  ofi- 
cial y  cinco  soldados  sin  armas.  Esta  novedad  llenó  de 
consternación  á  los  poquísimos  soldados  que  me  queda- 
ban, no  menos  que  á  los  Oficiales  de  la  guarnición,  como 
que  se  hallaban  cercados  por  todas  partes  y  sin  espe- 
ranzas. Entonces  yo,  de  acuerdo  con  los  Coroneles  Mires 
y  Jalón,  determiné  reunir  el  mayor  número  de  tropas 
que  fuese  posible,  y  atacar  con  ellas  primero  á  los  ene- 
migos más  inmediatos,  y  después  á  los  que  estaban  más 
distantes,  para  evitar  así,  si  era  posible,  la  reunión  de 
sus  fuerzas  totales  en  las  avenidas  de  la  ciudad,  en 
donde  no  era  posible  resistirlos  por  las  razones  que 
tengo  expuestas. 

El  Coronel  Mires  con  el  Coronel  Jalón  y  Capitán  Mon- 
tilla  tuvieron  orden  de  marchar  inmediatamente  con  dos- 
cientos hombres  á  atacar  al  enemigo  á  San  Esteban. 
Allí  encontraron  un  fuerte  cuerpo  de  Corianos  com- 
puesto de  infantería  y  caballería,  el  cual  fué  atacado 
por  nosotros,  pero  con  tan  desgraciado  suceso,  que  á  la 
media  hora  de  combate,  sólo  pudimos  reunir  siete  hom- 
bres porque  los  demás  fueron  muertos,  heridos,  prisione- 
ros y  dispersos,  habiendo  quedado  el  Coronel  Jalón  que 
mandaba  la  derecha  envuelto  por  los  enemigos  con  el 
corto  número  de  soldados  que  le  seguía,  sin  que  haya- 
mos podido  tener  noticia  alguna  de  este  benemérito  y 
valeroso  Oficial,  cuya  pérdida  es  bien  lamentable  y 
costosa, 

Hallándose  el  Coronel  Mires  en  esta  cruel  posición, 
tomó  el  partido  de  retirarse  á  la  Plaza  con  la  guardia 
que  había  dejado  en  el  Portachuelo,  y  por  orden  mía 


62  BOLIVAR 

fué  á  situarse  al  fuerte  del  Trincherón,  en  donde  había  un 
destacamento  de  treinta  hombres,  grande  acopio  de 
pertrechos  y  municiones  de  boca  y  guerra,  que  anticipa- 
damente había  hecho  almacenar  allí  para  sostenerme  en 
aquel  puesto  hasta  el  exterminio,  como  el  más  propio 
para  ello,  en  razón  de  su  fuerte  situación  y  fácil  comu- 
nicación con  el  Puerto  de  Borburata,  en  donde  estaban 
anclados  el  bergantín  Zeloso,  las  lanchas  cañoneras,  y 
trasportes  con  víveres. 

La  ciudad  quedó  reducida  á  cuarenta  hombres  de 
guarnición,  y  consiguientemente  era  imposible  se  sostu- 
viese contra  el  Castillo,  guarnecido  de  doscientos  hom- 
bres, y  los  destacamentos  Corianos  que  cubrían  ya  las 
avenidas  de  la  Plaza.  El  número  de  estos  destacamentos 
no  es  fácil  fijarlo  porque  sus  avanzadas  fueron  las  que 
derrotaron  nuestras  partidas;  más  yo  conjeturo  que  el 
enemigo  no  excedería  de  quinientos  hombres. 

Las  alturas  estaban  amunicionadas  para  sostener  un 
sitio  de  tres  meses ;  sobretodo,  la  Vijía  de  Solano  que 
es  inexpugnable;  sus  fuegos,  es  verdad,  son  poco  temi- 
bles al  enemigo,  por  ser  demasiado  fijantes  :  pero  podría 
servir  de  padrastro  contra  la  Plaza,  y  favorable  á  noso- 
tros cuando  volvamos  á  tomar  aquella  ciudad.  El  Co- 
mandante de  estas  alturas  era  el  Teniente  Coronel  Gar- 
cés,  hombre  reputado  por  un  respetable  C.  y  el  corifeo 
de  los  militares  de  laclase  de  Pardos  :  amado  de  estos. 
y  estrechamente  ligado  con  los  que  se  dicen  Patriotas. 
Por  estas  consideraciones,  y  el  saber  yo  evidentemente 
que  si  le  despojaba  del  mando  de  aquel  puesto,  se  au- 
mentaría el  embarazo  en  que  me  hallaba  para  defender 
la  Plaza,  juzgué  prudente  continuarlo  en  él,  en  lugar  de 
quitárselo.  Nada  deseaba  yo  tanto  como  encerrarme  en 


BOLÍVAR  03 

aquella  fortaleza,  para  sepultarme  entre  sus  ruinas  ; 
pero,  ¿con  qué  tropas  podría  ejecutar  revolución  tan 
gloriosa?  No  las  tenía  ;  al  contrario  estaba  rodeado  de 
soldados  llenos  de  pavor,  y  consiguientemente  prontos 
á  la  infidencia  y  deserción.  Tampoco  era  justo  que  diese 
el  mando  á  uno  de  los  valerosos  Oficiales  que  me  sostu- 
vieron hasta  el  fin  ;  pues  habría  sido  un  sacrificio  tan 
cruel,  como  perjudicial  alas  armas  de  Venezuela,  por  la 
falta  que  nos  haría  cualquiera  de  ellos. 

En  la  mañana  deloya  mi  situación  era  tan  desesperada 
que  nadie  juzgaba  pudiese  mejorarse;  y  por  esta  caúsame 
instaban  de  todas  partes  para  que  tratase  de  proporcio- 
narme una  retirada,  aunque  sólo  fuese  para  mi  persona  y 
la  plana  mayor  (como  consta  del  N°  9).  Sin  embargo  mi 
resolución  no  varió  jamás  un  punto  de  batirme  mien- 
tras hubiese  un  soldado;  para  esto  di  orden  al  Mayor 
de  Plaza  Campos,  para  que  mantuviese  el  fuego  y  sostu- 
viese la  ciudad  hasta  el  extremo,  que  yo  por  mi  parte 
molestaría  al  enemigo  en  el  campo  y  ciudad  exterior, 
con  las  alturas  y  el  Trincherón  :  su  contestación  fué  la 
que  se  halla  bajo  el  N°  10. 


(N°.  9.  P.  D.)  La  llegada  a  este  buque  de  los  Ciudadanos  Gara- 
baño,  Monasterios,  Herreras,  Champaña  y  otros,  me  obligó  a 
mandaros  al  último  a  tratar  con  vos,  sobre  el  mejor  partido  que 
conviniese  tomar.  Ellos  me  pintaron  vuestra  situación  sin  espe- 
ranza, pero  vuestro  último  oficio  me  anuncia  lo  contrario,  y 
aunque  se  los  he  manifestado,  permanecen  á  bordo. 

Dios  os  guarde.  Bergantín  Zeloso  en  la  boca  de  Borburata  á 
5  de  Julio  de  1812.  Pedro  del  Castillo.  C. Comandante  déla  Plaza 
de  Puerto  Cabello. 

(N°.  10.)  Ahora  que  son  las  diez  y  media  de  la  noche  acabo  de 
recibir  vuestro  oticio  y  en  contestación  os  digo  :  que  me  sostendré 
cuauto  sea  posible  en  la  Plaza,  pero  debo  advertiros  que  me  hallo 
con  pocas  municiones  de  toda  anua.  Habiendo  recorrido  la  línea 


64  BOLÍVAR 

El  día  6  al  amanecer  tuve  noticia  que  la  Ciudad  aca- 
baba de  capitular  por  el  documento  (Xo  11),  en  que  el 
C.  Rafael  Martínez  oficiaba  al  Comandante  de  las  alturas, 
para  que  siguiese  la  suerte  de  la  ciudad. 

En  este  estado  traté  de  hacer  un  reconocimiento  de  la 
derecha  del  Trincherún  para  observar  si  podría  ser  ata- 
cado por  el  frente  y  espalda.  Yo  fui  en  persona  á  hacer 
este  reconocimiento,  y  aún  no  había  concluido  esta  ope- 
ración cuando  ya  se  habían  desertado  los  pocos  solda- 
dos que  cubrían  el  Trincherón,  pues  la  noche  antes, 
habíamos  perdido  muchos  de  ellos.  Demás  los  Capitanes 
Figueroa  y  Rosales  capitularon  de  cobardes  con  el  ene- 
migo, y  entregaron  el  Fuerte  sin  consultar  á  otros  Jefes 
superiores  que  había  en  él  y  sus  inmediaciones. 

El  Coronel  Mires,  Teniente  Coronel  Carabaño,y  Ayme- 


he  hallado  alguna  gente  de  menos,  que  creo  se  habrán  ido  para 
el  Trincherón  en  Cayucos,  como  lo  ha  hecho  el  Comandante  de 
Marina.  Espero  que  me  comuniquéis  con  oportunidad  cuanto 
creáis  útil  para  mi  conservación,  y  salvar  la  tropa  que  se  halla 
en  la  Plaza. 

Puerto  Cabello,  Julio  5  de  1S12.  Juan  Campos.  Ciudadano  Coman- 
dante General  del  Trincherón. 

(N°.  11.)  Habiendo  tenido  en  consideración  la  situación  de  nues- 
tra Plaza,  la  de  haberse  separado  de  ella  las  Autoridades  que  en 
ella  se  hallaban,  como  haberse  ido  al  punto  del  Trincherón,  y 
dejar  esta  Plaza  expuesta  á  perecer  sus  habitantes,  como  es  pro- 
bable en  esta  consideración  se  ha  capitulado,  este  pueblo  inte- 
rior, entre  varios  vecinos  de  él,  con  las  condiciones  de  no  padecer 
en  cosa  alguna  ni  sus  personas,  intereses,  ni  empleos  :  en  esta 
virtud,  verá  Yd.  arbolado  el  pabellón  del  Señor  Don  Fernaudo  7o  : 
quedo  persuadido  que  Yd.  se  agregará  á  este  partido,  para  lo 
cual  arbolará  el  mismo  pabellón,  y  de  no  me  contestará  lo 
mismo. 

Dios  guarde  á  VI.  Ms.  As.  Plazainterina  de  Puerto-Cabello,  6  de 
Julio  de  1812.  Rafart.  Martínez.  Seúor  Comandante  de  lasYijias  de 
Puerto  Cabello. 


BOLÍVAR  65 

rich,  Capitán  Montilla,  el  Comandante  de  Ingenieros 
Capitán  Bujanda,  mi  Secretario  Ribas  y  dos  Oficiales 
más,  se  vieron  solos  y  vinieron  á  la  Playa  de  Borburata 
á  embarcarse  en  el  Zeloso,  pudiendo  por  fortuna  v  á 
riesgo  de  nuestra  libertad  embarcar  los  pertrechos  que 
teníamos  y  los  víveres  que  poseíamos,  teniendo  por  des- 
gracia que  dejar  dos  obuses  de  bronce  por  falta  de 
quien  los  condujese  á  la  playa. 

En  fin,  mi  General,  yo  me  embarqué  con  mí  plana 
mayor  á  las  nueve  de  la  mañana  abandonado  de  todo  el 
mundo,  y  seguido  sólo  de  ocho  oficiales  que  después  de 
haber  presentado  su  pecho  á  la  muerte,  y  sufrido  pa- 
cientemente las  privaciones  más  crueles,  han  vuelto  al 
seno  de  su  Patria  á  contribuir  á  la  salvación  del  Estado, 
y  á  cubrirse  de  la  gloria  de  vuestras  armas. 

En  cuanto  á  mí,  yo  he  cumplido  con  mi  deber;  y  aun- 
que he  perdido  la  Plaza  de  Puerto  Cabello  yo  soy  in- 
culpable, y  he  salvado  mi  honor.  ¡  Ojalá  no  hubiese 
salvado  mi  vida,  y  la  hubiera  dejado  bajo  de  los  escom- 
bros de  una  ciudad  que  debió  ser  el  último  asilo  de  la 
libertad  y  la  gloria  de  Venezuela  ! 

Simón  Bolívar. 
Caracas,  14  de  Julio  1812. 

P.  D.  —  Después  de  habernos  embarcado  se  reunie- 
ron sobre  cuarenta  soldados  de  Aragua  que  se  hallaban 
dispersos  y  se  embarcaron  en  los  trasportes  y  lanchas, 
como  también  más  de  doscientos  fusiles,  municiones  de 
boca  y  algunos  paisanos. 

S.  B. 


IV 


La  pérdida  de  Puerto-Cabello  fué  señalado 
triunfo  para  la  causa  realista,  porque  Monte- 
verde  que  se  hallaba  en  San  Mateo  en  situación 
muy  crítica,  se  proveyó  inmediatamente  de 
cuantos  elementos  de  guerra  le  faltaban,  y  se 
apoderó  de  la  primera  fortaleza  del  país. 

Esta  triste  nueva  llegaba  al  cuartel  general 
de  Miranda,  al  mismo  tiempo  que  otras  de 
carácter  no  menos  alarmante.  Los  esclavos  de 
la  costa  Oriental  se  habian  sublevado,  por  su- 
gestión de  algunos  españoles,  y  cometían, 
mientras  avanzaban  contra  Caracas,  las  mayo- 
res atrocidades. 


BOLÍVAR  67 

La  situación  del  ejército  republicano,  com- 
puesto en  su  mayor  parte  de  tropas  indiscipli- 
nadas, era  en  extremo  grave.  Si  á  esto  se 
agrega  que  el  Generalísimo  no  tenía  gran  con- 
fianza en  su  gente  porque  las  deserciones  eran 
constantes,  y  que  él  mismo  era  víctima  de  la 
hostilidad  que  le  declararan  las  medianías  que 
casi  siempre  flotan  en  las  revoluciones,  se 
comprenderá  fácilmente  que  bajo  tales  auspi- 
cios se  hacía  imposible  proseguir  la  campaña. 
Al  frente  del  ejército  republicano  estaba  el  de 
Monteverde  bien  provisto  ya  de  municiones ;  á 
retaguardia  tenía  el  Generalísimo  la  ciudad  de 
Gara  cas  amenazada  de  muerte  por  los  negros  de 
la  costa  :  en  el  resto  del  país  cundía  el  de- 
saliento, la  miseria  y  el  terror  causado  por  el 
terremoto. 

Miranda  que  unía  á  la  experiencia  de  la 
guerra  la  seriedad  del  carácter,  comprendió 
que  su  patria  sería  víctima  de  inauditas  des- 
gracias, si  no  se  obtenía  á  tiempo  una  avenen- 
cia con  el  enemigo,  y  en  consecuencia  propuso 
una  capitulación  á  Monteverde.  Esta  fué  fir- 
mada el  2")  de  Julio,  obligándose  el  Jefe  espa- 


68  BOLÍVAR 

fiol  á  respetar  la  vida,  libertad  y  propiedad 
de  los  venezolanos,  cualesquiera  que  hubieran 
sido  sus  opiniones  ó  proceder  en  la  revolución, 
y  por  su  parte  el  generalísimo  se  obligaba  á 
entregar  á  Monteverde  las  provincias  depen- 
dientes del  Gobierno  republicano  y  los  ele- 
mentos de  guerra  que  poseyeran. 

Miranda,  como  los  demás  jefes  republicanos, 
estaba  en  libertad  de  quedarse  en  el  país  ó 
expatriarse.  Rosolvió  lo  segundo,  y  se  apres- 
taba para  embarcarse  en  la  Guaira  en  la  cor- 
beta inglesa  de  guerra  Saphire,  surta  en  aquel 
puerto  á  sus  órdenes,  con  rumbo  á  Cartagena. 
Era  su  plan  solicitar  de  su  amigo  el  general 
Nariño,  en  Nueva  Granada,  recursos  con  que 
emprender  desde  la  frontera  una  nueva  cam- 
paña sobre  Venezuela,  y  contribuir  así  á  su 
salvación. 

Las  tropas  de  Monteverde  ocuparon  á  Cara- 
cas el  29  de  Julio.  Para  esa  fecha  se  habían 
trasladado  á  la  Guaira  varios  jefes  republica- 
nos con  el  propósito  de  expatriarse ;  Bolívar, 
Ayala,  Montilla,  Castillo,  Madariaga  y  otros. 

En  la  Guaira  había  dos  autoridades  distin- 


BOLÍVAR  69 

tas,  el  coronel  Manuel  de  las  Casas,  jefe  militar 
del  puerto,  y  el  Doctor  Miguel  Peña,  Gober- 
nador Político  y  subdelegado  de  Hacienda. 

Casas,  más  antiguo  que  Peña  en  el  puesto 
militar  que  ocupaba,  fué  siempre  amigo  y 
admirador  de  Miranda.  Su  correspondencia  con 
el  Generalísimo,  que  acabamos  de  leer,  así  lo 
demuestra. 

Peña  había  entrado  á  desempeñar  la  Gober- 
nación al  terciar  el  mes  de  Junio.  Un  mes  más 
tarde  ya  había  reñido  con  Casas.  La  siguiente 
carta  de  este  á  Soublette,  primer  edecán  y  se- 
cretario de  Miranda,  dirigida  al  cuartel  general, 
da  una  idea  perfecta  de  esta  enemistad. 

CASAS  A  SOUBLETTE. 

Guaira,  9  de  Julio  de  1812. 

Mi  querido  Carlos  :  Según  te  signifiqué  en  mi  anterior 
de  este  día  pretendía  que  la  ocurrencia  con  Peña  no  tras- 
cendiese nunca  á  conocimiento  del  General ;  pero  lu 
conducta  que  ha  observado  éste  de  esta  mañana  acá  me 
hace  pensar  ya  de  otro  modo. 

Este  hombre  comía  en  mi  mesa  y  en  todos  los  asuntos 
nos  entendíamos  á  la  voz  ;  hoy  se  ha  excusado  de  venir 
á  comer  y  para  todo  se  ha  propuesto  hacerme  perder 


70  BOLÍVAR 

el  tiempo  (precioso  para  mis  ocupaciones),  en  oficios  y 
contestaciones,  dando  á  la  ley  marcial  una  arbitraria 
interpretación,  y  manifestando  en  todo  un  declarado 
rompimiento,  á  que  opondría  mi  prudencia  en  obsequio 
á  los  deseos  del  General,  á  no  ser  que  se  trata  como 
sucede  con  un  hombre  demasiado  orgulloso  y  amigo  de 
su  opinión,  y  que  para  conseguirlo  necesitaría  sacrificar 
mi  precioso  honor. 

La  adjunta  copia  te  impondrá  de  su  decidida  disposi- 
ción á  chocar  contra  el  fiel  sentido  de  aquella  ley,  apro- 
bada por  el  General  y  como  en  este  concepto  puede  lle- 
gar un  momento  en  que  nuestras  discordias  tengan  al- 
guna sensible  trascendencia  a  un  vecindario  delicado  en 
las  presentes  circunstancias,  puedes  enterar  de  todo  al 
General  haciéndole  presente  que  pues  ha  llegado  á  su 
colmo  tan  sensible  occurrencia,  necesitamos  ambos  de  un 
corte  que  asegure  de  antemano  la  general  é  individual 
tranquilidad,  pues  estoy  firmemente  persuadido  que  no 
es  posible  continuar  cumpliendo  con  los  objetos  que  se 
ha  propuetso  el  Jefe  Supremo  que  nos  ha    destinado. 

Su  presunción,  sus  opiniones  condicionales  sobre  su 
alianza  con  el  General,  su  poca  gana  de  consultarme  en 
calidad  de  Asesor,  y  últimamente,  su  pretendida  prepon- 
derancia y  carácter  mezquino,  me  han  hecho  sufrir  bas- 
tante antes  de  ahora;  pero  las  ulteriores  ocurrencias 
exigen  no  más  sufrimiento,  y  en  consecuencia  te  repito 
que  pues  debe  cortarse  un  lance  se  releve  á  uno  de  los 
dos  de  su  comisión  :  pues  de  otro  modo  y  perseverando 
en  su  insultante  conducta  no  será  extraño  que  lo  en- 
cuentren Vds  un  día  en  ese  cuartel  General. 
Queda  á  tu  disposición  este  sincero  amigo. 

Gasas. 


BOLÍVAR  71 

Después  de  haber  leido  esta  carta  y  estu- 
diando el  temperamento  de  aquellas  dos  autori- 
dades, Casas,  frío  y  reflexivo,  Peña,  ardiente 
y  atolondrado,  se  comprenderá  que  el  desa- 
cuerdo entre  ambos  debió  durar  hasta  el  fin  de 
sus  dias. 

El  Doctor  Peña  hizo  renuncia  de  su  empico 
el  29  de  Julio.  El  oficio  que  con  tal  motivo 
dirigió  al  Generalísimo,  fué  el  último  papel  que 
éste  depositó  en  su  archivo  antes  de  enviarlo  á 
bordo  de  la  Saphire. 

Transcribamos  este  oficio  que  es  importan 
tí  simo  :  ¡  el  misterio  comienza  á  aclararse  ! 


PENA  A  MIRANDA. 

Mi  permanencia  en  este  puerto  como  Comandante  Po- 
lítico y  subdelegado  de  Hacienda,  puede  ser  pesarosa  á 
varios  de  los  que  ya  tienen  preparada  su  marcha.  Esto 
me  mueve  á  suplicará  Vd;  se  sirva  removerme  inmedia- 
tamente del  encargo;  pues  de  otra  manera  Vd.  conoce  mi 
carácter  y  este  me  hará  proporcionar  muchos  disgustos 
cjue  pueden  evitarse  con  el  favor  que  pido  ahora  áVd.  y 
á  que  creo  accederá  inmediatamente. 

El  buen  orden  será  sostenido  conforme  á  su  urden  de 
ayer. 


72  BOLÍVAR 

Dios  guarde  áVd.  muchos  años,  Guaira   29  de  Julio 
de  1812  :  2.°  de  la  República. 

Miguel  Peña. 


En  este  documento  declara  Peña  que  su  per- 
manencia en  el  Gobierno  sería  pesarosa  á  va- 
rios de  los  patriotas  que  estaban  en  el  puerto, 
preparados  para  embarcarse.  Por  consiguiente, 
confiesa  que  estaba  resuelto  á  impedirles  la 
partida,  y  causarles  así  un  gran  pesar. 

En  la  noche  del  30  de  Julio,  cuentan  los  his- 
toriadores, se  preparó  un  complot  en  la  Guaira 
entre  las  autoridades  locales  y  los  patriotas  que 
allí  estaban  reunidos,  para  arrestar  al  genera- 
lísimo Miranda.  Á  las  tres  de  la  mañana  del 
31  de  Julio,  dicho  general  estaba  ya  preso  y 
encerrado  en  un  Castillo. 

El  Doctor  Peña  salió  inmediatamente  para 
Caracas  á  anunciar  á  Monteverde  lo  ocurrido. 
En  el  camino  encontró  el  posta  que  conducía 
ya  la  orden  de  Monteverde  para  Casas  orde- 
nando la  clausura  del  puerto,  y  la  consiguiente 
detención  de  Miranda  y  los  demás  patriotas. 

Algunas  horas  más  tarde  tomó  posesión  de 


BOLÍVAlí  7:J 

la  plaza  de  la  Guaira  el  comandante  Cerveriz, 
enviado  expresamente  por  Monteverde  para 
sustituir  á  Casas  en  su  destino. 

¡  El  Doctor  Peña  había  cumplido  su  pala- 
bra !...  Nos  hemos  limitado  á  referir  los  he- 
chos y  á  publicar  los  documentos. 

Setenta  y  un  años  hace  que  se  cometió 
aquella  felonía,  hasta  la  fecha  mal  explicada 
por  la  falta  de  documentos.  Hoy  se  lava  la 
mancha,  que  algunos  historiadores  arrojaron 
sobre  Bolívar,  considerándole  injustamente 
como  el  alma  de  aquella  maquinación,  y  hasta 
como  ejecutor  de  una  gran  parte  del  proyecto. 

Bolívar  y  sus  compañeros  todos,  así  como 
también  el  desgraciado  Miranda,  fueron  víc- 
timas de  la  astucia,  del  talento  y  de  la  elo- 
cuencia del  Doctor  Peña,  puestas  en  habilísimo 
juego  aquel  día  para  realizar  su  propósito  de 
impedir  que  se  embarcaran  los  patriólas.  Si 
Miranda  hubiera  aceptado  la  renuncia  de  Peña, 
el  plan  se  habría  ejecutado  de  otro  modo, 
pero  sin  embarcarse  nadie.  Peña  quería  desha- 
cerse del  carácter  de  subalterno  de  Miranda 
para    no    cargar    con    la   responsabilidad  de 


74  BOLÍVAR 

la  traición  ;  pero  de  todos  modos  hubiera 
sido  pesaroso  á  los  patriotas. 

Gran  fortuna  fué  para  el  general  Miranda 
que  su  archivo  se  salvara,  pues  cuando  se  pu- 
blique, Venezuela  agradecida  hará  justicia  á 
aquel  mártir  de  la  República,  cuya  reputación 
se  ha  tratado  de  empañar  haciéndole  aparecer 
como  traidor  á  la  patria,  porque  celebró  una 
capitulación  con  Monteverde,  exigida  por  las 
circunstancias  y  creyendo  que  así  libraría  á  su 
patria  de  los  horrores  de  una  campaña  infruc- 
tuosa. 

Consumada  la  prisión  de  Miranda  por  sus 
propios  compañeros,  fácil  fué  á  Monteverde 
burlarse  de  la  capitulación,  y  ejercer  contra 
aquel  desdichado  general  y  los  otros  republi- 
canos, todo  género  de  violencias  y  persecu- 
ciones. 

Miranda  fué  trasportado  de  las  Bóvedas  de 
la  Guaira  á  los  calabozos  de  Puerto  Cabello, 
luego  al  Morro  de  Puerto  Rico,  y  finalmente  á 
Cádiz,  donde  se  le  encerró  en  el  arsenal  de  la 
Carraca.  Allí  se  le  dio  el  trato  más  indigno  que 
imaginarse  puede  :  con  cadena  al  cuello  se  le 


BOLÍVAR  75 

tuvo  atado  á  las  paredes  de  la  prisión,  y  al  fin, 
consumido  por  los  tormentos,  murió  en  la  ma- 
ñana del  1 4  de  Julio  de  1 8 1 0 . 

No  se  le  permitió  al  honrado  criado  que  le 
acompañó  en  su  prisión  y  agonía,  que  hiciera 
al  cadáver  ningunas  exequias.  Apenas  expiro 
Miranda,  le  enterraron  precipitadamente, 
amortajado  con  la  ropa  de  cama.  ¡Así  con- 
cluyó á  la  edad  de  sesenta  años  el  Decano  de 
los  Libertadores  de  Venezuela  !... 


Cerveriz  redujo  á  prisión  en  la  Guaira  á 
cuantos  pudo  haber  de  los  patriotas  que  allí 
estaban,  pero  Bolívar  tuvo  la  buena  suerte  de 
salvarse ,  pasando  disfrazado  por  entre  los 
guardias  españoles,  y  se  ocultó  en  Caracas  en 
la  casa  de  un  amigo.  Poco  después,  obtuvo  de 
Monteverde  por  influencia  de  un  dignísimo  es- 
pañol, amigo  personal  del  dictador,  un  pasa- 
porte para  el  extranjero.  Nos  complacemos 
ahora  en  estampar  aquí  el  nombre  de  este  ge- 
neroso castellano,  D.  Francisco  Yturbe,  á 
quien  de  mozos  tuvimos  la  honra  de  conocer. 


BOLÍVAR  77 

Algunos  escritores  españoles  pretendieron 
entonces  empañar  la  reputación  de  Bolívar, 
asegurando  que  aquel  pasaporte  le  había  sido 
concedido  por  Monteverde  en  recompensa  de 
la  prisión  de  Miranda. 

Esta  especie  no  merece  los  honores  de  la  re- 
futación. Allí  está  en  pié  la  América  indepen- 
diente dando  el  más  elocuente  mentís. 

Embarcóse  Bolívar  el  26  de  Agosto  para  Cu- 
racao  con  algunos  cámara  das,  y  de  allí  pasó  á 
(Cartagena  adonde  llegó  el  14  de  Noviembre. 
En  el  acto  le  concedió  el  Gobierno  republicano 
que  allí  funcionaba  la  comandancia  de  Ba- 
rranca, con  su  propio  grado  de  Coronel.  Poco 
después  fué  enviado  á  libertar  el  Alto  Magda- 
lena. En  Mompox  desalojó  á  los  españoles  de 
las  posiciones  que  ocupaban  á  orillas  de  aquel 
río,  con  la  misma  gallardía  con  que  poco  antes 
se  había  apoderado  del  pueblo  de  Tenerife. 

Libertó  en  seguida  á  Santa  Marta  y  mereció 
del  Gobierno  granadino  el  mando  de  una 
nueva  expedición  contra  Cúcuta  y  Pamplona. 
Abriéndose  paso  por  entre  las  guerrillas  ene- 
migas que  en  diversas  parajes  estaban  escalo- 


78  BOLÍVAR 

nadas,  llegó  á  las  inmediaciones  de  San  José  de 
Cuenta,  donde  el  coronel  Correa,  jefe  realista, 
le  aguardaba  al  frente  de  800  infantes.  Bolívar 
sólo  tenía  500. 

Dio  la  batalla  el  28  de  Febrero  al  rayar  el 
día;  pocas  horas  después,  el  éxito  más  com- 
pleto coronó  sus  esfuerzos.  Correa  y  los  suyos 
estaban  en  fuga  y  Cuenta  quedó  en  poder  de 
Bolívar  con  un  rico  botin. 

Una  vez  allí  exaltóse  en  Bolívar  el  deseo  de 
libertar  á  Venezuela,  deseo  que  no  le  había 
abandonado  desde  su  salida  de  Caracas,  y  pidió 
permiso  al  Congreso  de  la  Nueva  Granada  para 
emprender  con  sus  tropas  la  campaña. 

Vaciló  aquel  cuerpo  en  darlo,  teniendo  por 
azaroso  y  aventurado  el  proyecto  de  Bolívar, 
pero  fueron  tantas  sus  instancias  y  ruegos,  que 
al  fin  se  le  concedió,  aunque  condicionar- 
mente,  pues  debía  someterse  á  las  órdenes  del 
Gobierno  granadino,  y  proceder  en  sus  mar- 
chas y  aventuras  con  ciertas  restricciones. 
Aceptólas  él,  porque  era  muy  grande  el  anhelo 
de  redimir  á  su  patria.  Pronto  veremos  el  caso 
que  hizo  de  ellas. 


BOLÍVAR  79 

Comenzó  Bolívar  sus  operaciones  sin  pér- 
dida de  instantes.  Dispuso  que  el  coronel  Cas- 
tillo con  800  hombres  atacara  á  Correa,  atrin- 
cherado en  la  Grita.  Titubeó  este  jefe,  ani- 
mado de  una  gran  rivalidad  contra  Bolívar,  en 
ejecutar  por  lo  pronto  sus  órdenes;  pero,  al 
íin,  vióse  en  el  caso  de  cumplirlas,  y  los 
realistas  fueron  derrotados  el  Ib  «le  Abril 
de  1813. 

Castillo  renunció  el  mando  después  de  la 
acción,  y  las  ventajas  ya  adquiridas  se  habrían 
perdido  por  las  intrigas  granadinas  puestas  en 
juego  para  sustituirle,  si  Bolívar  no  hubiera 
nombrado  para  reemplazarle  al  Oficial  vene- 
zolano Rafael  Urdaneta. 

Apenas  le  quedaban,  por  efecto  de  tales  con- 
tratiempos, 500  hombres;  pero  en  compensa- 
ción de  tan  exiguo  número,  tenía  excelentes 
Oficiales.  Allí  estaban  Urdaneta,  Jiraldot,  D'E- 
luyar,  José  Félix  Ribas  y  otros  jóvenes  vale- 
rosos, ora  granadinos,  ora  venezolanos,  infla- 
mados todos  del  mismo  ardor  y  deseo  (pie  sn 
jefe. 

Emprendió  éste  la  marcha  hacia  Mérida  en 


80  BOLIVAK 

persecución  del  realista  Correa,  quien,  al  sa- 
berlo, se  intimidó  retirándose  á  Escuque. 
Ocupó  Bolívar  aquella  ciudad  el  i.°  de  Junio 
y  restableció  en  ella  el  Gobierno  republicano, 
tal  como  existía  antes  de  la  invasión  de  Mon- 
te ver  de. 

Aumentó  y  organizó  su  tropa ;  y  si  hubiera 
tenido  armamento,  habría  puesto  en  pié  de 
guerra  un  numeroso  ejército,  pues  los  hombres 
se  le  presentaban  en  considerable  número  y 
voluntariamente,  para  tomar  las  armas. 

Un  hecho  grave  vino  á  fijar  su  atención  en 
aquellos  dias.  El  Coronel  venezolano  Antonio 
Nicolás  Briceño  formó  por  su  cuenta  un  cuerpo 
franco  con  el  cual  había  celebrado  el  compro- 
miso de  dar  muerte  á  cuantos  españoles  y  ca- 
narios cayesen  en  sus  manos  y  de  repartirse 
sus  bienes.  Opúsose  Bolívar  al  atroz  designio 
de  Briceño,  y  logró  hacerle  desistir  de  su  in- 
tento, pero  no  lealmente,  pues,  poco  después, 
este  publicó  en  San  Cristóbal  un  bando,  decla- 
rando la  guerra  á  muerte.  Hizo  pasar  por  las 
armas  dos  inocentes  españoles  del  pueblo,  y 
envió  las  cabezas  de  estos  infelices,  una  á  Cas- 


BOLÍVAR  81 

lillo,  jefe  de  una  fuerza  republicana,  y  otra  al 
propio  Bolívar. 

Indignado  este  decretó  en  «'I  acto  sn  cap- 
tura :  pero  apenas  supo  Briceño  que  se  le  bus- 
caba, se  fugó  y  trató  de  enderezarse  con  unos 
cuantos  inespertos  jinetes  hacia  Guasdualito. 
Avistado  en  la  llanura  por  una  fuerza  realista 
al  mando  de  Yañez,  filé  derrotado  y  hecho  pri- 
sionero con  siete  más  de  sus  compañeros. 
Todos  murieron  fusilados  en  Barinas  por  orden 
del  Comandante  español  Tiscar,  el  cual  hizo 
fusilar  también  á  varios  amigos  y  parientes  de 
aquel  cabecilla. 

Entonces  fué  cuando  Bolívar  concibió  el 
pensamiento  de  la  guerra  sin  cuartel,  pero  se 
limitó  por  el  momento  á  publicar  una  proclama 
el  8  de  Junio,  en  la  cual  amenazaba  á  l«>>  pea- 
listas  con  una  guerra  desoladora. 

Sin  hablar  de  lo  que  entonces  pasaba  en  el 
Perú,  Quito,  Nueva  Granada  y  Méjico,  habían 
sido  degollados  eil  Venezuela  casi  Indos  los 
patriólas  vencidos  en  el  campo  de  batalla  ó 
aprehendidos  en  sus  casas. 

Ordenó  Bolívar  que  D'Eluyar  marchase  con 


S2  BOLÍVAR 

una  columna  sobre  Trujillo  para  desaloja]'  á 
Correa  acantonado  en  Ponemesa.  Correa  huyó 
en  dirección  de  Maracaibo,  y  Trujillo  fué  ocu- 
pado por  los  republicanos.  Uu  cuerpo  realista 
estacionado  en  Carache  fué  batido  comple- 
tamente. 

Con  la  ocupación  de  las  provincias  de  Me- 
cida y  Trujillo,  terminaba  el  encargo  confiado 
á  Bolívar  por  el  Congreso  de  Nueva  Granada. 

¿  Se  detendría  él  ahora,  y  dejaría  entregada 
su  patria  á  las  venganzas  de  Monteverde  y  de 
sus  secuaces  ?...  Ni  un  momento  vaciló  en  pro- 
seguir la  campaña,  y  desobedeciendo  las  ór- 
denes del  Congreso,  asumió  toda  la  responsa- 
bilidad del  hecho,  promulgando  el  lo  de  Julio 
en  Trujillo  el  decreto  en  que  declaraba  la 
guerra  sin  cuartel. 

«  ¡  Españoles  y  Canarios  !...  Contad  con  la 
muerte,  aun  siendo  inocentes. 

¡  Americanos  !.  Contad  con  la  vida,  aun 
siendo  culpables.  » 

Á  ser  hoy  promulgado  tal  decreto,  merece- 
ría el  calificativo  de  bárbaro  porque  en  ninguna 
ocasión  es  justificable  la  muerte  del  inocente  ; 


BOLÍVAR  83 

pero  en  las  circunstanciasen  que  fué  dictado, 
es  decir,  hace  70  años,  ayudo  á  la  indepen- 
dencia <1<-  Venezuela,  pues  la  situación  quedó 
definida  y  la  guerra  regularizada.  Demás  de 
esto  sólo  fué  aplicado  rara  vez  á  los  inocentes, 
y  esto  por  haberse  creido  imprescindible,  de 
manera  que  más  bien  hubo  un  juego  de  pala- 
bras en  <'l  concepto  antitético  tai  que  se  ofrecía 
la  muerte  á  los  i ;entes  y  el  perdón  á  los  cul- 
pables,que  verdadera  intención  de  sacrificar  á 
los  primeros  y  dejar  impunes  á  los  últimos. 

El  Gobierno  Constitucional  <1<'  España  había 
sido  el  primero  en  ordenare!  sacrificio  délos 
Americanos,  aprobando  el  plan  de  Monteverde, 
que  consistía  en  pasar  á  cuchillo  todos  l<>s  in- 
surgentes que  osaran  resistir  con  las  armas,  á 
sus  cómplices  de  cualquier  clase  juzgarlos 
como  reos  de  Estado  y  condenarlos  al  último 
suplicio,  y  ¡i  los  demás,  confiscarles  sus  bienes. 

Difícil  era  entonces  la  situación  de  los  pa- 
triotas. Apenas  contaban  con  500  hombres  de 
vanguardia  al  mando  le  Jiraldol  j  300  en 
Mérida  ;i  las  órdenes  de  Ribas,  mientras  que 
el  ejército  realista   tenía  en  Barinas   2, 600  ú 


84  BOLÍVAR 

cargo  de  Tiscar,  y  tropas  considerables  en 
Maracaibo,  Coro  y  el  centro  del  país.  Bolívar 
se  ocupó  del  peligro  más  inmediato  que  era  el 
de  Barinas,  y  salió  con  su  vanguardia  hacia 
Guanare  porel  camino  deBoconó,  ordenandoá 
Bibas  ([ne  se  incorporara  á  su  ejercito. 

Quedó  Urdaneta  en  Trujillo  con  un  desta- 
camento <\r  50  hombres  para  acompañar  una 
parte  del  material.  En  la  noche  al  reunirse  con 
Bibas  en  Boconó,  ambos  jefes  supieron  que 
800  realistas  al  mando  de  Martí,  acababan  de 
llegar  á  Niquitao,  enviados  por  Tiscar,  el  cual 
suponía  á  Bolívar  en  dirección  al  Tocuyo. 
Propusiéronse  destruir  aquella  fuerza  para 
facilitar  la  victoria  de  éste  sobre  Tiscar,  y 
aunque  la  tropa  de  aquellos  no  excedía  de 
350  indios  reclutas  y  parecía  imposible  derro- 
tar con  ella  á  800  veteranos,  buscaron  al  ene- 
migo y  lo  destrozaron  en  el  sitio  de  las  Mesi- 
tas  en  un  coinhale  que  duró  seis  horas,  apode- 
rándose de  todas  las  armas  de  los  realistas  y  ha- 
ciéndoles 450  prisioneros.  Estos  fueron  incor- 
porados al  ejército  de  Bibas,  quien  en  cambio 
permitió  á  los  indios  regresará  sus  hogares. 


BOLÍVAR 

Al  recibir  Bolívar  la  noticia  de  tan  feliz 
suceso,  redobló  marchas  en  solicitud  de  'Pis- 
car, pero  éste  que  por  los  fugitivos  había  sa- 
bido Lo  ocurrido,  abandonó  á  Barinas,  retirán- 
dose á  Nutrias  perseguido  por  Jiraldot,  y  de 
allí  á  Angostura. 

En  Barinas  organizó  Bolívar  sus  fuerzas  ; 
creo  el  batallón  de  Valerosos  Cazadores  al 
mando  del  Comandante  español  Santinelli,  \ 
montó  sus  primeros  cuerpos  de  caballería. 

En  seguida  dispuso  que  Ribas  siguiera  al 
Tocuyo,  que  las  tropas  de  Jiraldot  regresaran 
de  Nutrias  para  seguir  con  ellas  á  Ospino, 
Árame  \  San  Carlos,  y  Urdaneta,  nombrado 
Jefe  de  vanguardia  fué  llamado  á  Guanare. 
Las  fuerzas  realistas  comprendiendo  mal  los 
movimientos  de  Bolívar,  contribuyeron  al 
Imen  éxito  de  la  campaña,  pues  el  jefe  español 
Oberto  <pi<'  mandaba  una  columna  de  800  in- 
fantes  y  190  jinetes,  fué  batido  por  Ribas  que 
^ólo  tenía  500,  en  <d  sitio  i\<'  los  Horcones  el 
22  de  Julio,  dejando  en  su  poder  armas  j 
bagajes;  \  Bolívar  pudo,  como  resultado  d<- 
esta  victoria  v  de  la  retirada  hacia  Valencia  de 


86  BOLÍVAR 

las  fuerzas  españolas  al  mando  de  Izquierdo, 
oeifpar  la  ciudad  de  San  Carlos  el  28  de  Julio. 

Allí  pasó  revista  á  2,500  hombres  y  siguió 
al  encuentro  de  Izquierdo  que  tenía  otros  tan- 
tos, la  mayor  parte  veteranos.  Encontráronse 
las  avanzadas  el  31  en  las  saltanas  de  los  Pe- 
gones. Esquivó  Izquierdo  el  combate  y  siguió 
replegándose  hacia  Valencia  ;  pero  Bolívar  que 
comprendía  la  importancia  de  destruir  aquella 
tuerza,  antes  de  que  se  guareciera  en  la  Se- 
rranía, donde  habría  sido  imposible  atacarla, 
hizo  montar  en  las  grupas  de  los  caballos 
cuantos  infantes  pudo  y  desmontarlos  repenti- 
namente al  llegar  frente  al  enemigo.  Trabóse 
allí  un  combate  sangriento,  y  fué  tan  grande  el 
arrojo,  que  desordenado  y  acribillado  el  ejér- 
cito de  Izquierdo,  todo  él  quedó  en  poder  de 
Bolívar,  escapando  á  duras  penas  un  Oficial 
([lie   llevó  é  Monteverde  la  noticia  del  suceso. 

Izquierdo  mismo  herido  en  el  campo,  donde 
peleó  valerosamente,  fué  trasportado  á  San 
Carlos  que  le  sirvió  de  tumba. 

El  1 ."  de  Agosto  continuó  Bolívar  su  marcha 
hacia  Valencia.  Monteverde  que    la  defendía 


i;  o  i.  i  v  ai;  87 

huyó  á  Puerto  Cabello  con  250  infantes  y 
algunos  caballos.  El  ejército  republicano  ocupó 
el  2  aquella  ciudad  y  continuó  ya  sin  dificultad 
hasta  Caracas,  haciendo  su  entrada  triunfal  en 
esta  Capital  el  7  de  A.gosto. 

¡  Maravillosa  campaña  emprendida  con 
100  hombres  desde  Cúcuta  hasta  Caracas  ! 

¡  Cuan  gloriosa  [tara  Bolívar  y  sus  nobles 
compañeros  José  Félix  Ribas,  Urdaneta, 
D'Eluyar,  Jiraldol  y  los  demás  ! 

Bolívar  hahia  concedido  desde  La  Victoria 
una  honrosa  capitulación  á  Fierro,  teniente 
de  Monteverde,  encargado  por  éste  de  la 
defensa  de  Caracas,  pero  no  Le  aguardó  en 
la  ciudad,  sino  que  abandonando  sus  tropas  y 
partidarios,  se  había  embarcado  para  Puerto 
Cabello. 

Descoso  Bolívar  de  no  mancillar  su  triunfo 
con  represalias  ni  violar  su  decreto  de  guerra 
sin  cuartel,  nombró  una  comisión  compuesta 
en  sn  mayor  parte  de  españoles,  de  los  mis- 
mos que  á  merced  suya  habían  quedado  por  la 
fuga  de  Fierro,  para  que,  entendiéndose  con 
Monteverde  en  Puerto  Cabello,  le  exigieran  la 


88  BOLÍVAR 

ratificación  del  convenio  que  les  garantizaba 
la  vida.  Negóse  éste  á  toda  avenencia,  dejando 
así  abandonados  al  rigor  del  vencedor  aquellos 
infelices  que  sólo  él  comprometiera. 

El  8  de  Agosto  anunció  Bolívar  el  restable- 
cimiento de  la  República,  bajo  los  auspicios 
del  Congreso  Granadino,  y  asumió  el  mando 
dictatorial  como  General  en  jefe  del  ejército, 
hasta  la  conclusión  de  la  guerra. 

Este  acto  fué  lógico  y  necesario.  Los  pue- 
blos no  hacen  Dictadores,  los  dictadores  se 
hacen  ellos  mismos,  cuando  los  precisa  un  país. 

Dejemos  un  instante  á  Bolívar  en  Caracas, 
que  le  saludaba  ya  con  el  título  de  Libertador, 
mientras  reseñamos  concisa  y  rápidamente  los 
demás  sucesos  ocurridos  en  Venezuela  desde 
el  día  en  que  Bolívar  se  embarcó  en  Agoste» 
del  año  anterior  para  Curacao  y  Cartagena. 


VI 


\  íolada  por  Monteverde  la  capitulación  que 
había  celebrado  ron  el  General  Miranda,  en- 
tregóse aquel  Jefe  á  todo  género  de  persecu- 
ciones contra  los  patriotas.  Casi  todos  fueron 
reducidos  á  prisión,  desposeídos  de  sus  bienes, 
y  atormentados  de  La  manera  más  brutal  :  al- 
gunos perecieron  en  Las  prisiones,  otros  fue- 
ron enviados  á   España  con  grilletes. 

\  tiempo  1 1 1 1< -  Bolívar  salía  de  Curacao  |>ara 
La  Nueva  Granada,  con  el  propósito  de  hacer 
la  gloriosa  campaña  que  acabamos  de  narrar, 


90  BOLÍVAR 

embarcóse  en  Güiria  para  Trinidad  el  joven 
Santiago  Marino  que  desde  1810  había  servido 
la  causa  de  la  patria  en  tierras  del  Oriente,  y 
tenía  para  1812  el  grado  de  Coronel,  bizarra- 
mente ganado.  Dirigíase  á  Trinidad  con  el  fin 
de  concertar  allí  los  medios  de  salvar  á  su 
patria. 

Reunidos  sus  amigos  é  informados  de  que 
Monteverde  había  desconocido  la  capitulación 
hecha  con  Miranda,  resolvieron  de  común 
acuerdo  volver  á  Venezuela  en  son  de  guerra, 
y  nombraron  al  Coronel  Marino  Jefe  supremo 
de  la  expedición  con  plenitud  de  facultades. 

Marino  y  sus  compañeros  Piar,  los  herma- 
nos Bermudez,  Valdés  v  otros  no  menos  vale- 
rosos,  desembarcaron  en  la  Costa  de  Güiria  el 
18  de  Enero  de  1812.  Allí  sorprendieron  un 
destacamento  de  300  hombres  al  mando  del 
Jefe  realista  Gabazo,  y  se  apoderaron  de  cuanto 
tenía. 

Con  esta  victoria  aumentaron  sus  fuerzas, 
y  siguieron  á  Maturín.  Atacado  en  el  tránsito 
uno  de  los  Bermudez  (Bernardo)  por  Cerveriz 
á  la  cabeza  de  400  realistas,  tuvo  la  buena 


BOLÍVAR  91 

suerte  <lc  derrotarlo  hasta  dispersar  su  gente, 
y  en  seguida  ocupó  el  pueblo  de  Maturín. 

Llegaron  estas  novedades  á  conocimiento 
deMonteverde,el  cual  envió  á  Caimana  una  co- 
lumna de  300  infantes,  al  mando  del  vizcaíno 
Zuazola.  Hizo  éste  de  las  suyas  contra  los  pa- 
triotas que  no  pudieron  escapará  su  venganza. 
Baste  decir  que  degolló  y  desorejó  tantos  in- 
felices, que  una  vez  hizo  á  sus  amigos  los  Ca- 
talanes que  residian  en  dimana  el  regalo  de 
varios  cajones  de  orejas,  con  Las  cuales  ador- 
naron estos  las  puertas  de  sus  casas,  usán- 
dolas también  en  sus  sombreros  como  escara- 
pelas !... 

Creyendo  Zuazola  tan  fácil  destruir  á  los 
patriotas  armados,  como  asesinarlos  cuando 
inermes,  dirigió  uno  desús  tenientes  hacia  Ma- 
turín donde  aquellos  estaban  organizándose, 
•  'I  cual  les  atacó  el  20  de  Marzo  á  la  cabeza  de 

1500  hombres.  Piar,  que  defendía  la  plaza, 
tenía  apenas  500,  fingió  retirarse,  pero  <»I»ser- 
vando  el  desorden  en  (pie  le  seguía  la  tropa 
realista,  ignorante  de  aquella  treta,  volvió  cara 

ciin   los    SUyOS   en    c|    momento  oportuno,  \     les 


92  BOLÍVAR 

<liú  una  derrota  tan  completa,  que  apenas  se 
salvaron  unos  pocos. 

Irritado  Monteverde  al  saber  tales  noticias, 
resolvió  ir  en  persona  á  restablecer  su  autori- 
dad en  aquellas  comarcas,  y  se  embarcó  en  la 
Guaira  con  una  expedición,  dejando  á  Tiscar 
encargado  del  mando  durante  su  ausencia. 

La  expedición  llegó  á  Barcelona  el  día  3  de 
Mayo,  y  el  2o  se  presentó  Monteverde  frente 
¡i  Maturín  con  2,000  hombres.  Piar  le  esperó 
con  fuerzas  muy  inferiores. 

Trabóse  el  combate,  remolineó  la  gente  de 
Monteverde,  creció  en  denuedo  la  de  Piar,  y 
el  Jefe  español  fué  completamente  derrotado, 
dejando  en  el  campo  179  muertos,  de  los 
cuales  27  eran  oficiales,  cañones,  fusiles,  per- 
trechos, dinero  y  el  propio  equipaje  de  Mon- 
teverde. 

Salvóse  éste  en  la  fuga  auxiliado  por  un 
práctico,  y  regresó  aterrado  á  Caracas,  donde 
destituyó  á  Tiscar,  reemplazándole  con  Fierro. 

De  Caracas  salió  precipitadamente  para  Va- 
lencia, con  el  fin  de  conjurar  la  tempestad  que 
le  traía  Bolívar  desde  el  Occidente. 


BOU  VA  I  i  93 

Y  por  ahora  le  dejaremos  en  los  muros  de 
Puerto  Cabello. 

Marino,  con  el  auxilio  de  los  Rlargariteños, 
dirigidos  por  Arizmendi,  preparó  el  ataque 
contra  la  plaza  de  Cumaná.  El  Gobernador  An- 
toñanzas,  encargado  de  su  defensa,  huyó  cobar- 
demente lo  mismo  que  su  segundo  Nepomu- 
ceno  Quero.  Alcanzados  por  la  flotilla  Marga- 
riteña,  perdió Antoñanzas  la  mayorparte  de  sus 
embarcaciones,  salvándose  mal  herido  con  su 
Teniente  y  á  poco  murió  en  Curaca  o. 

Cerveríz,  <pie  estaba  acantonado  en  Yaguara- 
páro  con  400  hombres,  al  punto  que  tuvo  la 
noticia  de  la  pérdida  de  Cumaná,  se  embarcó 
para  Guayana,  no  sin  dejar  nuevas  pruebas  de 
su  crueldad  en  la  comarca. 

El  ejército  de  Marino  ocupó  la  plaza  de  Bar- 
celona el  19  de  Agosto,  habiéndola  abando- 
nado el  Mariscal  de  campo  Cagigal,  (]ue  por 
orden  de  Monteverde  la  defendía.  Retiróse  el 
Marisca]  con  su  gente  á  Guayana  como  teatro, 
ajuicio  suyo,  más  favorable  para  sus  futuras 
operaciones.  Dos  (]c  >us  oficiales,  Boves  y  Mo- 
rales, que  obtuvieron  más  tarde  gran  celebri- 


n  bolívar 

dad,  se  internaron  con  sus  jinetes  por  los  llanos 
de  Caracas. 

Libre  la  provincia  de  enemigos,  fué  recono- 
cido Marino  como  Jefe  supremo  del  Oriente,  y 
Piar  su  segundo,  quedando  constituida  así  una 
nueva  dictadura  frente  á  frente  de  la  de  Bolí- 
var. Envió  Marino  comisionados  á  éste  para 
darle  noticias  de  sus  triunfos,  y  ponerse  de 
acuerdo  con  él  acerca  del  sistema  de  gobierno 
que  conviniera  adoptar  para  Venezuela. 

Bolívar  no  recibió  con  agrado  la  noticia  de 
aquella  dictadura,  y  sin  combatirla  abierta- 
mente, decidió  aprovechar  los  recursos  de  Ma- 
rino en  bien  de  la  causa  que  ambos  defendían. 
En  consecuencia  judióle  la  escuadrilla  con  el 
fin  de  estrechar  el  sitio  contra  Puerto  Cabello 
donde  Monteverde  se  había  refugiado. 

El  disentimiento  que  existió  desde  entonces 
entre  Bolívar  y  el  Jefe  Oriental  fué  causa  de 
mal  éxito  y  retardo  en  muchas  operaciones 
militares. 

Aunque  la  primera  campaña  había  con- 
cluido, el  país  de  Occidente  no  estaba  some- 
tido, ni  mucho  menos  pacificado.  Comprendo 


BOLÍVAR  9S 

Bolívar  la  necesidad  de  proceder  activamente, 
y  en  consecuencia  despachó  á  leda  neta  con 
tropas  á  Valencia,  y  él  mismo  le  siguió  luego 
para  emprenderlas  operaciones  de  sitio  contra 
la  plaza  de  Puerto  Cabello.  El  resultado  de 
estas  tenía  que  ser  lento  y  dudoso.  Las  fuerzas 
de  Jiraldot  y  Urdaneta  se  apoderaron  de  las 
Vigías  y  del  pueblo  exterior;  pero  de  allí  era 
ya  difícil  penetral'  intramuros.  Los  sitiados 
hicieron  una  salida  y  fueron  rechazados.  Dos 
compañías  republicanas  á  su  turno  penetraron 
por  unos  escombros,  pero  sin  más  fruto  que  la 
captura  de  Zuazola  que  mandaba  el  mirador  de 
Solano,  y  creyéndose  perdido,  tanto  era  su 
miedo,  se  descolgó  por  las  murallas,  y  fué 
cogido  al  día  siguiente  entre  los  montes  por  los 
patriotas. 

Bolívar  propuso  á  Monteverde  el  canje  de 
Zuazola  por  el  Coronel  Jalón,  preso  en  Puerto 
Cabello  desde  el  año  anterior,  y  aún  ofreció 
más  prisioneros,  si  preciso  era  en  cambio  de 
aquel  patriota  :  pero  el  Jefe  realista,  como 
de  costumbre,  rechazó  la  propuesta.  Znazola 
fué  en  consecuencia  ahorcado  al  siguiente  día. 


06  BOLÍVAR 

El  13  de  Setiembre  presentóse  frente  á  la 
Guaira  la  expedición  enviada  de  España  en 
auxilio  de  Monteverde,  compuesta  de  varios 
buques  de  guerra  y  1200  hombres  de  desem- 
barco. El  16  entró  en  Puerto  Cabello  sin  que 
la  estratagema  concebida  por  Bolívar  y  ejecu- 
tada por  Ribas  para  apoderarse  de  dicha  expe- 
dición en  la  Guaira  hubiera  tenido  más  resul- 
tado que  la  muerte  y  captura  de  los  primeros 
que  desembarcaron,  creyendo  que  el  puerto 
estaba  en  poder  de  las  armas  españolas. 

Desconcertado  Bolívar  con  la  llegada  de 
tales  refuezos  á  Puerto  Cabello,  levantó  el  sitio 
y  se  dirigió  á  Valencia.  Á  Jines  del  mes  salió 
Monteverde  con  el  grueso  de  sus  fuerzas  en 
persecución  de  la  muy  exigua  de  Bolívar,  y 
situó  su  vanguardia  compuesta  de  500  hom- 
bres en  el  cerro  de  Barbuda.  Bolívar  aprovechó 
este  movimiento  y  dispuso  el  ataque  con  tres 
columnas  al  mando  de  Jiraldot,  D'Eluyar  y 
Urdaneta.  Los  realistas  fueron  derrotados,  de- 
jando en  el  campo  muertos  y  prisioneros  ;  pero 
la  República  tuvo  el  dolor  de  perder  en  aquel 
combate  al  ilustre  Jiraldot,  que  murió  de  un 


BOLÍVAR  ".'7 

balazo  <'ii  la  frente  en  el  momento  en  que  con 
su  propia   mano  plantaba  e]  pabellón  tricolor 

«MI   las  JlItlIL'.IS. 

Jiraldol  era  granadino,  y  su  muerte  causó 
profundo  pesar  cutre  sus  compatriotas  que 
juraron  vengarle,  y  en  efecto,  el  3  de  Octubre, 
1000  hombres  al  mando  de  D'Eluyar,  grana- 
dino como  Jiraldot,  atacaron  á  Monteverde  en 
el  sitio  de  las  Trincheras,  derrotándole  com- 
pletamente, é  hiriéndole  en  la  cara  de  un 
balazo,  por  lo  cual  tuvoque  refugiarse  al  punto 
en  Puerto  Cabello,  y  se  restableció  d  sitio. 

Boves  había  alcanzado  en  esos  dias  una  fácil 
victoria  en  los  Llanos  sobre  una  fuerza  repu- 
blicana  y  avanzaba  hacia  Villa  «le  Cura.  In- 
quieto Bolívar  al  saberlo  y  temiendo  que  Mon- 
fceverde,  que  disponía  del  litoral,  desembarcara 
su  tropa  fu  Coro,  é  invadiera  junto  con  la  de 
Ceballos  <-l  Occidente  déla  República,  ordenó 
que  el  Brigadier  Urdaneta  con  una  columna  de 
Ton  infantes  y  un  escuadrón  se  dirigiese  .i 
aquellas  provincias  incorporando  en  el  tr.in>ii<» 
diversas  fuerzas  patriotas,  acampadas  hasta 
Barquisimeto.    Boyes   y  Moales  deberían    ser 


98  BOLÍVAR 

atacados  en  Calabozo  por  las  tropas  republica- 
nas al  cargo  de  Campo-Elias.    No    era    este 
republicano  inferior  á  su  adversario  realista  en 
ferocidad  ni  en  valor,  y  por  eso  le  presentó 
batalla  el  14  de  Octubre  en  el  sitio  de  Mosqui- 
tero al  frente  de  1500  jinetes.  Tenía  Boves 
2000  hombres  de  caballería  y  500  infantes,  al 
mando  de  Morales.  Al  principio  la  suerte  faAO- 
reció  al  realista ;  pero  luego  tornóse  y  quedó 
completamente  desecha  su  tropa  y  tendida  en  el 
campo,  pues  el  republicano  no  dio  cuartel  á 
nadie,  matando  á  centenares  los  americanos  que 
el  decreto  de  Trujillo  exceptuaba.  Estas  y  otras 
crueldades  hicieron ,  por  odioso ,  estéril  su  triunfo . 
Cuando  esto  ocurría  en  los  Llanos,  el  pueblo 
de  Caracas,  por  el  órgano  de  sus  autoridades 
aclamaba  á  Bolívar  Capitán  general  del  Ejér- 
cito, y  dábale  además  el  título  de  Libertador. 
El  Brigadier  realista  Ceballos  resolvió  su  salida 
de  Coro  con  1 300  hombres  y  derrotó  en  Yari- 
tagua  la  división  de  García  de  Sena,  vencedora 
anteriormente  en  Cerritos  Blancos  á  cargo  del 
Coronel  Valdés,  que  reemplazó    en   esta   ac- 
ción á  Sena  por  el  mal  estado  de  su  salud. 


BOLÍVAí;  91» 

Tras  este  fracaso  ocurrió  otro  no  monos 
grave ;  la  pérdida  de  la  provincia  de  Barinas, 
que  fué  invadida  por  el  realista  Yañez  con  una 
división  de  2,500  hombres  traída  del  Apure. 

A  Urdaneta,  inactivo  á  consecuencia  de  la 
derrota  de  Valdés,  envió  Bolívar,  para  que  le 
auxiliara,  el  batallón  Aragua,  mandado  por  el 
Coronel  Florencio  Palacios ,  y  el  escuadrón  de  so- 
berbios Dragones,  regido  por  el  Coronel  Rivas 
Dávila,  y  sin  pérdida  de  instantes  se  trasladó 
él  mismo  á  Cabudare  á  dirigir  el  movimiento. 
Era  su  plan  atacar  las  fuerzas  de  Ceballos  y 
Oberto  alojadas  en  la  ciudad  de  Barquisimeto  y 
sus  alrededores.  Las  fuerzas  de  Bolívar  se 
componían  apenas  de  1 200  hombres  de  infan- 
tería, dos  piezas  de  campaña  y  200  jinetes,  en 
tanto  que  la  realista  tenía  2000  infantes,  9  pie- 
zas de  artillería  y  500  caballos.  Rompiéronse 
los  fuegos  ;  la  caballería  republicana  envolvió 
ala  enemiga  de  tal  modo  que  la  llevó  en  derrota 
hasta  fuera  de  poblado.  La  infantería  se  batía 
con  admirable  valor,  y  los  patriotas  saboreaban 
ya  el  triunfo,  y  Ceballos  se  aprestaba  á  la  fuga , 
cuando  de  repente  se  oyó  el  toque  de  retirada, 


100  BOLÍVAR 

y  la  voz  Sálvese  el  que  pueda.  Las  tropas  de 
Bolívar  se  desorganizaron  y  no  hubo  modo  de 
contenerlas ;  la  batalla  estaba  perdida,  y  sin 
la  oportuna  llegada  del  escuadrón  de  Rivas 
Dávila  que  impidió  la  persecución,  el  desastre 
habría  sido  completo.  Con  todo,  la  batalla 
causó  á  los  republicanos  una  pérdida  de  mil 
hombres  entre  muertos  y  heridos. 

Esta  victoria  estimuló  á  Monteverde  á  enviar 
de  Puerto  Cabello  1200  hombres  al  mando  del 
Coronel  Salomón,  con  el  fin  de  invadir  los 
valles  de  Aragua  y  llamar  la  atención  de  los 
patriotas.  El  20  de  Noviembre  presentóse  en 
efecto  Salomón  en  las  alturas  de  Yijirima. 

Bolívar  después  de  la  rota  de  Barquisimeto 
había  venido  á  Valencia  á  reorganizar  el  ejér- 
cito :  mientras  Urdaneta  recogía  los  dispersos, 
y  contramarebaba  á  San  Carlos.  Estaba  pues 
en  Valencia,  cuando  Salomón  se  presentí»  en 
las  alturas  de  Vijirinm,  y  ordenó  batirlo. 

De  Caracas  acudió  el  general  Ribas  con 
700  hombres  para  esta  operación ;  Bolívar 
mismo  llevó  1 ,300  desde  Valencia.  El  25  de 
Noviembre  fué  atacado  Salomón,  y  después  de 


BOLÍVAR  101 

un  reñido  combate,  retrocedió  á  sus  posiciones 
en  la  montaña,  retirándose  por  la  noche  á 
Puerto  Cabello.  Precisaba  ahora  destruir  á  Ce- 
ballos,  vencedor  en  Barquisimeto,  y  para 
ello  dispuso  Bolívar  que  Campo  Elias  dejando 
en  Calabozo  una  división  de  1000  hombres 
para  observar  á  Boves,  se  dirigiera  á  San  Carlos 
con  el  resto  de  sus  fuerzas.  Allí  las  encontró 
Bolívar  y  con  estos  y  otros  cuerpos  que  llevó  él 
mismo  de  Valencia  reunió  una  fuerza  de 
5000  hombres.  La  dividió  en  cuatro  cuerpos  : 
vanguardia  al  mando  del  Coronel  Manuel  Man- 
rique;  centro  á  cargo  del  Coronel  Florencio 
Palacios:  retaguardia  regida  por  Villapol,  y 
reserva  á  las  órdenes  de  Campo  Elias. 

El  Jefe  realista  Yañez  había  ocupado  para 
esa  fecha  á  Araure,  y  Ceballos  se  hallaba  allí 
con  sus  tropas.  A  ese  punto  se  dirigió  Bolívar 
con  las  suyas  cuando  lo  supo,  y  á  él  llegó  el 
i  de  Diciembre.  Al  día  siguiente  comenzaron 
los  reconocimientos,  y  no  fué  sino  cuando  la 
vanguardia  republicana  estaba  ya  destruida 
por  el  enemigo,  que  el  resto  del  ejér- 
cito   patriota    pudo   darse   cuenta  de  las   ver 


102  BOLÍVAR 

(laderas  posiciones  de  Ceballos  y  de  Yañez. 

Reparado  en  parte  este  desastre  por  la  orga- 
nización que  Bolívar  diera  en  el  campo  á  las 
fuerzas,  rompiéronse  de  nuevo  los  fuegos  y  la 
infantería  realista  se  desordenó,  declarándose 
poco  después  en  completa  derrota. 

Todos  huyeron  dejando  en  el  campo  más 
de  1000  muertos.  La  persecución  fué  muy  ac- 
tiva ;  y  se  hicieron  más  de  600  prisioneros  es- 
pañoles ó  canarios  que  fueron  fusilados. 

Ceballos  huyó  á  Guayana,  y  de  allí  pasó  á 
Coro  ;  Yañez  fué  al  Apure. 

La  victoria  de  Araure  fué  muy  favorable  á 
la  causa  republicana,  porque  aseguró  por  lo 
pronto  la  posesión  del  Occidente ;  pero  queda- 
ban todavía,  Boves  encerrado  en  las  llanuras 
de  Caracas,  donde  acababa  de  obtener  un 
triunfo  sobre  Aldáo,  sucesor  de  Campo  Elias, 
que  le  permitió  aumentar  sus  hordas  á  más  de 
4,000  hombres,  y  Monteverde  encerrado  en 
Puerto  Cabello ;  motivos  ambos  de  alarma  y 
de  amenaza  para  el  porvenir. 

Mucho  se  ha  escrito  contra  Marino,  porque 
en  aquellas  circunstancias  no  prestó  con  sus 


BOLÍVAR  103 

tropas  á  Bolívar  un  apoyo  franco  y  decidido 
que  habría  bastado  para  destruir  á  Boves,  y 
precipitar  el  término  de  la  guerra.  Pocos  hom- 
bres han  sido  peor  juzgados  que  aquel  vale- 
roso y  modesto  Jefe,  tan  noble  en  sus  aspira- 
ciones, como  gallardo  y  leal  en  su  persona  y 
en  sus  sentimientos. 

Marino  había  libertado  las  provincias  Orien- 
tales, y  sus  compatriotas  le  habían  nombrado 
Dictador.  Bolívar  había  redimido  el  Occidente, 
y  merecido  por  sus  triunfos  el  mismo  título. 
El  derecho  de  ambos  era  idéntico  ;  las  aspira- 
ciones eran  las  mismas.  La  ambición  no  os,  á 
veces,  un  defecto,  sino  una  noble  cualidad,  y 
la  ambición  de  Bolívar  era  ciertamente  mucho 
más  grande  que  la  de  Marino.  ¿Por  qué  no  se 
entendieron  aquellos  dos  hombres  en  bien  de 
la  común  patria?  La  razón  era  obvia;  porque 
Bolívar  tenía  una  inteligencia  propia  y  privi- 
legiada, y  la  de  su  competidor,  era  pobre  para 
regir  un  Estado. 

Bolívar  concebía  y  ejecutaba,  en  tanto  que 
Marino,  de  carácter  débil  y  complaciente,  eje- 
cutaba simplemente  las  concepciones  de  sus 


104  BOLÍVAK 

Tenientes  y  amigos,  entre  los  cuales  algunos 
había  dominados  por  una  ambición  desenfre- 
nada é  insensata.  Si  Marino  hubiera  descono- 
cido abiertamente  la  autoridad  de  Bolívar  y 
proclamado  la  independencia  de  las  provincias 
Orientales,  habría  sido  menos  perjudicial  á  la 
causa  general,  que  limitándose  á  prestar  algu- 
nos auxilios  á  Bolívar,  siempre  á  medias  y 
con  extrañas  reservas.  Su  error  consistió  en 
la  debilidad  del  carácter,  pero  no  en  el  exceso 
de  su  ambición,  como  lo  lian  escrito  algunos. 

Los  sitiados  en  Puerto  Cabello  comenzaron 
á  sentirlos  efectos  del  hambre.  Ceballos  había 
pedido  desde  Coro  refuerzos  á  Monteverde  : 
al  fin  se  decidió  éste  á  enviar  en  su  auxilio  el 
regimiento  de  Granada,  del  cual  apenas  llega- 
ron 400  hombres,  después  de  una  penosísima 
marcha  por  el  camino  «le  la  Costa. 

Cansados  los  sitiados  de  las  torpezas  de 
Monteverde,  le  depusieron  el  28  de  Diciembre 
de  1813,  y  pocos  días  después  se  embarcó  para 
Curacao.  Así  terminó  su  carrera^]  llamado  Pa- 
cificador  y  Capitán  General,  violador  de  la  ca- 
pitulación de  San  Mateo. 


VI 


El  a  fu»  de  1814,  que  <l«'l>ía  concluir  de  un 
modo  funesto  para  la  causa  republicana,  Le  fué 
benéfico  en  sus  comienzos.  —  Estos  contrastes 
entre  la  apariencia  halagadora  y  la  triste  reali- 
dad, son  muy  frecuentes  en  lo  físico  y  en  lo 
moral. 

Bolívar,  deseoso  de  conocer  la  opinión  del 
pueblo  de  Caracas,  y  hasta  cierto  punto  in- 
quieto pore]  disentimiento  de  Marino,  provocó 
por  medio  del  Gobernador  \)v.  Cristóbal  Men- 
doza una  de  las  más  notables  figuras  de  la  re- 
volución), la  convocación  de  una  asamblea  con 


106  BOLÍVAR 

el  pretexto  de  dar  cuenta  de  su  conducta  como 
Dictador.  Reunióse  en  efecto  el  pueblo  el  %  de 
Enero  en  el  convento  de  San  Francisco,  y  Bo- 
lívar. (|ue  concurrió  con  sus  Secretarios  á  la 
reunión,  fué  vitoreado  y  aclamado  con  entu- 
siasmo, salvador  déla  patria.  Sus  poderes  fue- 
ron ratificados. 

Satisfecho  del  entusiasmo  de  sus  conciuda- 
danos, les  dio  las  gracias,  asegurándoles  al 
fina]  de  su  discurso  que  anhelaba  por  el  mo- 
mento trasmitir  el  poder  y  verse  exento  de 
aquel  carácter,  porque  sólo  aspiraba  á  com- 
batir á  los  enemigos,  y  no  daría  treguas  á  la 
espada,  mientras  la  libertad  de  la  patria  no  es- 
tuviera  asegurada  del  todo. 

«  Nunca  promesa  fué  mejor  cumplida,  — 
dice  el  historiador  Baralt  :  —  mas  en  cuanto 
.1  la  autoridad,  su  venerable  memoria  nos  per- 
done, el  la  amaba  como  todos  los  que  han  na- 
cido para  ejercerla  dignamente,  o 

Con  la  misma  reverencia  seános  lícito  decir 
que  la  amó  tal  vez  demasiado,  y  esto  fué,  si 
nó  su  error,  por  lo  menos  su  desgracia. 

Convino  al  fin  Marino  en  entenderse  am  Bo- 


BOLÍVAR 

livar.  v  .'ii  consecuencia  ofreció  leahí 
concurso.  Este  se  dirigió  entói  alies 

de  Aragua   con  el  propósito  «1»-  estrech 
sitio  de  Puerto  Cabello  y  emprender 
raciones  <1»-1  ( accidente. 

Léase  ahora  la  interesante  carta  «ju»-  Bo- 
lívar dirigió  desde  Maracay  á  Sh?  Richard 
Wellesley,  haciéndole  ana  reseña  de  lo  ocur- 
rido en  Venezuela  hasta  aquella  fecha.  Es  ana 
carta  preciosa  que  existe  depositada  en  1"-  Ar- 
chivos Británicos  y  <[\w  hemos  copiado  con 
permiso  de]  Gobierno  ingl< 


Cuart-     - 


npre  be  conservado  en  mi    memoria  el  en 
con  que  V-l.  me  honró  al  separarme  d      -    - 
manifestándome  un  vivo  ínteres  i"-»r  ~.ib'.-r  los  ac<  i 
mieni  i  parte  '1^1  mondo  qoe  empezaba  á    - 

ana  revolución  filantrópica.  Ningún  acontecímiei  I 
traordinarío  podo  decidirme  á  escribir  á  Vd. 

!.•-..       .  .    :    V  -    -  t  .    -     ranos 

era  un  -       -    lamentable,  qoe  la        -  >h¡bía 


108  BOLIVAlí 

transmitir  á  Vd.  y  que  su  amor  á  nuestra  independencia 
hubiera  recibido  con  amargura. 

Huí  de  un  país  que  volvía  á  poseer  la  tiranía;  acababa 
de  ser  testigo  de  las  perfidias  del  Gobierno  español,  que 
después  de  haber  firmado  una  capitulación  en  San 
Mateo,  que  aseguraba  la  inmunidad  délas  personas,  no 
obstante  sus  hechos  y  opiniones  políticas,  la  infringió 
escandalosamente  :  y  Vd.  puede  considerar  aún  á  la 
vista  misma  de  las  Cortes  y  Regencia,  detenidos  en  plazas 
fuertes  y  presidios,  y  reducidos  á  la  úllima  miseria 
aquellos  á  quienes  especialmente  protege  el  tratado. 

Cuando  empezaba  á  ejecutarse  el  plan  de  una  destruc- 
ción general,  la  fortuna  me  ofreció  un  pasaporte  del 
tirano,  con  el  cual  me  salvé  de  la  borrasca.  Pasé  á 
Curacao,  y  de  allí  volé  á  Cartagena  cuyo  pueblo  gene- 
roso hacía  esfuerzos  por  la  independencia  y  por  repeler 
las  agresiones  de  los  españoles.  Era  momenlo  crítico 
para  aquella  ciudad  ;  pues  las  bandas  enemigas,  después 
de  haber  paseado  toda  la  Provincia,  se  hallaban  inme- 
diatas á  ella. 

Milité  bajo  los  estandartes  republicanos,  á  los  que  la 
victoria  siguió  constantemente,  y  dirigí  como  Jefe  algu- 
nas de  las  últimas  expediciones,  lo  que  produjo  que  el 
Gobierno  de  Nueva  (¡ranada  me  diese  cuatrocientos 
soldados,  y  un  permiso  de  libertar  á  Venezuela. 

Ya  habían  pasado  diez  meses  de  su  subyugación. 

El  sistema  opresor  del  (¡nbierno  español,  Ja  índole 
cruel  de  los  individuos  de  esta  nación,  la  venganza  «pie 
animaba  á  todos,  y  los  resentimientos  particulares,  son 
consideraciones  que  harán  imaginar  ¡i  Vd.  el  espantoso 
cuadro  que  ofrecía  en  estos  deplorables  días  mi  patria 
desdichada.  En  efecto,  va  se  hallaba  en  láagonía  mortal. 


BOLÍVAR  li>'.' 

Las  mazmorras  encerraban,  por  decirlo  así,  pueblos 
enteros.  Allí,  amontonados  unos  sobre  otros,  Los  Venezo- 
lanos estaban  cargados  de  cadenas,  reducidos  á  un 
nocivo  y  escaso  alimento,  y  perecían  en  aquellos  >epul- 
cros,  ilomii'  un  arte  perverso  no  permitía  la  entrada  al 
aire  ni  á  la  luz.  Las  ciudades  estaban  desiertas;  no  se 
veía  más  que  á  lo?  soldados  del  bárbaro,  insultando  la< 
Lágrimas  de  la  esposa  y  de  la  madre;  pues  el  resto  de 

los  I bres  vivía   en  la<  selvas   más  retiradas  donde 

huían  de  lo>  satélites  de  la  opresión. 

Represéntese  ahora  Vd.  que  el  despotismo  atino 
todos  Los  Estados  déla  sociedad.  Los  prófugos  ó  los  enca- 
denados eran  tos  agricultores,  eran  Los  comerciantes,  los 
artesanos. 

No  había  rentas,  y  el  pillage  suplía  á  su  falta.  Desa- 
parecieron  los  lalirailuiv-.  y  se  incendiaron  sus  chozas. 

Aldeas  grandes  y  pequeñas  fueron  reducidas  á  cenizas. 

Añada  Yd.  que  la-  propiedades  que  no  podían  ser  saquea- 
das fueron  embargadas;  y  los  fraudes  de  los  deposita- 
rios, el  abandono  en  que  estuvieron  consumaron  la  ruina 

general. 

Estos  fueron  los  primeros  pasos  hacia  atentados  más 
horrorosos.  No  se  habían  visto  otras  escenas  sangrien- 
tas, que  !as  de  San  Juan  de  los  .Morros,  donde  los 
vecino-  pacíficos  fueron  casi  todos  inmolados  en  las 
calles,  en  sus  casas,  y  en  Los  montes,  adonde  se  aco- 
gieron;  crueldades  que  ejecutaban  por  -us  propias 
manos  lo-  más  notables  Jefes  españoles. 

Pero  ''ii  aquellos  días  que  yo  me  acercaba  á  Venezuela, 
«■mpezó  á  rorrer  la  sangre  sobn-  los  cadalsos,  y  la  hoz 
de  loa  asesinos  mutilaba  las  víctimas  en  el  seno  del 
reposo  doméstico. 


no  bolívar 

La  villa  de  Aragua  en  Barcelona,  la  capital  de  Barce- 
lona, las  ciudades  de  Calabozo  y  Espino,  vieron  suce- 
derse  días  funestos  de  carnicerías  humanas;  al  tiempo 
que  las  tropas  que  yo  mandaba,  tan  fieras  como  las 
águilas  y  más  veloces  en  sus  marchas,  penetraban  por 
todas  partes  y  salvaban  las  víctimas.  En  poco  más  de  un 
mes,  Venezuela  que  ofrecía  antes  un  aspecto  desolador, 
se  vé  de  nuevo  cubierta  de  sus  hijos  libres;  se  vé  resu- 
citar la  naturaleza  y  los  hombres  en  los  campos  culti- 
vados y  en  las  ciudades  habitadas. 

Las  cadenas  que  arrastraban  los  Americanos,  doman 
entonces  el  furor  de  los  tigres  opresores.  El  General 
Marino,  que  en  el  Oriente  de  Venezuela  con  cuarenta 
hombres  había  emprendido  el  más  audaz  proyecto, 
logró  en  el  famoso  campo  de  Maturín  derrotar  en  una 
gran  batalla  á  Monteverde. 

La  Isla  de  Margarita  desarmada  y  teniendo  en  pri- 
siones á  los  principales  habitantes,  tiene  el  arrojo  de 
arrostrar  al  tirano  y  sus  tropas;  y  auxilia  después  á  los 
vencedores  de  Maturín  que  acabaron  entonces  de  libertar 
las  Provincias  Orientales. 

Mis  primeros  pasos  no  fueron  tan  felices.  Había  mar- 
chado á  la  cabeza  de  cuatrocientos  soldados  y  entré  en 
Venezuela  con  menos  de  trescientos.  Sin  embargo  este 
puñado  pudo  en  cinco  batallas  campales  destruir  un 
ejército  de  diez  mil  hombres  y  libertar  las  provincias  de 
Mérida,  Trujillo,  Barinas  y  Caracas.  Arranqué  entonces 
al  orgullo  español  actos  humillantes  que  aún  no  había 
ejecutado.  No  sólo  propuso  el  Gobierno  de  Caracas  una 
vergonzosa  capitulación,  mas  en  un  decreto  que  publicó 
el  3  de  Agosto  del  año  pasado,  nos  reconoció  como  un 
Gobierno  legítimo. 


BOLÍVAR  iil 

En  medio  de  estos  sucesos  carecía  de  grandes  ejérci- 
tos; muchos  españoles  habían  huido  con  el  fruto  de  los 
pillages,  que  ellos  llamaban  rentas  públicas  :  no  había 
Marina,  y  la  España  bacía  esfuerzos  por  sostener  su 
tiránica  dominación. 

Los  más  extraordinarios  efectos  de  esta  inicua  tena- 
cidad, se  dejaron  ver  á  pocos  días,  cuando  arribó  de 
Cádiz  la  expedición  más  grande  que  hayan  destinado 
contra  Venezuela.  La  debilidad  ó  más  bien  la  nulidad 
de  nuestra  situación  me  obligaba  al  mismo  tiempo  á 
estar  en  el  campo  de  batalla  y  á  la  cabeza  del  Gobierno. 
Los  recursos  tenía  que  crearlos  ;  y  también  que  dirigir- 
los; y  véame  Vd.  constituido  por  la  necesidad  Jefe 
supremo  del  Estado  y  General  del  ejército. 

Nuestras  tropas  se  distinguían  cada  día  con  brillantes 
victorias.  La  expedición  española  se  redujo  á  unos 
restos  miserables,  que  no  subsistirán  mucho  tiempo  en 
el  inexpugnable  Puerto  Cabello,  no  pudiendo  resistir  la 
estrechez  de  un  sitio  riguroso  por  lis  tropas  de  tierra, 
y  un  bloqueo  por  la  escuadrilla  de  Cumaná  y  la  Guaira. 
Peor  suerte  han  tenido  los  ejércitos  de  Yañez  y  Ceba- 
llos,  los  más  numerosos  que  han  invadido  á  Venezuela. 
En  la  jornada  memorable  de  Araure  quedaron  comple- 
tamente destruidos.  Se  habían  formado  en  Coro  en  el 
occidente  de  Caracas  y  San  Fernando  de  Apure  con  los 
auxilios  de  armas  que  recibieron;  con  los  que  enviaron 
de  Guayana,  y  con  el  fermento  de  sedición  que  levan- 
taron en  aquellos  pueblos  los  españoles  que  generosa- 
mente  había  dejado  en  libertad. 

Algunas  pérdidas  que  al  principio  experimentamos, 
debilitándonos,  aumentaron  su  ejército,  que  ya  no  existe. 
Sucedió  en   Venezuela  lo  que  yo  siempre  anuncié,  que 


I  i 2  BOLÍVAR 

si  la  Inglaterra  no  se  declaraba  por  nuestra  causa,  la 
guerra  civil  debía  encenderse  entre  nosotros  y  sólo  la 
pública  declaración  de  la  tiran  Bretaña  conseguirá 
apagarla. 

Yo  ejerzo  aún  el  poder  supremo.  Yo  protesto  sin 
embargo  á  Vd.  eme  no  son  mis  miras  de  elevarme  sobre 
mis  conciudadanos.  Ansio  por  el  momento  de  convocar 
una  representación  del  pueblo,  para  transmitirla  mi 
autoridad.  El  tres  de  este  mes  en  una  Asamblea  popular 
que  invité  espontáneamente,  justifiqué  mis  operaciones, 
presentando  los  informes  de  los  tres  secretarios  de 
Estado.  En  un  discurso  que  dirigí  á  la  Asamblea,  terminé 
renunciando  la  autoridad. 

Los  oradores  y  el  pueblo  so  elevaron  contra  esta  reso- 
lución y  consentí  continuar  de  Jefe  supremo  hasta  el 
momento  que,  destruidos  los  enemigos,  pudiera  volver  á 
la  vida  privada,  protestando  al  mismo  tiempo  no  recibir 
autoridad  ninguna  aunque  el  mismo  pueblo  me  la 
confiara. 

He  referido  muy  ligeramente  á  Vd.  un  acontecimiento 
sin  duda  extraordinario  ;  pero  como  los  principales 
sucesos  se  lian  detallado  en  nuestros  papeles,  yo  me 
tomo  la  libertad  de  remitir  á  Vd.  á  ellos  para  que  los 
considere  en  toda  su  extensión. 

Permítame  Vd.  entre  tanto  suplicarle  recomiende  mi 
afecto  al  Lord  su  padre  el  Marqués  de  Wellesley,  cuya 
bondad  se  sirvió  distinguirme  en  el  tiempo  que  residí 
en  esa  Capital.  Sufra  Vd.  que  mi  débil  \<>z  eleve  hasta  él 
y  hasta  Vd.  mi  sincero  júbilo  por  los  triunfos  inmortales 
del  gran  Lord  Welington.  Su  gloria  no  es  más  sensible 
á  Vd.  y  á  su  ilustre  padre  que  á  mí,  interesado  tanto  en 
los  sucesos  de  la  Inglaterra,  como  unido  por   el  más 


BOLÍVAR  113 

vivo  afecto  á  la  excelsa  familia  de  Vd.  Tanto  más  celebro 
estas  victorias,  cuya  memoria  durará  junto  con  el 
mundo,  cuanto  que  las  creo  favorables  á  la  independen- 
cia de  la  América. 

Aunque  ella>  aseguran  también  la  de  la  España  el 
(¡alónete  de  San  Jayme,  decidido  siempre  por  la  eman- 
cipación de  la  América,  la  escudará  con  su  protección, 
y  sobre  todo  el  Lord  Marqués  Wellesley,  nn  tan  gran 
resorte  para  el  Gobierno  de  la  Nación,  la  liará  inclinar 
en  favor  de  la  más  justa  dr  la-  causas. 

Fueron  desde  el  principio  mis  primeras  di~posic¡ones 
enviar  Agentes  extraordinarios  cerca  dr  S.  M.  B. ;  pero 
he  querido  más  bien  aguardar  el  momento  en  que  he 
juzgado  asegurada  nuestra  sm-rtr  |>ara  pedir  la  amistad 
v  auxilios  de  la  Nación  poderosa  dr  que  es  Vd.  un  prin- 
cipal ornamento. 

Soy  con  la  mayor  consideración  dr  Vd.  atento  servi- 
dor Q.  I¡.  S.  M. 

Simón  Bolívar. 

Su;  Richard  Wellesley. 


La  situaciÓD  desmejoraba  notablemente  de 
«lía  en  día.  García  de  Sena,  sitiado  en  Barinas 
porPuy,  Teniente  de  Yañez,  había  evacuado 
l,i  plaza  mu  esperar  l«»s  auxilios  que  pidiera  á 
l  rdaneta,  dejando  asi  entregada  aquella  po- 
blacióD  n  las  venganzas  de  Puy,  que  la  pasó  ■< 
cuchillo. 


114  BOLÍVAR 

Yañez,  al  tener  noticia  del  triunfo  de  su  su- 
balterno, se  dirigió  á  Ospino,  pero  tuvo  la  des- 
gracia de  encontrarse  con  Urdaneta  que  iba  en 
auxilio  de  García  de  Sena.  El  gallardo,  vale- 
roso y  leal  Urdaneta  supo  también  lo  ocurrido 
en  Barinas,  y  en  el  acto  envió  sus  fuerzas  á 
Ospino,  y  otras  más  que  destacó  de  Barquisi- 
meto  en  defensa  de  aquella  población,  sitiada 
ya  por  Yañez. 

Quiso  éste  impedirles  el  paso,  y  se  trabó  el 
combate.  Lenta  y  laboriosa  parecía  la  refriega, 
cuando  una  bala  derribó  á  Yañez,  y  dio  tér- 
mino á  la  lucha.  Los  pocos  realistas  que  se 
salvaron  fuéronse  á  Guanare,  donde  recono- 
cieron como  sucesor  de  Yañez  al  Teniente  Co- 
mí irl  de  la  Calzada,  persona  insigniñcante  y  de 
malísimos  precedentes. 

La  provincia  de  Caracas  estaba  herida  mor- 
talmente.  Por  los  valles  del  Tuy  se  había  pre- 
sentado Bosete  á  inquietar  las  poblaciones,  á 
tiempo  (pie  Boves  con  una  fuerza  de  7,000 
hombres  emprendía  desde  Calabozo  sumarcha 
sobre  Villa  de  Cura.  En  el  sitio  de  la  Puerta 
encontróse   con  Campo  Elias  á  la  cabeza  de 


BOLÍVAR  113 

3,000  infantes.  La  India  era  muy  desagua]  por 
elnúmero,  y  la  destrucción  de  la  fuerza  repu- 
blicana fué  completa,  escapándose  apenas 
Campo  Elias  y  algunos  de  los  suyos. 

Bolivar  comprendió  al  punto  la  gravedad 
del  peligro,  é  hizo  situar  inmediatamente  di- 
versas fuerzas  en  La  Victoria  para  contener  á 
Boves.  Allí  estaba  ya  el  valeroso  Ribas  con 
1000  hombres,  cuando  Boves  atacó  la  plaza 
el  12  de  Febrero.  La  situación  de  los  patriotas 
era  muy  angustiosa.  Reducidos  al  recinto  de  la 
plaza,  en  ocho  horas  de  combate  habían  per- 
dido ya  la  mitad  de  sus  fuerzas.  Á  Ribas  tan 
valeroso  cuanto  sereno,  le  habían  muerto  ya 
tres  caballos. 

El  conflicto  era  inminente  cuando  de  súbilo 
se  apercibe  una  densa  nube  de  polvo  en  el  ca- 
mino de  San  Mateo.  Comprende  Ribas  que  eran 
los  refuerzos  que  Bolívar  enviaba,  y  facilita  su 
entrada  destinando  un  cuerpode  jinetes  y  ca- 
zadores á  recibirlos.  Ribas  aprovecha  la  lle- 
gada de  esta  tropa  ;  sale  de  la  plaza,  acomete 
con  furia  al  enemigo  y  Le  obliga  á  retirarse  en 
completo    desorden  ,    quedando     dueño    del 


III.  BOLÍVAR 

campo.  Pero  el  peligro  no  estaba  sino  con  ju- 
rado. 

Por  orden  de  Bolívar  fueron  ejecutados  to- 
dos los  españoles  y  canarios  que  existían  en  las 
prisiones  de  Caracas  y  la  Guaira.  Las  ejecu- 
ciones á  cargo  del  Gobernador  militar  Coronel 
Arizmendi  duraron  tres  días.  Existían  como 
800  presos  en  la  Guaira  y  400  en  Caracas. 
Esta  horrible  matanza  fué  calificada  de  diverso 
modo  por  los  amigos  y  enemigos  de  Bolívar. 
Tal  vez  no  eran  todos  culpables  ;  tal  vez  había 
entre  ellos  algunos  inocentes,  y  muchos  inca- 
paces de  hacer  daño  ;  pero  de  esto  no  puede 
juzgarse  con  acierto  sino  retrotrayendo  las  cosas 
al  día  de  la  ejecución.  No  había  en  ella  cobar- 
día ni  premeditada  crueldad.  Aquel  acto  pare- 
ció inevitable  á  Bolívar  para  la  seguridad  de  la 
causa,  cuya  defensa  le  había  sido  encomendada. 
Era  él,  sólo  llamado  á  decidir  de  la  necesidad 
v  á  asumir  ante  su  conciencia  la  responsabi- 
lidad moral  del  hecho,  del  mismo  modo  que 
aceptaba  ante  sus  enemigos  las  consecuencias 
materiales. 

Sea  de  esto  lo  que  fuere,  es  lo  cierto  que 


BOLÍVAR  M* 

Rósete  seguía  asesinando  patriotas  en  los 
valles  del  Tuy,  sin  respetar  siquiera  á  los  que 
se  refugiaban  en  los  Templos,  y  que  las  pobla- 
ciones emigraban  en  masa  para  salvarse  de 
sus  crueldades  ;  de  tal  modo  que  Ribas,  que 
salió  en  su  persecución  y  le  derrotó  el  20  deFe- 
brero,  encontró  en  Ocumare  más  de  300  cadá- 
veres de  niños  y  mujeres  insepultos  — 

Preparóse  Bolívar,  después  que  Boves  se 
retiró  de  La  Victoria  para  resistirle  en  San 
Mateo,  lugar  accidentado  y  montañoso,  donde 
le  sería  menos  difícil  vencerle  \  agrupó  allí 
una  fuerza  que  apenas  llegaba  á  1800  hom- 
bres de  todas  armas,  con  cuatro  piezas  de  ar- 
tillería. 

Los  combates  parciales  comenzaron  el 
28  deFebrero.  En  este  día  obtuvo  Boves  algu- 
nas ventajas,  pero  fué  herido  y  suspendió  el 
ataque.  Su  rival  Campo  Elias,  herido  también, 
murió  chas  después.  Mientras  el  Jefe  realista 

^c  api-estaba   de   nuevo  ,il   combate,  tuvo  Rolí- 

\,n'  ocasión  de  socorrer  á  Caracas  que  se  veía 
de  nuevo  amenazada  por  la  reaparición  <!<• 
Rósete    \    destacó    de    sus    exiguas    fuerzas 


118  BOLÍVAR 

300  hombres  al  mando  del  bizarro  Coronel 
Mariano  Montilla,  en  auxilio  de  la  misma 
Ciudad.  Boves,  á  quién  Bolívar  pareció  más 
débil  que  antes  intentó  por  medio  de  sus  Te- 
nientes varios  ataques,  pero  sin  éxito,  hasta  el 
20  de  Febrero,  en  que  compareció  personal- 
mente en  el  campo  :  organizó  allí  sus  huestes 
y  el  25  comenzó  el  asalto. 

Encarnizada  fué  la  lucha  y  hábilmente  sos- 
tenida por  ambas  partes,  y  tal  vez  la  fortuna 
habría  coronado  de  laureles  al  despotismo  si 
en  el  momento  en  que  las  turbas  de  Boves  se 
apoderaban  del  parque  de  los  patriotas,  su  in- 
trépido y  valerosísimo  guardián,  el  granadino 
Antonio  Bicaurte,  no  hubiera  sacrificado  no- 
blemente la  vida  en  holocausto  de  su  patria, 
poniendo  fuego  á  los  pertrechos.  La  explosión 
fué  terrible,  espantosa  ;  la  columna  de  Boves 
quedó  carbonizada,  y  los  pocos  que  sobrevi- 
vieron á  la  catástrofe  se  pusieron  en  fuga. 
Boves  se  retiró,  dejando  en  el  campo  800  hom- 
bres entre  muertos  y  heridos. 

Bosete  era  entonces  motivo  de  gran  inquie- 
tud. Antes  de  llegar  las  tropas  que  Bolívar  ha- 


BOLÍVAR  ir» 

bía  enviado  en  auxilio  de  Caracas,  organizóse 
allí  una  expedición  contra  aquel  al  manilo  de 
Árizmendi,  compuesta  de  800  hombres,  casi 
todos  estudiantes  y  jóvenes  de  las  mejores  fa- 
milias. 

Todos  fueron  sacrificados  el  16,  salvándose 
apenas  Arizmendi  con  algunos  Oficiales.  Mon- 
tilla  y  Ribas  se  encargaron  de  vengar  aquel 
desastre,  y  el  20  encontraron  ;'i  Rósete  en  ( Ren- 
iñare, y  le  derrotaron  de  tal  modo,  que  es- 
capó milagrosamente. 

En  estas  circunstancias  presentóse  en  el 
Campo  el  Ejército  de  Oriente  al  mando  del 
General  Marino.  Fiel  éste  á  las  promesas  que 
hiciera  á  Bolívar,  traía  consigo  un  ejército  do 
3500  hombres,  la  mayor  parte  de  caballería. 

Muy  á  tiempo  llegó  este  auxilio,  porqut* 
Boves,  al  tener  la  noticia,  levantó  el  sitio  do 
San  .Mateo,  y  corrió  A  sn  encuentro.  No  le  en- 
contró en  la  Puerta,  sitio  donde  lo  buscaba, 
sino  en  B  o  cachica,  Lugar  que  eligió  el  Gene- 
ral Marino.  Fuéronse  allí  ;'i  las  manos  el 
;>1   de  Marzo,  y  Boves,  disperso  y  batido  por 

id  Jefe  ( oriental,  hlVO  «pie  retirarse  en  la  tarde. 


120  BOLÍVAR 

escaso   de  municiones,  dejando  en   el   campo 
cerca  de  1000  hombres. 

Urdaneta  ocupó  después  de  mil  peripecias  á 
San  Garlos,  donde  le  sitió  Calzada  y  falto  de 
agua  al  octavo  día,  logró  salir  con  su  tropa 
hacia  Valencia,  desde  donde  se  comunicó  con 
Bolívar  que  estaba  aún  en  San  Mateo.  Este  le 
dio  la  orden  de  defender  á  Valencia  hasta 
morir. 

Ceballos  y  sus  tropas  en  número  de  4000 
hombres  tardaron  poco  en  presentarse  ante  la 
plaza,  defendida  apenas  por  ,280  hombres.  Allí 
donde  les  aguardaba  el  intrépido  Urdaneta, 
pereciera  á  ser  preciso,  si  á  los  seis  días  de 
sitio,  en  momentos  en  que  Ceballos  resolvía 
tomarla  plaza,  no  hubiera  llegado á  su  campo 
Boves  huyendo  de  la  persecución  de  Bolívar. 
Ceballos  creyó  prudente  abandonar  el  sitio,  y 
se  retiró  á  San  Carlos. 

Bolívar  entró  en  Valencia  el  mismo  día. 
Siguió  tras  de  Ceballos  el  General  Marino  y  le 
buscó  con  sus  fuerzas  hacia  San  Carlos.  En- 
contróle, y  no  salió  bien  librado  el  Jefe  pa- 
triota, porque  el  realista  le  esperó  en  las  afue- 


BOLÍVAR  IJ1 

ras  de  la  ciudad  al  trente  do  2500  hombres. 
Se  rompieron  inconsultamente  los  fuegos,  pues 
Marino  no  quiso  seguir  las  indicaciones  de 
Urdaneta  más  perito  que  él,  respecto  del  te- 
rreno y  de  la  situación,  y  el  resultado  fué  (píela 
fuerza  republicana  se  desbandó,  y  toda  habría 
perecido  aquel  día,  sin  la  apatía  natural  de 
Ceballos.  En  la  retirada  hacia  Tinaco  acabó  de 
desbandarse,  y  hasta  se  perdió  el  parque. 
Marino  y  Cedeño  se  reunieron  con  Urdaneta, 
único  Jefe  que  se  retiró  en  orden  con  su  infan- 
tería, y  juntos  entraron  en  Valencia. 

Incansable  Bolívar,  abandonó  al  saber  esta 
noticia  las  operaciones  sobre  Puerto  Cabello  y 
se  presentí'»  en  Valencia,  donde  reorganizó  sus 
fuerzas.  Con  ellas  hizo  una  salida  hacia  To- 
cuyito  donde  estaban  ya  los  enemigos,  les 
encontró  preparados  el  17.  No  hubo  allí  serio 
combate,  sino  más  bien  un  torneo,  porque 
aquellos  no  se  resolvieron  á  abandonar  sus 
trincheras,  á  pesar  «le  las  provocaciones  <le 
los  patriotas.  Bolívar  resolvió  entonces  retro- 
ceder. 

La  fuerza  realista  se  aproximo  el  .20  y  Bolí- 


122  BOLÍVAR 

var  se  puso  en  marcha  el  26,  llegó  á  las  lla- 
nuras de  Carabobo  dos  días  más  tarde,  y 
aceptó  el  combate.  Su  fuerza  ascendía  á 
oOOO  hombres.  La  de  Cajigal  y  Geballos  era 
de  6000,  Rompió  Urdaneta  los  fuegos,  y 
avanzó.  Se  empeñó  La  hatada  y  Bolívar,  atento 
á  todo,  dictó  disposiciones  muy  acertadas,  en 
medio  del  combate,  y  lo  dirigió  con  tal  pericia, 
([lie  el  resultado  fué  la  más  completa  derrota 
de  los  realistas,  pues  hasta  dos  de  sus  cuerpos 
se  pusieron  en  fuga  sin  combatir,  y  en  poder 
de  Bolívar  quedaron  500  fusiles,  S  banderas, 
municiones  de  guerra,  papeles,  1000  caballos, 
arneses,  víveres,  ganados  y  equipajes. 

Pero  Bolívar  no  incurría  en  imprevisiones,  y 
después  de  aquella  victoria  tan  feliz  para  la 
República,  recordó  que  Boves  hacía  grandes 
aprestos  en  Calabozo.  Regresó  pues  á  Tocuyito 
y  allí  dispuso  que  Urdaneta  con  la  división 
Caracas  siguiera  en  persecución  de  Cagigal  y 
que  Marino  ocupara  la  villa  de  Cura  con 
1500  infantes,  700  jinetes  y  100  artilleros, 
mientras  él  seguía  á  Caracas  á  buscar  recursos 
para  proseguir. 


BOLÍVAR  123 

Boyes  se  movió  de  Calabozo  á  mediados  de 
Junio  c<m  un   ejército  de  8000   hombres  de 

los  cuales   5000  eran   jinetes    y    IJOOI)  peones. 

Marino  con  una  fuerza  <le  2,300  hombres  había 
tomado  posiciones  en  la  Puerta  el  I  í.  Al 
siguiente  <lía  llegó  Bolívar,  tarde  ya  para 
subsanar  el  error,  pues  Boves  hizo  su  apari- 
ción simultáneamente  y  dio  tal  arremetida  con 
sus  masas  que  el  ejército  republicano  fué  des- 
trozado, muriendo  más  «le  mil  patriotas  y 
desbandándose  el  resto.  Bolívar.  Marino  y 
otros  Jefes  pudieron  escapar  y  Llegar  á  Cara- 
cas. Boves  persiguió  á  los  vencidos  hasta  La 
Victoria,  envió  de  allí  una  división  de 
1500  hombres  al  mando  del  capitán  González 
para  que  ocupara  á  Caracas  :  con  el  resto 
de  sus  Tuerzas  se  enderezó  hacia  Valencia, 
Llegando  á  sus  alrededores  el  19,  después  de 
haber  acuchillado  en  el  sitio  de  la  Cabrera  la 
mayor  parte  <le  los  que  allí   le  hicieron  una 

resistencia  estéril,  en  el  fortín  cjue  domina  la 
ruta .  creyendo  detenerle. 

Escalona,  Jefe  de  |,i   plaza,  resistió  la   en- 
trega unos  días ;  pero  sin  recursos  y  sin  espe- 


124  BOLÍVAR 

ranza  de  recibirlos  de  Occidente,  donde  Ja 
situación  de  Urdaneta  era  muy  crítica,  resol- 
vió capitular  con  Boves,  y  así  lo  efectuó  el 
10  de  Julio. 

Por  algunas  horas  cumplió  el  caudillo 
realista  el  pacto  que  había  firmado  de  respetar 
las  vidas  de  los  rendidos,  pero  al  segundo  día 
ordenó  el  degüello  y  lo  llevó  á  cabo. 

Caracas  fué  ocupada  antes  que  Valencia,  y 
Bolívar  se  retiró  hacia  Barcelona  por  Capa  ya 
y  la  costa  del  mar.  La  emigración  de  todas  las 
personas  dignas  y  respetables  de  Caracas  si- 
guió á  tan  espantosa  catástrofe. 

Boves  se  armó  con  el  mando  en  desdoro  de 
Cajigal  que  temeroso  se  refugió  en  Puerto 
Cabello.  Morales  con  una  fuerte  división  fué 
picando  la  retaguardia  á  Bolívar  y  Boves 
mismo  le  siguió  más  tarde,  el  26  de  Julio. 

Bolívar  juntó  en  Aragua  de  Barcelona,  con 
las  tropas  (pie  reunir  pudo  en  el  tránsito, 
2,000  hombres.  Marino  le  envió  1,000  de  Cu- 
maná  al  mando  del  Coronel  Bermudez.  Allí 
estaba  el  18  de  Agosto  cuando  se  presentó 
Morales  con   im   ejército  de  8,000   hombres. 


BOLÍVAR  [25 

Temerario  era  el  combate,  pero  Lo  autorizó 
Bolívar  por  complacer  á  Bermudez,  conocedor 
del  terreno  y  además  querido  de  aquella  tropa, 

como  Jefe  Oriental.  El  hecho  fué  que  Morales 
Los  venció  con  el  número,  mas  no  con  e] 
arrojo, y  que  «todo,  imams  e]  honor»  se  perdió 
en  aquella  jornada.  Bolívar  se  retiró  con  al- 
gunas tropas  hacia  Barcelona,  y  Bermudez, 
con  los  restos  del  ejército  por  el  camino  de 
Matará  i . 

Los  patriotas  tuvieron  1.000  muertos  y 
2.000  heridos.  Morales  pasó  á  cuchillo  lodos 
los  prisioneros  y  muchísimos  vecinos  de]  pue- 
blo. Con  estos  y  los  que  el  perdió  en  el  com- 
bate, el  número  de  muertos  Llegó  en  aquella 
jornada  á  4,700. 

De  Barcelona  se  dirigió  Bolívar  á  Cumaná 
donde  encontró  á  Marino.  Ilutas  y  otros  .leles. 
Ed  ¡unta  de  guerra  se  decidió  evacuar  dicha 
ciudad,  y  así  se  efectuó  el  2o,  dirigiéndose  Las 
tropas  á  Maliirín.  Bolívar  y  Marino  se  embar- 
caron para  Margarita  en  la  escuadrilla  de 
Bianchi.  Tomó  aquel  esta  resolución  para 
poner  á    salvo  todas  las  joyas  de  las  iglesias, 


126  «OLIVAR 

que  el  alto  clero  de  Caracas  puso  en  sus  manos 
para  atender  á  la  guerra.  Era  un  tesoro  de 
consideración  que  serviría  para  la  compra  de 
armamento. 

Bianchi ,  aventurero  italiano  al  servicio  de  la 
República,  resolvió  robar  aquellas  alhajas,  y 
seguro  del  éxito,  á  bordo  de  sus  buques,  no 
tuvo  rubor  en  declararlo  así  á  Bolívar  y  á  Ma- 
rino. Á  ruegos  de  estos  les  concedió  una  pe- 
queña parte  antes  de  llegar  á  Margarita,  y  dos 
de  sus  buques  para  que  se  trasladaran  á  Car- 
tagena. 

Pero  Bolívar  y  Marino  en  vez  de  seguir  su 
primera  inspiración,  se  dirigieron  á  Carúpano 
adonde  llegaron  el  3  de  Setiembre.  ¡  Cuál  no 
sería  la  sorpresa  de  ambos  al  saber  que  ha- 
bían sido  proscritos  por  la  fuerza  republicana 
como  desertores  !  Ribas  y  Piar  les  reemplaza- 
ban. Ribas  se  presentó  el  4  en  Carúpano  y 
puso  preso  á  Marino,  exceptuando  de  la  pri- 
sión á  Bolívar,  por  ser  su  pariente.  Piar  no 
c  ntró  sino  el  8  con  una  fuerza  que  traía  de 
Margarita,  á  tiempo  que  Marino  y  Bolívar  sa- 
lían para  Cartagena  en  los  dos  buques  que  les 


BOLÍVAR  i -27 

facilitó  Bianchi,  que  intervino  en  el  asunto 
con  Ribas,  amenazándole  con  su  escuadrilla,  y 
logró  de  este  modo  la  libertad  de  Marino  y  el 
embarco  de  ambos  Jefes. 

Digamos  ahora  ligeramente  lo  que  sucedía 
en  la  provincia  después  de  la  marcha  de  Bolí- 
var. Morales  se  presentó  á  las  puertas  de  Ma- 
turín  el  7  de  Setiembre  con  una  fuerza  de 
6,500  hombres.  Bermudez  defendía  la  plaza 
con  1,250.  Los  patriotas  le  atacaron  el  12,  y 
en  breves  momentos  de  terrible  lucha  destroza- 
ron casi  toda  la  infantería,  y  dispersaron  la 
caballería  persiguiéndola  largo  trecho.  La  pér- 
dida de  los  realistas  fué  de  2,200  hombres 
muertos,  y  900  prisioneros. 

Bermudez  quedó  además  en  posesión  de 
todos  los  pertrechos,  2,100  fusiles,  700  caba- 
llos ensillados,  0,000  bestias  en  pelo  y  800  re- 
ses.  Morales  huyó  por  Barcelona  hacia  Úrica. 
El  o  de  Diciembre  llegaron  Ribas  y  Bermu- 
dez al  valle  de  Úrica  donde  les  esperaba  Boves 
con  7,000  hombres.  Dióse  la  batalla,  y  ya  pa- 
recía perdida  por  los  realistas,  cuando  la  suerte 
dispuso  que  el  caballo  de  Boves  se  encabri- 


126  BOLÍVAH 

tara  al  pretender  retirarse,  y  un  soldado  repu- 
blicano, sin  renombre  alguno,  atravesó  de  un 
lanzazo  el  pecho  del  jinete  que  cayó  muerto. 
Á  pesar  de  este  grave  suceso  los  realistas  se 
rehicieron,  y  toda  la  infantería  republicana 
pereció,  salvándose  sólo  Ribas  y  Bermudez. 

Morales  fué  nombrado  sucesor  de  Boves  y 
aprovechando  la  victoria  de  Úrica,  cayó  repen- 
tinamente sobre  Maturín  con  1,500  hombres, 
y  el  10  de  Diciembre  atacó  á  los  patriotas,  des- 
truyéndoles completamente . 

Ribas  se  salvó  con  dos  Oficiales,  y  tona'»  el 
camino  de  Caracas.  Pocos  días  después  llegó 
á  la  montaña  de  Tamanaco,  donde  quiso  des- 
cansar de  tantas  fatigas.  Allí  fué  sorprendido 
por  los  realistas  durante  el  sueño  y  asesinado 
después.  En  una  jaula  de  hierro  fué  colocada  la 
cabeza  y  exhibida  en  el  camino  de   la  Guaira. 

Urdaneta,  sin  base  posible  de  operaciones 
en  el  Occidente,  ocupado  éste  en  su  mayor 
parte  por  los  realistas,  se  dirigió  á  Nueva  (Ira- 
nada. 

Digamos  en  pocas  palabras  lo  que  pasaba  en 
aquel  país. 


VI I  í 


El  nuevo  Reino  de  Granada  efectuó  «'1  2¡0de 
Julio  de  1810  un  movimiento  idéntico  al  de 
Venezuela.  ElVirey  fué  depuesto  y  arrestado, 
y  se  constituyó  la  Junta  revolucionaria  ;  la 
Regencia  española  fué  desconocida,  y  se  con- 
vocó un  congreso  compuesto  de  las  22  pro- 
vincias del  antiguo  reino  para  determinar  la 
forma  de  Gobierno.  Los  diputados  de  Tunja, 
Pamplona  y  otras  provincias  se  confederaron 
paca  delegar  la  autoridad  cu  el  Congreso  ; 
pero  Cundinamarca  no  aceptó  este  sistema, 
y  se  declaró  en   Pavor  del  centralismo.    Era 


130  BOLÍVAR 

Nariño,  Presidente  de  dicho  Estado,  Jefe  del 
partido.  Unas  veces  por  la  persuasión  y  la 
intriga,  otras  por  la  fuerza,  empeñóse  en  que 
aquellas  reconocieran  su  sistema  de  gobierno ; 
pero  después  de  sufrir  algunos  reveses  en  sus 
tentativas,  aceptó  la  idea  de  un  Congreso  ge- 
neral. 

Este,  reunido  en  Lena  en  Octubre  de  1812, 
le  desconoció  como  Dictador. 

Nariño  cuyas  excepcionales  prendas  de  ta- 
lento y  de  carácter  eran  reconocidas  en  su 
patria  y  fuera  de  ella,  herido  en  su  dignidad 
por  aquella  declaración,  tan  imprudente  como 
anti-patriótica,  convocó  una  asemblea  en  Bo- 
gotá, la  cual  le  confirmó  las  facultades  que 
antes  tenía,  y  dispuso  que  no  se  obedecieran 
las  órdenes  del  Congreso. 

Este,  ganoso  de  más  seguridad,  se  trasladó 
á  Tunja. 

Atacó  Nariño  dicha  ciudad  y  fué  derrotado, 
regresando  al  punto  á  Bogotá,  donde  las  tropas 
del  Congreso,  al  mando  de  Baraya,  le  cercaron 
en  los  últimos  días  de  Diciembre  de  dicho  año. 

Conocía  Nariño  que  su  posición  era  difícil, 


BOLÍVAR  i:M 

y  buscó  en  una  avenencia  decorosa  y  hasta 
humilde  la  terminación  de  la  guerra  ;  pero 
Baraya,  que  pecaba  por  presuntuoso,  rechazó 
la  transacción,)'  enardecido  el  pueblo  bogotano 
con  tal  negativa,  resolvió  sostener  á  Nariño  á 
todo  trance. 

Atacó  Baraya  la  plaza  y  no  sólo  fué  derro- 
tado, sino  que  también  destruida  la  totalidad 
de  su  ejército.  Nariño,  bueno  de  corazón,  no 
solamente  no  abusó  del  triunfo,  sino  que  hizo 
un  tratado  de  paz  y  de  amistad,  en  30  de  Marzo 
de  1813,  por  el  cual  quedó  reconocida  la  inde- 
pendencia de  la  provincia  de  Gundinamarca  y 
la  del  Congreso,  en  representación  de  las 
demás  provincias. 

El  Yirey  Pérez,  nombrado  por  la  Regencia 
para  Bogotá,  logró  reunir  en  Santa  Marta  una 
fuerza  de  Í500  hombres,  que  llegó  hasta 
Ocaña,  impidiendo  la  comunicación  interior 
por  el  Magdalena.  Este  movimiento  realista  se 
hizo  al  punto  de  prosélitos,  en  tales  términos, 
«pie  varios  pueblos  de  la  provincia  se  pronun- 
ciaron por  la  causa  real,  quedando  Cartagena 
como  bloqueada. 


132  BOLÍVAR 

Ocupábanse  ya  las  autoridades  en  hacer 
una  transacción  con  el  Virey  y  en  someterse, 
cuando  en  Noviembre  de  1812  llegó  Bolívar  y 
emprendió  la  campaña  que  hemos  narrado 
anteriormente. 

Restablecido  en  España  el  Gobierno  de  Fer- 
nando VII,  preparóse  sin  demora  contra  los 
insurrectos  de  la  América  del  Sur  una  expedi- 
ción (jiie  salió  de  Cádiz  para  Venezuela  el  18  de 
Febrero  de  1815,  compuesta  de  15,000  hom- 
bres, y  sesenta  y  cinco  buques,  entre  los  cuales 
estaba  el  navio  San  Pedro  Alcántara. 

Iban  en  ella  los  regimientos  de  León,  Victo- 
ria, Extremadura,  Barbastro,  Valencey,  Caza- 
dores de  Castilla  y  Cazadores  de  infantería  ;  los 
regimientos  de  caballería,  dragones  de  la  unión 
y  húsares  de  Fernando  VII,  artillería  de  cam- 
paña, artillería  de  plaza,  zapadores  y  parque 
provisto  de  todo.  Llegó  esta  expedición  á  las 
costas  de  Campano  en  los  primeros  días  de 
Abril,  cuando  Venezuela  estaba  en  poder  de 
los  realistas.  Morales  la  recibió  con  regocijo, 
incorporándose  con  5,000  hombres  que  tenía. 

De  acuerdo  ambos  jefes,  dirigióse  la  expe- 


BOLÍVAR  133 

(lición  á  la  Isla  <!•■  Margarita,  único  punto  de 
Venezuela,  donde  quedaban  aún  algunos  pa- 
triotas en  armas,  al  mando  de  Arizmendi,  que 
se  sometió,  no  bien  se  presentó  en  Panpatar 
el  general  Morillo. 

El  Pacificador  restableció  el  orden  en  la  Isla 
y  en  Cumaná  y  se  dirigió  luego  con  la  expedi- 
ción á  la  Guaira. 

El  once  de  Mayo  entró  .Morillo  en  Caracas, 
y  se  encargó  de  la  capitanía  general  de  Ve- 
nezuela. Mal  comenzó  la  expedición,  á  pesar 
de  la  lenidad  que  Morillo  usó  al  principio, 
porque  Morales,  ejerciendo  sobre  él  una  gran 
influencia  le  dio  consejos  que  contribuyeron 
más  adelante  á  perderle. 

El  navio  San  Pedro  Alcántara  se  quemó  en 
La  Isla  «le  Coche  el  1\  de  Abril  y  con  él  se 
perdieron  las  municiones,  armas  y  pertrechos 
que  contenia,  y  aún  se  dice  que  corrió  igual 
suerte  la  caja  del  ejército.  Sin  embargo,  algu- 
nos historiadores  sostienen  que  ésta  no  salió 
jamás  de  Cádiz,  y  que  el  navio  fué  incendiado 
adrede,  para  encubrir  el  robo. 

El  Brigadier  Moxó  nombrado  por  Morillo, 


134  BOLÍVAR 

Presidente  de  una  Junta  de  secuestros  y  encar- 
gado más  tarde  de  la  capitanía  general,  fué  el 
mejor  elemento  de  la  reacción  republicana, 
porque  no  cesó  de  imponer  empréstitos  for- 
zosos á  los  patriotas,  de  explotar  sus  propie- 
dades y  hasta  de  corromper  sus  costumbres. 
Comenzaron,  pues,  á  estallar  los  movimientos 
republicanos. 

En  un  principio  fueron  desgraciados  los  de 
Oriente  al  mando  de  Monagas  yCedeño,  pues 
no  pudieron  lograr  su  intento  de  apoderarse 
de  la  provincia  de  Guayana  y  al  acercarse  á  la 
plaza  de  Angostura,  los  dispersó  Gorrín. 

Menos  desgraciadas  fueron  las  operaciones 
en  Gasanare,  donde  los  patriotas  en  número 
de  1,000  jinetes,  derrotaron  á  Calzada,  qui- 
tándole dos  piezas  de  artillería  y  destruyendo 
sus  jinetes.  Si  no  hubieran  distraído  tiempo 
en  saquear  los  equipajes  que  quedaron  en  el 
campo,  le  habrían  destruido  también  los  2,000 
infantes  que  llevaba,  con  los  cuales  derrotó  á 
Urdaneta  en  Chitagá  el  30  de  Noviembre. 

Herraiz,  gobernador  de  la  Isla  de  Marga- 
rita, nombrado  por  Morillo,  desempeñaba  dig- 


BOLÍVAIt  13o 

iiamente    su    autoridad,    dando    garantías    á 

todos,  de  tal  modo,  que  hasta  los  más  exal- 
tados patriotas  amaban  su  gobierno. 

Esta  conducta  irritó  en  la  Isla  á  los  partida- 
rios de  los  secuestros  y  de  las  prisiones,  y  fué 
castigada  por  el  Capitán  generalMoxó  con  la 
destitución  de  Herraiz. 

Le  sustituyó  en  el  mando  el  Coronel  Urreiz- 
tieta,  de  condición  aviesa  que  comenzó  sin  pér- 
dida de  instantes  las  persecuciones  contra  los 
patriotas.  Forzoso  fia''  á  estos  alzarse  para  de- 
fender sus  propias  vidas.  Arizmendi  con  30 
hombres,  tres  fusiles  y  ciento  veinte  cartuchos 
sorprendió  la  guarnición  de  Juan  Griego,  y  la 
pasó  á  cuchillo.  Armó  80  más  con  los  fusiles 
«pie  quitó  á  los  enemigos,  y  tona'»  á  fuego  y 
sangre  la  casa  fuerte  que  ocupaban  en  la  villa 
del  Norte,  matándoles  más  de   200   hombres. 

A  la  tarde  del  mismo  día  tenía  ya  1,500  <'ii 
su  campo,  pero  no  pudieron  sostenerse  á 
cansa  de  si  i  mal  armamento,  y  fueron  derrota- 
dos, mas  no  destruidos,  por  Urreiztieta. 

Bolívar  y  Marino  llegaron  á  Cartagena  en 
la    tarde    del    2'.\    de    Setiembre.    Mandaba     la 


136  BOLÍVAR 

plaza  el  Coronel  Castillo,  enemigo  de  Bolívar 
desde  Cúcuta,  y  esta  circunstancia  le  indujo 
á  permanecer  allí  pocos  días,  y  se  dirigió 
por  el  Magdalena  á  Tunja,  donde  estaba  reu- 
nido el  Congreso. 

Allí  fué  recibido  con  entusiasmo  por  este 
Cuerpo  y  por  el  Gobierno  general  y  aun  se 
le  admitió  en  el  seno  mismo  del  congreso, 
donde  tuvo  ocasión  de  explicar  su  conducta  y 
su  campaña  sobre  Venezuela.  El  buen  éxito 
fué  completo,  y  el  Gobierno  le  confió  el  encargo 
<le  reducir  á  Bogotá  que  continuaba  separada 
de  la  unión,  no  ya  á  cargo  de  NariñO  si  que- 
de su  sucesor  Alvarez. 

Bolívar  emprendió  sin  vacilar  la  campaña 
presentándose  frente  á  la  plaza  .  Allí  in- 
timó la  rendición  á  los  bogotanos,  acordán- 
doles todas  las  garantías;  pero  la  propuesta 
fué  negada  y  se  hizo  preciso  apelar  á  las  ar- 
mas. Después  de  tres  días  de  combate  los 
sitiados  capitularon,  y  el  Gobierno  general 
aprobó  lo  hecho.  Bolívar  fué  nombrado  Capitán 
general  de  los   ejércitos  de  la  Confederación. 

De  Bogotá   salió  para  Tunja,  á  ponerse  de 


BOLÍVAR  137 

acuerdo  con  el  Gobierno  General  acerca  del 
plan  contra  los  realistas  que  ocupaban  á  La 
sazón  las  provincias  de  Santa  Marta,  Kio  del 
Hacha  y  Maracaibo,  y  se  revolvió  á  libertar 
en  primer  término  á  Santa  Marta. 

Se  componía  la  expedición  de  §¡000 hombres, 
pero  era  preciso  tomar  las  armas  y  municio- 
nes en  Cartagena,  donde  estaban  depositadas; 
y  allí  mandaba  su  implacable  enemigo  el  Co- 
ronel Castillo,  por  lo  cual  dudó,  y  con  razón, 
de  la  entrega. 

Púsose  Bolívar  en  marcha  á  la  cabeza  de  sus 
tropas  el  24  de  Enero  de  1815  con  dirección  á 
Honda  y  allí  las  envió,  rio  ahajo.  Hasta  Mon- 
pox  todo  fué  bien;  pero  supo  luego  Bolívar 
(pie  no  debía  contar  con  Castillo,  el  cual  pro- 
testaba no  tener  armas  ni  municiones  suficien- 
tes para  la  defensa  de  la  plaza,  y  que  en 
consecuencia  no  podía  entregar  las  que  se  le 
pedían. 

En  vano  agotó  Bolívar  sus  esfuerzos,  en- 
viando un  comisionado  tras  otro  al  Jefe  de 
Cartagena,  y  aún  pidiéndole  una  entrevista. 
Castillo  ofreció  concurrir  v  no   concurrió.  El 


138  BOLÍVAR 

Canónigo  Miramón  que  fué  enviado  por  el 
Gobierno  para  decidir  á  Castillo,  apoyo  á 
éste. 

Resolvió  entonces  Bolívar  bajar  el  Magda- 
lena, y  al  llegar  á  Barranca,  envió  nuevos  co 
misionados  con  la  misión  de  explicar  á  las 
autoridades  de  Cartagena  sus  pacificas  dispo- 
siciones ;  pero  la  respuesta  fué  aún  más  inso- 
lente. 

Avanzo  hacia  Turbaco  para  acortar  las  dis- 
tancias y  entenderse  mejor  con  los  disidentes. 
De  allí  les  envió  por  quinta  vez  un  coini- 
sionado  que  fué  recibido  á  balazos  en  la  plaza. 

En  tan  violento  estado  de  relaciones,  celebro 
Bolívar  una  jinda  de  guerra,  la  cual  decidió 
que  se  aproximaran  las  tropas  á  la  plaza,  y  en 
electo  el  29  de  Marzo  ocuparon  el  Cerro  de 
la  Popa, cuyas  aguas  habían  sido  envenenadas. 
Allí  sufrieron,  sin  contestar,  los  fuegos  del 
Castillo,  y  hasta  ofreció  Bolívar  á  los  de  Car- 
tagena enviarles  su  renuncia  si  se  le  daba  un 
buque  en  Savanilla  para  trasladarse  á  una 
Colonia  cualquiera,  puesto  que  sin  armas,  le 
sería  imposible  combatir  contra  los  españoles. 


BOLÍVAR  139 

Una  nueva  junta  de  guerra  convocada  por 
él,  acordó  que  no  podía  renunciar  el  mando 
sin  órdenes  del  Gobierno  de  la  Union,  y  que 
sn  deber  era  estrechar  el  sitio  de  Cartagena 
hasta  i[iie  llegaran  nuevas  instrucciones. 

Tuvo,  pues,  <uie  acatar  aquella  resolución, 
y  aguardó,  pero  en  vano,  porque  después  de 
haber  escrito  casi  diariamente  á  los  Cartage- 
neros, rogándoles  la  avenencia,  recabó  por 
contestación  grandes  ultrajes,  que  él  no  vengo 
por  evitar  una  lucha  fratricida. 

Al  cabo  de  un  mes  de  ansiedades,  súpose 
allí  la  llegada  de  la  expedición  de  Morillo  á 
Venezuela.  Bolivar  convocó  una  nueva  Junta 
de  guerra,  y  manifestó  la  necesidad  en  que  se 
hallaba  de  separarse  de  sus  soldados  y  de  la 
Nueva  Granada.  La  Junta  accedió  enternecida  á 
sus  deseos  poniendo  por  condición  ({lie  á  todos 
los  <  Ificiales  les  sería  también  permitido  renun- 
ciar sus  empleos   y    ausentarse  del    país. 

Bolívar  se  enmarcó  el  8  de  .Mayo  con  rumbo 
,i  Jamaica.  Marino  y  otros  .leles  le  siguieron 
después. 

En  Kingston    se   salvó  casualmente   de   la 


140  BOLÍVAR 

muerte.  Un  criado  que  le  acompañaba  fué 
seducido  para  que  le  asesinara.  Se  atribuye  la 
sugestión  de  este  crimen  á  un  español  pagado 
por  Moxó. 

Dormían  Bolívar  y  Amestoy,  emigrado  de 
Caracas,  en  la  misma  habitación,  el  primero 
en  una  hamaca,  y  en  una  cania  el  segundo. 
Recogióse  Amestoy  cierta  noche  más  temprano 
que  de  ordinario,  y  mientras  llegaba  su  com- 
pañero, se  acostó  en  la  hamaca.  Allí  se  durmió, 
v  cuando  llegó  Bolívar  tuvo  pena  de  desper- 
tarle y  se  acostó  en  la  cama. 

Apenas  había  pasado  una  hora,  cuando  el 
negro,  dirigiéndose  cautelosamente  á  la  ha- 
maca, di(')  de  puñaladas  á  Amestoy,  dejándole 
muerto. 

Se  le  arrestó,  y  convicto  del  crimen,  fué 
ahorcado.  Permaneció  Bolívar  en  Jamaica 
hasta  fines  de  1815,  y  de  allí  fué  á  los  Cayos 
«le  San  Luis  en  Haití,  donde  el  patriota  Luis 
Brión  armaba  una  expedición  en  auxilio  «le 
Costa  firme. 

Conviene  advertir  para  mejor  comprender 
esta   historia,  que  el   General  Morillo,  poco 


BOI.INAli  141 

después  de  su  arribo  á  Caracas,  decidió  lle- 
var una  parte  de  su  expedición  sobre  Nueva 
Granada,  y  en  electo  se  embarcó  en  la 
Guaira  para  Puerto  Cabello,  y  de  allí  á  Santa 
.Marta  y  Cartagena,  plaza  ésta  que  ocupo 
después  de  una  heroica  resistencia.  Bolívar, 
á  los  pocos  «lías  de  otar  en  Los  Cayos,  recibió 
.'i  los  Fugitivos  <le  Cartagena  «pie  se  dirigieron 
á  aquel  punto. 

Organizóse  allí  al  mando  de  Brión  á  quien 
se  dio  el  título  de  Almirante,  una  expedición 
compuesta  »le  siete  goletas  mercantes  armadas 
en  guerra,  y  250  nombres  <le  desembarco, 
oficiales  l.i  mayor  parte  con  elementos  <le 
guerra  abundantes  que  facilitó  el  Presidente 
Petion,  el  cual  había  recibido  á  Bolívar  ron 
cordialidad  y  entusiasmo,  á  tal  punto  que  sin 
su  intervención  oficial,  habría  sido  imposible 
llevar  á  buen  leí-mino  el  patriótico  designio 
de    la     expedición.   Contra    el    éxito     de    ésta, 

obraban,  sirviéndose  de  las  más  viles  intrigas, 

muchos  de  los  recien  Llegados  de  Cartagena. 

Dióse  la  expedición  á  la  vela  en  el  puerto  «le 

Vcquín    el   ;>()  de  Mayo  de    L816.    \llí   iban 


142  BOLÍVAR 

Bolívar,  como  General  en  Jefe,  Marino,  Sou- 
blette,  Piar,  Mc.Gregor,  Briceño  Méndez,  Zea, 
y  otros  probados  ya  en  las  lides  patrias,  así 
como  también  en  el  crisol  de  la  lealtad.  La 
expedición  hizo  rumbe  á  Margarita  y  no  llegó 
á  la  isla,  sino  el  3  de  Mayo,  habiendo  tenido  la 
fortuna  de  capturar  dos  buques  de  guerra  que 
la  bloqueaban  por  el  rumbo  de  Occidente. 

Bolívar  fué  reconocido  en  una  Asamblea 
popular  como  Jefe  supremo,  y  Marino  como 
segundo. 

El  primero  de  Junio  fué  ocupado  Carú- 
pano  sin  resistencia  y  de  allí  envió  á  Marino  á 
organizar  tropas  en  Güiria  y  á  Piar  á  Maturín. 
Las  tropas  realistas  acantonadas  en  Cumaná  al 
mando  del  brigadier  Cires,  vacilaron  en  ata- 
car á  Bolívar  creyéndole  al  frente  de  un  ejér- 
cito numeroso  ;  y  esta  circunstancia  le  permitió 
reembarcarse  el  29  con  rumbo  á  Ocumare  de 
la  Costa . 

Era  su  plan  invadir  la  provincia  de  Caracas, 
aprovechando  la  ocasión  de  hallarse  Morillo 
en  la  Nueva  Granada  con  la  mejor  parte  de  su 
ejército  expedicionario. 


li  O  L  1  V  A  l\  I  fc3 

Desembarcó  pues  el  6  de  Julio  en  Ocumare, 
y  <'ii  e]  acto  envió  á  Soublette  con  .'500  hom- 
bres á  ocuparlos  valles  de  Aragua,  operación 
que  qo  dio  buen  resultado,  porque  Morales 
estaba  ya  en  Valencia,  y  Caracas  ocupado  pol- 
lina fuerza  de  línea.  Poco  después  atacó  Mo- 
rales á  los  epedicionarios  y  los  derrotó  en  la 
cumbre  de  los  Aguacates,  pero  los  patriotas 
pudieron  retirarse  en  buen  ordena  Ocumare, 
llevándose  sus  heridos. 

La  situación  se  hizo  crítica,  porque  los 
realistas  no  podían  ser  ya  sorprendidos  ;  bien 
al  contrario,  todos  vivían  alerta,  y  además 
acababan  de  obtener  un  triunfo.  Bolívar  juntó 
un  Consejo  de  guerra  que  decidió  la  marcha  á 
(ihoroni,  tomar  allí  una  fuerza  patriótica,  des- 
cender a]  valle  de  Onoto  y  seguirá  los  llanos 
en  busca  de  los  cuerpos  de  caballería  de 
Monagas  y  de  Zaraza. 

De  la  expedición  de  Brión  sido  habían  que- 
dado en  <  Icumare  dos  trasportes  y  un  buque  de 
guerra  al  mando  de  Viüaret. 

Aprobada  la  resolución  del  Consejo  por 
Bolívar  quiso  éste  activar  él  mismo  el  envío  de 


144  BOLÍVAR 

su  cuantioso  parque,  y  con  este  motivo  se 
trasladó  á  la  marina,  algo  distante  de  la  pobla- 
ción, disponiendo  que  se  le  diera  aviso  de  cual- 
quier novedad.  La  inesperada  aproximación 
de  Morales  fué  causa  de  que  se  resolviera  á 
emprender  la  retirada  á  las  8  de  la  noche,  y 
asi  se  le  participó  á  Bolívar  con  uno  de  sus 
edecanes,  el  cual  por  cobardía  ó  traición  le 
dijo  que  los  enemigos  estaban  entrando  ya  en 
el  pueblo,  y  las  tropas  expedicionarias  reple- 
gando al  trote.  Villaret  levó  anclas  y  se  pre- 
paró á  la  fuga  con  sus  dos  trasportes.  La  cons- 
ternación fué  inmensa  ;  hasta  se  tiraron  al 
agua  varias  personas  que  allí  estaban,  buscan- 
do á  nado  las  embarcaciones  antes  de  partir. 

Bolívar,  juzgando  ya  imposible  incorpo- 
rarse ¡i  su  fuerza,  cedió  á  las  repetidas  instan- 
cias de  todos,  y  se  embarcó  en  el  buque  de 
guerra,  yendo  en  pos  de  Villaret. 

Y  todo  fué  obra  de  una  falsa  alarma.  La 
división  aguardó  á  los  dispersos  basta  las 
nueve  de  la  noche  y  emprendió  luego  una  reti- 
rada, que  será  memorable  en  los  anales  de  la 
gn  era. 


BOLÍVAR  i.:¡ 

Me.  Gregor,  escocés  inteligente  y  valeroso 
fué  reconocido  como  Jefe  de  la  expedición. 

Narremos  á  vuela-pluma  este  tan  glorioso 
incidente  de  la  magna  guerra. 

Salieron  los  expedicionarios  á  las  nueve  de 
la  noche  :  llegaron  al  siguiente  día  á  Ckoroní ; 
una  fuerza  republicana  se  les  incorporó  en  <i! 
camino  de  Maracai. 

Bajaron  tranquilamente  al  valle  de  Onoto. 
Una  columna  realista  que  se  les  opuso,  fué 
derrotada.  Continuaron  por  los  Valles  de  Ara- 
gua.  En  la  montaña  de  Güere,  encontraron 
29  republicanos  asesinados  por  Chepito  Gon- 
zález, en  cumplimiento  de  una  orden  de 
Mox(') . 

Ocuparon  la  ciudad  de  La  Victoria,  dirigié- 
ronse en  seguida  al  Pao  de  Zarate,  después  á 
San  Sebastian,  donde  dispersaron  las  fuerzas 
del  realista  Rósete. 

Continuaron  los  expedicionarios  su  retirada 
por  San  Francisco  de  Cara  y  Camatagua, 
atravesaron  el  río  Orituco,  dirigiéronse  á  Cha- 
guaramas, donde  se  apoderaron  del  estanco 

del  Tabaco,  é  intentaron  someter  un  destáca- 
lo 


140  BOLÍVAR 

mentó  español  que   se  había  atrincherado  en 
las  casas,  al  aproximarse  los  patriotas. 

Allí  fué  depuesto  Me.  Gregor  por  el  mal 
éxito  de  esta  operación,  y  nombrado  Soublette 
para  proseguir  la  retirada. 

Continuó  la  marcha  el  Io  de  Agosto,  per- 
noctando la  expedición  en  el  Socorro,  donde 
fué  repuesto  Me.  Gregor,  en  virtud  del  arre- 
pentimiento de  sus  compañeros. 

Allí  se  incorporó  una  columna  republicana 
al  mando  de  Infante.  Á  poco  andar,  hubo  una 
refriega  con  una  fuerza  realista  dirigida  por 
el  traidor  Quero,  cuyo  solo  nombre  bastó 
para  derrotarle.  Siguieron  los  expedicionarios 
á  Santa  María  de  Ipire,  á  donde  llegaron  el  3. 
Allí  se  incorporó  Zaraza  con  una  fuerza,  y  se 
continuó  la  retirada  hasta  San  Diego  de  Ca- 
brutica ,  donde  se  hizo  alto  para  incorporar  las 
fuerzas  de  Zaraza  y  Monagas.  Hecho  esto  y 
mejorado  el  personal  y  material  de  la  infan- 
tería, se  emprendió  la  marcha  hacia  la  villa  de 
Aragua. 

En  el  sitio  de  los  Alacranes  se  aprestó  la 
expedición,  que  contaba   con   1,300  hombres 


BOLÍVAR  147 

á  librar  batalla  contra  una  división  española 
al  mando  del  coronel  López.  Se  dio  y  se  ganó  el 
combate  pereciendo  casi  toda  la  fuerza  enemiga , 
y  por  último  fué  ocupada  Barcelona  el  día  13. 

Los  que  conozcan  la  inmensa  distancia  que 
separa  á  Choroní  de  Barcelona,  recorrida  por 
aquel  puñado  de  héroes,  la  fragosidad  de  las 
tierras,  la  dificultad  en  las  marchas  de  un  ejér- 
cito, ora  expuesto  á  la  lluvia  torrencial,  ora  á 
la  acción  de  un  sol  abrasador,  y  la  falta  de 
subsistencias  y  de  abrigo  en  los  desiertos, 
pueden  apreciar  la  importancia  de  tan  admi- 
rable retirada. 

Entre  tanto  Bolívar  logró  alcanzar  los  dos  bu- 
ques de  Villaret,  reunióse  á  Brión  en  Bonaire,  y 
siguió  á  Güiria  junto  con  Bermudez,  que  se  le 
incorporó  en  aquella  isla.  Pero  apenas  había 
llegado,  que  fué  desconocida  su  autoridad  por 
las  tropas  que  allí  tenía  el  general  Marino, 
alegándose  que  el  Jefe  Supremo  había  aban- 
donado la  expedición  de  Ocumare.  Marino  se 
hizo  nombrar  primer  Jefe,  y  Bermudez  se- 
gundo. Ambos  fueron  los  autores  de  tan  es- 
candalosa trama. 

10* 


148  BOLÍVAR 

Quedó,  pues,  Bolívar  destituido  por  el  mo- 
mento, é  incapacitado  para  reunirse  á  las 
leales  tropas  de  Me.  Gregor,  y  marchó  para 
Puerte  Príncipe  en  Haiti. 

Pero  no  tardó  mucho  su  ausencia,  porque 
los  patriotas  de  Barcelona  comisionaron  á  Zea 
para  que  fuera  á  las  Colonias  á  buscarle,  y  el 
mismo  deseo  de  tenerle  á  su  lado  manifesta- 
ron las  fuerzas  de  Margarita  y  de  otros  pun- 
tos. Para  el  28  de  Diciembre  estaba  ya  en  Juan 
Griego,  y  el  31  en  Barcelona  á  la  cabeza  de 
las  tropas.  Y  desde  ese  día  en  adelante,  no 
abandonó  más  el  suelo  de  América. 

Pero,  antes  de  narrar  sus  nuevas  y  gloriosas 
campañas,  precisa  decir  cuál  era  entonces  el 
verdadero  estado  de  la  guerra. 

No  parecía  tan  mal  trecha  la  reacción  patrió- 
tica en  el  resto  del  país.  En  Oriente,  Marino 
conservaba  sus  posiciones ;  Piar  había  mar- 
chado con  1,500 hombres  á  unirse  con  Cedeño, 
que  con  1 ,300  operaba  sobre  Guayana ;  y  la 
provincia  de  Margarita  estaba  toda  en  poder 
de  los  republicanos.  En  las  llanuras  de  Casa- 
nare  y  del  Apure  había  surgido  Paez,  predes- 


BOLÍVAR  14í> 

tinado  á  ser  el  Aquiles  de  la  Epopeya  Ame- 
ricana. 

Á  la  cabeza  de  un  cuerpo  de  caballería 
compuesto  de  500  hombres,  se  había  apode- 
rado del  pueblo  de  Guasdualito.  Querido  de 
sus  llaneros,  sn  prestigio  era  cada  vez  mayor. 
La  acción  de  .Mata  de  la  Miel,  tan  gallarda- 
mente ganada  en  las  llanuras  de  Apure  contra 
las  fuerzas  realistas  al  mando  do  López,  dio  á 
Paez  renombre  extraordinario. 

Tenía  el  Jefe  realista  1,000  hombres  y  dos 
piezas  de  artillería  :  las  fuerzas  de  Paez  eran 
inferiores.  Trabóse  el  combate  á  la  caída  de  la 
larde,  y  aún  se  discutió  si  se  continuaría  á  tal 
hora  ó  si  se  diferiría.  El  caballo  que  Paez 
moldaba  fué  muerto  á  los  primeros  tiros.  \ 
cayó  sobre  una  pierna  del  general.  Desem- 
barazóse ésle  del  obstáculo,  y  dio  orden  de 
avanzar.  El  combate  formal  se  efectuó,  y  el 
ejército  enemigo  fué  completamente  derro- 
tado, quedando  en  el  campo  ÍO0  realistas 
muertos,  í<>(>  prisioneros.  3,500  caballos,  \ 
las  armas. 

Lo  m;is  singular  de    aquella    batalla  noc- 


150  BOLÍVAR 

turna  fué  que  Paez,  en  el  momento  en  que  le 
mataban  el  caballo  y  lograba  levantarse  del 
suelo,  dirigió  á  sus  llaneros  una  proclama, 
digna  de  recordación  eterna  : 

«  ¡Compañeros  !  les  dijo,  me  han  matado  mi 
caballo ;  y  si  vosotros  no  estáis  resueltos  á 
vengar  ahora  mismo  su  muerte,  yo  me  lanzaré 
solo  á  perecer  en  las  filas  enemigas.  »  Todos 
contestaron  :  «  ¡  La  vengaremos  !  »  y  se  lanza- 
ron como  furias  entre  las  sombras  de  la  noche 
sobre  el  enemigo,  aniquilándolo.  Este  rasgo 
es  más  hermoso  que  el  de  Calígula,  dando  á 
su  caballo  la  dignidad  consular. 

Otros  triunfos,  y  de  mayor  importancia, 
obtuvo  Paez  ulteriormente,  quedando  dueño 
de  las  llanuras. 


IX 


Veamos  ahora  las  evoluciones  de  Bolívar. 
Deseoso  siempre  de  redimirá  Caracas,  resolvió 
marchar  sobre  la  provincia  con  una  parte  de 
sus  fuerzas;  pero,  derrotado  en  Clarines  tuvo 
que  regresar  á  Barcelona  á  rehacerlas,  y  las 
aumentó  considerablemente,  porque  supo  que 
el  brigadier  Beal  con  un  ejército  de  3,500  hom- 
bres, entre  los  cuales  se  hallaba  Morales,  se 
dirigía  á  la  ciudad  citada.  Marino  se  incorporó 
al  Cuartel  general  de  Bolívar  con  1,200  hom- 
bres, dejando  La  provincia  de  Cumaná  al  mando 
del  coronel  Antonio  José  de  Sucre,  que  fué 
años  después  el  Gran  Mariscal  de  Ayacucho,  y 


152  BOLÍVAR 

uno   de   los  militares  más  honrados   de  Ve- 
nezuela. 

Real  se  aproximó  á  Barcelona  el  8  de  Fe- 
brero de  1817  con  más  de  4,000  hombres; 
pero  no  libró  combate  limitándose  á  entretener 
á  los  republicanos  con  cambios  de  posiciones, 
que  le  permitían  esperar  á  que  llegara  sn 
artillería  de  sitio.  La  inacción  del  Jefe  realista, 
y  el  convencimiento  que  su  adversario  tenía 
de  que  su  gran  base  de  operaciones  descansaba 
en  Guayana,  sitiada  ya  por  Piar,  influyeron  en 
el  ánimo  de  Bolívar  moviéndole  á  decidir  el 
viaje;  pero  contemporizando  con  Freites  y  otros 
barceloneses  que  deseaban  defender  la  plaza 
si  Real  la  atacaba,  dejóles  una  fuerza  de 
700  hombres,  suficientes  para  defender  la 
Casa  fuerte   y  las  familias  refugiadas  allí. 

Marchóse  Bolívar  á  Guayana  á  fines  de 
Marzo,  con  unos  pocos  Jefes  y  Oficiales. 

Apenas  salió  de  Barcelona,  comenzaron  las 
rivalidades  entre  los  Jefes,  y  aun  discutieron 
planes  enderezados  á  desobedecerle.  El  resul- 
tado fué  cpie  Marino  y  sus  tropas  salieron  para 
A  ragua,  y  de  allí  al  Chaparro  en  excursiones 


BOLÍVAR  1S3 

inútiles,  y  que  los  realistas  atacaron  entre 
tanto  á  Barcelona,  penetrando  en  la  Gasa 
fuerte,  acuchillando  á  cuantos  hubieron  á 
mano,  v  Bolívar,  como  consecuencia  de  esta 
catástrofe,  quedó  solo  en  la  provincia  <le 
Guayana. 

felizmente,  Piar,  cuando  vio  frustradas  sus 
diversas  tentativas  para  apoderarse  de  Angos- 
tura, resolvió  atacar  á  las  misiones  de  los 
Catalanes  del  Caroní,  de  donde  salían  alin- 
dantes provisiones  para  aquella  [daza,  y  logró 
su  intento  de  apoderarse  de  todas. 

.Morillo  había  ocupado  la  Nueva  Granada  á 
poca  costa,  y  confiaba  en  el  resultado  de  sn 
gran  empresa  de  pacificación,  á  tiempo  que 
recibió  las  noticias  de  lo  que  pasaba  en  Vene- 
zuela. Abandonó  entonces  la  Nueva  Granada, 
y  púsose  ni  marcha,  precedido  de  La  Torre  \ 
('-alzada  quienes  á  principio  de  Enero  llegaron 
á  Guasdualito  con  una  fuerza  de  fcOOOsoldados, 
entre  los  cuales  había  1700  de  caballería,  y 
con  el  intento  de  destruirá  l\iez  que  con  sido 

1  100 jinetes  se  hallaba  en  Mantecal. 
Encontráronse  ambas  fuerzas  en  las  llanuras 


l:>4  BOLÍVAR 

<Ie  Mucuritas.  Los  republicanos  obtuvieron  la 
victoria.  La  caballería  de  La  Torre  fué  des- 
truida y  alanceada  gran  parte  de  su  infantería . 
Hubiera  sido  completo  el  triunfo  á  haber  dis- 
puesto Paez  de  alguna  fuerza  de  infantería. 

Morillo  y  La  Torre  vinieron  juntos  hasta 
San  Fernando,  pero  el  segundo  se  dirigió 
entonces  á  Guayana  con  el  propósito  de  recu- 
perar las  misiones.  De  temer  era  que  no  saliera 
airoso  de  su  empresa,  atento  á  que  iba  á  tener 
en  frente  á  un  enemigo  tan  valeroso  y  astuto 
como  Piar.  Fué  lo  cierto  que  La  Torre  creyó 
< 'ánsar  con  un  falso  movimiento  á  la  caballería 
de  Piar,  y  éste,  comprendiéndolo  anticipada- 
mente, dispuso  que  le  prepararan  caballos  de 
repuesto,  y  cuando  patriotas  y  realistas  se 
avistaron  el  1 1  de  Abril  á  las  dos  de  la  tarde 
en  el  pueblo  de  San  Félix,  el  error  de  La  Torre 
era  ya  irremediable. 

Tenía  este  Jefe  1600  infantes  y  200  jinetes. 
Piar  500,  armados  de  fusil,  otros  tantos  de 
flechas,  800  peones  con  lanzas  y  400  jinetes. 
El  choque  fué  terrible  y  La  Torrre  operó  bien ; 
pero  Piar  tan  hábil  como  sereno,  combinó  de 


BOLÍVAR  i.i.'i 

tal  modo  el  ataque  que  toda  la  fuerza  de  su 
enemigo  fué  destruida  y  pereció  en  la  reti- 
rada, con  excepción  de  La  Torre  y  17  oficiales. 

Los  realistas  dejaron  en  el  campo  más  de 
500  muertos  y  200  heridos.  De  los  prisioneros 
había  75  Jefes  y  Oficiales,  entre  ellos  Ceruti,  que 
durante  el  combate  no  cesó  de  infundir  ánimo  á 
sus  tropas  al  grito  de  «  ¡  Firme,  Cachiri! »  dicho 
éste  que  fué  después  popular  en  Venezuela. 

Dispuso  Bolívar  que  el  ejército  vencedor 
acantonase  en  las  Misiones,  mientras  llegaba 
de  Margarita  la  escuadra  de  Brión,  con  la  que 
se  intentaría  un  ataque  simultáneo  sobre  la 
plaza  de  Angostura. 

En  tal  estado,  llegó  la  noticia  de  que  Mo- 
rillo y  Aldama  reunidos  con  G,000  hombres 
habían  ocupado  el  pueblo  del  Chaparro  el 
J3  de  Mayo,  y  se  proponían,  pasando  el  Ori- 
noco, presentar  batalla  á  las  fuerzas  republi- 
canas ;  y  supo  Bolívar  que  Marino  le  había 
desconocido  una  vez  más,  promoviendo  en 
Cariaco  la  reunión  de  un  Congreso,  que  designó 
para  ejercer  el  Poder  ejecutivo  á  los  Generales 
Bolívar  v   Toro,  v   al   ciudadano    Francisco 


156  BOLÍVAR 

Javier  Maiz ;  designó  á  Margarita  como  resi- 
dencia del  Gobierno  federal  y  nombró  al  pro- 
pio Marino  Jefe  supremo  del  ejército,  y  Almi- 
rante á  Brión. 

Tomaron  parte  en  este  movimiento,  hom- 
bres como  Urbaneja,  Zea,  Maneiro  y  otros 
cuyos  servicios  á  la  patria  alejaban  toda  sos- 
pecha de  ambición  ¿  Cuál  fué,  pues,  el  móvil 
de  estos  patriotas  ?  La  guerra  hacía  indispen- 
sable la  conservación  de  un  Jefe  supremo  que 
dirigiera  las  operaciones  militares  ;  y  hasta 
entonces  ese  Jefe  había  sido  Bolívar  :  pero  los 
patriotas  de  Cariaco  y  otros  en  el  resto  del 
país  comenzaron  á  sentir  cierta  inquietud  á 
causa  de  su  dictadura  y  pensaron  que  el  peli- 
gro no  sería  tan  grave  si  se  formaba  un  go- 
bierno en  que  fuese  parte  Bolívar,  y  se  investia 
á  Marino  de  la  dirección  suprema  de  la  guerra. 

Fué  inoportuno  el  plan,  y  por  eso  fracasó  ; 
fué  también  erróneo  porque  si  se  hubiera  rea- 
lizado, Marino  no  habría  podido  llevar  á  cabo 
la  grandiosa  obra  de  Bolívar.  Empero,  en  el 
fondo  había  el  patriotismo  de  los  promotores 
de  aquel  Congreso. 


BOLÍVAR  lo? 

Difícil  es  penetrar,  después  de  tantos  años,  los 
motivos  que  aquellos  patriotas  tuvieran  para  pro- 
ceder de  tal  modo,  particularmente  habiéndose 
perdido  las  actas  del  Congreso  ;  pero  si  se  con- 
sidera la  intimidad  que  existió  más  tarde  entre 
Bolívar  y  los  hombres  que  allí  figuraron  sin 
excluirlo  á  él,  puesto  que  fué  uno  de  los 
miembros  designados  para  constituir  el  Poder 
Ejecutivo,  puede  inferirse  racionalmente  que 
Bolívar  mismo  reconoció  la  pureza  de  aquellas 
intenciones.  Por  lo  demás,  las  dos  cartas  iné- 
ditas que  ahora  publicamos,  dan  mucha  luz 
acerca  de  los  móviles  honrados  que  precedie- 
ron á  la  constitución  de  aquel  Congreso.  — 
Debemos  á  la  galantería  de  la  señora  Vizcon- 
desa de  Rigny,  hija  del  señor  Zea,  el  poder 
publicar  hoy  estos  documentos  que  hemos  en- 
contrado en  el  precioso  archivo  de  su  ilustre 
padre. 

La  carta  de  éste  es  un  documento  notable, 
particularmente  por  las  sanas  ideas  y  juicios 
exactos  que  contiene  acerca  del  sistema  fede- 
rativo, que  tantos  males  ha  causado  en  la 
América  española. 


158  BOLÍVAR 

MARINO  Á  ZEA 

Cariaco,  20  de  Mayo  de  1817.  Á  las  11  de  la  noche. 

Mi  amigo  Zea  :  ¡Qué  ocasión  tan  favorable  se  nos  pre- 
senta! La  plaza  de  Cumaná  reducida  á  una  miserable 
guarnición,  vá  á  caer  infaliblemente  en  nuestro  poder,  si 
Vd.  interesa  sus  respetos  en  favor  del  proyecto  que  con 
esta  fecha  propongo  al  Gobierno.  Venga  el  contingente 
que  pido  y  la  cosa  es  hecha.  Yo  respondo  con  mi  vida 
que  la  tomo  si  el  Gobierno  accede  á  mis  reclamos.  La 
principal  fortaleza  de  Cumaná  sólo  tiene  8  hombres  de 
guarnición.  Si  Vd.  me  socorre  con  las  tropas  que  soli- 
cito para  esta  empresa,  voy  á  marchar  con  mi  guardia 
de  honor  y  á  hacerme  despedazar  con  ella. 

El  general  Guerra  y  el  coronel  Isaba  pasan  á  esa  Isla 
comisionados  por  mí  para  imponer  al  Gobierno  de  mis 
proyectos  y  de  los  motivos  que  los  originan  :  ellos  infor- 
marán á  Vd.  privadamente  de  todo.  Yo  suplico  á  Vd. 
preste  toda  la  atención  que  se  merece  al  importante  ne- 
gocio que  los  conduce. 

Yo  no  puedo  hacer  más  que  ofrecer  mi  vida  en  obse- 
quio de  la  patria,  del  Gobierno,  á  quien  respeto,  y  de 
mis  conciudadanos  oprimidos.  Yo  seré  muy  dichoso  si 
logro  perderla  por  cualquiera  de  estos  sagrados  de- 
beres. 

Sobre  todo,  interesa  la  reserva,  y  más  que  todo  la 
prontitud. 

Soy  todo  de  Vd.  con  la  más  perfecta  amistad,  affmo. 
amigo  y  Seg°.  Seror. 

Marino. 


BOLÍN  Alt  í:í9 

ZEA  Á  MARINO 

Pampatar  21  do  mayo  do  1811 

Mi  querido  General  :  Como  miembro  del  Poder  Ejecu- 
tivo, suscribo  alo  que  éste  dice  áVd.  acerca  del  proyecto 
de  establecer  un  Gobierno  provincial  en  el  estado  de 
Cumaná,  y  como  amigo,  que  lo  ama  y  que  se  interesa 
en  su  gloria,  le  ruego  desista  de  este  empeño.  Hay  un 
medio  de  que  Yd.  salga  de  él  muy  airoso,  y  no  compro- 
meta el  gran  nombre  que  acaba  de  adquirirse  en  polí- 
tica, como  ya  lo  obtenía  en  la  milicia. 

En  todo  el  mundo  va  á  resonar  la  grande  operación 
de  Cariaco,  y  si  á  esta  sucede  la  de  un  Gobiernito  pro- 
vincial, se  creerá  que  el  hombre  de  la  segunda  no  era  el 
de  la  primera.  Hablando  en  confianza,  no  hay  mayor 
absurdo  en  política  que  el  Gobierno  federativo.  Toda  la 
historia  depone  contra  él.  Por  él  no  existen  ni  la  Grecia 
ni  el  Peloponeso,  y  por  él  se  ha  perdido  la  Nueva  Gra- 
nada, y  Venezuela  mismo  debe  originalmente  á  él  todas 
sus  desgracias.  Pues,  ¿porqué  se  ha  restablecido?  por- 
que era  el  medio  para  constituir  el  que  nos  conviene,  y  en 
el  cual  vaVd.  á  aparecer  como  el  genio  tutelar  de  Venezuela 
y  autor  de  su  existencia  política.  Aseguro  á  Vd.  que  no 
habrá  un  solo  político  en  Europa,  que  al  leer  el  acta  de 
Cariaco  y  la  proclama  de  Vd.  no  se  persuada  que  el 
Gobierno  restablecido  sólo  es  un  medio  para  formar  el 
que  nos  conviene  :  que  Vd.  ha  tenido  en  ello  las  miras 
más  grandes  y  profundas,  y  que  deben  esperarse  loa 
ni  is  ventajosos  resultados.  Pero  el  Gobiernito  de  Cumaná 


100  BOLÍVAR 

los  desengañará  y  perderemos  todos  los  derechos  que 
hemos  adquirido  a  la  inmortalidad. 

El  Gobierno  manda  con  tanta  precipitación  el  expreso 
conductor  de  estos  pliegos,  que  no  puedo  extenderme 
como  quisiera,  y  es  preciso  acerca  de  tan  importante 
asunto.  Créame  Vd.  que  todo  lo  perdemos  si  en  lugar 
de  extinguir  el  espíritu  de  provincia  para  formar  el  na- 
cional, lo  fomentamos  con  Gobiernos  particulares  que 
perjudican  y  aún  destruyen  la  unidad  sobre  que  debe 
fundarse  la  República.  No  se  me  oponga  el  ejemplo  de 
los  Estados  Unidos  de  Norte- América,  cuya  necia  y  ab- 
surda imitación  nos  ha  causado  tantos  males,  por  no 
haber  pesado  la  diferencia  infinita  de  situación,  relacio- 
nes, luces,  costumbres,  clima,  opinión,  circunstancias  y 
necesidades. 

¡  Pues  qué !  porque  en  Filadélfia  es  forzoso  encender 
una  estufa  ó  una  chimenea  desde  Noviembre  hasta 
Abril,  ¿lo  será  en  la  Guaira  ó  en  Puerto  Cabello?  Así 
han  razonado  en  política  estos  legisladores. 

No  caiga  Vd.  mi  amigo,  en  este  despropósito,  antes 
convierta  la  Junta  misma  que  se  hacía  para  el  Gobierno 
provincial  en  apoyo  del  general.  Puede  Vd.  decirles  que 
porque  no  viviesen  en  la  anarquía  los  había  reunido 
para  formar  un  Gobierno  provincial;  pero  que  resta- 
blecido el  general  por  un  beneficio  de  la  Providencia,  á 
éste  deben  todos  adherir  y  reunirse  para  sostenerlo. 

Jugo  puede  hacer  un  buen  discurso  sobre  el  particu- 
lar. Yo  lo  haría,  si  á  cada  instante  no  me  dijesen  que 
el  expreso  está  detenido  por  mí. 

Concluyo  con  el  tema  de  mi  sermón  Benedeti  y  nues- 
tros papeles.  Nuestros  papeles  y  Benedeti.  Por  Dios, 
amigo,  que  el  tiempo  insta,  y  ambos  asuntos  nos  inte- 


BOLÍVAR  101 

resan  mucho.  Encargo  a  Vd.  la  brevedad,  haga  los  sa- 
crificios que  hiciere  para  ello. 

Adiós  mi  amado  General, 

Suyo  siempre 
Zea. 

Díganos  Vd.  de  Oficio  quien  es  su  Secretario,  para  no 
dirigir  á  Vd.  en  derechura  los  despachos  que  son  pura- 
mente de  Secretaría. 


Sea  de  ello  lo  que  fuere,  Bolívar  rio  paró 
mientes  en  la  Asamblea  de  Cariaco,  y  conti- 
nuó sus  preparativos  para  apoderarse  de  An- 
gostura. Uno  de  estos  era  la  construcción  de 
embarcaciones  en  el  Orinoco,  absolutamente  in- 
dispensables para  el  movimiento  de  las  tropas. 
Á  punto  de  perecer  estuvo  Bolívar  en  el  Caño 
de  Casacoima,  adonde  se  había  dirigido  con 
una  escolta,  con  el  íin  de  activar  la  salida  de 
aquellas  embarcaciones,  pues  ocurrió  que  los 
realistas,  descubriendo  la  operación,  se  pre- 
sentaron en  el  lugar  á  impedirla,  y  Bolívar 
se  apercibió  del  peligro  enfrente  del  enemigo  : 
sr  salvó  arrojándose  al  ('año  con  sus  pocos 
compañeros,  mientras  los  realistas  pasaron  do 


162  BOLÍVAR 

largo  preocupados  con  rendir  á  la  escuadrilla. 

Poco  después  contrarrestó  tal  desastre  la 
entrada  de  la  escuadra  de  Brión  en  el  Orinoco, 
la  cual  tuvo  la  buena  suerte  de  encontrar  á  la 
enemiga  en  el  río,  y  destruirla  parcialmente 
en  glorioso  combate,  facilitando  así  á  los  pa- 
triotas la  navegación  del  Orinoco. 

La  Torre,  al  saberlo,  se  retiró  de  Angostura, 
y  logró  salir  al  mar  en  sus  buques.  Bermudez, 
que  sostenía  el  sitio  de  aquella  plaza,  la  ocupó 
el  19  de  Julio,  y  después  llegó  Bolívar. 

Á  tiempo  que  esto  sucedía,  Morillo  estre- 
llaba su  ejército  contra  Margarita.  De  Cu- 
maná  liabía  salido  para  aquella  isla  con  3000 
veteranos. 

Una  serie  de  combates  con  los  Margariteños 
le  había  demostrado  la  imposibilidad  de  ven- 
cerlos. Tuvo  entonces  noticia  de  la  ocupación 
de  Guayana  por  Bolívar  y  comprendiendo  la 
importancia  de  este  suceso,  evacuó  la  isla 
y  se  dirigió  á  Caracas. 

Bolívar  declaró  residencia  provisional  de 
las  primeras  autoridades  y  capital  del  Gobierno 
de  Venezuela  á  la  ciudad  de  Angostura ;  creó 


BOLÍVAR  163 

un  consejo  de  Estado,  dictó  hábiles  medidas 
en  protección  de  las  provincias  ya  libertadas, 
y  logró  en  una  Junta  de  generales  y  jefes  del 
ejército,  que  se  reconociera  su  autoridad  de 
una  manera  explícita  y  solemne. 

Fué  entonces  que  ocurrió  en  Guayana  un 
hecho  que  dio  el  mayor  prestigio  á  su  poder , 
la  ejecución  del  general  Piar,  vencedor  en  San 
Félix.  Sometido   de   orden  de  Bolívar  á  un 
consejo  de  guerra  compuesto  de  los  generales 
Torres  y  Anzoategui,  coroneles  Ucroz  y  Car- 
reño,  y  comandantes  Piñango  y  Conde,  fiscal 
u»meral  Carlos  Soublette,  y  defensor  coronel 
Galindo,  Piar  fué  condenado  unánimemente  á 
muerte,  el  lo  de  Octubre  de  1817  y  á  la  de- 
gradación militar  por  los  crímenes  de  inobe- 
diencia,   sedición,   conspiración  y  deserción. 
Bolívar  confirmó  la  sentencia  en  su  primera 
parte,  mas  no  en  la   segunda;    y  á  la  tarde 
siguiente,  en  presencia  de  todo  el  ejército,  fué 
fusilado  Piar,  muriendo  con  la  misma  sere- 
nidad é  intrepidez   que  mostró  durante   toda 
su  vida.  Así  terminó  sus  dias  el  jefe  Oriental 
que  tantos  laureles  había  segado  en  el  campo 


164  BOLÍVAR 

de  batalla;  el  hombre,  de  quién  el  mismo 
Bolívar  había  dicho  pocos  meses  antes  estas 
palabras  :  «  La  victoria  obtenida  por  el  general 
Piar  en  San  Félix,  es  el  más  brillante  suceso 
que  hayan  alcanzado  nuestras  armas  en  Ve- 
nezuela. » 

Muchos  crímenes  se  atribuyeron  á  Piar, 
pero  no  todos  le  fueron  probados,  ni  él  era 
tampoco  el  más  culpable  de  los  que  en  aquella 
época  fueron  tildados  de  desobedientes,  sedi- 
ciosos, conspiradores  y  desertores  :  pero  lo 
cierto  es  que  Bolívar  debía  empezar  por  alguno 
para  restablecer  de  una  manera  efectiva  la 
moral  del  ejército,  sin  la  cual  fuérale  imposible 
libertar  á  su  patria,  y  Piar  dio  motivo  con  su 
conducta  después  de  la  reunión  del  congreso 
de  Cariaco,  para  ser  tenido  por  sospechoso. 
Hasta  se  le  acusó  de  acaudillar  una  revolución 
de  negros.  De  manera  que  no  puede  censu 
rarse  á  Bolívar  por  el  hecho  de  confirmar  la 
sentencia  del  consejo  de  guerra;  pero  la  his- 
toria no  le  disculpará  de  no  haber  empleado  la 
misma  severidad  con  otros  jefes,  menos  acree- 
dores á  su  clemencia. 


BOLÍVAR  i6o 

También  ordenó  la  prisión  de  Marino,  pero 
éste ,  trasladándose  á  Margarita,  obtuvo  clemen- 
cia por  mediación  de  sn  compañero  Bermudez. 

Pasaban  estas  cosas  en  el  campo  repu- 
blicano, cuando  Morillo,  atento  siempre  á 
la  campaña  «pie  intentar  pudiera  Bolívar,  situó 
el  grueso  de  sus  fuerzas  en  Calabozo,  inclu- 
yendo en  estas  las  que  el  brigadier  Canterac, 
que  acal  jaita  de  llegar  de  la  Península,  llevó 
consigo. 

Este  jefe  se  había  marchado  á  Panamá  con 
algunos  cuadros  de  caballería.  Propúsose  el 
jefe  realista  reforzar  ¡i  Calzada  en  Nutrias, 
para  que  cayera  sobre  Paez,  y  maniobrar  con 
La  Torre  contra  las  fuerzas  de  Zaraza.  Paez. 
al  saberlo,  se  retiró  á  Arauca,  pero  no  se  salvó 
Gedeño,  quién  fué  derrotado  por  La  Torre  en 
el  sitio  de  la  Hogaza  con  fuerzas  inferiores, 
quedando  en  pod<T  de]  vencedor,  artillería, 
armas,  caballos,  imprenta,  banderas,  equi- 
pajes y  más  de  mil  muertos  en  el  campo. 

Pero  Bolívar,  sacando  de  Angostura  las 
fuerzas  que  allí  le  quedaban  en  número  de 
2000  hombres,  se  reunió  con  Paez  á  fines  de 


166  BOLÍVAR 

Enero  de  1818.  El  ejército  republicano,  fuerte 
ya  de  3,500  hombres,  se  puso  en  marcha 
hacia  Calabozo,  donde  estaba  Morillo.  Al  llegar 
á  San  Fernando,  no  se  detuvo,  porque  Paez  y 
Aramendi  con  50  hombres  lograron  tomar  al 
abordaje  las  embarcaciones  enemigas  situadas 
al  otro  lado  del  río,  y  en  ellas  pasó  el  ejército. 
Presentóse  Bolívar  frente  á  Calabozo  <d 
12  de  Febrero.  La  marcha  había  sido  tan 
rápida  que  Morillo  no  tuvo  de  ella  noticia  anti- 
cipada, y  fué  sorprendido  y  su  caballería  des- 
truida ;  pero  no  sucedió  lo  mismo  con  las 
infanterías,  porque  estas,  sea  por  errores  en 
los  movimientos  de  las  tropas  de  Bolívar,  ó 
por  otro  motivo,  lograron  salir  de  la  plaza  y 
dirigirse  por  Villa  de  Cura  á  Valencia,  después 
de  haber  rechazado  en  el  Sombrero  al  ejército 
libertador.  Debióse  este  fracaso  á  la  diversidad 
de  criterio  entre  los  generales  Bolívar  y  Paez 
en  punto  á  las  operaciones  que  preferente- 
mente debieran  hacerse.  El  hecho  es  que 
Morillo,  con  fuerzas  inferiores,  se  retiró  ileso, 
y  que  Paez  fué  enviado  por  Bolívnr  á  Barinas 
con  sus  jinetes,  llevando  el  nombramiento  de 


BOLÍVAR  167 

comandante  general  de  aquella  provincia  para 
libertarla,  luego  que  hubiera  logrado  la  ren- 
dición de  San  Fernando,  motivo  este  ostensible 
de  sn  separación  del  ejército  en  aquellos 
momentos. 

Bolívar  dejó  á  Cedeño  obrando  con  algunas 
fuerzas  en  los  llanos  de  Calabozo  y  emprendió 
sn  marcha  sobre  Caracas,  «pie  era  el  secreto 
deseo  de  sn  corazón,  no  siempre  el  más  acei- 
tado en  achaques  *h'  guerra.  Muy  perjudicial  le 
í'uó  csc  empeño  en  Ocumare  y  en  Clarines,  y 
más  perjudicial  habría  de  serle  aún. 

No  digamos  que  la  Junta  de  generales  que 
Bolívar  convocó  antes  de  la  marcha  así  lo 
dispuso,  pues  en  esa  Junta  pocos  fueron  los 
caracteres  independientes  que  contrariasen  el 
deseo  de  Bolívar,  entre  ellos,  su  más  leal  amigo 
y  compañero  general  Urdaneta,  quién  opinó 
por  la  ocupación  preferente  de  San  Fernando. 
Barinas  y  Casanare. 

Emprendió  pues  Bolívar  una  aventurad.) 
campaña,  porque  iba  á  colocarse  entre  dos 
fuerzas  enemigas  considerables,  Morillo  en  Va- 
lencia, v  La  Torre  en  Caracas.  Y  va  estaba  en 


168  BOLÍVAR 

el  pueblo  del  Consejo,  en  seguimiento  del  úl- 
timo, cuando  supo  que  Morillo  habia  sorpren- 
dido sus  fuerzas  en  la  Cabrera,  y  avanzaba. 
Esto  le  obligó  á  emprender  precipitadamente 
la  retirada  bácia  Villa  de  Cura  y  Bocacbica ,  pero 
Morillo  les  alcanzó  y  les  dio  batalla,  con  buen 
resultado  al  principio  para  la  causa  de  los  pa- 
triotas, pero  con  gran  desastre  al  fin,  porque 
la  derrota  fué  completa.  Ni  se  salvaron  si- 
quiera los  papeles  de  Bolívar.  Urdaneta,  To- 
rres, Valdés  y  otros  jefes  fueron  heridos ;  pero 
también  Morillo,  por  lo  cual  fué  trasportado  á 
Valencia. 

Retiróse  Bolívar  al  Rastro,  y  allí  rehizo  el 
ejército.  En  su  auxilio  vinieron  diferentes  fuer- 
zas, entre  ellas  las  de  Paez,  que  para  aquella 
fecha  había  ocupado  la  plaza  de  San  Fernando. 
Tenía  para  el  20  de  Marzo  2,800  hombres. 
Buscóle  La  Torre  que  había  reemplazado  en  el 
mando  á  Morillo,  pero  no  juzgó  conveniente 
atacarlo,  por  tener  pocos  jinetes.  Los  patriotas 
le  alcanzaron  el  26,  y  le  apagaron  los  fuegos, 
pero  el  combate  quedó  indeciso,  y  La  Torre 
se  retiró  hacia  Valencia. 


BOLÍVAR  10'.) 

Pensó  entonces  Bolívar  en  el  antiguo  plan 
que  Paez  y  Urdaneta  le  aconsejaran,  y  envió 
al  primero  al  Pao,  y  á  Monagas  á  Barcelona. 
Estableció  después  sn  cuartel  general  en  Rin- 
cón de  los  Toros,  cerca  de  San  José  de  los  Tiz- 
nados. Cedeño  se  adelantó  con  sus  fuerzas 
hacia  el  Pao,  y  Bolívar  quedó  solo  con  300  in- 
fantes y  700  jinetes. 

Al  siguiente  día  en  la  uoche,se  salvó  milagro- 
samente, porque  habiendo  sabido  López  por 
un  desertor  republicano  donde  dormía  Bolívar, 
y  hasta  el  santo  y  seña  de  la  división,  envié) 
al  capitán  Renovales  con  8  hombres  compe- 
tentes, para  que  se  introdujeran  en  el  campo 
republicano,  vio  asesinaran. 

En  efecto,  penetró  Renovales  en  el  campa- 
mento, logrando  engañar  al  coronel  Santan- 
der, (pie  era  sub-jefe  de  Estado  Mayor;  yá  las 
cuatro  de  la  mañana  le  hizo  creer  que  venía  de 
practicar  un  reconocimiento  en  el  campo  ene- 
migo por  orden  del  ¡efe  supremo,  y  que  estaba 
en  el  deber  de  darle  cuenta  de  su  comisión. 
Santander,  que  debía  avisarle  que  todo  estaba 
preparado  para  la  marcha,  acompañó  á  Reno- 


170  BOLÍVAR 

vales,  y  le  señaló  la  hamaca  en  que  debía 
dormir  Bolívar.  Al  Ajeria,  disparó  Renovales 
sus  armas  á  quema-ropa,  y  se  retiró  creyendo 
que,  efectivamente,  había  dado  muerte  á  Bolí- 
var. Pero  sucedió  que  éste  acabada  de  levan- 
tarse y  dispuesto  para  la  marcha,  tenía  ya 
el  pié  en  el  estribo  de  su  cabalgadura,  cuando 
sonaron  los  tiros. 

El  pánico  que  siguió  á  esto  fué  espantoso;  y 
al  amanecer,  aquella  tropa  desmoralizada  por 
el  suceso  que  acababa  de  ocurrir,  fué  fácil- 
mente batida  por  López.  Los  dispersos  se  reu- 
nieron con  Bolívar  en  Calabozo ,  á  donde 
llegó  también  Cedeíío  con  parte  de  sus  fuerzas. 
De  allí  siguió  Bolívar  á  San  Fernando. 

Paez  que  había  tenido  la  fortuna  de  apode- 
rarse de  San  ( darlos,  midió  sus  armas  con  La 
Torre,  en  las  llanuras  de  Cogedes,  y  fué  de- 
rrotado, retirándose  al  Apure.  En  San  Pei- 
nando estaba  con  Bolívar,  cuando  se  les  pre- 
sentó Cedeño,  derrotado  por  Morales,  que  con 
las  fuerzas  de  López  ocupó  á  Calabozo  dándole 
alcance  el  20  de  Mayo  cerca  de  la  Laguna 
de  los  Patos.   La  caballería  de   Cedeño  huyó 


BOLÍVAH  171 

vergonzosamente,  y  los  infantes,  en  número  «le 
250,  fueron  todos  degollados.  Paez,  con  sólo 
su  guardia  de  honor,  contuvo  á  Morales  e]  28 
del  mismo  mes  en  el  Guayabal,  matándole 
200  hombres,  y  obligándole  á  retirarse  hacia 
el  Sombrero. 

Bolívar  consideró  perdida  la  campaña  de 
aquel  año,  después  de  tantos  desastres,  y  de- 
jando á  Paez  la  defensa  de  Apure,  marchóse 
con  Cedeño,  Soublette,  Santander  y  otros  á 
Angostura,  con  el  íiu  de  sacar  nuevos  recur- 
sos de  las  provincias  de  Oriente.  No  podían 
estas  darlos  muy  abundantes.  Cierto  que  Mar- 
garita estaba  en  paz  en  poder  de  los  republica- 
nos, pero  la  capital  de  Barcelona  permanecía 
en  manos  de  los  realistas,  y  Cumaná  estaba 
completamente  perdida. 

A  pesar  de  esto  Bolívar  vigorizó  cuanto 
pudo  con    sus   disposiciones  el   estado    de    las 

cosas,  secundado  por  Bermudez  y  Urdaneta, 
y  obtuvo  que  Marino  cooperara  al  plan  co- 
mún, dando  tregua  á  sus  habituales  rencillas. 

Ell   tal  estado,  se  le  presentó  Brión,  con   un 

parque   de  ocho  mil   fusiles,   pertrechos,   mi 


172  BOLÍVAR 

tren   de  artillería  y  otros  efectos  de  guerra. 
Este  auxilio  no  podía  ser  más  oportuno. 

La  fortuna  comenzaba  á  sonreír,  cuando  llegó 
al  cuartel  general  la  infausta  nueva  de  que 
las  tropas  de  Apure  habían  desconocido  la  au- 
toridad de  Bolívar,  y  nombrado  á  Paez  jefe 
del  ejército  y  Director  supremo  del  país. 

Fué  autor  principal  de  éste  motín  el  inglés 
Wilson,  que  como  otros  extranjeros  había  ido 
á  Venezuela  á  correr  aventuras.  Paez  desa- 
probó lo  hecho,  y  ordenó  á  Wilson  que  se 
presentara  en  Angostura  ante  Bolívar  para  ex- 
plicar su  conducta.  Este  no  hizo  más  que 
reprenderlo  y  expulsarlo  del  país. 

De  Casanare  pidieron  á  Bolívar  un  jefe  que 
regularizara  las  operaciones.  En  el  acto  des- 
pachó  con  armas  y  municiones  como  jefe  de 
operaciones  al  general  Santander  con  Lara  y 
otros  beneméritos  patriotas. 

Entre  tanto  Marino  perdió  una  división  de 
1500  hombres  que  ya  tenía  organizados  en 
Maturín,  y  hubo  de  refugiarse  con  unos  pocos 
en  Santa  María.  Bolívar,  que  había  salido  de 


BOLÍVAR  173 

Angostura  para  reunírsele,  tuvo  que  regresar 
profundamente  afligido. 

¡  Con  estos  campeones  tenía  que  contar  para 
llevar  á  cabo  la  independencia  de  su  patria  ! . . . 
Sólo  su  perseverancia  y  su  carácter  habrían 
podido  triunfar. 


X 


Bolívar  salió  de  Guayaría  hacia  Apure  con  el 
propósito  de  combatir  á  Morillo,  y  se  reunió 
con  Paez  en  San  Juan  de  Payara  el  16  de 
Enero  de  1819.  En  este  día  pasó  revista  al 
ejército  patriota,  fuerte  ya  de  4,000  hombres, 
de  los  cuales  la  mitad  eran  infantes.  Si  Paez 
había  tomado  alguna  parte  en  el  motín  que  le 
proclamó  Jefe  supremo,  Bolívar  que  carecía 
de  medios  para  reducirlo  por  la  fuerza,  le 
redujo  por  la  persuasión.  Es  el  hecho  que  la 
entrevista  fué  cordial  y  que  Bolívar  dio  á  su 
rival,  como  gaje  de  amistad  y  premio  de  sus 


BOLÍVAR  17o 

[tasados  servicios,  el  grado  de  General  de 
división. 

Morillo  y  La  Torre  reunidos  en  San  Fer- 
nando con  un  ejército  de  6,500  hombres,  la 
mayor  parte  de  excelente  infantería,  empren- 
dieron su  marcha  contra  los  patriotas  al  co- 
menzar el  mes  de  Febrero.  No  era  fácil  em- 
presa para  estos  medir  sus  fuerzas  con  las 
contrarias  en  aquel  punto,  ni  era  prudente 
comprometer  un  lance  sin  las  seguridades  del 
buen  éxito,  por  lo  cual  emprendió  Paez  la  reti- 
rada, hasta  pasar  el  Arauca,  limitándose  á 
dejar  á  retaguardia  algunos  cuerpos  ligeros 
que  inquietaran  al  enemigo. 

Pasaron  también  los  realistas  el  Arauca  en 
seguimiento  de  Paez,  y  éste  continuó  su  retirada 
hasta  el  Orinoco,  buscando  de  este  modo  que 
el  ejército  expedicionario  le  atacara  con  sus 
fuerzas  de  caballería,  ó  se  fatigara  con  tantas 
marchas  inútiles.  Y  esto  fué  lo  que  al  fin  suce- 
dió, pues  Morillo  decidió  repasar  el  Arauca,  y 
situó  á  principios  de  Marzo  su  cuartel  general 
en  Achaguas. 

Bolívar  instaló  en  Guavana  el  lo  de  Febrero 


176  BOLÍVAR 

un  Congreso,  y  depuso  en  sus  manos  la  auto- 
ridad suprema  que  ejercía.  Dicho  cuerpo 
dictó  una  Constitución  para  la  República. 

No  nos  detengamos  á  explicar  las  bases  del 
nuevo  pacto  social,  que  fué  calcado  sobre  el  de 
1811.  La  reunión  de  aquel  Congreso,  al  cual 
sólo  concurrieron  los  Diputados  de  las  provin- 
cias Orientales,  que  ya  estaban  redimidas,  fué 
dispuesta  por  Bolívar  para  dar  cierta  impor- 
tancia á  la  revolución  venezolana,  haciéndola 
aparecer  ante  el  mundo,  y  particularmente 
ante  España  como  definitivamente  consoli- 
dada ;  pero  en  el  fondo  faltaba  la  basa  esencial 
de  un  Congreso,  las  elecciones  populares.  Los 
soldados  bajo  las  órdenes  de  sus  jefes  hicieron 
los  nombramientos.  Por  lo  demás,  este  Con- 
greso sólo  se  compuso  de  16  diputados,  algo 
más  que  el  de  Cariaco. 

Por  supuesto  que  el  primer  asunto  en  que 
debía  ocuparse  aquella  corporación,  era  la 
renuncia  de  Bolívar,  la  cual  no  fué  aceptada. 
El  Congreso  decretó  en  consecuencia  que  aquel 
desempeñara  interinamente  la  Presidencia  de 
la   República ,   y  nombró  Yice-Presidente    á 


BOLÍVAR  177 

Zea.  Bolívar  se  negó  al  principio  á  aceptar  el 
cargo,  pero  al  fin  ofreció  desempeñarlo,  y 
organizó  el  26  de  Febrero  su  ministerio  com- 
puesto del  Dr.  Manuel  Palacios  para  la  Ha- 
cienda, del  coronel  Pedro  Briceño  Méndez  para 
Guerra  y  Marina,  y  el  licenciado  D.  B.  Urba- 
neja  para  interior  y  Justicia. 

Dicho  está  que  Bolívar  no  tuvo  el  pensa- 
miento de  retirarse  del  mando  ni  con  su  renun- 
cia ni  con  su  negativa  á  aceptar  la  Presiden- 
cia .  Harto  sabía  él  que  su  autoridad  era  nece- 
saria, pero  conveníale  demostrar  respeto  á  la 
autoridad  del  Congreso. 

Allanada  esta  dificultad  comenzó,  pues,  sus 
preparativos  para  la  próxima  campaña.  La 
legión  (pie  llegó  de  Inglaterra  fué  confiada  á 
Manrique,  con  órdenes  de  reunirse  á  Paez  en 
Apure.  Urdaneta  pasó  á  Margarita  á  recibir 
otros  dos  cuerpos  extranjeros  llegados  á  la 
Isla,  al  mando  de  English  y  Uzlar.  Con  ellos  y 
otros  auxilios  que  se  le  facilitarían  allí,  debía 
Urdaneta  desembarcar  en  las  costas  de  Cara- 
cas y  ocupar  la  Capital.  Marino  y  Bermudez 
impedirían  en  Oriente  la  marcha  del  enemigo. 

12 


178  BOLÍVAR 

Bolívar  prosiguió  también  el  viaje  á  Apure, 
y  el  17  de  Marzo  estuvo  en  Cunaviche.  Para 
esa  fecha  las  fuerzas  republicanas  habían  su- 
frido un  pequeño  descalabro,  pero  las  de 
Morillo  no  estaban  mejor  libradas,  pues  el  clima 
y  las  continuas  escaramuzas  con  los  cuerpos 
francos  de  Paez,  las  habían  mermado  conside- 
rablemente. 

Al  fin,  debían  encontrarse  ambos  ejércitos, 
y  así  fué  para  bien  de  la  patria ;  pues  el  pri- 
mero de  Abril,  avanzando  Morillo  por  la 
izquierda  del  Arauca  hacia  las  posiciones  que 
ocupaba  Bolívar,  logró  Paez  con  estrategia 
provocarlo  al  combate  con  sólo  un  cuerpo  de 
150  jinetes  :  con  ellos  atravesó  el  río  y  avanzó 
sobre  el  enemigo. 

Lanza  éste  toda  su  fuerza  contra  tan  débil 
adversario;  retírase  Paez  fingiéndose  derro- 
tado, y  cuando  la  caballería  realista  compuesta 
de  1200  hombres  que  le  seguían  se  alejó  del 
resto  del  ejército,  volviendo  cara  los  patriotas, 
acometen  y  destrozan  á  sus  contrarios.  Paez 
los  arrolló  y  acuchilló  sin  misericordia,  hasta 
llegar  á  las  filas  enemigas.  La  infantería  de 


BOLiVAU  179 

Morillo  se  refugió  desordenadamente  en  el  bos- 
que, y  la  noche  vino  á  salvarla.  Allí  dejaron 
los  realistas  400  muertos. 

Tal  fué  la  batalla  de  las  Queseras  del  Medio, 
una  de  las  más  heroicas  en  la  vida  militar  de 
Paez.  Fué  esta  brillante  acción  la  única  que 
por  aquel  tiempo  tuvo  lugar  en  Apure,  pues 
estando  muy  próxima  la  época  de  las  lluvias r 
juzgó  prudente  el  jefe  realista  dirigirse  á  Cala- 
bozo, dejando  guarnecida  y  fortalecida  la  plaza 
de  San  Fernando,  y  envió  también  varios 
cuerpos  á  la  provincia  de  Barí  ñas. 

Bolívar  había  pensado  también  dirigirse  á 
Bacinas  y  ya  estaba  en  marcha  con  el  ejército, 
cuando  recibió  en  Cañaí'ístolo  el  comisionado 
que  Santander  le  enviaba  con  excelentes  noticias 
de  Casanare.  Allí  había  logrado  tan  distinguido 
granadino  establecer  el  orden,  y  uniformarla 
opinión  en  favor  de  la  independencia  y  déla 
autoridad  de  Bolívar.  Además  había  puesto  en 
pié  de  guerra  un  ejército  que  no  era  para 
despreciado. 

Bolívar  cambio  entonces  de  propósito,  y  con 
acuerdo  de  una  Junta  de  guerra  que  fué  con- 


180  BOLÍVAR 

vocada  en  el  acto,  decidió  emprender  la  cam- 
paña sobre  Nueva  Granada.  En  consecuencia, 
dictáronse  todas  las  disposiciones  del  caso,  y 
dejando  á  Paez  en  Apure  para  hacer  frente  al 
enemigo,  emprendió  la  marcha  á  Guasdualito 
y  pasó  el  Arauca  con  los  batallones  Rifles, 
Bravos  de  Paez,  Barcelona  y  Albión,  el  regi- 
miento de  caballería  Guías  de  Apure  y  tres 
escuadrones  de  lanceros  y  carabineros. 

Esta  fuerza,  junto  con  la  división  de  Anzoa- 
tegui,  reunida  al  ejército  el  23  de  Junio  en 
Pore,  llegó  al  número  de  2400  hombres  ;  pero 
no  todos  iban  á  ser  útiles,  porque  las  lluvias, 
la  crecida  de  los  ríos,  el  frío  de  las  cordille- 
ras, la  fragosidad  de  las  tierras,  todo  debía  ser 
parte  para  mermar  aquel  ejército  en  una 
marcha  tan  larga  como  laboriosa.  Al  fin  llegó 
el  6  de  Julio  á  Socha,  pero  en  lastimoso  estado. 

Allí  pasó  Bolívar  tres  días,  reorganizando  y 
equipando  las  tropas,  y  aún  intentó,  bien  que 
sin  fruto,  un  ataque  contra  las  fuerzas  realistas 
al  mando  de  Barreiro  que  ocupaban  la  posición 
de  Gámeza.  Obligado  Bolívar  á  no  perder 
tiempo  en  sus  operaciones  para  impedir  los 


BOLÍVAR  181 

auxilios  que  Morillo  pudiera  enviar  al  conocer 
su  movimiento,  se  dirigió  por  una  marcha  de 
flanco  al  valle  de  Zerinza.  Al  saberlo  Barreiro, 
abandonó  sus  posiciones  para  cubrir  á  Tunja  y 
Bogotá,  situándose  en  los  molinos  de  Bonza. 
Allí  le  buscó  Bolívar,  y  viendo  que  no  salía  de 
sus  posiciones,  le  atacó  el  2o  de  Julio  por 
retaguardia,  obligándole  á  combatir,  aunque 
en  sitio  desfavorable  á  los  tropas  republicanas, 
en  la  hondonada  llamada  Pantano  de  Vargas. 
Trabóse  la  lucha,  y  habría  sido  funesta  para 
los  patriotas,  si  en  el  momento  en  que  sus 
infantes  se  hallaban  envueltos  por  todas  partes 
y  sin  poder  tomar  de  frente  las  posiciones 
enemigas,  la  caballería  de  los  patriotas  no 
hubiera  atacado  ambos  flancos  del  ejército 
realista,  desalojándolo  de  las  alturas  y  facili- 
tando así  la  derrota.  No  fué  ésta  completa 
porque  sobrevino  la  noche,  pero  Barreiro 
de¡<»  ni  el  campo  500  hombres  entre  muertos 
y  heridos,  muchos  prisioneros  y  elementos  de 
guerra . 

Bolívar  les  persiguió  en  la  derrota  y  volvió 
á   atacarles  el  3  de  Agosto,  quitándoles   sus 


182  BOLÍVAR 

posiciones.  El  4  permanecieron  ambas  fuerzas 
estacionarias,  pero  en  la  tarde  de  dicho  día, 
contramarchó  Bolívar,  haciendo  creer  á  Ba- 
rreiro  que  volvía  á  sus  posiciones  de  Bonza , 
pero  en  vez  de  esto,  se  dirigió  por  el  camino  de 
Toa  á  la  ciudad  de  Tunja,  dejando  á  retaguar- 
dia el  ejército  realista.  El  5  ocupó  á  Tunja  apo- 
derándose de  la  guarnición  y  del  parque,  y 
aumentando  sus  fuerzas. 

Era  grande  el  entusiasmo  de  los  granadinos, 
y  todos  acudían  voluntariamente  á  alistarse 
en  las  filas  patriotas. 

Barreiro  siguió  las  huellas  de  Bolívar,  y  al 
acercarse  á  Tunja,  decidido  á  esquivar  el  com- 
bate, porque  tenía  el  plan  de  acudir  en  auxilio 
del  Yirey  de  Bogotá,  tomó  el  camino  que 
para  dicha  ciudad  guía  por  el  puente  de  Boyacá . 

Bolívar  que  merced  á  su  bien  organizado 
espionaje  conocía  anticipadamente  el  plan  de 
Barreiro,  apenas  supo  que  había  tomado  aquella 
dirección,  corrió  en  seguimiento  suyo,  y  encon- 
trándole en  el  puente  de  Boyacá,  dio  una  de 
las  batallas  más  memorables  de  la  guerra  de 
la  Independencia,  en  la  cual  quedó  destruido 


BOLÍVAR  183 

para  siempre  el  poder  español  en  Nueva  Gra- 
nada. Hagamos  una  ligera  descripción  de  tan 
brillante  suceso. 

Ascendía  el  ejército  de  Barreiro  á  3,000 
hombres;  el  de  Bolíyar  apenas  contaba  dos 
mil.  El  combate  comenzó  á  las  dos  de  la  tarde 
entre  las  respectivas  descubiertas,  en  las  inme- 
diaciones del  puente  de  Boyacá;  cada  fuerza 
buscó  sin  embargo  sus  posiciones  antes  de 
declararse  en  formal  batalla.  Las  columnas 
principales  de  Harreiro  se  situaron  en  una 
altura  con  una  batería  de  artillería  en  el  centro 
y  dos  cuerpos  de  caballería  á  los  costados. 
Tenían  además  en  la  cañada  que  mediaba 
entre  ambas  alturas,  un  batallón. 

El  ejército  patriota  marchó  sobre  el  ene- 
migo en  línea  de  batalla.  Anzoategui  desalojó 
de  la  cañada  el  batallón  realista  ;  el  combate 
se  hizo  general,  las  columnas  realistas  per- 
dieron las  alturas  y  no  pudieron  recuperarlas  ; 
sus  granaderos  de  á  caballo  emprendieron  la 
fuga  ;  simultáneamente  la  vanguardia  de  Ba- 
rreiro  fué  derrotada  por  el  ala  izquierda  del 
ejército  republicano.  No  había  retirada  posible. 


184  BOLÍVAR 

El  ejército  realista  se  rindió  á  discreción,  que- 
dando en  poder  del  vencedor  sus  jefes,  casi 
todos  los  oficiales,  1600  soldados,  todo  el 
armamento,  municiones,  artillería  y  caballos. 
Sólo  se  salvaron  unos  50  hombres  que  huyeron 
al  principio  de  la  batalla. 

El  Virey  Sámano,  al  saber  el  día  nueve  lo 
ocurrido  en  Boyacá,  se  puso  en  fuga,  dejando 
en  Bogotá  un  millón  de  duros  y  cuanto  allí 
había,  y  con  algunos  empleados  principales  y 
su  guardia  se  dirigió  velozmente  á  Honda. 
Calzada,  que  había  sido  enviado  allí  por  Mo- 
rillo, se  retiró  á  Quito  con  400  hombres. 

Bolívar  hizo  su  entrada  triunfal  en  Bogotá 
el  10  de  Agosto  á  las  cinco  de  la  tarde,  en 
medio  de  las  aclamaciones  populares  más 
entusiastas,  pero  no  se  embriagó  con  tan 
gloriosa  victoria  ;  antes  bien,  consagrándose  á 
aprovecharla,  destinó  varias  fuerzas  á  Po- 
payán  para  combatir  á  La  Torre,  otras  á  Pam- 
plona con  Soublette  ;  y  envió  á  Guayana  fuer- 
tes sumas  en  dinero  para  auxiliar  á  los 
patriotas  de  aquella  región,  y  en  fin,  organizó 
el  país  granadino  en  sus  diversos  ramos  adini- 


BOLIVAK  iHV> 

nistrativos.  Una  gran  Asamblea  popular  le 
aclamó  Libertador  de  la  Nueva  Granada. 

Nombró  Bolívar  á  Santander  Yice-Presi- 
dente  de  la  República,  y  marchó  hacia  el 
Norte  con  fuerzas  considerables.  El  20  de  Se- 
tiembre ya  estaba  en  Puerto  Real,  al  día 
siguiente  en  camino  para  el  Socorro,  y  de  allí 
á  Guayana. 

Digamos,  pues,  lo  que  había  ocurrido  en  el 
Oriente  de  Venezuela  desde  la  ausencia  de 
Bolívar.  Urdaneta  había  salido  para  Margarita 
á  encargarse  del  mando  de  las  legiones  extran- 
jeras, que  en  realidad  no  constituían  por  el 
número  ni  por  la  calidad  un  auxilio  valioso. 
Antes  al  contrario  formadas  imprudente- 
mente en  Europa,  habíanse  hecho  ofertas  á  los 
alistados,  que  la  República  no  podía  cumplir, 
y  de  ahí  los  disgustos  de  muchos  al  llegar  á 
Margarita.  Si  á  esto  se  agrega  que  el  general 
Arismendi  se  oponía  á  dar  á  Urdaneta  el  con- 
tingente de  500  hombres  que  Bolívar  había 
ordenado,  se  comprenderá  que  le  fué  forzoso 
á  aquel  jefe  el  retardar  la  campaña  sobre  las 
provincias  de  Barcelona   y  Cumaná   que  Bo- 


186  BOLÍVAR 

lívar  le  encomendó  á  su  salida  para  la  Nueva 
Granada.  Ni  paró  en  esto,  porque  Urdaneta, 
decidido  á  hacerse  respetar,  tomó  en  serio  el 
asunto,  y  harto  ya  de  subterfugios  y  de  ame- 
nazas hizo  presos  en  un  buque  de  guerra  á 
los  sediciosos,  y  el  mismo  Arismendi  fué  preso 
después  y  remitido  á  Angostura  para  ser 
juzgado. 

Al  fin  salió  Urdaneta  para  Barcelona  con 
1 ,  200  ingleses  y  la  escuadrilla  ;  pero  care- 
ciendo de  caballería,  y  hallándose  casi  todos 
los  pueblos  de  la  provincia  ocupados  por 
realistas,  difícil  si  no  imposible  habría  de  serle 
el  comunicarse  con  Bermudez.  Si  á  esto  se 
agrega  que  las  tropas  inglesas  disgustadas,  y 
en  su  mayor  parte  ebrias,  habían  comenzado  á 
desertarse,  se  caerá  en  la  razón  de  haberse 
frustrado  la  expedición  de  Urdaneta. 

Reembarcóse  este  jefe  para  Cumaná  el  pri- 
mero de  Agosto,  y  después  de  un  imprudente 
y  desfavorable  ataque  contra  la  plaza  se  dirigió 
á  Maturín,  donde  entregó  el  mando  de  sus 
fuerzas  á  Marino  en  cumplimiento  de  una. 
orden  del  Gobierno  de  Guayana. 


BOLÍVAR  187 

Hemos  dicho  ya  que  Bolívar,  después  de 
haber  libertado  la  Nueva  Granada,  se  puso  en 
marcha  para  Guayana.  Antes  de  llegar  á  An- 
gostura, circularon  sus  enemigos  la  noticia 
de  que  venía  derrotado  por  Barreiro,  solo  y 
fugitivo.  El  Congreso  estaba  reunido  todavía. 
Varios  diputados  partidarios  de  Marino  y 
Arismendi  pretendieron  que  se  juzgara  á  Bolí- 
var por  desertor,  fundándose  en  que  había 
emprendido  sin  permiso  de  aquel  Cuerpo,  la 
campaña  de  la  Nueva  Granada.  Tal  proyecto 
no  era  sino  el  pretexto  de  una  conjuración  que 
debía  efectuarse  más  tarde  en  el  seno  del 
Congreso  para  obtener  la  renuncia  del  Vice- 
presidente Zea,  su  reemplazo  con  Arismendi 
que  estaba  preso,  y  la  proclamación  de  Ma- 
rino como  general  en  jefe  del  ejército  de 
<  oriente. 

Á  los  conspiradores  se  les  logró  el  deseo  á 
pesar  de  los  esfuerzos  de  Urbaneja,  ministro 
de  lo  Interior  é  interino  de  la  Guerra,  ende- 
rezados á  disuadirles  de  llevar  á  término  tal 
proyecto.  Arismendi,  á  quién  se  libró  triunfal- 
mente  déla  prisión  para  llevarle  al  Congreso, 


188  BOLÍVAR 

se  hizo  cargo  de  la  Vice-Presidencia  de  la 
República . 

En  esto  presentóse  Bolívar  en  Guayana,  y 
en  vez  de  castigar  á  los  conspiradores  y  de 
restablecer  la  magestad  del  Congreso,  ultra- 
jada por  el  motín  del  14  de  Setiembre,  no 
reconvino  siquiera  á  sus  autores,  limitándose 
á  expresar  su  desprecio  personal  á  ciertos 
amigos  cpie  habían  tomado  parte  en  aquella 
trama. 

El  17  de  Diciembre,  á  petición  de  Bolívar, 
decretó  el  Congreso  la  reunión  de  las  provin- 
cias de  Venezuela  y  Nueva  Granada  en  una 
sola  República,  bajo  el  nombre  de  Colombia, 
dividida  ésta  en  tres  grandes  Departamentos, 
Venezuela,  Quito  y  Cundinamarca,  cuyas  capi- 
tales serían  Caracas,  Quito  y  Bogotá.  Se  dis- 
puso que  se  practicasen  en  1820  las  elecciones 
en  todo  el  país  para  el  Congreso  constituyente 
de  Colombia,  que  se  reuniría  el  primero  de 
Enero  de  1821  en  la  villa  del  Rosario  de 
Cúcuta . 

El  mismo  día  17  el  Congreso,  por  unani- 
midad, nombró  á  Bolívar  Presidente  de  Co- 


BOLÍVAR  189 

lombia  y  Viee-Presidente  á  Zea.  Santander  foé 
electo  para  la  Vice-Presidencia  de  Cundina- 

marca  y  Roscio  para  la  de  Venezuela.  Difirióse 
la  elección  de  Quito  hasta  que  las  tropas  repu- 
blicanas entraran  en  dicha  ciudad. 

Dos  sucesos,  á  cual  más  graves,  apesadum- 
braron en  aquellos  días  el  ánimo  de  Bolívar. 
Fué  uno  la  muerte  súbita  del  bizarro  general 
Anzoategui,  ocurrida  el  lo  de  Noviembre 
de  1819,  y  fué  otro  la  ejecución  de  Barreiro  y 
38  de  sus  oficiales  en  Bogotá,  por  orden  del 
Vice-Presidente  Santander :  acontecimiento  éste 
que  merece  execrarse,  y  que  se  ha  prestado 
siempre  á  la  crítica  «le  los  historiadores. 


XI 


La  constitución  de  Colombia  decretada  por 

el  Congreso  de  Angostura,  fué  reconocida  de 
buen  grado  en  Nueva  Granada  porque  el  Vice- 
presidente Santander,  amigo  leal  de  Bolívar, 
ejerció  toda  su  influencia  en  ese  sentido.  Para 
la  fecha  en  que  se  hizo  este  reconocimiento, 
12  de  Febrero  de  1820,  la  situación  de  las 
provincias  granadinas  era  satisfactoria.  Apenas 
quedaban  en  armas  en  favor  de  la  causa  rea- 
lista las  provincias  de  Cartagena,  Santa  Marta, 
Río  del  Hacha  y  Panamá. 

Los  enemigos  redoblaban  sin  embargo  los 


BOLÍVAR  i'M 

esfuerzos  por  todas  partes,  particularmente 
Aymerich,  Presidente  de  Quito. 

En  Venezuela  la  situación  podía  conside- 
rarse como  de  simple  espectativa.  El  ejército 
realista,  comprendiendo  las  divisiones  acan- 
tonadas en  Mérida  al  mando  de  La  Torre,  en 
Calabozo  bajo  las  órdenes  de  Morales,  en  las 
provincias  Centrales  y  Oriente,  ascendía  á  más 
de  12,000  hombres.  El  ejército  realista  espe- 
raba refuerzos  de  la  Península,  para  empren- 
der de  nuevo  una  campaña  decisiva. 

Por  su  parte,  á  los  patriotas  les  preocupaba 
grandemente  la  idea  de  conservar  la  con- 
quista de  la  Nueva  Granada,  y  los  sucesos  que 
habían  comenzado  á  ocurrir  allí. 

El  Virey,  aislado  en  Cartagena,  había  en- 
viado al  interior  una  expedición  al  mando  del 
coronel  Warleta. 

El  coronel  Colombiano  Obando  había  sido 
derrotado  en  Popayán  por  una  fuerza  realista. 
Tanto  este  desastre  como  los  males  que  aquella 
expedición  pudiera  hacer,  habían  sido  contra- 
restados  por  las  disposiciones  de  Bolívar  que 
ordenó  á  Cordova  diera  el  grito  de  insurrección 


192  BOLÍVAR 

en  las  llanuras  del  Corzal  y  en  la  ciudad  de 
Monpox,  y  á  Maza  batiera  las  fuerzas  sutiles 
que  la  asediaban,  en  tanto  que  las  tropas  del 
coronel  Carmona  ocupaban  á  Ocaña,  obli- 
gando á  Warleta  á  alejarse  de  muchas  leguas. 

Bolívar  quería  con  estas  disposiciones  dar 
pronto  auxilio  al  general  Mariano  Montilla,  á 
quién  había  encomendado  desde  Guyana  el 
ataque  contra  Cartagena.  Él  y  Montilla  estaban 
reñidos  hacía  tiempo,  pero  hallándose  éste  en 
Angostura  cuando  Bolívar  regresó  victorioso 
de  la  campaña  de  Nueva  Granada,  Montilla 
que  era  acendrado  patriota  y  cumplido  caba- 
llero, concurrió  con  los  demás  jefes  y  oficiales 
á  cumplimentarle.  Bolívar  agradeció  como 
debía  la  fina  demostración  de  Montilla,  y  sin 
rencor  contra  tan  benemérito  servidor,  le  es- 
trechó de  gozo  en  sus  brazos.  De  aquel  abrazo 
salió  la  orden  de  marchar  sobre  Cartagena. 

Pero  la  expedición  no  salió  de  Margarita 
1 1  asta  el  6  de  Marzo  en  la  escuadrilla  de  Brión, 
conduciendo  apenas  078  hombres,  irlandeses 
la  mayor  parte,  y  después  de  ocupar  á  Bío 
Hacha  el  13,  y  emprender  las  operaciones  que 


BOL  Í  YAK  193 

las  circunstancias  aconsejaban,  llegó  á  verse 
en  gran  peligro  por  la  sublevación  de  los  ir- 
landeses que  componían  su  tropa,  y  hacían  las 
más  extrañas  exigencias,  á  virtud  de  sus  con- 
tratas de  enganche,  y  en  momentos  en  que  le 
amenazaba  una  fuerza  realista  de  considera- 
ción al  mando  del  Coronel  Sánchez.  Montilla 
tuvo  á  pesar  de  ésto,  la  fortuna  de  derrotar  á 
su  enemigo  con  los  pocos  soldados  venezo- 
lanos que  tenía  en  aquel  cuerpo,  y  con  ellos 
invadió  la  provincia  de  Cartagena. 

Los  revoltosos  irlandeses  fueron  embarca- 
dos para  Jamaica,  no  sin  que  saquearan  antes 
é  incendiaran  la  población  de  Río  Hacha.  El 
hecho  es  que  Montilla,  después  de  enseño- 
rearse del  Magdalena  con  la  escuadrilla,  y  de 
aprovechar  cuantas  ocasiones  se  le  presenta- 
pan  de  consolidar  su  situación,  llegó  á  reunir 
en  Sabanilla  un  cuerpo  de  800  hombres,  y  se 
puso  en  comunicación  con  las  fuerzas  de  Gór- 
dova  y  otros  jefes  que,  por  orden  de  Bolívar, 
marchaban  en  su  auxilio.  Poco  después  em- 
prendió el  sitio  de  la  plaza  de  Cartagena. 

En  las  demás  provincias  granadinas  los  pa- 

13 


194  BOLÍVAR 

triotas  habían  obtenido  varios  triunfos  y  la 
causa  republicana  se  consolidaba  diariamente. 
Largo  tiempo  permaneció  inactivo  el  ejército 
realista  que  ocupaba  á  Venezuela,  y  la  guerra 
se  limitó  por  el  momento  á  escaramuzas  de 
poca  importancia  ;  los  diversos  cuerpos  pa- 
triotas conservaban  sus  respectivas  posiciones, 
impidiendo  así  los  auxilios  que  Morillo  pre- 
tendía enviar  á  Nueva  Granada. 

Bolívar  decidió  entonces  enviar  á  Europa, 
en  desempeño  de  importantes  comisiones,  á 
un  agente  oficial,  y  designó  á  Zea  para  dicho 
cargo.  El  Congreso  de  Guayana  le  dio  el  per- 
miso de  ausentarse,  nombrándole  para  reem- 
plazarle en  la  Vice-Presidencia  de  Colombia  al 
Doctor  Juan  Germán  Roscio,  que  fué  á  su 
turno  sustituido  por  Soublette,  mucho  más 
competente  en  la  dirección  de  la  guerra.  Zea 
se  embarcó  el  1 .°  de  Marzo. 

Los  auxilios  que  el  ejército  realista  aguar- 
daba de  la  Península,  no  llegaron  con  motivo 
de  la  revolución  política  que  ocurrió  en  España 
en  1820.  Las  Cortés  acordaron  ofrecer  á  los 
Americanos    una    amnistía    á   cambio  de    su 


BOLÍVAR  19o 

adhesión  á  la  Metrópoli.  La  revolución  liberal 
efectuada  en  España,  contribuyó  grandemente 
al  desenlace  de  la  guerra  en  Venezuela,  y  la 
nueva  Constitución  de  la  Monarquía,  procla- 
mada y  jurada  en  Caracas  en  Junio  de  aquel 
año,  fué  el  punto  de  partida  de  los  sucesos 
que  siguen. 

El  deseo  de  España  era  ya  irrealizable.  Ve- 
nezuela no  sólo  pretendía  constituirse  liberal- 
mente,  sino  que  deseaba  también  su  propia 
independencia.  Diez  años  de  lucha  no  podían 
borrarse  ya  de  la  historia,  para  dar  campo  á 
una  situación  que  presentaría  á  los  patriotas, 
seguros  entonces  de  su  triunfo,  como  some- 
tidos al  Gobierno  peninsular.  De  aquí  que  las 
primeras  sugestiones  de  Morillo  fueran  recha- 
zadas enérgicamente. 

Los  jefes  republicanos  á  quienes  propuso 
una  suspensión  de  hostilidades,  contestaron 
que  sus  operaciones  dependían  del  Gobierno. 
El  Congreso  de  Cuayaiía,  ante  el  cual  acreditó 
Morillo  dos  comisionados,  Cires  y  Duarte,  con- 
testó que  oiría  con  gusto  las  proposiciones  que 
hiciera  el  Gobierno  español,  siempre  que  tuvie- 


196  BOLÍVAR 

ran  por  base  el  reconocimiento  de  la  soberanía 
é  independencia  de  Colombia. 

Bolívar,  al  saber  que  dos  comisionados  s<> 
dirigían  con  idénticas  proposiciones  á  su  Cuar- 
tel General  en  San  Cristóbal,  contestó  el  20  de 
Agosto  por  medio  de  otros  dos  delegados,  Bri- 
ceño  Méndez  y  Urdaneta,  que  era  inadmisi- 
ble toda  propuesta  de  sometimiento  constitu- 
cional á  España ;  é  injuriosa  al  desinterés  y 
patriotismo  de  los  colombianos,  la  oferta  de 
conservarles  en  el  mando,  á  trueque  de  la  pér- 
dida de  la  independencia  de  su  patria. 

Las  proposiciones  de  Morillo,  seguidas  de 
un  rechazo  tan  enérgico  por  parte  de  los  pa- 
triotas, contribuyeron  á  mejorar  mucho  la 
situación  de  estos.  Los  que  tenían  fé  en  el 
triunfo,  se  confortaron  en  ella;  los  dudosos 
no  vacilaron  más  y  se  incorporaron  á  las  filas, 
y  hasta  los  indiferentes  creyendo  oportuno 
mostrar  su  adhesión  á  una  causa  que  llevaba 
trazas  de  triunfar,  la  ayudaron  con  sus  sim- 
patías. La  independencia  estaba    asegurada. 

Por  lo  que  toca  á  la  guerra,  los  triunfos  de  los 
patriotas  fueron  más  fáciles  desde  entonces,  y 


BOLÍVAR  197 

Bolívar  tuvo  ocasión  de  exhibir  desde  aquella 
época  las  dotes  de  gran  político,  como  exhi- 
biera antes  las  de  gran  guerrero.  En  conse- 
cuencia, escribió  á  Morillo  desde  San  Cristóbal 
en  21  de  Setiembre,  acogiendo  la  propuesta 
del  armisticio,  siempre  que  se  dieran  á  Colom- 
bia las  garantías  que  había  pedido,  y  ofre- 
ciendo situar  su  Cuartel  general  en  San  Fer- 
nando para  facilitar  las  comunicaciones,  sin 
que  por  esto  se  suspendieran  las  operaciones. 
Y  en  probanza  de  ello,  Bolívar  atacó  con  sus 
fuerzas  las  del  realista  Tello,  que  esquivó  el 
combate.  El  jefe  republicano  ocupó  á  Mérida 
el  Io  de  Octubre,  y  libertada  aquella  provin- 
cia, redimió  la  de  Trujillo  diez  y  siete  días 
más  tarde. 

Morillo  que,  por  motivos  personales,  quería 
regresar  á  España,  y  que  tal  vez  no  estaba  muy 
satisfecho  del  triunfo  liberal  en  su  propia  pa- 
tria, envió  inmediatamente  á  Bolívar  desde  su 
Cuartel  general  de  San  Carlos,  tres  comisarios 
para  tratar  del  armisticio,  los  cuales,  á  su 
paso  por  Calabozo,  recibirían  instrucciones  del 
general  La  Torre. 


198  BOLÍVAR 

Impaciente  Bolívar,  al  recibir  la  carta  de 
Morillo  de  20  de  Octubre  en  que  aceptaba  la 
propuesta  del  armisticio,  le  anunciaba  el  envío 
de  sus  comisarios,  y  bacía  votos  por  el  éxito 
de  la  negociación.  Escribió  de  nuevo  á  Morillo , 
enviándole  directamente  las  bases  del  arreglo. 
No  las  creyó  aceptables  el  jefe  realista,  pero 
eso  no  impidió  que  los  comisarios  siguieran 
su  viaje,  y  que  Bolívar  enviara  en  seguida  al 
campamento  del  jefe  realista  al  general  Sucre 
y  al  coronel  Plaza  con  el  encargo  de  liacer 
algunas  explicaciones  á  sus  comisarios. 

Entre  tanto,  Morillo  fijó  su  Cuartel  general 
en  Carache  y  sus  emisarios  llegaron  al  campa- 
mento de  Bolívar  el  19  de  Noviembre.  El  21 
comenzaron  las  conferencias  en  Trujillo  entre 
estos  y  los  comisarios  de  Bolívar  que  eran 
Sucre,  Briceño  Méndez  y  Pérez;  y  después  de 
varias  infructuosas,  se  llegó  por  fin  á  un 
acuerdo  el  2o  de  Noviembre,  firmándose  en 
ese  día  un  armisticio  que  duraría  seis  meses 
ó  más  si  fuere  preciso,  hasta  haber  obtenido 
un  tratado  de  paz.  En  este  documento  se  inser- 
taron las  demás  clausulas  acostumbradas  en 


BOLÍVAR  199 

esta  clase  de  exponsiones.  El  acto  de  Trujillo 
fué  ratificado  por  uno  y  otro  jefe. 

El  general  Morillo  manifestó  deseos  de  tener 
una  entrevista  con  el  general  Bolívar,  y  éste 
correspondió  atentamente,  poniéndose  en  mar- 
cha hacia  el  pueblo  de  Santa  Ana,  acompañado 
de  sus  edecanes  yde  algunos  jefes.  Morillo,  que 
llegó  al  mismo  punto  el  27  de  Noviembre,  envió 
cuatro  oficiales  de  alta  graduación  para  recibir 
á  Bolívar,  y  él  mismo,  con  su  séquito,  le  esperó 
á  la  entrada  del  pueblo. 

Al  encontrarse  ambos,  desmontáronse  de 
sus  cabalgaduras  para  estrecharse  con  efusión 
y  afecto.  La  Torre  se  inspiró  también  en  este 
ejemplo,  y  el  acto  fué  digno  de  la  raza  espa- 
ñola. Diríase  (pie  aquel  abrazo  espontáneo  y 
sincero  que  unió  en  un  banquete  á  los  dos  cau- 
dillos del  opuesto  bando,  era  precursor  del 
que  más  tarde  habrían  de  darse  España  y  Ve- 
nezuela cu  c|  Congreso  de  los  pueblos  cultos, 
cuando,  pota  la  valla  de  infundados  enojos. 
ambas  naciones  se  holgaran  de  sus  mutuas 
proezas  en  una  guerra  que  no  tuvo  vencedores 
ni   vencidos,  sino    españoles,    tiranizados   por 


200  BOLÍVAR 

el  poder  real,  que  permanecían  estacionarios, 
y  españoles  que  despertaban  con  los  primeros 
albores  de  la  libertad  americana. 

De  Santa  Ana  se  separaron  amigos  por 
siempre,  y  á  indicación  de  Morillo  convinieron 
en  levantar  allí  una  columna  que  perpetuara 
la  memoria  de  tan  feliz  suceso,  y  ambos  colo- 
caron la  primera  piedra,  abrazándose  de  nuevo 
durante  ese  acto. 

Al  amanecer  del  28  se  dividieron  las  dos 
comitivas,  con  vítores  á  Colombia  y  á  España 
en  una  despedida  amistosa,  tierna  y  galante, 
en  la  cual  quedaron  sepultados  los  tristes  re- 
cuerdos de  la  guerra  á  muerte 

Para  aquella  fecha  Santa  Marta  había  caido 
en  poder  de  los  patriotas  al  mando  del  bizarro 
coronel  Carreño  después  de  reñidos  combates, 
y  Montilla,  que  ocupaba  la  de  Río  Hacha,  se 
dirigía  de  nuevo  á  Cartagena  con  el  propósito 
de  reducirla  cuando  le  llegó  la  notificación  del 
armisticio,  y  paralizó  sus  operaciones. 

Morillo  se  embarcó  el  1 7  de  Diciembre  con 
rumbo  á  Cádiz,  haciendo  uso  de  una  licencia 
que  le  había  concedido  su  Gobierno.  Anhelaba 


BOLÍVAR  201 

estar  al  lado  de  su  compañera,  á  la  cual  so 
había  unido  por  poden1  durante  su  residencia 
en  Venezuela.  Al  retirarse  entregó  el  mando  á 
La  Torre,  y  fueron  inútiles  los  ruegos  de  las 
principales  autoridades  de  Caracas  y  otras  ciu- 
dades para  que  supendiera  su  embarque,  con 
el  fin  de  hacer  la  nueva  campaña  contra  Bo- 
lívar. 

Poco  tiempo  duró  el  armisticio,  porque  á 
fines  de  Enero  de  1820  ocurrió  un  pronuncia- 
miento en  Maracaibo  en  favor  de  su  indepen- 
da. Aquella  provincia  había  permanecido 
adicta  al  Gobierno  español  hasta  entonces;  por 
consiguiente,  al  proclamar  su  independencia 
estaba  en  su  derecho,  y  esto  no  constituía  una 
violación  del  armisticio.  Pero  sucedió  que  la 
trama  patriótica  urdida  y  llevada  á  cabo  por 
Briceño,  requería  el  concurso  directo  de  las 
tropas  naeionales  al  mando  de  Urdaneta  y 
acantonadas  en  Trujillo,  y  este  jefe,  por  órde- 
nes secretas,  según  parece,  de  Bolívar,  no  tuvo 
escrúpulo  en  apoyar  el  movimiento  violando 
el  armisticio. 

En  vano  protestó  La  Torre  y  pidió  que  las 


202  BOLÍVAK 

cosas  se  restablecieran  al  estado  que  tenían 
antes  de  aquel  suceso. 

Bolívar  no  accedió  á  esta  exigencia ,  y  para 
evitar  nuevas  complicaciones,  no  sólo  participó 
al  jefe  español  que  las  hostilidades  se  renova- 
rían en  el  término  de  cuarenta  días,  sino  que 
poco  después,  con  el  fin  de  conservar  en  su 
poderla  plaza  de  Maracaibo,  intimó  de  nuevo 
desde  Trujillo  la  continuación  de  la  guerra,  ó  el 
reconocimiento  de  la  independencia  de  Colom- 
bia, que  no  podía  ser  aceptado  por  La  Torre, 
sin  instrucciones  de  su  Gobierno,  y  menos  aún 
estando  pendientes  las  negociaciones  de  paz 
entre  los  comisarios  de  ambos  beligerantes. 

Si  el  éxito  de  la  campaña  que  Bolívar  se 
preparaba  á  emprender  hubiera  sido  funesto, 
la  historia  no  le  habría  atenuado  aquel  acto  en 
que  faltó  á  la  fé  pública,  solemnemente  empe- 
ñada; pero  como  la  independencia  de  Vene- 
zuela quedó  definitivamente  asegurada  en  aquel 
año,  dicho  está  que  estos  pormenores  no  son 
sino  meros  motivos  para  las  apreciaciones  de 
la  historia. 

La  Torre  aceptó  la  declaración  de  Bolívar, 


BOLÍVAR  203 

y  fijó  el  28  de  Abril  para  comenzar  las  hostili- 
dades. Sus  fuerzas  ascendían  en  esa  fecha  á 
10,400  hombres  de  todas  armas.  En  Calabozo 
tenía  el  realista  5000  soldados,  1900  en  Cara- 
cas y  Valles  del  Oriente;  1000  en  dimana,  y 
el  resto  en  disposición  de  movilizarlo  sobre 
San  Carlos  y  Aran  re. 

Las  tropas  republicanas  emprendieron  los 
siguientes  movimientos. 

Urdaneta  recibió  la  orden  de  pasar  con  sus 
fuerzas  de  infantería  á  Maracaibo,  y  de  orga- 
nizar allí  una  expedición  sobre  Coro.  Los  cuer- 
pos de  caballería  acantonados  en  Trnjillo  sa- 
lieron para  Barinas.  Bolívar  mismo  siguió  esa 
dirección,  y  de  allí  pasó  á  Achaguas  para  po- 
nerse de  acuerdo  con  Paez,  después  de  lo 
cual  regresó  a  Barinas.  Las  tropas  republica- 
nas acantonadas  en  Barcelona  recibieron  la 
orden  de  moverse  al  concluirse  el  armisticio 
con  dirección  á  Caracas.  Bermudez  debía 
marchar  sobre  esta  ciudad,  y  Zaraza  con  el 
auxilio  de  los  jinetes  al  mando  de  Monagas, 
hacer  la  guerra  en  tierras  de  Calabozo  y  Orituco. 

Aquel  emprendió  su  marcha  con  800  hom- 


204  BOLÍVAR 

bres,  y  á  tambor  batiente  ocupó  la  ciudad  de 
Caracas  el  14  de  Mayo,  y  más  luego  el  puerto 
de  la  Guaira.  En  ambas  plazas  reforzó  su 
división,  y  con  1 ,300  hombres  siguió  su  mar- 
cha á  los  valles  de  Aragua  en  persecución  de 
Correa,  que  abandonando  la  defensa  de  Cara- 
cas se  había  acantonado  en  el  caserío  del  Con- 
sejo. Allí  le  atacó  y  puso  en  fuga.  Siguió  Ber- 
mudez  la  victoria,  pero  supo  entonces  que 
Morales  venía  contra  él  y  retrocediendo  al 
Consejo,  aguardó  en  las  alturas  del  Limón  á 
Morales,  contra  el  cual  combatió  todo  el  día 
24;  pero,  escaso  de  municiones  tuvo  que  reti- 
rarse con  dirección  á  Caracas,  y  por  órde- 
nes del  general  Soublette,  director  de  la 
guerra  en  aquella  provincia,  continuó  su  reti- 
rada hacia  Guarenas  con  órdenes  de  acanto- 
narse en  la  altura  del  Rodeo. 

Consternado  La  Torre  al  saber  en  Araure  la 
ocupación  de  Caracas,  retrocedió  con  el  grueso 
de  sus  fuerzas  á  San  Carlos,  y  ordenando  desde 
allí  que  la  caballería  acantonada  en  Calabozo 
se  trasladase  al  Pao,  continuó  él  mismo  sumar- 
cha  hasta  Valencia. 


BOLÍVAR  20o 

Caracas  ocupada  por  Morales  á  consecuen- 
cia de  la  retirada  de  Bermudez,  quedó  «i 
cargo  del  realista  coronel  Pereira  por  haber 
ingresado  aquel  jefe  á  incorporarse  con  La 
Torre  en  Valencia. 

De  Pereira  no  podían  mofarse  impunemente 
los  republicanos,  y  si  bien  es  cierto  que  una 
columna  mandada  por  uno  de  sus  tenientes 
fué  destruida  por  las  fuerzas  de  Bermudez, 
combinadas  con  las  del  valeroso  coronel  Pa- 
rejo, también  lo  es  que  alentado  el  jefe  Orien- 
tal con  aquel  triunfo,  embistió  á  Caracas, 
donde  le  aguardaba  Pereira  en  posiciones 
sobre  el  Cerro  del  Calvario.  Trabóse  allí  la 
batalla,  y  el  resultado  fué  tan  funesto  para 
Bermudez,  que  de  sus  fuerzas  que  ascendían 
á  1500  nombres,  apenas  pudo  salvar  200  que 
despavoridos  huyeron  al  Bodeo.  Y  no  quedó 
en  esto  el  desquite,  sino  que  la  fuerza  realista 
derrotó  á  Padrón  en  la  Guaira,  y  persiguiendo 
á  los  patriotas  por  el  camino  de  Guarenas,  les 
hizo  correr  hasta  Ucbire. 

Pero  Bolívar,  reunido  ya  á  Paez  en  San  Carlos 
avanzaba  sobre  el  campo  de  Carabobo,  donde 


206  BOLÍVAR 

debía  conquistarse  la  independencia  de  Vene- 
zuela. Solemne  era  el  momento,  y  todo  presa- 
giaba un  grave  suceso. 

La  fuerza  realista  ascendía  á  6000  hombres. 
Las  de  Colombia  á  otro  tanto.  La  infantería 
española  era  excelente,  pero  el  ejército  carecía 
de  unidad,  porque  Morales,  hasta  cierto  punto 
mal  avenido  con  La  Torre  desde  que  éste 
quedó  como  sucesor  de  Morillo,  lejos  de  ser 
un  apoyo  con  su  caballería,  más  bien  era  un 
obstáculo,  y  acaso  una  traición. 

De  todos  modos  la  acción  era  ya  inminente 
porque  Bolívar  avanzaba  con  su  ejército  re- 
suelto á  librar  la  batalla  redentora.  El  24  de 
Junio  una  avanzada  patriota  al  mando  del  co- 
ronel Laurencio  Silva,  derrotó  completamente 
la  descubierta  enemiga.  Este  feliz  suceso  per- 
mitió al  ejército  republicano  penetrar  por  el 
desfiladero  al  campo  de  Carabobo  y  observar 
allí  la  fuerza  realista.  Componíase  aquel  de 
tres  grandes  divisiones  ;  la  primera  al  mando 
de  Paez,  constaba  de  los  batallones  Británico 
y  Apure  y  además  1500  jinetes.  La  segunda 
á  las  órdenes  de  Cedeño,  se  componía  de  los 


BOLÍVAR  207 

batallones  tiradores  Boyacá,  Vargas,  y  el 
escuadrón  Sagrado,  guiado  por  Aramendi. 
La  tercera  división  á  cargo  del  coronel  Am- 
brosio Plaza,  se  formaba  con  los  batallones 
Rifles  Granaderos,  vencedor  en  Boyacá,  An- 
zoategui  y  un  regimiento  de  caballería  á  las 
órdenes  del  Coronel  Rondón. 

Difícil  era  para  Bolívar  penetrar  de  frente, 
y  por  esto  ordenó  á  Paez  que  entrara  por  un 
atajo  que  guiaba  á  la  derecha  de  los  enemigos. 
Trataron  estos,  al  saberlo,  de  impedir  aquel 
paso  por  donde  no  aguardaban  el  ataque,  pero 
sin  éxito  alguno,  porque  Paez  pasó  cuando 
llegó  el  batallón  Británico  en  su  auxilio,  el  cual 
sostuvo  con  una  serenidad  inaudita  la  posición 
conquistada,  hasta  que  se  encontró  allí  la  pri- 
mera división  patriota,  y  las  fuerzas  españolas 
de  infantería  fueron  desalojadas  de  sus  puestos. 

Si  Morales  con  su  caballería  les  hubiera 
socorrido,  tal  vez  habrían  evitado  el  desastre, 
pero  sucedió  que  sus  jinetes  se  desbandaron, 
y  desde  aquel  momento  quedó  en  completo 
desorden  el  ejército  de  La  Torre. 

Los  patriotas  ocuparon  sin  resistencia  en- 


208  BOLÍVAR 

tónces  el  campo  de  Carabobo,  y  la  batalla  se 
hizo  general.  La  caballería  realista  quedó  casi 
toda  prisionera  ó  en  fuga.  Las  fuerzas  de  infan- 
tería perecieron  en  su  mayor  parte.  El  batallón 
Barbastro  se  rindió  á  Paez  y  el  de  Valencey 
replegó  hacia  Valencia  precipitadamente,  lo- 
grando con  dos  cuerpos  más  llegar  hasta  el 
pié  de  la  cordillera  de  Puerto-Cabello. 

Los  patriotas  tuvieron  pocos  muertos,  pero 
desgraciadamente  fueron  del  número  el  ge- 
neral Gedeño,  y  el  coronel  Ambrosio  Plaza, 
jefes  ambos  de  indomable  valor  y  de  un  pa- 
triotismo á  toda  prueba. 

Bolívar  ofreció  á  Paez  en  el  campo  de  ba- 
talla el  grado  de  general  en  jefe,  á  nombre  del 
Congreso  de  Colombia.  Esta  victoria  fué  deci- 
siva para  la  causa  de  la  independencia  de  la 
República. 

La  Torre  se  retiró  á  Puerto-Cabello  con  los 
restos  de  su  fuerza.  Bolívar  ocupó  á  Valencia , 
dejó  en  dicha  ciudad  el  ejército  á  cargo  de 
Marino,  y  se  puso  en  marcha  para  Caracas 
junto  con  Paez  y  algunas  fuerzas  con  el  fin  de 
atacará  Pereira,  á  quien  suponía  ocupando  la 


BOLÍVAR  209 

ciudad.  Este  jefe  tuvo  á  bien  no  esperarle,  sino 
trasladarse  preventivamente  á  la  Guaira  con 
el  fin  de  embarcarse  para  Puerto-Cabello. 
Faltáronle  los  buques,  y  en  consecuencia  tuvo 
que  rendirse  á  Bolívar,  quien,  atento  á  su 
buena  fé  y  demás  prendas  militares,  le  acordó 
una  generosa  capitulación  el  4  de  Julio. 

Aprovechó  el  Libertador  su  corta  residencia 
en  Caracas  para  concertar  con  el  Vice-Presi- 
dente  Soublette  varias  medidas,  tanto  en  el 
orden  político  como  en  el  militar  de  la  Repú- 
blica, y  regresó  á  Valencia  el  1.°  de  Agosto, 
con  el  propósito  de  seguir  á  la  Nueva  Granada, 
haciendo  escala  en  Maracaibo.  Entre  aquellas 
medidas  son  dignas  de  mencionarse  por  su  im- 
portancia el  decreto  que  restableció  en  Caracas 
la  capital  de  Venezuela,  y  otro  que  dividió  al 
país  en  tres  grandes  distritos  militares  á  cargo 
de  los  generales  Paez,  Marino  y  Bermudez. 

La  suerte  había  coronado  los  esfuerzos  de 
los  patriotas  en  Carabobo  á  tiempo  que  sus 
armas  en  Coro  no  eran  igualmente  felices. 
Aunque  l  nl.uicta  había  invadido  dedse  Mara- 
caibo   aquella    provincia    y   sometídola   fácil- 

14 


210  BOLÍVAR 

mente,  tuvo  que  retirarse  con  sus  fuerzas  hacia 
San  Garlos  en  cumplimiento  de  la  orden  de 
Bolívar.  Los  enemigos  surgieron  después  de 
aquella  retirada,  y  si  bien  Escalona  que  le 
reemplazaba  batió  al  realista  Yncliausti,  y  más 
tarde  á  Tello  que  vino  de  Puerto-Cabello  en  su 
auxilio,  enviado  por  La  Torre,  el  Jefe  republi- 
cano fué  sustituido  por  el  coronel  Justo  Bri- 
ceño,  y  en  manos  de  éste,  sea  por  incapacidad 
ó  negligencia,  se  perdió  la  provincia.  Hasta  su 
propia  tropa  le  reemplazó  en  la  Vela  con 
Gómez  que  tuvo,  poco  tiempo  después,  que 
capitular  con  La  Torre  llegado  de  Puerto 
Cabello  con  una  división  de  1200  hombres 
con  la  cual  ocupó  la  provincia. 

En  cambio,  Cartagena  sucumbió,  después 
de  un  sitio  muy  hábilmente  dirigido  por  el 
general  Montilla,  cayendo  la  plaza  en  poder 
del  jefe  republicano,  el  11  de  Octubre,  en 
virtud  de  una  capitulación  con  el  Gobernador 
Torres.  La  entrega  fué  hecha  bajo  inventario, 
y  Montilla  recibió  35  morteros,  293  cañones 
de  grueso  calibre,  toda  la  artillería  que  llevó 
Morillo,  5,200  quintales  de  pólvora,  2000  fu- 


BOLÍVAR  2M 

siles,  sables  y  demás  elementos  de  guerra.  La 
provincia  de  Panamá  proclamó  poco  después 
su  independencia. 

Sucre,  enviado  por  Bolívar  á  emprender  La 
campaña  de  Quito,  se  hallaba  entonces  en 
Guayaquil,  que  había  proclamado  su  inde- 
pendencia. Sn  [diincra  campaña  contra 
Ayincrich  no  fué  feliz,  pero  las  demás  fueron 
dignas  del  Gran  Mariscal  de  Ayacucho. 

Hablemos  ahora  del  segundo  Congreso  de 
Colombia. 


XII 


Cuando  Bolívar  alcanzó  la  gran  victoria  de 
Carabobo,  el  Congreso  de  Colombia  estaba  ya 
instalado  desde  el  6  de  Mayo  en  la  sacristía  de 
la  iglesia  de  la  villa  del  Rosario  de  Cúcuta.  Com- 
poníanlo 59  diputados  elegidos  por  las  provin- 
cias de  Venezuela  y  Nueva  Granada  que  no  es- 
taban ocupadas  por  los  realistas.  No  dicen  los 
historiadores  cómo  se  practicaron  las  eleccio- 
nes, de  manera  que  nuestra  creencia  de  que  al 
igual  de  las  del  Congreso  venezolano  en  1819, 
fueran  hechas  por  los  soldados  bajo  las  órde- 
nes de  sus  jefes  ó  por  los  Alcaldes  de  plaza, 
no  es  absoluta,  pero  sí  derivada  del  estudio 


BOLÍVAR  213 

que  hacemos  de  los  orígenes  del  régimen  par- 
lamentario en  nuestra  patria,  con  la  intención 
de  dar  á  la  publicidad  otro  trabajo. 

Grande  y  justificado  fué  el  júbilo  del  Con- 
greso al  saber  la  noticia  de  la  victoria  de  Cara- 
bobo,  y  en  el  acto  promulgó  un  decreto  en 
homenaje  á  Bolívar  y  al  ejército  vencedor 
bajo  sus  órdenes.  Otra  de  sus  preferentes 
ocupaciones,  fué  juzgar  de  la  renuncia  que 
aquel  había  hecho  desde  Barinas  del  cargo  de 
Presidente  de  la  República  que  le  confiriera 
el  Congreso  Venezolano.  Era  esta  la  tercera 
vez,  pero  no  la  última,  que  Bolívar  renun- 
ciaba su  autoridad,  más  bien  para  pulsar  la 
opinión  pública,  que  con  el  deseo  sincero  de 
retirarse  del  poder,  y  por  tercera  vez  fué  des- 
estimada su  demanda. 

El  Congreso  de  Cuenta  nombró  en  conse- 
cuencia el  7  de  Setiembre  á  Bolívar  Presidente 
de  Colombia  por  una  gran  mayoría,  y  Vice- 
presidente á  Santander  ;  elecciones  acertadí- 
simas, porque  no  existían  en  Colombia  dos 
hombres  más  competentes  para  el  desempeño 
de  estas  magistraturas. 


214  BOLÍVAR 

Bolívar,  que  recibió  en  Maracaibo  los  ofi- 
cios en  que  se  le  llamaba,  púsose  en  camino  y 
llegó  al  Rosario  el  29  del  propio  mes.  Lo 
mismo  hizo  Santander.  El  3  de  Octubre  pres- 
taron ambos  magistrados  el  juramento  legal 
ante  el  Congreso,  y  firmó  Bolívar  la  Consti- 
tución promulgada  por  aquella  corporación. 
No  nos  detendremos  en  hacer  aquí  el  análisis 
de  esta  carta,  algo  parecida  á  la  que  se  pro- 
mulgó en  Guayana  en  1819,  porque  las  Cons- 
tituciones no  han  ejercido  nunca  influencia 
alguna  en  la  suerte  de  los  pueblos  Sur-Ameri- 
canos. Las  leyes  han  sido  buenas,  pero  los  lla- 
mados á  aplicarlas  no  han  cumplido  con  sus 
deberes. 

Constituyó  en  seguida  Bolívar  su  Gobierno, 
compuesto  del  Dr.  Gtial,  ministro  ue  Rela- 
ciones Exteriores,  Castillo  Rada,  de  Hacienda, 
Restrepo,  secretario  del  Interior,  y  el  coronel 
Briceño  Méndez  de  Guerra  y  Marina,  y  poco 
después  emprendió  la  gloriosa  campaña  del 
Sur.  Antes  de  narrarla,  digamos  como  con- 
cluyó la  guerra  en  Venezuela. 

Promulgábase  en  Caracas  la  nueva  Consti- 


BOLÍVAR  215 

tildón  en  Enero  de  1822  á  disgusto  de  todos, 
porque  señalaba  á  Bogotá  como  capital  de  la 
República,  á  tiempo  que  el  general  Soublette 
era  nombrado  director  de  la  Guerra  é  Inten- 
dente del  Departamento  de  Venezuela,  y  Paez, 
comandante  general  del  mismo.  Entre  ambos 
jefes  debían  surgir  ciertas  desavenencias, 
bijas  de  la  naturaleza  misma,  á  veces  incom- 
patible de  sus  respectivos  cargos. 

Sucedió,  pues,  que  habiendo  dejado  La 
Torre,  antes  de  encerrarse  en  Puerto  Cabello, 
varias  fuerzas  en  el  Tocuyo,  y  enviado  en  su 
auxilio  á  Morales,  dispuso  Soublette  batirlas, 
y  ya  se  ejecutaban  sus  órdenes  cuando  Paez 
ordenó  que  se  suspendieran  los  movimientos. 
Esto  fué  causa  de  que  Soublette  se  trasladara  á 
Valencia,  para  celebrar  allí  una  entrevista  con 
Paez,  la  cual  no  tuvo  resultado  favorable, 
puesto  que  fuerza  fué  que  cediera  la  voluntad 
de]  director  de  la  guerra  quien  regresó  desai- 
rado á  Caracas.  Faltó,  pues,  concierto  entre 
las  dos  autoridades  principales,  y  Soublette  se 
trasladó  en  persona  al  teatro  de  la  guerra. 

La   hacían  por  Con»   y   Marar-aibo  los  rea- 


216  BOLÍVAR 

listas,  y  contra  ellos  marcho  el  coronel  Pi- 
ñango  con  dos  mil  infantes  y  200  jinetes  li- 
geros. Hubo  en  la  provincia  de  Coro  algunos 
encuentros  parciales  que,  unidos  á  las  mar- 
chas, bastaron  para  cansar  la  tropa  de  Pi- 
fian go  que  se  retiró  á  Carora,  para  reunirse  á 
Soublette. 

Las  tentativas  realistas  contra  Maracaibo  se 
frustraron  por  entonces,  pues  la  fuerza  que  al 
mando  de  Ballesteros  había  desembarcado 
cerca  de  la  ciudad,  se  rindió,  después  de  cru- 
dísimo combate,  al  cuerpo  republicano  que 
salió  á  batirla,  y  la  otra  columna  que  amena- 
zaba por  Perijá,  capituló  con  el  general  Lino 
Clemente,  comandante  general  del  Zulia,  y  se 
rindió  con  562  hombres. 

Soublette  logró  á  duras  penas  reorganizar 
la  fuerza  de  Piñango  y  salió  de  Carora  el 
18  de  Mayo  hacia  Coro  con  864  hombres.  El 
resto  de  aquella  división  se  componía  de  en- 
fermos que  fué  preciso  dejar. 

£1  25  derrotó  una  columna  realista  al 
mando  de  Sicilia,  y  el  7  de  Junio  libró  nueva 
acción  cerca  de  Dabajuro  contra  Morales  que 


BOLÍVAR  217 

tenía  fuerzas  mucho  mayores,  y  aún  alguna 
artillería.  Recio  fué  el  combate,  y  muy  digna- 
mente sostenido  por  el  jefe  republicano.  Cierta 
habría  sido  la  victoria,  á  ser  mejor  la  calidad 
de  sus  tropas  ;  pero  apenas  había  en  la  división 
400  veteranos  ;  los  demás  eran  bisónos,  y  Sou- 
blette  tuvo  que  retirarse  á  Carora  á  donde  llegó 
el  13.  Rehecho  más  tarde,  ocupó  la  provincia 
de  Coro  el  2o  de  Julio  con  más  de  2,000  hom- 
bres ;  pero  Morales  se  había  retirado  ya  á 
Puerto  Cabello,  por  lo  cual  Soublette  enco- 
mendó la  defensa  de  aquella  provincia  á  To- 
rrellas  y  se  dirigió  rápidamente  á  Valencia. 

La  Torre,  nombrado  capitán  general  de 
Puerto  Rico,  había  llamado  á  Morales  para 
entregarle  el  mando ;  y  el  nuevo  capitán  ge- 
neral de  Venezuela  tenía  que  hacer  algo  ex- 
traordinario que  acreditara  su  autoridad.  El 
plan  no  le  salió  mal  al  principio,  pero  al  iin 
fué  desastroso  para  su  causa,  porque  la  inde- 
pendencia de  Venezuela  quedó  para  siempre 
consumada. 

Fué  el  hecho  quo  Morales  engañó  á  los  re- 
publicanos con  una  salida  que  desde    Puerto 


218  BOLÍVAR 

Cabello  hizo  el  11  de  Agosto,  con  1,800  hom- 
bres, en  dirección  de  Valencia,  haciéndoles 
creer  que  iba  á  librarles  combate ;  y  después 
que  supo  que  el  ejército  patriota  se  había  con- 
centrado allí  para  batirle,  regresó  á  Puerto 
Cabello  y  se  embarcó  el  24  con  1,200  hom- 
bres para  la  Costa  de  la  Goagira,  con  el  pro- 
pósito, realizado  sin  mayor  dificultad,  de  apo- 
derarse de  Maracaibo,  que  ocupó  el  7  de  Se- 
tiembre, después  de  haber  derrotado  la  víspera 
á  Clemente  que  trató  de  impedirle  la  entrada 
en  Salina  Rica.  El  castillo  de  San  Carlos  y  las 
baterías  de  la  barra  se  rindieron  cobarde- 
mente al  jefe  realista. 

La  ocupación  de  Maracaibo  por  Morales  no 
podía  durar  mucho  tiempo,  porque  Soublettey 
el  Vice-Presidente  Santander,  no  perdieron 
tiempo  en  dictar  las  más  oportunas  órdenes 
para  destruir  al  jefe  realista.  La  primera  divi- 
sión de  1,000  hombres  al  mando  de  Sarda, 
enviada  por  Montilla  desde  Cartagena,  se  per- 
dió, porque  este  jefe,  violando  las  instruc- 
ciones que  traía,  se  internó  en  Sinamaica,  y  fué 
derrotado  completamente  por  Morales  el  1 2  de 


BOLÍVAR  219 

Noviembre  ;  triunfo  éste  que  le  permitió  ocu- 
par seguidamente  la  provincia  de  Coro,  y  aún 
intentar  algunos  movimientos  sobre  las  de 
Trujillo  y  Mérida,  regresando  poco  después  á 
Maracaibo . 

Precisaba,  pues,  desalojar  á  Morales  de 
Maracaibo,  y  paca  esto  era  indispensable  orga- 
nizar una  escuadra  que  forzara  la  barra,  y 
resistiendo  á  los  fuegos  del  castillo,  se  apo- 
derara del  Lago.  Esto  fué  lo  que  se  hizo  bajo 
la  muy  hábil  dirección  del  general  Montilla, 
y  lo  que  tuvo  el  mejor  éxito,  premiando  así  el 
inaudito  arrojo  del  coronel  Padilla,  coman- 
dante general  de  la  flota  y  de  todos  sus  dignos 
y  valerosos  compañeros.  Sus  bajeles  pasaron 
la  barra  sin  temer  á  los  fuegos  enemigos,  y 
se  apoderaron  del  Lago  el  8  de  Mayo.  Poco 
tiempo  después,  el  1\  de  Julio,  tuvo  Lugar 
el  combate  formal  entre  la  escuadra  de  Mo- 
rales, compuesta  de  tres  bergantines,  doce 
goletas,  y  diez  y  seis  buques  menores,  con- 
tando 07  piezas  de  artillería,  algunas  de  á 
18;  500  marineros  y  1000  hombres  «le  tropa, 
y  la   escuadra  de  los  patriotas,  al  mando  de 


220  BOLÍVAR 

Padilla,  compuesta  de  3  bergantines,  7  goletas 
y  otras  fuerzas  sutiles  con  38  piezas,  la  mayor 
parte  de  á  18,  y  1200  hombres  de  dotación. 
Los  patriotas  tuvieron  en  su  favor  el  viento 
que  les  permitió  lanzarse  sobre  sus  contra- 
rios, elegir  el  punto  del  ataque,  y  maniobrar  á 
su  antojo.  Cuando  ambas  escuadras  se  avis- 
taron, la  de  los  realistas  rompió  sus  fuegos  ; 
la  de  los  patriotas  continuó  impávida  y  muda 
hasta  que,  hallándose  inmediata,  rompió  los 
suyos.  Siguióse  el  choque  más  sangriento  que 
imaginarse  puede,  sostenido  por  ambas  escua- 
dras con  brío,  furia  v  encarnizamiento  extra- 
ordinarios.  Padilla  quedó  vencedor  y  en  pose- 
sión de  la  escuadra  enemiga. 

La  pérdida  de  estos  fué  de  800  hombres 
entre  muertos  y  heridos  y  438  prisioneros , 
entre  los  cuales  había  69  oficiales. 

Morales,  encerrado  ya  en  Maracaibo  y  sin 
salida,  capituló  el  3  de  Agosto  y  se  embarcó 
el  15  del  mismo  mes  para  Cuba,  con  unos 
cuantos  adeptos.  Poco  tiempo  después  sucum- 
bía también  la  plaza  de  Puerto  Cabello,  último 
refugio  de  la  grandeza  realista  en  Venezuela. 


BOLÍVAR  221 

Advertido  el  general  Paez  de  que  al  través 
de  los  barrizales  del  Mangle  que  rodean  la 
plaza  podía  abrirse  paso,  y  aproximarse  al 
castillo,  sorprendiendo  al  mismo  tiempo  la 
ciudad  interior  ocupada  por  los  realistas,  or- 
denó la  operación  con  500  hombres  escogi- 
dos, y  la  ejecutó  en  la  noche  del  7  de  Noviem- 
bre. Á  las  dos  y  media  de  la  madrugada, 
quedó  consumada  con  la  mayor  felicidad.  El 
enemigo,  sorprendido  y  atacado  en  todas 
direcciones,  se  defendió  con  valor,  pero  al  fin 
tuvo  que  rendirse.  La  fortaleza  capituló  dos 
días  después,  y  concluyó  con  esto  la  guerra  de 
Venezuela.  En  lo  sucesivo  no  hubo  más  que 
disparos  aislados,  como  los  que  se  sienten  en 
un  campamento  al  dar  término  á  una  batalla, 
fuegos  fatuos  de  pasiones  incandescentes.... 

Hemos  dejado  á  Bolívar  en  el  Rosario  de 
Cúcuta,  por  Octubre  de  1821,  madurando  su 
plan  de  campaña  sobre  el  Sur. 

De  Cúcuta  se  dirigió  á  Bogotá,  y  de  esta 
ciudad  á  Calí  el  13  de  Diciembre,  continuando 
después  para  Popayan  donde  organizó  las 
fuerzas  que   debían  obrar  sobre   Quito.  Con 


222  BOLÍVAR 

3000  hombres  emprendió  á  principios  de  Marzo 
la  marcha  sobre  Pasto,  dejando  en  el  camino 
casi  una  tercera  parte  en  las  enfermerías.  El 
24  de  Marzo  llegó  al  Juanambú  con  2000  hom- 
bres. Venciendo  dificultades  inauditas,  logró 
caer  en  las  tierras  que  demoran  cerca  de  Pasto. 
En  las  alturas  de  Bombona  le  esperaba  el  ene- 
migo, y  allí  fué  éste  severamente  escarmen- 
tado. La  batalla  comenzó  á  las  dos  de  la  tarde, 
y  fué  muy  costosa  para  los  patriotas  por  las 
posiciones  tan  ventajosas  que  ocupaba  el  ejér- 
cito realista,  al  mando  de  García.  Los  patrio- 
tas, trepando  por  rocas  escarpadas,  desfilade- 
ros cortados  á  pico,  y  viendo  ásus  compañeros 
rodar  desde  las  alturas  fusilados  por  el  ene- 
migo, avanzaron  hasta  coronarlas  y  enarbolar 
en  las  cúspides,  al  caer  de  la  tarde,  el  pabellón 
de  Colombia.  El  adversario  se  declaró  en  de- 
rrota, dejando  en  poder  del  vencedor,  artille- 
ría y  prisioneros.  Esta  fué  la  brillante  batalla 
de  Bombona,  dirigida  personalmente  por  Bo- 
lívar. 

Pero  éste  no  tenía  fuerzas  suficientes  para 
emprender  de  allí  en  adelante  una  campaña 


BOLÍVAR  223 

seria  en  un  país  hasta  cierto  prurito  hostil  á  la 
causa  republicana ;  y  le  precisaba  aguardar 
los  refuerzos  que  había  pedido  á  Poparán  y  á 
Bogotá.  Xo  sabía  aún  que  Sucre,  en  busca  de 
Aymerich,  había  entrado  el  9  de  Febrero  en 
la  provincia  de  Loja,  y  que  allí,  con  los  auxi- 
lios del  general  San  Martín,  protector  del 
Perú,  pasó  á  ocupar  á  Cuenca  y  Riobamba,  y 
continuando  su  movimiento,  destrozó  al  ene- 
migo en  Pichincha,  ocupó  á  Quito,  é  hizo  pri- 
sionero á  Aymerich  con  el  resto  de  sus  tropas 
el  2o  de  Mayo.  Esta  campaña  dejó  en  poder 
de  Sucre  160  Oficiales,  1 100  prisioneros,  lí 
piezas  de  artillería,  1700  fusiles,  fornituras, 
banderas  y  lo  demás  que  poseían  los  realistas. 

Para  aquella  fecha,  provisto  ya  Bolívar 
de  los  auxilios  que  tan  lentamente  le  llegaran, 
avanzó  contra  García  y  le  ofreció  una  capitu- 
lación que  no  fué  aceptada  por  éste,  bien  que 
más  tarde,  al  saber  el  desastre  de  Pichincha 
y  la  ocupación  de  Quito,  se  rindió  y  Pasto  fué 
ocupado  por  el  ejército  patriota.  Aymerich  y 
García  se  embarcaron  para  España. 

Bolívar  hizo  su  entrada  triunfal  en  Quito  el 


224  BOLÍVAR 

11  de  Junio.  Dio  á  Sucre  el  grado  de  General 
de  división  y  el  nombramiento  de  Gobernador 
del  Departamento  del  Ecuador,  y  comenzó  á 
preparar  su  campaña  sobre  el  Perú. 

La  independencia  de  Colombia  era  ya  un 
hecho  consumado.  El  ejército  realista  había 
desaparecido.  En  Pasto  se  sublevó  un  sobrino 
de  Boves,  y  aunque  logró  rechazar  en  un 
encuentro  á  Sucre,  gracias  al  fanatismo  rea- 
lista de  los  habitantes  de  aquella  comarca, 
Boves  y  su  gente  fueron  totalmente  destruidos 
poco  tiempo  después.  En  la  Ciénega  y  en  Santa 
Marta  otro  movimiento  realista,  dirigido  por 
el  capitán  Labarce,  fué  igualmente  vencido. 
Colombia,  pues,  estaba  consolidada. 

Hemos  dicho  anteriormente  que  Guayaquil 
había  proclamado  su  independencia  en  Octubre 
de  1820.  Dependía  ésta  provincia  del  Perú,  y 
por  eso  fué  exceptuada  del  armisticio  cele- 
brado en  aquel  año  por  Morillo  y  Bolívar. 
El  general  Sucre,  enviado  por  éste  para  nego- 
ciar con  el  Gobierno  de  Guayaquil  su  incorpo- 
ración al  territorio  de  Colombia,  no  pudo  obte- 
ner más  que  un  convenio,  por  el  cual  se  ponía 


BOLÍVAR  22$ 

Guayaquil,  bajo  la  protección  de  la  naciente 
República,  para  defender  su  independencia. 
Absurda  era  la  idea  de  convertir  aquel  territo- 
torio  en  país  anseático  ú  en  nación  indepen- 
diente. Las  opiniones  de  sus  habitantes  estaban 
divididas.  Algunos  ciudadanos  muy  notables 
opinaban  por  anexionarse  al  Perú  y  otros  por 
entregarse  á  Colombia.  En  favor  de  la  primera 
opinión  influían  los  emisarios  del  general  San 
Martín,  Protector  del  Perú;  en  favor  de  la 
segunda,  Sucre  y  los  demás  emisarios  de  Bolí- 
var, entre  ellos,  su  edecán  el  coronel  Diego 
Ibarraque  llegó  á  Guayaquil  con  pliegos  suyos, 
instando  por  la  incorporación. 

La  situación  era  tirante  y  algo  más  que  deli- 
cada porque  San  Martín  no  sólo  fundaba  su 
exigencia  en  el  sentimiento  general  de  la  po- 
blación de  Guayaquil,  sino  también  en  el  de- 
recho que  le  daban  las  antiguas  demarcacio- 
nes españolas  al  Yireinato  del  Perú. 

En  tal  estado  de  cosas,  resolvió  Bolívar  ir 
personalmente  á  Guayaquil,  y  promover  el 
pronunciamiento  en  favor  de  Colombia.  Suce- 
dió lo  que  no  podía  menos  de  suceder.  Llegó 


226  BOLÍVAR 

á  la  ciudad  en  la  tarde  del  11  de  Julio,  y  el 
pueblo  le  recibió  entusiasmado.  La  presencia  de 
un  hombre  tan  extraordinario  en  aquel  teatro, 
tenía  que  producir  un  efecto  maravilloso.  To- 
dos estaban  absortos,  y  Bolívar  supo  aprove- 
char los  momentos.  Convocó  al  pueblo  por 
medio  de  una  proclama  para  que  diera  su  fallo 
sobre  la  cuestión  de  incorporación.  Todos  se 
declararon  en  favor  de  Colombia,  y  así  quedó 
la  provincia  de  Guayaquil  incorporada  á  la 
República. 

En  el  Perú  este  hecho  fué  considerado 
como  una  usurpación,  y  hasta  cierto  punto 
había  motivos  para  juzgarlo  de  este  modo, 
pues  no  se  trataba  allí  de  un  país  realista, 
sino  de  un  pueblo  americano  independiente. 

No  tenemos  el  propósito  de  hacer  aquí  la 
historia  de  la  emancipación  de  los  países  si- 
tuados al  Sur  de  Colombia.  Bastará  decir  que 
para  aquella  fecha,  Buenos  Aires,  Chile,  y  el 
Perú  eran  independientes,  y  que  el  general 
San  Martín  fué  desde  1813  el  hombre  verda- 
deramente extraordinario  que  surgió  de  la  lu- 
cha. No  tenía  el  genio  ni  la  actividad  vertigi- 


BOLÍVAR  227 

nosa  de  Bolívar  ;  pero  tan  patriota  como  él,  le 
excedió  á  veces  en  cordura  y  reflexión. 

Vencedor  en  Chacabuco,  San  Martín  hizo  la 
independencia  de  Chile,  y  vencedor  en  Maipú, 
condujo  sus  huestes  victoriosas  hasta  preparar 
la  redención  del  Perú. 

Los  ineptos  Vireyes  de  España  le  cedieron 
el  puesto,  pero  no  sin  peligros,  porque  San 
Martín  tendría  que  vencerlos  más  tarde,  y 
ellos  contaban  todavía  con  18,000  hombres 
aguerridos  en  el  antiguo  Yireinato. 

Cuando  San  Martín  llegó  á  Lima,  tuvo  no- 
ticia de  los  grandes  triunfos  de  Bolívar  en  Co- 
lombia. Púsose  en  contacto  con  él  por  cartas  ó 
por  emisarios,  y  aun  se  embarcó  con  direc- 
ción á  Guayaquil,  para  conferenciar  en  Fe- 
brero de  1822.  La  entrevista  no  se  verificó 
entonces,  porque  Bolívar  no  pudo  concurrir  á 
la  cita  ;  y  entre  tanto  los  acontecimientos  fue- 
ron precipitándose. 

En  el  Perú  las  cosas  iban  torcidamente  por- 
que la  expedición  de  Tiistán  fué  destruida 
por  Cánteme  y  Yaldés.  Sus  partidarios,  los 
realistas,  habían   cobrado  nuevos  bríos,  y   la 


228  BOLÍVAR 

salud  misma  del  Protector  de  la  libertad  del 
Perú,  título  oficial  del  general  San  Martín,  de- 
caía visiblemente.  Era  pues,  bien  fundado  su 
deseo  de  obtener  la  cooperación  del  ejército 
colombiano  ;  con  mayor  razón ,  si  se  considera 
que  Sucre  había  vencido  en  Pichincha,  merced 
á  los  auxilios  peruanos,  y  Bolívar  acababa  de 
asegurar  con  sus  recientes  triunfos  la  inde- 
pendencia del  Departamento  del  Ecuador.  La 
conferencia  entre  estos  dos  personajes  se  efec- 
tuó en  Guayaquil  el  20  de  Agosto  de  1822. 


XIII 


Bolívar  había  escrito  á  San  Martín  desde 
Calí  en  Enero  de  1822,  excitándole  á  una  ave- 
nencia que  diera  por  resultado  la  unidad  de  la 
causa  americana;  y  al  ocupar  á  Quito  le  anun- 
ció, con  fecha  17  de  Junio,  la  terminación  de 
la  guerra  de  Colombia,  dándole  gracias  por  el 
auxilio  que  había  prestado  al  ejército  colom- 
biano en  su  reciente  campaña.  Al  mismo 
tiempo  decíale  que  estaría  dispuesto  á  llevar 
las  tropas  de  Colombia  en  auxilio  de  sus  her- 
manos del  Sur,  si  las  armas  peruanas  no  hu- 
bieran terminado  gloriosamente  para  entonces 


230  BOLÍVAH 

la  campaña  que  se  preparaban  á  hacer. 

El  general  San  Martín  le  respondió  en  13  de 
Julio,  felicitándole  cordialmente  por  sus  triun- 
fos, y  aceptando  reconocido  su  ofrecimiento, 
en  términos  muy  lisonjeros.  En  esta  carta,  le 
manifestó  el  deseo  de  conocerle  y  saludarle 
personalmente  en  Quito,  y  le  dio  aviso  de  su 
próximo  viaje.  Ambas  misivas  son  modelo  de 
lealtad  y  cortesía. 

Al  ocupar  Bolívar  á  Guayaquil,  escribió 
otra  carta  al  general  San  Martín,  con  fecha 
23  de  Julio,  anunciándole  que  las  Cortes  espa- 
ñolas habían  determinado  al  fin  tratar  con  los 
Gobiernos  de  América,  y  siendo  en  su  concepto 
tal  asunto  muy  importante  para  el  porvenir  de 
las  nuevas  naciones,  había  concebido  la  idea, 
en  cuya  ejecución  le  interesaba,  de  que  se 
reunieran  los  Plenipotenciarios  de  Chile,  del 
Perú,  y  de  Colombia  para  entenderse  con  los 
enviados  de  España,  y  dar  á  la  negociación  un 
carácter  más  imponente,  al  mismo  tiempo  que 
seguro  en  el  éxito. 

Esta  era  la  carta  oficial.  En  otra  particular 
de  la   misma  fecha,    Bolívar  excitaba  á   San 


BOLÍVAR  231 

Martín  á  emprender  sn  viaje,  empleando  frases 
tan  dignas  y  afectuosas,  que  no  podemos  re- 
sistir al  deseo  de  publicarla  aquí. 

BOLÍVAR  Á  SAN  MARTÍN. 

Guayaquil  Julio  23-1822 

Es  con  suma  satisfacción,  dignísimo  amigo  y  Señor, 
que  doy  á  Vd.  por  la  primera  vez  el  título  que  mucho 
tiempo  há  mi  corazón  le  ha  consagrado.  Amigo  le  llamo 
á  Vd.  y  este  nombre  será  el  sólo  que  debe  quedarnos  por 
la  vida,  porque  la  amistad  es  el  único  vínculo  que  co- 
rresponde á  hermanos  de  armas,  de  empresa  y  de  opi- 
nión :  así  yo  me  doy  la  enhorabuena  porque  Vd.  me  ha 
honrado  con  la  expresión  de  su  afecto. 

Tan  sensible  me  será  el  que  Vd.  no  venga  hasta  esta 
ciudad  como  si  fuésemos  vencidos  en  muchas  batalla-;  : 
peroArd.  no  dejará  burlada  la  ansia  que  tengo  de  estre- 
char en  el  suelo  de  Colombia  al  primer  amigo  de  mi 
corazón  y  de  mi  patria.  ¿  Cómo  es  posible  que  Vd.  venga 
de  tan  lejos  para  dejarnos  sin  la  posesión  positiva  en  Gua- 
yaquil del  hombre  singular  que  todos  anhelan  conocer, 
y  si  es  posible  tocar?  No  es  posible,  respetable  amigo  : 
Yo  espero  á  Vd.  y  también  iré  á  encontrarle  donde 
quiera  que  Vd.  tenga  la  bondad  de  esperarme  :  pero  sin 
desistir  de  que  Vd.  nos  honre  en  esta  ciudad.  Pocas 
horas,  como  Vd.  dice,  son  bastantes  para  tratar  entre 
militares;  pero  no  serán  bastantes  esas  mismas  pocas 
horas  para  satisfacer  la  pasión  de  la  amistad  que  va  á 


232  BOLÍVAR 

empezar  á  disfrutar  de  la  dicha  de  conocer  el  objeto  caro 
que  se  amaba  sólo  por  opinión,  sólo  por  la  fama. 

Reitero  á  Vd.  mis  sentimientos  más  francos  con  que  soy 
de  Vd.  su  más  afectísimo  apasionado  servidor  y  amigo. 

Q.  B.  S.  M. 
Bolívar. 

Excimo  ST.  General  Dn.  José  deSn.  Martín,  Protector 
del  Perú. 


Pocos  momentos  después  de  despachada 
esta  misiva,  fué  advertido  Bolívar  de  que  el 
general  San  Martín  acababa  de  llegar  á  la 
Puna.  Al  siguiente  día  continuó  el  Protector 
para  Guayaquil ;  Bolívar  salió  á  su  encuentro 
con  sus  edecanes  y  con  los  generales  que  exis- 
tían en  la  Plaza,  y  allí  se  abrazaron  con  efusión 
los  dos  grandes  capitanes  de  América. 

Las  conferencias  que  durante  tres  días  y  á 
intervalos,  tuvieron  en  secreto  aquellos  perso- 
najes, fueron  al  principio  motivo  de  general 
curiosidad.  El  tiempo  ha  revelado  después  lo 
que  allí  pasó  :  ya  no  existe  el  misterio. 

Es  natural  que  reunidos  para  conferenciar 
respecto  de  las  cuestiones  de  palpitante  interés 
en  aquel  momento,  Bolívar  y  San  Martín  discu- 


BOLÍVAR  233 

tiendo  el  arreglo  con  España,  emitieran  sus 
respectivas  opiniones  acerca  de  la  forma  de 
Gobierno  más  conveniente  para  los  nuevos 
países,  y  Bolívar  se  pronunciara  en  favor  de  la 
República,  así  como  su  interlocutor,  en  favor 
de  la  Monarquía.  También  es  natural  que  se 
hablara  de  la  posesión  de  Guayaquil,  que  de 
hecho  correspondía  ya  á  Colombia ;  pero  tales 
materias  no  constituyeron  el  objeto  principal  de 
las  conferencias.  Estas  no  tuvieron  testigos; 
por  consiguiente,  no  pueden  explicarse  sino 
por  las  revelaciones  ó  documentos  de  alguno 
de  los  actores.  La  carta  que  el  general  San 
Martín  dirigió  á  Bolívar  desde  Lima  el  29  de 
Agosto,  explica  lo  ocurrido.  Hela  aquí. 

SA\  MARTÍN  Á  BOLÍVAR. 
Exrao.  Señor  Libertador  de  Colombia  Don  Simón  Bolívar. 
Lima,  29  de  Agosto  de  1822. 

"  Querido  General. 

«  Dije  á  Vd.  en  mi  última  del  23  del  corriente,  que 
habiendo  reasumido  el  mando  supremo  de  esta  Repú- 
blica, con  el  fin  de  separar  de  él  al  débil  é  inepto  Torre- 


234  ROLÍYAIt 

Tagle,  las  atenciones  que  me  rodeaban  en  aquel  mo- 
mento, no  me  permitían  escribir  á  Vd.  con  la  extensión 
que  deseaba;  ahora,  al  verificarlo,  no  sólo  lo  haré  con 
la  franqueza  de  mi  carácter,  sino  con  la  que  exigen  los 
grandes  intereses  de  América. 

•>  Los  resultados  de  nuestra  entrevista,  no  han  sido  los 
que  me  prometía  para  la  pronta  terminación  de  la 
guerra;  desgraciadamente  yo  estoy  firmemente  conven- 
cido, ó  que  Vd.  no  ha  creido  sincero  mi  ofrecimiento  de 
servir  bajo  sus  órdenes  con  las  fuerzas  de  mi  mando,  ó 
que  mi  persona  le  es  embarazosa.  Las  razones  que  Vd. 
me  expuso  de  que  su  delicadeza  no  le  permitiría  jamás  el 
mandarme,  y  aun  en  el  caso  que  esta  dificultad  pueda 
ser  vencida,  estaba  Vd.  seguro  que  el  Congreso  de  Co- 
lombia no  consentiría  su  separación  de  la  República; 
permítame  Vd.  general,  le  diga,  no  me  han  parecido 
plausibles  :  la  primera  se  refuta  por  sí  misma  y  la  se- 
cunda estoy  muy  persuadido  que  la  menor  insinuación 
de  Vd.  al  Congreso,  sería  acojida  con  unánime  aproba- 
ción, con  tanto  más  motivo,  cuanto  se  trata  con  la  coope- 
ración de  Ard.  y  la  del  ejército  de  su  mando,  de  finalizar 
en  la  presente  campaña  la  lucha  en  que  nos  hallamos 
empeñados,  y  el  alto  honor  que  tanto  Vd.  como  la  Repú- 
blica que  preside,  reportarían  en  su  terminación. 

»  No  se  haga  Vd.  ilusión,  general;  las  noticias  que  Vd. 
tiene  de  las  fuerzas  realistas,  son  equivocadas,  ellas 
montan  en  el  alto  y  bajo  Perú  á  más  de  19000  veteranos, 
los  que  se  pueden  reunir  en  el  término  de  dos  meses.  El 
ejército  patriota  decimado  por  las  enfermedades,  no 
podrá  poner  en  línea  á  lo  más  8,500  hombres,  y  de  estos 
una  gran  parte  reclutas  :  la  división  del  general  Santa- 
Cruz  (cuyas  bajas  según  me  escribe  este  general,  no  han 


BOLÍVAR  235 

sido  reemplazadas  á  pesar  de  sus  reclamaciones)  en  su 
dilatada  marcha  por  tierra,  debe  experimentar  una  pér- 
dida considerable,  y  nada  podría  emprender  en  la  pre- 
sente campaña;  la  sola  de  1,400  Colombianos  que  Vd. 
envía,  será  necesaria  para  mantener  la  guarnición  del 
Callao  y  el  orden  en  Lima  ;  por  consiguiente,  sin  el  apoyo 
del  Ejército  de  su  mando,  la  expedición  que  se  prepara 
para  Intermedios  no  podrá  conseguir  las  grandes  ven- 
lajas  que  debían  esperarse  si  no  se  llama  la  atención  del 
enemigo  por  esta  parte  con  fuerzas  imponentes,  y  por 
consiguiente  la  lucha  continuará  por  un  tiempo  indefi- 
nido :  digo  indefinido,  porque  estoy  íntimamente  conven- 
cido de  que  sean  cuales  fueren  las  vicisitudes  de  la  pre- 
sente guerra,  la  independencia  de  la  América  es  irrevo- 
cable; pero  también  lo  estoy,  de  que  su  proIongaeió:i 
causará  la  ruina  de  sus  pueblos,  y  es  un  deber  sagrado 
para  los  hombres  á  quienes  están  confiados  sus  desti- 
na >-.  evitar  la  continuación  de  tañíanos  males. 

»  En  fin,  general,  mi  partido  está  irrevocablemente 
lomado  :  para  el  20  del  mes  entrante  he  convocado  el 
primer  Congreso  del  Perú,  y  al  siguiente  día  de  su  insta- 
lación me  embarcaré  para  Chile,  convencido  de  que  sólo 
mi  presencia  es  el  sólo  obstáculo  que  le  impide  á  Vd.  ve- 
nir al  Perú,  con  el  ejército  de  su  mando.  Para  mí  hu- 
biera sido  el  colmo  de  la  felicidad  terminar  la  guerra 
de  la  Independencia  bajo  las  órdenes  de  un  general  á 
quien  la  América  del  Sud  debe  su  libertad;  el  destino  lo 
dispone  de  otro  modo,  y  es  preciso  conformarme. 

»  No  dudando  que  después  de  mi  salida  del  Perú,  el 
Gobierno  que  se  establezca  reclamará  la  activa  coopera- 
ción de  Colombia,  y  que  Vd.  no  podrá  negarse  á  tan  justa 
petición,  antes  departir  remitiré  á  Vd.  una  nota  de  todos 


236  BOLÍVAR 

los  jefes  cuya  conducta  militar  y  privada  puede  ser 
a  Vd.  de  utilidad  su  conocimiento. 

»  El  general  Arenales  quedará  encargado  del  mando 
de  las  fuerzas  argentinas  :  su  honradez,  coraje  y  cono- 
cimientos estoy  seguro  le  harán  acreedor  á  que  Vd.  le 
dispense  toda  consideración. 

»  Nada  diré  á  Vd.  sobre  la  reunión  de  Guayaquil  á  la 
República  de  Colombia  :  permítame  Vd.  General,  le  diga 
que  creo  no  era  á  nosotros  á  quienes  pertenecía  decidir 
este  importante  asunto  :  concluida  la  guerra,  los  Go- 
biernos respectivos  lo  hubieran  zanjado,  sin  los  incon- 
venientes que  en  el  día  pueden  resultar  á  los  intereses  de 
los  nuevos  Estados  de  Sud  América. 

»  He  hablado  á  Vd.  con  franqueza,  General,  pero  los 
sentimientos  que  exprime  esta  carta  quedarán  sepultados 
en  el  más  profundo  silencio;  si  se  trasluciere,  los  ene- 
migos de  nuestra  libertad  podrían  prevalecerse  para 
perjudicarla,  y  los  intrigantes  y  ambiciosos  para  soplar 
la  discordia. 

»  Con  el  comandante  Delgado,  dador  de  ésta,  remito 
á  Vd.  una  escopeia,  un  par  de  pistolas,  y  el  caballo  de 
paso  que  ofrecí  á  Vd.  en  Guayaquil:  admita  Vd.  General, 
esta  memoria  del  primero  de  sus  admiradores ;  con  estos 
sentimientos,  y  con  los  de  desearle  únicamente  sea  Vd. 
quien  tenga  la  gloria  de  terminar  la  guerra  de  la  Inde- 
pendencia de  la  América  del  Sud,  se  repite  su  afectísimo 

servidor. 

José  de  San  Martín 


Aunque  fueron  varias  las  conferencias  y  se 
supo  que  los  dos  caudillos,  durante  los  tres 


BOLÍVAR  237 

días  que  el  general  San  Martín  pasó  en  Guaya- 
quil, permanecían   largas  horas  en  acuerdos 
secretos,  como  lo  confirman  todos  los  histo- 
riadores, el  general  Tomas  Cipriano  de  Mos- 
quera publicó  en  Bogotá  el  26  de  Octubre  de 
1861   un  escrito  intitulado   «    Bolívar  y  San 
Martín  »  en  el  cual  refiere  lo  ocurrido  en  la 
conferencia  celebrada  el  20  de  Julio,  á  la  cual 
concurrió,    según  dice,   por  orden  de  Bolívar 
como  secretario  privado  junto  con  el  corone] 
Pérez,  que  era  el  seretario  general,  para  re- 
dactar un  memorándum  de  los  puntos  en  que 
se  pusieran  de  acuerdo  ambos  personajes.  Bien 
que  sin  motivo  alguno  para  dudar  de  la  vera- 
cidad del  general  Mosquera,  nos  parece  erró- 
nea su  afirmación.    A   la   avanzada  edad    en 
que  escribió  ese  dociunento,   es  probable  que 
sus  recuerdos  hubieran  sufrido  alguna   per- 
turbación, porque  parece  inverosímil  que  Bo- 
lívar precisamente   en  la  misma  tarde  de  la 
llegada  de  su  digno  huésped,  y  al  terminarse  el 
banquete  de  ceremonia,  introdujera  en  la  pieza 
reservada    donde   se   celebró   la   conferencia, 
dos  secretarios  suyos,  como  si  se  tratara  de 


238  BOLÍVAR 

hacer  un  proceso  inquisitorial.  De  haber  sido 
así,  San  Martín  habría  llamado  también  á  sus 
secretarios  ó  edecanes  para  servir  de  testigos. 

Bolívar  y  San  Martín,  conocedores  del 
mundo,  no  podían  faltar  á  las  leyes  sociales. 
Las  conferencias  fueron  secretas,  como  lo  son 
siempre  en  estos  casos;  y  si  hubiera  habido 
algo  que  protocolar,  en  ese  caso,  ambos  ge- 
nerales habrían  llamado  oportunamente  á  sus 
subalternos. 

De  todas  suertes,  San  Martin  cumplió  la  pro- 
mesa que  hizo  á  Bolívar,  en  su  carta  de  29  de 
Agosto,  y  resignó  el  poder  ante  el  primer  Con- 
greso Constituyente  del  Perú  que  se  instaló  el 
20  de  Diciembre  de  1822.  Al  siguiente  día  se 
embarcó  para  Chile,  donde  tuvo  que  detenerse 
algún  tiempo,  con  motivo  del  grave  estado  de 
su  salud.  ¡Toda  su  fortuna  consistía  en  120 
onzas  de  oro... 

Llegó  á  Buenos  Aires  el  4  de  Diciembre 
de  1823,  habiendo  permanecido  algún  tiempo 
en  Mendoza,  donde  recibió  la  triste  nueva  de 
la  muerte  de  su  esposa.  En  Buenos  Aires  se 
embarcó  para  Europa  ;  y  aunque  volvió  á  su 


BOLÍVAR  239 

patria  en  1828,  breve  fué  su  residencia  en  ella. 
Al  año  siguiente  regresó  á  Europa,  para  do- 
miciliarse en  Francia,  donde  murió  en  la  tarde 
del  17  de  Agosto  de  1850.  Sus  restos  fueron 
trasladados  á  su  país  natal  en  1880,  y  noso- 
tros tuvimos  la  honra  de  concurrir  á  la  fun- 
ción religiosa  que,  con  tal  motivo,  se  celebró 
en  una  de  las  Iglesias  del  Havre  el  21  de  Abril 
de  aquel  año,  y  de  acompañarlos,  á  bordo  del 
vapor  Argentino  que  los  condujo  á  su  patria. 

Retirado  San  Martín,  el  Congreso  peruano 
nombró  para  reemplazarle  una  Junta  guberna- 
tiva compuesta  del  general  Lámar,  Alvarado 
y  el  conde  de  Vista-Florida.  Este  triunvi- 
rato rechazó  el  auxilio  ofrecido  por  Bolívar. 
Después  de  las  derrotas  sufridas  por  los 
peruanos  en  Toratá  y  Moquehua,  el  Con- 
greso, que  se  había  negado  á  destituir  dicha 
Junta  á  petición  de  un  cuerpo  de  Oficiales,  se 
avino  á  decretarla,  luego  que  el  general  Santa 
Cruz,  situando  cerca  de  la  ciudad  su  ejército, 
pidió  la  destitución.  Fué  nombrado  entonces 
Presidente  de  la  República  <'l  general  Riva- 
A güero. 


240  BOLÍVAR 

Bolívar,  que  comprendía  la  necesidad  de 
dar  fuerza  á  la  independencia  del  Perú,  y  li- 
bertar á  Colombia  del  vecindario  de  un  virei- 
nato  español,  ofreció  entonces,  á  título  de  auxi- 
lio, seis  mil  colombianos.  El  nuevo  Gobierno 
peruano  no  pensaba  como  su  antecesor,  y  no 
sólo  lo  aceptó,  sino  que  pidió  urgentemente 
el  amparo  porque  los  momentos  eran  críticos. 

Salieron  por  lo  pronto  3,000  hombres  para 
el  Perú,  y  Bolívar  ofreció  llevar  3,000  más, 
al  recibir  el  permiso  del  Congreso  de  Colom- 
bia. Ocupado  estaba  en  los  preparativos  de  la 
segunda  expedición,  cuando  recibió  oficios  del 
Vice-Presidente  Santander,  en  los  cuales  le 
llamaba  de  urgencia,  con  motivo  de  las  últi- 
mas operaciones  de  Morales  en  Venezuela. 

No  vaciló  Bolívar  en  cumplir  con  su  deber, 
y  en  el  acto  se  puso  en  camino,  enviando  antes 
al  general  Sucre  como  ministro  diplomático  al 
Perú. 

En  camino  para  Bogotá  supo  por  ulteriores 
oficios  del  Vice-Presidente  que  las  tentativas 
de  Morales  no  tenían  importancia  alguna,  y 
retrocedió  á  Guayaquil,  donde  recibió  el  de- 


BOLÍVAR  241 

creto  del  Congreso  peruano,  suplicando  al  de 
Colombia  (¡no  le  acordara  el  permiso  de  tras- 
ladarse al  Pera,  á  mandar  en  persona  el 
ejército. 

Por  lo  A'isto,  la  situación  de  los  peruanos 
debía  ser  crítica  ;  y  en  efecto  lo  era,  porque 
Canterac  y  Valdés,  con  8,000  hombres  de 
buenas  tropas  se  habían  presentado  frente  á 
Lima,  y  no  siendo  posible  á  los  patriotas  el 
sostenerse  en  la  ciudad,  habían  resuelto  eva- 
cuarla, confiando  el  mando  de]  ejército  al  ge- 
neral colombiano.  Trocó  éste  el  espadín  di- 
plomático por  la  espada  vencedora  en  Pi- 
chincha, y  salvó  aquel  ejército,  retirándose 
ordenadamente  al  Callao.  Allí  todo  fué  anar- 
quía entre  los  peruanos.  Riva-Agüero  fué  de- 
puesto por  el  Congreso  y  reemplazado  con 
Valdivieso. 

Agüero  se  mofó  del  acuerdo  del  Soberano 
y  siguió  ejerciendo  de  Presidente.  El  general 
Sucre,  <pie  no  (pieria  tenerparte  en  la  política 
interior  del  Pera,  viendo  el  giro  (pie  las  cosas 
tomaban  en  bivorde  los  realistas,  envió  á  los 
díscolos,  Congreso,  Riva-Agüero  y  demás  em- 


242  BOLÍVAR 

pleados,  á  Trujillo  para  que  allí  ultimaran  sus 
disputas,  mientras  él  salvaba  la  situación;  y 
en  efecto,  puso  al  punto  el  Callao  en  estado  de 
defenderse,  reorganizó  el  ejército  y  preparó 
una  expedición  para  Intermedios. 

Los  jefes  realistas,  al  saber  que  tenían  que 
habérselas  con  Sucre,  y  con  Bolívar  que  no 
podía  tardar,  evacuaron  á  Lima  y  resolvieron 
dividirse  para  emprender  operaciones  aisla- 
das. Sucre  ocupó  en  seguida  la  ciudad,  y  de- 
legó el  mando  en  el  marqués  de  Torre-Tagle. 

Á  tiempo  que  esto  ocurría  en  el  Perú,  impa- 
ciente Bolívar  en  Guayaquil,  porque  el  permiso 
del  Congreso  no  llegaba,  recibió  la  noticia, 
muy  grave  por  cierto,  de  que  los  pastusos  se 
habían  sublevado  y  derrotado  completamente 
al  coronel  Juan  José  Flores,  obligándole  á  re- 
tirarse á  Popayán. 

Salió  inmediatamente  para  Quito  con 
400  hombres  y  un  parque.  En  dicha  ciu- 
dad completó  1,500,  casi  todos  reclutas,  y 
con  ellos  marchó  en  persecución  de  los  pastu- 
sos, y  habiéndolos  encontrado,  los  atacó  con 
tal  ím  petu  que  fueron   destruidos,  dejando 


BOLÍVAR  243 

en   elcampo    800  muertos,    y   cuanto  tenían. 

Después  de  esta  victoria,  regresó  á  Quito, 
encomendando  al  general  Salón  la  dirección 
de  las  tropas  p^ra  ocupar  á  Pasto.  Á  marchas 
forzadas  volvió  á  Guayaquil:  pero  el  permiso 
del  Congreso  colombiano  no  había  llegado 
todavía,  y  era  forzoso  aguardarlo. 

El  Congreso  había  dado  la  autorización 
desde  el  5  de  Junio,  pero  precisamente  por 
causa  de  la  insurrección  de  los  pastusos,  el 
pliego  no  llegó  á  tiempo.  Al  recibirlo  Bolívar 
decidió  embarcarse  para  el  Perú  el  6  de 
Agosto,  saliendo  para  el  Callao  el  7  del  mismo 
mes. 


XIY 


Bolívar  llegó  al  Peni  cuando  la  obra  de  San 
Martin  estaba  á  punto  de  desaparecer  por  las 
disensiones  y  perfidias  de  los  mismos  perua- 
nos. Riva-Agüero,  depuesto,  como  hemos 
dicho,  por  el  Congreso,  se  rebeló  contra  este 
Cuerpo,  y  lo  disolvió  fijándose  en  Trujillo. 
Los  Diputados  reunidos  en  Lima,  lo  declara- 
ron faccioso,  nombrando  á  Tagle  Presidente 
interino  de  la  República.  ¡Dos presidentes  para 
el  mismo  país  ocupado  por  un  ejército  espa- 
ñol fuerte  de  23000  hombres  ! . .  La  anarquía 
empezaba. 

Bolívar,   investido  por  el  Congreso  de  la 


BOLÍVAR  245 

suprema  autoridad  militar  de  la  República,  se 
ocupó  inmediatamente  en  reducir,  de  grado 
ó  por  fuerza,  á  Riva-Agüero,  para  evitar  el 
peligro  de  la  guerra  civil  al  frente  de  un  ene- 
migo extranjero  tan  poderoso,  y  obtener  asi  la 
cooperación  de  las  tropas  que  Riva-Agüero  ,< 
tenía  en  Trujillo. 

Lo  logró  fácilmente,  porque  habiendo  inter- 
ceptado una  correspondencia  que  compro- 
baba, á  no  dejar  duda,  que  Riva-Agüero 
estaba  en  tratos  secretos  con  el  Virey  Laserna, 
para  establecer  una  Monarquía  en  el  Perú,  no 
tuvo  ya  consideraciones  con  el  apóstata,  y 
resolvió  someterlo.  Durante  el  viaje,  instruyó 
por  medio  de  emisarios,  á  los  oficiales  de 
Agüero  de  los  pérfidos  provéelos  que  éste 
abrigaba,  y  uno  de  los  tenientes  principales,  el 
corone]  Gutiérrez  de  la  Fuente,  arrestó  al 
sendo  Presidente  y  á  su  Ministro,  sometién- 
dose el  ejército  de  3000  hombres  que  Agüero 
tenía,  á  las  órdenes  de  Bolívar* 

Sucre  fué  encargado  del  mando.  Bolívar 
siguió  á  Lima,  con  el  fin  de  asegurar  la  de- 
fensa del  Callao.  Fué  entonces,  Enero  de  1 824, 


246  BOLÍVAR 

que  hallándose  en  Pativilca,  puerteeillo  si- 
tuado al  Norte  de  Lima,  tuvo  una  fiebre 
gástrica,  que  le  puso  á  las  puertas  del  sepul- 
cro. Apenas  convaleciente,  prosiguió  con 
grande  actividad  la  reorganización  del  ejército, 
pues  era  inminente  el  peligro  de  una  próxima 
batalla  con  el  ejército  realista. 

Asilas  cosas,  sucedió  que  los  dos  batallones 
Argentinos  que  custodiaban  la  fortaleza  del 
Callao,  se  sublevaron  el  5  de  Febrero,  enar- 
bolando  el  pabellón  español.  Fué  autor  de  este 
suceso  el  sargento  Moyano,  en  connivencia 
con  los  realistas  y  peruanos  apóstatas.  El  Con- 
greso proclamó  inmediatamente  á  Bolívar 
Dictador  absoluto  para  que  salvara  la  situa- 
ción. El  héroe  de  Colombia  y  su  ejército,  eran 
los  únicos  que  podían  ya  galvanizar  el  gran 
cadáver  peruano . 

La  corrupción  había  llegado  al  último 
grado.  La  cobardía  y  la  mala  fé  campeaban 
por  todas  partes.  Casi  todos  los  pro-hombres  y 
jefes  del  Perú,  abandonaron  la  causa  nacio- 
nal y  se  pasaron  al  enemigo.  Sólo  quedaban 
Bolívar  y  las  legiones  colombianas  resueltas 


BOLÍVAR  2*7 

á  salvar  el  Perú,  ó  á  sepultarse  bajo  sus  es- 
combros. 

De  los  auxilios  de  Chile,  unos  se  babíau 
devuelto  al  principio  desde  Arica,  y  otros 
desde  el  Callao  al  ver  ondular  el  pabellón 
españólenla  fortaleza.  Bolívar  y  sus  tropas 
iban  á  luchar  contra  lo  imposible,  pero  esta 
palabra  no  existía  para  tan  grande  hombre  ni 
para  tan  heroicos  soldados.  Apenas  eran  i-, 000, 
pero  ellos  bastaron  para  hacer  morder  el 
polvo  en  dos  grandes  batallas  al  ejército 
más  aguerrido  y  numeroso  de  España  en 
América . 

Ocupóse,  pues,  Bolívar  sin  pérdida  de 
instantes  en  la  concentración  de  sus  fuerzas  y 
en  su  organización,  y  confió  el  mando  en  jefe 
de  las  divisiones  peruanas  al  general  Lámar, 
á  Sucre  la  dirección  del  ejército  de  Colombia, 
poniendo  á  sus  órdenes  los  generales  Lara  y 
Córdova.  Necochea  fué  nombrado  jefe  de  la 
caballería,  quedando  á  cargo  de  Miller  los 
jinetes  peruanos,  y  al  de  Carvajal  los  'de 
Colombia.  Bolívar  dirigía  personalmente  el 
ejército. 


248  B  O  L  í  V  A  H 

El  6  de  Agosto  debía  de  ser  fausto  para  su 
gloria.  Canterac,  con  la  división  realista,  com- 
puesta de  9000  hombres,  entre  los  cuales 
había  2000  jinetes  muy  bien  equipados,  llegó 
al  pueblo  de  los  Reyes  el  4  de  Agosto  en  la 
noche.  Bolívar  determinó  atacarle  á  orillas  de 
la  Laguna  de  Junin,  y  dictó  en  consecuencia 
sus  órdenes.  Emprendióse  la  marcha,  y  al 
siguiente  día  por  la  tarde,  la  caballería  de  los 
patriotas  á  cuya  cabeza  se  habían  puesto  Bo- 
lívar, Sucre  y  otros  jefes,  divisó  al  enemigo  al 
otro  lado  de  la  Laguna.  Canterac,  que  vio 
desde  una  altura  aquel  movimiento,  y  que 
tenía  gran  confianza  en  la  superioridad  de  sus 
jinetes,  esperó  á  los  patriotas  para  darles  una 
carga.  Estos  llegaron,  y  trabaron  el  combate  : 
el  choque  al  arma  blanca  fué  terrible  y  muy 
sangriento.  No  hubo  allí  sino  golpes  de  sable 
y  lanza.  La  caballería  de  los  patriotas  vióse 
al  principio  algo  envuelta,  particularmente 
cuando  cayó  herido  el  general  Necochea, 
pero  se  organizó  sin  pérdida  de  tiempo,  y  en 
una  brillante  carga  que  duró  más  de  una  hora, 
logró  poner  en  derrota  al  enemigo,  obligan- 


BOLÍVAR  249 

dale  á  emprender  una  retirada  tan  violenta  y 
difícil  que  en  ella  perdió  la  mayor  parte  de  los 
([iic  sobrevivieron  en  Junin.  Esta  derrota 
costó  á  Canterac  más  de  2000 hombres,  parque, 
pinados,  caballos,  y  otros  elementos  mili- 
tares; y,  lo  ([lie  es  más.  relajó  la  moral  de  su 
ejército,  en  tanto  que  la  del  ejército  aliado  se 
llenó  de  confianza  y  bríos. 

El  ejército  libertador  recorrió  en  triunfo  el 
territorio  libertado  y  reposó  en  Huamanga, 
durante  un  mes.  Sabendor  Bolívar  de  que, 
aun  después  de  la  victoria  de  .lunín,  su  ejér- 
cito era  muy  inferior  en  número  al  realista, 
confió  á  Sucre  el  mando  en  jefe,  y  se  dirigió  á 
la  Costa  con  el  fin  de  despachar  una  división 
que  formaría  con  todos  los  enfermos  de  los 
hospitales  que  habían  quedado  á  retaguardia, 
y  los  cuerpos  que  llegaran  de  Colombia.  Dos 
de  estos  encontró  en  el  tránsito,  y  los  envió  á 
marchas  forzadas. 

Guando  el  Virey  Laserna  supo  en  el  Cuzco 
la  noticia  de  la  derrota  deJunin,  dio  orden  para 
concentrar  su  ejército,  y  reunió  allí  9,320  hom- 
bres, que   organizó   de   la  manera  siguiente. 


250  BOLÍVAR 

Primera  división  de  infantería  al  mando  del 
brigadier  Monet  :  segunda,  á  cargo  del  gene- 
ral Villalobos,  y  tercera  regida  por  el  general 
Valdés.  El  brigadier  Ferraz  mandaba  la  caba- 
llería, y  el  general  Cacho  los  artilleros.  El  Vi- 
rey  se  puso  en  persona  á  la  cabeza  del  ejército, 
y  ordenó  la  marcha  :  muy  pronto  debía  encon- 
trarse con  Sucre,  que  apenas  contaba  5,780 
hombres. 

El  2  de  Diciembre  se  avistaron  ambos  ejér- 
citos en  la  pampa  de  Matará.  El  5  supo  Sucre 
por  un  emisario  de  Bolívar,  que  no  debía  con- 
tar con  más  refuerzos,  porque  la  división  que 
proyectó  formar  con  los  enfermos  había  sido 
comprometida  anteriormente  á  su  llegada  en 
un  combate  en  Bella-Vista  y  destruida  en  su 
mayor  parte. 

El  día  8  ambos  ejércitos  acamparon  como  á 
media  legua  de  distancia.  Por  la  noche  cada 
uno  cubrió  su  campo  con  una  línea  de  cazado- 
res, estando  ambas  tan  inmediatas  que  los  jefes 
de  una  y  otra  podían  hablarse. 

Amaneció  el  9  de  Diciembre  de  182 i,  y  en 
la  tarde  de  ese  día  quedó  consumada  la  inde- 


BOLÍVAR  251 

pendencia  del  continente  Sur-Americano.  ¡Glo- 
ria  á  Sucre,  á  Córdova,  Lámar,  Silva.  Lara  y 

á  los  demás  héroes  de  aquel  venturoso  día  ! 
La  batalla  comenzó  antes  del  medio  día  :  en 
el  momento  en  que  el  ala  izquierda  de  los 
patriotas  cedía  al  fiero  ataque  de  Valdés,  Sucre 
ordenó  á  Córdova  «pie  cargara  sobre  el  centro. 
El  valeroso  adalid,  joven  de  2'>  años,  avanzó 
con  sn  tropa  al  grito  de  «  ¡Adelante!  ¡Armas 
á  discreción! !..  y  al  penetraren  los  batallones 
de  Villalobos,  los  hiende  y  destroza.  Hace  lo 
mismo  con  los  de  Monet.  La  reserva  española 
se  empeña  en  vano.  La  caballería  de  los  patrio- 
tas y  el  resto  de  la  infantería  lian  entrado  en 
acción.  La  batalla  estaba  ganada;  la  derrota 
del  enemigo  fué  completa.  Allí  quedaron  pri- 
sioneros el  Virey  Laserna  y  los  generales  Can- 
terac,  Valdés,  Carratalá,  Monet,  Villalobos, 
Ferraz,  Bedoya,  Somocuzeo,  Atero,  Cacho, 
Landazuri,  (iarcía  Camba,  Pardo,  Vigil  y  Tur : 
diez  y  seis  coroneles,  sesenta  y  ocho  tenien- 
tes coroneles,  cuatrocientos  ochenta  y  cua- 
tro oficiales,  y  el  resto  del  ejército. 

Sucre,    después    de   la   prisión   del    Virey, 


252  BOLÍVAR 

otorgó  al  enemigo  una  generosa  capitulación. 
El  general  Córdova,  héroe  principal  de  la  jor- 
nada, fué  ascendido  por  Sucre  en  el  campo 
de  batalla  á  general  de  división.  El  regocijo 
de  Bolívar  al  recibir  la  noticia  de  la  victoria 
de  Ayacucho,  no  tuvo  límites.  Su  primer  acto, 
fué  expedir  un  decreto  de  honores  y  recom- 
pensas al  ejército,  y  felicitar  á  Sucre  por  el 
éxito  de  aquella  batalla  que  aseguraba  la  inde- 
pendencia del  Continente. 

Pero  Rodil,  jefe  de  la  fortaleza  del  Callao, 
no  quiso  darse  á  partido,  en  virtud  de  la  capi- 
tulación de  Ayacucho,  y  no  sólo  se  negó  á 
recibir  el  primer  emisario  de  Canterac,  sino 
que  al  mismo  general  Monet  (pie  se  presentó 
después  para  hacerle  entrar  en  razón,  no  le 
recibió  y  basta  lo  injurió  por  carta.  Allí  quedó 
resistiendo   por  algún  tiempo   basta  rendirse. 

El  general  Sucre,  después  de  la  victoria, 
pasó  al  Cuzco  é  hizo  entrar  en  la  capitulación 
los  diversos  jefes  realistas  que  allí  se  daban 
todavía  trazas  de  continuar  la  guerra.  De  éste 
número  fueron  Espartero,  Maroto  y  otros. 

El  Congreso  peruano  se  reunió  en  Lima  el 


BOLÍVAR  253 

10  de  Febrero  de  18Jo,  precisamente  al  cum- 
plir el  primer  aniversario  de  la  dictadura  con- 
ferida á  Bolívar.  Los  poderes  de  éste  fueron 
confirmados  por  el  Congreso,  á  pesar  de  Ja 
renuncia  reglamentaria  que  de  ellos  hiciera,  y 
acepto  el  cargo,  con  La  condición  de  que  no  se 
le  llamara  dictador..  El  Congreso  le  dio  el  título 
de  Padre  y  salvador  del  Perú,  y  á  Sucre  el 
dictado  de  Gran  Mariscal  de  Ayacucho.  Puso 
á  disposición  de  Bolívar,  como  prenda  de  su 
reconocimiento,  la  cantidad  de  un  millón  de 
duros  (5,000,000  de  francos)  que  n<>  acepto, 
y  otro  millón  para  el  ejercito. 

Siguió  Sucre  con  el  victorioso  ejército  hacia 
el  Alto  Peni,  donde  resistía  todavía  Olañeta 
«•oii  sus  fuerzas,  y  había  avanzado  sin  oposi- 
ción alguna  hasta  el  Desaguadero,  donde  acan- 

tonaban  las  primeras  fuerzas  del  realista.  Estas 
se  retiraron,  pero  fueron  batidas  en  Tumusla, 
donde  pereció  Olañeta  con  el  resto  del  ejér- 
cito español.  Sólo  quedaba  en  pié  de  guerra 

la  fortaleza  del  Callao. 

Entre  tanto  dedicóse  Bolívar  á  la  organiza- 
ción  administrativa  del   Perú,   y  después  de 


254  BOLÍVAR 

constituir  en  Lima  un  Gobierno  provisional 
durante  su  ausencia,  se  dirigió  hacia  Arequipa 
con  objeto  de  visitar  La  Paz,  el  Cuzco  y  el 
Potosí. 

En  todas  estas  ciudades  fué  recibido  con  entu- 
siasmo indescriptible.  Los  pueblos  todos  corrían 
á  conocerle  y  á  estrecharle  entre  sus  brazos. 
En  Arequipa,  sabiendo  ya  los  triunfos  de  Sucre 
en  Potosí,  constituyó  por  un  decreto  la  Repú- 
blica del  Alto-Perú,  la  cual  en  honra  de  su 
nombre  ó  para  inmortalizarlo,  se  llamó  Boli- 
via.  Organizó  la  administración  del  nuevo  país 
y  resignó  el  mando  de  la  naciente  república 
en  el  Gran  Mariscal  de  Ayacucho . 

No  nos  olvidemos  sin  embargo  de  Colombia, 
donde  los  acontecimientos  ocurridos  durante 
la  prolongada  ausencia  de  Bolívar  deben  ser 
mencionados,  para  que  pueda  comprenderse 
el  resto  de  esta  historia. 

En  Colombia  había  paz,  porque  España  no 
hizo  nuevas  invasiones ;  pero  los  ánimos  no 
estaban  tranquilos,  sino  bastante  exaltados, 
porque  el  Congreso  había  autorizado  al  Ejecu- 
tivo, en  previsión  de  quiméricos  temores  que  á 


BOLÍVAR  255 

la  sazón  inspiraba  la  Santa  Alianza,  á  declarar 
en  estado  de  Asamblea  las  provincias  amenaza- 
das de  invasión  exterior  ó  conmoción  interior 
á  mano  armada,  pudiendo,  llegado  el  caso, 
exigir  contribuciones,  alistar  tropas,  expulsar 
del  territorio  á  los  desafectos,  y  delegar  tan 
tremendas  facultades  á  los  comandantes  de  los 
departamentos  en  que  estaba  dividida  la  Re- 
pública. 

Con  este  pretexto  se  cometieron  varios  atro- 
pellos, ejerciéronse  muchas  venganzas,  se 
sustituyó  al  despotismo  español,  ya  vencido, 
el  despotismo  republicano,  más  irritante  to- 
davía, porque  se  ejercía  por  los  mismos  liber- 
tadores... 

Si  á  esto  se  agrega  que  para  entonces  se 
había  desarrollado  un  funesto  espíritu  de  co- 
dicia, estimulado  por  la  ley  que  el  Congreso 
dictó  para  contratar  en  Europa  30  millones  de 
pesos  fuertes,  se  comprenderá  el  por  qué  de  no 
haber  sido  refutado  durante  medio  siglo  el 
siguiente  párrafo  del  historiador  Baralt. 

«  El  país  que  había  sido  teatro  de  hazañas 
«  militares,  se   convirtió  en  lonja  de  especu- 


256  BOLÍVAR 

«  laciones  mercantiles  :  el  hambre  y  la  sed 
«  del  oro  se  apoderaron  de  los  corazones ; 
<(  imagináronse  peligros  para  hacer  grandes 
"  aparatos  de  defensa  ;  creáronse  necesidades 
<<  que  no  había;  quisieron,  en  fin,  lucir  galas 
«  los  mendigos  ;  y  como  el  país  no  ofrecía 
«  recursos  para  tanto,  hubieron  de  buscarse 
«(  en  el  extranjero.  Y  aquí  empieza  la  desmo- 
«  ralizacióny  desórdenes  del  Gobierno.  » 

No  era  aquel  empréstito  el  primero  contra- 
lado por  Colombia,  pues  desde  1819,  el  Vice- 
presidente Zea,  enviado  á  Europa  con  un  cargo 
diplomático  y  otro  fiscal,  había  reconocido 
cerca  de  Ires  millones  de  duros,  como  liqui- 
dación de  las  contratas  de  López  Méndez  y 
Real,  comisionados  de  Venezuela  y  Nueva 
Granada,  y  para  extinguir  esta  deuda,  y  sin 
autorización  del  Gobierno  Colombiano,  había 
contratado  otro  empréstito  por  diez  millones 
de  duros  al  80  p.  100,  de  cuya  inversión  no  se 
tuvo  nunca  cuenta  exacta,  no  por  culpa  del 
íntegro  Zea  que  la  envió  oportunamente  á  Co- 
lombia, ni  tampoco  de  su  viuda,  la  señora  doña 
Felipa  Mellón  y  Zea,  que  hizo  entrega  formal 


BOLÍVAR  257 

el  (S  de  Mayo  de  1825,  por  orden  del  Sr.  Hur- 
tado, ministro  de  Colombia  en  la  Gran  Bretaña, 
de  todos  los  papeles  y  documentos  relativos 
á  estas  negociaciones,  como  consta  del  testi- 
monio que  hemos  tenido  á  la  vista,  autorizado 
por  el  Sr.  Lanz,  que  fué  la  persona  designada 
por  dicha  Legación  para  recibirlos. 

Por  supuesto  que  las  duras  palabras  del  his- 
toriador venezolano  no  pueden  referirse  ni  al 
Presidente  de  Colombia,  que  fué  un  modelo  de 
generosidad  y  desprendimiento  en  todas  ocasio- 
nes; que  se  privó  de  sus  propios  bienes  para  ce- 
derlos á  la  revolución,  y  renunció  los  millones 
del  Perú,  y  hasta  sus  propios  sueldos  en  bene- 
ficio de  las  necesidades  públicas,  muriendo 
pobre  y  sin  mancha  de  las  inmundicias  del  pecu- 
lado ;  ni  tampoco  al  Vice-Presidente  Santander, 
á  quién  sus  enemigos  pretendieron  mancillar 
suponiéndole  cómplice  en  aquellos  manejos,  sin 
exhibir  pruebas.  Santander  ¡era  hombre  muy 
apasionado ,  acaso  demasiado  duro  ;  pero, 
como   administrador,  honrado  y  digno. 

El  empréstito  no  se  hizo  tampoco  por  treinta 
millones,  sino  solamente  por  veinte;  pues  en  él. 

17 


258  BOLÍVAR 

se  comprendieron  los  diez  millones  del  que 
contrató  Zea.  Su  producto  fué  completamente 
derrochado  :  primero,  en  preparativos  de  una 
expedición  insensata  sobre  Cuba  y  Méjico,  sin 
contar  con  una  escuadra  que  pudiera  medirse 
con  la  española,  lo  que  obligó  á  Colombia  á 
tener  en  Cartagena  un  tren  militar  considerable 
al  par  que  ridiculo;  después,  en  reparaciones 
de  las  fortalezas  de  las  primeras  plazas  mili- 
tares del  país, y,  finalmente,  en  anclas,  carro- 
nadas  para  los  buques,  balas  de  calibres 
desconocidos,  jarcias,  cocinas  de  hierro,  alqui- 
trán y  otros  efectos,  como  para  resucitar  la 
Armada  Invencible,  comprados  en  Inglaterra. 

De  los  fondos  de  este  empréstito  fueron 
remitidos  á  Venezuela  trescientos  mil  pesos 
(doscientos  mil  en  onzas  de  oro),  para  fomento 
de  la  agricultura.  Los  llevó  el  Dr.  Peña,  é 
hizo  entrega  de  ellos  en  moneda  macuquina, 
guardándose  la  diferencia  del  cambio,  ó  sean 
veinte  y  cinco  mil  pesos. 

Lo  más  sensible  de  todo  fué  que  con  aquel 
empréstito  se  habilitó  la  brillante  expedición  de 
i, 000  mil  hombres  que   salió  para  el  Perú 


BOU  YAK  259 

cuando  ya  no  se  necesitaba  ;  y  pereció  casi 
toda  de  fiebre  en  la  isla  de  la  Puna.  Para  colmo 
de  desdichas,  la  casa  contratista  del  empréstito 
quebró,  perdiéndose  allí  más  de  dos  millones 
de  duros  que  se  habían  depositado  para  el 
pago  de  intereses. 

El  resultado  de  tan  inconsulta  negociación  fué 
<[ue  el  crédito  de  Colombia  se  perdió  comple- 
tamente. Las  fragatas  Colombia  y  Cundiría- 
marca,  compradas  en  los  Estados  Unidos  en 
un  millón  setecientos  mil  duros,  tuvieron  el 
siguiente  destino ;  la  primera  se  incendió  en 
en  la  ria  de  Guayaquil,  y  la  segunda  se  vendió 
en  Puerto-Cabello  por  una  suma  insignificante, 
representada  en  títulos  sin  valor  alguno.  Las 
doce   cañoneras   construidas   en    los    Estados 
Unidos,  resultaron  inservibles  y  corrieron  la 
misma    suerte    en    Puerto-Cabello.    El    navio 
Libertador    de     79    cañones    se    vendió    en 
í-,500  pesos,  en  dos  mil  el  bergantin  Indepen- 
dencia de  20  cañones;  la  corbeta  Bolívar  de 
11   cañones   en  unos    1500    pesos,    habiendo 
costado    1  oü,000.  Todas  las  jarcias,  cañones, 
anclas,    proyectiles,    etc.,    fueron    vendidos 


2G0  BOLÍVAR 

para   lastre  de  los  buques,  por  lo  que  bue- 
namente se  ofreció. 

Lo  más  raro  de  todo,  y,  en  efecto,  lo  que 
más  nos  lia  llamado  la  atención  es  que  las 
rentas  nacionales  de  Colombia  apenas  alcan- 
zaban á  seis  millones  de  pesos  al  año,  y  el 
presupuesto  de  gastos  en  los  mejores  años, 
excedía  de  quince  millones.  Esto  no  hace  en 
verdad  el  elogio  de  los  hacendistas  de  aquel 
tiempo. 

Los  desaciertos  administrativos  muy  rara  vez 
quedan  aislados ;  casi  siempre  un  primer  paso 
engendra  otros  todavía  peores ;  así  fué  que  el 
Congreso  Colombiano,  creyendo  que  la  Santa 
Alianza  intentaría  apoderarse  de  América,  or- 
denó una  leva  de  50, 000  hombres.  Y  como  tal 
proyecto  fuera  absurdo,  porque  no  había 
recursos  con  que  equipar  y  sostener  tal  ejer- 
cito, en  vez  de  abandonarlo,  se  acudió  al  expe- 
diente de  poner  en  ejecución  la  Ley  de  alista- 
miento de  milicias. 

La  milicia  nacional  ha  sido  siempre  en  los 
países  americanos,  por  razones  que  omitimos 
ahora,  una  institución   impracticable  ;  y   los 


BOLÍVAR  2G1 

Gobiernos,  ni    aún  los  más  temidos  pudieron 
organizaría. 

Es  el  hecho,  que  los  milicianos  voluntarios 
de  Caracas,  al  saber  que  el  cuerpo  que  ha- 
bían formado  para  servir  á  su  patria  y  en 
concepto  nuestro  el  único  posible)  iba  á  ser 
disuelto  y  refundido  en  los  nuevos  cuerpos  de 
milicias  que  Paez,  comandante  general  de 
Venezuela  y  del  Apure,  debía  levantar  en 
cumplimiento  de  las  órdenes  de  Bogotá,  se 
alarmaron,  y  tomando  por  padrino  al  inten- 
dente del  Departamento,  Escalona,  lograron 
aplazar,  pero  no  impedir  el  proyecto.  El 
general  Paez  cortó  el  nudo,  declarando  en 
Asamblea,  ó  sea  en  estado  de  sitio,  sus  De- 
partamentos, con    el    fin    de    aterrar    á    las 

gentes  y  hacerse  obedecer. 

Paez  había  prestado  grandes  y  meritorios 
servicios  á  la  causa  de  la  Independencia  :  era, 
sin  duda,  uno  de  los  más  valerosos  y  desin- 
teresados en  la  lucha  ;  pero  sin  instrucción 
alguna  ni  más  talento  que  el  innato  en  los 
hombres  de  las  llanuras,  sus  actos  tenían  que 
resentirse  del  consejo  de  sus  validos  ó  de  sus 


262  BOLÍVAR 

consuetas,  y  según  la  honradez  cierta  ó  pro- 
blemática de  éstos,  habían  de  merecer  la  apro- 
bación ó  desaprobación  pública.  En  esta  oca- 
sión fué  mal  aconsejado. 

Resuelto  á  poner  en  práctica  el  alista- 
miento militar,  convocó  á  los  ciudadanos  de 
Caracas  en  el  Convento  de  San  Francisco,  con 
el  ánimo,  según  decía,  de  hacerles  sentir  el 
peso  de  su  autoridad.  Al  ver  que  la  concu- 
rrencia no  era  numerosa,  destacó  patrullas 
armadas  por  las  calles  de  la  ciudad,  con 
orden  de  llevarle  á  viva  fuerza  cuantos  hom- 
bres encontraran  en  ellas. 

Muchos  fueron  vejados  y  ultrajados  por  los 
genízaros,  otros  se  ocultaron  ó  se  refugiaron 
donde  pudieron.  La  ciudad  estuvo  por  mu- 
chas horas  en  la  más  pavorosa  consternación. 

Conviene  decir  que  al  general  Paez  se  le 
temía  mucho  en  Caracas  ;  y  cada  vez  que  se 
anunciaba  su  aproximación  á  la  ciudad  ó  su 
entrada  en  ella,  la  mayor  parte  de  las  gentes 
pacíficas  y  honradas  cerraban  las  puertas  de 
sus  casas,  ó  evitaban  presentarse  en  las  calles. 

El   conflicto  de  aquel  día  se  calmó  por  la 


BOLÍVAR  263 

intervención  .de]  intendente  Escalona,  el  cual 
ofreció  á  Paez  que  al  día  siguiente  convo- 
caría á  los  ciudadanos  en  San  Francisco, 
como  en  efecto  lo  hizo.  La  reunión  fué  nume- 
rosísima ;  nadie  faltó  :  hasta  los  inválidos  se 
presentaron  con  sus  muletas,  y  Paez,  que  no 
había  querido  sino  vejar  á  la  sociedad,  se  dio 
por  satisfecho. 

Á  pesar  de  esto,  el  Consejo  Municipal  y  el 
propio  Intendente  acudieron  al  Gobierno  Su— 
premo  quejándose  de  aquella  arbitrariedad. 
Aunque  el  Vice-Presidente  Santander  preten- 
dió desentenderse  de  la  queja,  la  Cámara  t\^ 
Diputados  la  tomó  en  consideración  y  propuso 
una  acusación  contra  Paez,  que  el  Senado 
acepte'»  por  considerable  mayoría,  suspen- 
diéndole de  su  empleo,  y  ordenándole  que  se 
presentara  en  Bogotá  á  dar  cuenta  de  su  con- 
ducta. 

Dejaremos  aquí  al  general  Paez  preparando 
la  rebelión  contra  el  Congreso  de  su  patria, 
para  reseñar  los  acontecimientos  en  que  fué 
parte  principal  Simón  Bolívar. 


XV 


Organizada  la  República  de  Bolivia,  regresó 
Bolívar  al  Perú  ;  el  10  de  Febrero  de  1826  es- 
taba ya  en  Lima.  La  fortaleza  del  Callao,  único 
lugar  ocupado  por  los  realistas,  se  había  ren- 
dido desde  el  23  de  Enero.  La  misión  de  Bo- 
lívar en  aquel  país  había  terminado  :  Bolivia 
quedaba  fundada,  el  Perú  redimido,  y  el  héroe 
en  el  esplendor  de  su  gloria. 

Pero  Bolívar,  en  vez  de  regresar  sin  pérdida 
de  tiempo  á  Colombia,  con  lo  cual  habría  sal- 
vado á  su  patria  de  grandes  desgracias,  y  pre- 
servado el  brillo  de  su  propia  gloria,  se  dejó 
seducir  por  los  halagos  y  encantos  de  la  tierra 


BOLÍVAR  263 

del  Sol,  dio  oído  á  las  viles  adulaciones  de  los 
cortesanos,  depositó  su  fé  en  los  consejos  de 
pérfidos  amigos,  y  hasta  so  desvaneció  con 
las  dulzuras  del  mando. 

Los  peruanos  llegaron,  en  el  colmo  de  su 
adulación,  hasta  iniciar  el  insensato  proyecto 
<le  proclamarle  Emperador  de  los  Andes, 
proyecto  éste  que  él  combatió  enérgicamente, 
dejando  entrever  el  desprecio  que  le  merecian 
sus  autores. 

El  Yice-Presidente  de  Colombia  le  comunicó 
los  graves  sucesos  ocurridos  en  Caracas,  11a- 
mándole  con  urgencia  :  esto  fué  á  principios  de 
Julio.  Bolívar  decidió  regresar  en  el  acto  á 
Bogotá  ;  pero  no  pudo  ponerse  en  marcha 
hasta  el  í  de  Setiembre,  día  en  que  se  em- 
barcó en  el  Callao  con  rumbo  á  Guayaquil. 

Digamos  entre  tanto  que  Bolívar  había  do- 
fado  á  Bolivia  de  una  Constitución  (calcada  de 
La  de  Haití  en  la  cual  lo  más  notable  era  el 
establecimiento  de  un  Presidente  y  un  Senado 
vitalicios.  Recreábase  en  su  obra,  porque  le 
parecía  perfecta,  y  anhelaba  que  se  adoptara 

oh  Colombia,  como  lo  había  sido  ya  en  el   Perú. 


266  BOLÍVAR 

El  señor  Guzman  (A.  L.)  de  cuya  misión  á 
Lima  hablaremos  más  adelante,  había  publi- 
cado allí  un  folleto  en  alabanza  de  esta  consti- 
tución, y  recibió  de  Bolívar  el  encargo  de  tras- 
ladarse á  Colombia  con  el  fin  de  recomen- 
darla ;  empresa  difícil,  á  lo  que  parece,  porque 
la  constitución  colombiana  había  determinado 
por  el  artículo  191  un  plazo  de  10  ó  más  años 
para  su  fiel  observancia,  y  dispuesto  que  sólo 
después  de  vencido  aquel  plazo,  se  reuniera 
por  el  Congreso  una  gran  Convención  para 
examinarla  ó  reformarla  en  su  totalidad.  De 
manera  que  hasta  1831  aquel  pacto  no  debía 
tocarse. 

En  Venezuela,  sin  embargo,  la  Constitución 
colombiana  no  gozaba  de  la  aprobación  ni  del 
favor  popular* 

Salió,  pues,  Guzman  para  Guayaquil  antes 
que  Bolívar,  y  conferenció  allí  con  las  personas 
más  importantes,  acerca  del  objeto  de  su  mi- 
sión. El  Intendente  Mosquera  (Tomás  Ci- 
priano) que  á  la  sazón  no  era  sino  Comandante, 
promovió  una  Junta  popular  que  nombró  Dic- 
tador á  Bolívar,  autorizándole  para  convocar 


BOLÍVAR  267 

la  Convención  que  acabamos  de  mencionar. 

Cometido  este  atentado,  >c  embarcó  Mos- 
quera, y  salió  al  mar  en  busca  de  Bolívar,  á 
quién  encontró  cerca  de  la  isla  Santa  Clara. 
Trasbordóse  allí  al  buque  en  que  este  venía,  y 
dióle  cuenta  de  lo  ocurrido. 

Bolívar  no  desaprobó  lo  hecho  ;  pero  con- 
vino con  Mosquera  en  que  no  le  diera  noticia 
de  aquel  suceso  sino  en  la  recepción  oíicial 
que  le  harían  al  llegará  Guayaquil.  Mosquera 
fué  en  seguida  premiado  por  él  con  el  grado 
de  coronel  efectivo,  probablemente  en  ejer- 
cicio ya  de  la  Dictadura,  pues  por  la  Consti- 
tución vigente  tal  promoción  no  podía  hacerse 
sino  por  el  Gobierno,  con  previo  consenti- 
miento del  Senado. 

De  Guayaquil  se  dirigió  Bolívar  á  Quito, 
adonde  llegó  el  28  de  Setiembre,  y  entró  en 
Bogotá  el  1  í  de  <  octubre. 

La  verdad  es  que  esta  ciudad  se  preparaba 
á  hacer  una  apoteosis  á  Bolívar,  cuando  tuvo 
noticia  de  sn  regreso  del  Perú,  pero  los  suce- 
sos de  Guayaquil  y  otros  semejantes  ocurridos 
en  el  tránsito,  produjeron  un  desconcierto  ge- 


268  BOLÍVAR 

neral.  El  recibimiento  fué  frió  y  desabrido  : 
pronto  lo  conoció  Bolívar,  y  olvidándose  de 
la  dictadura  que  venía  ejerciendo  desde  que 
salió  de  Guayaquil,  prorrumpió  en  vivas  á  la 
Constitución  de  Colombia  al  penetrar  en  las 
calles  de  la  ciudad.  El  pueblo  respondió  entu- 
siasmado :  <(  ¡  Viva  el  Libertador  !  » 

Encargóse  éste  de  la  Presidencia  el  23  de 
Noviembre  y  revistiéndose  de  las  facultades 
extraordinarias  que  la  Constitución  le  daba, 
las  delegó,  durante  su  ausencia,  en  el  Vice- 
presidente Santander,  y  se  puso  en  marcha 
para  Venezuela  en  la  mañana  del  25,  llevando 
consigo  de  Secretario  al  de  Relaciones  Exte- 
riores, José  Rafael  Revenga. 

Cuando  salió  para  Venezuela,  los  sucesos 
de  Caracas  se  habían  agravado  considerable- 
mente. Escalona  había  sido  puesto  en  posesión 
del  mando  en  reemplazo  de  Paez;  pero  éste, 
nial  aconsejado,  en  vez  de  efectuar  su  viaje  á 
Bogotá  donde  su  presencia  habría  disipado  la 
tempestad  y  permitídole  regresar  triunfal- 
mente  á  su  patria,  optó  por  la  rebelión,  sola- 
padamente al  principio,  y  con  la  visera  alzada 


BOLÍVAR  269 

poco  después.  Es  lo  cierto  que  retirado  Paezá 
Valencia,  nodriza  de  todas  las  revoluciones 
habidas  y  por  haber  en  Venezuela,  sus  ami- 
gos y  partidarios  so  pusieron  en  movimiento, 
y  después  de  emplear  por  algún  tiempo  las 
amenazas,  llegaron  hasta  organizar  partidas 
de  bandoleros  armados,  que  di-  noche  ataca- 
ban á  los  vecinos  inermes  ;  esto  con  el  fin  de 
demostrar  que  sin  la  autoridad  de  Paez  sería 
imposible  gobernar  al  país. 

Una  de  estas  partidas  asesinó  el  29  de  Abril 
á  tres  infelices  ciudadanos,  arrojó  sus  cadá- 
veres á  las  puertas  del  Ayuntamiento,  y  come- 
tió todo  género  de  desafueros.  Al  día  siguiente 
ocurrió  una  gran  asonada  de  unas  mil  perso- 
nas, la  cual  aclamó  á  Paez  «  Jefe  militar  del 
Departamento  »,  y  todas  las  autoridades  y 
tropas  de  la  IMaza  le  reconocieron  como  tal. 
Poco  después  fué  proclamado  Jefe  civil  y  mili- 
tar de  Venezuela. 

Consumó,  pues,  el  general  Paez,  vencedor 
\  héroe  en  id  campo  de  Carabobo,  el  crimen  de 
sedición  y  detección  que  fin''  causa  de  la  ruina  de 
Colombia  y  de  la  prematura  muerte  de  Bolívar. 


270  BOLÍVAlí 

La  insurrección  de  Paez  fué  secundada  en 
algunas  provincias  de  Venezuela  y  rechazada 
en  otras.  Persistiendo  el  rebelde  general  en 
su  propósito  de  asegurarse  en  el  poder,  apro- 
vechó el  sentimiento  de  las  localidades,  hostil 
á  la  Constitución  de  Gúcuta,  y  logró  que  el 
proyecto  de  convocar  una  Convención  gene- 
ral se  pusiera  á  la  orden  del  día. 

Él  mismo  hace  la  siguiente  confesión  en  su 
auto-biografía  :  «  En  hora  menguada  para  mí, 
((  dice,  reasumí  el  mando  de  que  se  me  había 
«  suspendido  tan  injustamente,  y  ya  dado  el 
«  primer  paso,  era  necesario  ser  consecuente 
«  con  el  error  cometido.  »  ¡  El  error  !  ¡  Mo- 
desto nombre  dado  á  tan  innecesario  crimen ! . . . 

Lo  cierto  es  que  las  Juntas  y  pronuncia- 
mientos se  multiplicaron.  El  Ayuntamiento  de 
Valencia,  el  mismo  que  había  elevado  sus 
quejas  á  Bogotá  contra  el  Comandante  militar, 
tuvo  que  pronunciarse  por  obra  de  la  coacción 
y  del  terror  en  favor  del  movimiento.  Lo 
mismo  hizo  el  de  Caracas  ;  y  más  tarde,  una 
Asamblea  popular  convocada  en  dicha  ciudad 
para  el  7  de  Noviembre  y  presidida  por  el 


BOLÍVAR  271 

mismo  Paez,  le  autorizó  para  disponer  todo  lo 
relativo  á  la  reunión  de  un  Congreso  Consti- 
tuyente. 

En  aquella  asamblea,  el  intendente  Cristó- 
bal Mendoza,  se  opuso  con  tanta  energía  como 
elocuencia  al  pensamiento  de  proclamar  la 
separación  de  Venezuela.  El  odio  «pie  Paez 
tenía  á  aquel  digno  magistrado,  se  exasperó  ; 
Mendoza  hizo  dimisión  de  su  cargo  y  pidió 
pasaporte  para  el  extranjero,  y  Paez  le  dio 
ocho  días  de  término  para  salir  del  país. 

Cerca  de  Pamplona  recibió  Bolívar  el  de- 
creto en  que  Paez  convocaba  el  Congreso 
constituyente  para  el  \'.\  de  Enero  de  1 S J 7 . 
Poco  después,  en  el  tránsito  á  Maracaibo,  supo 
igualmente  que  había  corrido  ya  la  sangre  en 
Puerto-Cabello,  así  como  en  Cumaná,  y  que 
su  patria  estaba  seriamente  amenazada  de  la 
guerra  civil. 

Resolvió,  pues,  someter  por  la  fuerza  á  los 
rebeldes.  El  16  de  Diciembre  llegó  á  Mara- 
caibo ;  declaró  al  Zulia  en  estado  de  sitio,  y 
sujetó  éste  y  los  demás  Departamentos  á  sus 
órdenes  perentorias  y  exclusivas,  autorizadas 


272  BOLÍVAR 

por  su  Secretario  Revenga.  El  general  Urda- 
neta  fué  nombrado  general  en  jefe  del  ejér- 
cito constitucional. 

Al  saberse  en  Venezuela  la  llegada  de  Bo- 
lívar, la  reacción  en  favor  del  orden  constitu- 
cional no  se  liizo  esperar.  Torrellas  que  en 
Barquisimeto  se  había  levantado  en  favor  de 
Paez,  tuvo  que  huir,  abandonado  por  sus  tro- 
pas. El  Apure  mismo,  teatro  de  sus  hazañas,  lo 
desconoció,  pronunciándose  allí  el  general 
Guerrero  en  favor  de  la  integridad  nacional,  y 
gran  parte  de  la  provincia  de  Caracas  hizo  lo 
mismo . 

El  Dr.  Peña,  autor  principal  del  atentado, 
fué  aprehendido  y  enviado  á  Maracaibo. 

Monagas  organizaba  fuerzas  en  Maturín 
para  apoyar  á  Bolívar.  Bermudez  perma- 
neció fiel  á  sus  deberes.  No  faltaba  sino  la  voz 
de  Bolívar  para  dar  unidad  á  los  movimientos 
y  someter  á  Paez,  quien,  desconcertado  y 
confuso,  se  preparaba  en  Valencia  á  resistir 
con  el  batallón  Anzóategui  y  un  cuerpo  de 
lanceros. 

Bolívar   había    anunciado    el    16   de    Di- 


BOLÍVAR  273 

ciembre  por  medio  de  una  proclama,  su  reso- 
lución de  restablecer  el  orden.  «  ¡  Desgra- 
ciados de  los  que  desoigan  mis  palabras  y 
falten  á  su  deber!  »  decía  en  aquella  proclama  : 
por  consiguiente  debía  esperarse  que  al  llegar 
á  Puerto-Cabello,  el  31  de  Diciembre,  iniciara 
la  campaña  contra  las  fuerzas  insurrectas  al 
mando  de  Paez  :  la  situación  no  admitía  am- 
bigüedades. Era  preciso  someter  á  Paez  ; 
castigarlo  como  lo  merecía,  ó  perdonarlo, 
después  de  vencido  ;  pero  á  nadie  podía 
ocurrírsele  que  antes  de  la  victoria  Bolívar 
ofreciera  el  perdón.  Esto  fué  lo  que  desgra- 
ciadamente hizo. 

El  Io.  de  Enero  de  1827  proclamó  un  decreto 
de  amnistía  general  en  favor  de  todos  los 
revolucionarios  ;  dispuso  que  su  autoridad, 
como  Presidente  de  Colombia  fuera  recono- 
cida, y  que  Paez  continuara  ejerciendo  la 
autoridad  civil  y  militar,  bajo  el  nombro  de 
Jefe  superior  de  Venezuela. 

El  general  Paez,  al  recibir  en  Valencia 
dicho  decreto  que  daba  á  su  alzamiento  una 
aprobación  terminante,  lo  aceptó  con  júbilo, 

18 


274  BOLÍVAR 

y  en  el  acto  reconoció  la  autoridad  del  Presi- 
dente, anuló  sus  anteriores  decretos  sobre 
elecciones,  y  mandó  que  se  hiciera  á  Bolívar 
una  recepción  triunfal  en  el  tránsito  y  en  la 
Capital  misma. 

Colombia  quedó  sepultada  moralmente 
aquel  día  entre  las  confusas  sombras  del  cri- 
men impune  y  de  una  autoridad  que  acababa 
de  perder  para  siempre  todo  su  prestigio. 

Paez  pidió  á  Bolívar  que  abriera  un  proceso 
sobre  su  conducta.  Bolívar  rechazó  esta  soli- 
citud en  términos  tan  humildes,  que  es  mejor 
no  copiarlos  aquí :  baste  decir  que  en  su  res- 
puesta manifiesta  que  Paez,  lejos  de  ser  cul- 
pable, era  el  Salvador  de  la  Patria. 

Beconciliados  los  dos  enemigos,  salió  Bolívar 
hacia  Valencia  el  4  de  Enero,  y  en  el  sitio  de 
la  Cumbre,  en  la  sabaneta  de  Naguanagua 
encontró  á  Paez  con  su  séquito.  Este  se  apeó  al 
verle,  y  lo  mismo  hizo  Bolívar,  quién  abriendo 
los  brazos  recibió  en  ellos  á  Paez. 

De  allí  siguieron  juntos  hasta  Valencia, 
donde  Bolívar  tuvo  que  hacer  á  la  patria  el 
sacrificio  del  amor  propio,  tolerando  algunas 


BOLÍVAR  275 

palabras  que  se  escapaban  á  los  vencedores  en 
la  embriaguez  del  triunfo  y  de  los  banquetes 
con  que  lo  celebraban.  Juntos  siguieron  á  Ca- 
racas, donde  se  les  bizo  un  recibimiento  más 
espléndido  todavía. 

El  entusiasmo  fué  tan  frenético,  que  Bolívar 
recorrió  las  calles  de  la  ciudad  bajo  palio,  y 
seguido  de  la  población  en  masa.  Pronto  dire- 
mos cuánto  tiempo  duró  el  entusiasmo. 

¡Cuan  cierto  es  que  los  prejuicios  son  per- 
turbadores del  sentido  moral!...  Si  Bolívar  no 
hubiera  traído  del  Perú  la  idea  fija  de  implantar 
en  Colombia  la  Constitución  boliviana  que  el 
Llamaba  su  delirio  legislativo;  y,  en  cambio, 
hubiera  respetado  y  hecho  respetar  la  Consti- 
tución vigente,  ni  Paez  se  habría  sublevado, 
ni  perdido  él  su  prestigio  juntamente  con  id  de 
Colombia. 

El  deseo  de  anticipar  el  tiempo  de  las  re- 
formas para  establecer  aquella  Constitución 
en  Colombia,  fué  uno  de  los  motivos,  si  nó  el 
principal,  de  Bolívar  para  transigir  con  Pac/. 
y  colmarlo  de  honores.  No  sólo  le  regalo  la 
rica    espada  que    recibiera   en   el  Perú,  como 


276  BOLÍVAR 

símbolo  de  gratitud,  y  le  coronó  con  las  guir- 
naldas que  la  Juventud  caraqueña  le  ofreciera 
el  día  de  su  entrada  triunfal,  sino  que  todos  los 
cómplices  de  Paez,  ó  por  lo  menos  los  princi- 
pales, fueron  premiados  con  ascensos  y  em- 
pleos, quedando  así  los  amigos  leales  del 
régimen  legal  y  del  propio  Bolívar  castigados 
por  su  lealtad. 

Y  esto  sucedía  á  tiempo  en  que  Caracas 
acababa  de  ser,  pocos  días  antes  de  su  llegada, 
saqueada  y  ultrajada  vilmente  por  un  bombre 
llamado  Farfan,  que  delegado  de  Caraba  ño, 
agente  directo  de  Paez,  con  el  pretexto  de  una 
requisa  de  caballos  que  debía  hacerse  en  la 
ciudad,  destacó  partidas  de  bandoleros  para 
allanar  las  casas,  y  durante  dos  días  vióse 
Caracas  entregada  al  pillaje  más  infame,  que 
los  propios  soldados  de  Boves  no  llegaron 
nunca  á  cometer. 

Acaso  no  deba  culparse  á  Bolívar  de  la 
debilidad  con  que  en  tal  ocasión  procedía, 
porque  no  sólo  quiso  evitar  los  horrores  de  la 
guerra  civil,  mas  también  las  circunstancias 
especiales  de  los  países  libertados  eran  verda- 


BOLÍVAR  277 

deramente  críticas.  Hasta  se  había  discutido 
entre  los  hombres  más  prominentes  de  la  re- 
volución el  pensamiento  de  cambiar  las  insti- 
tuciones republicanas  en  monárquicas,  y  ofrecer 
la  corona  á  Bolívar,  con  el  fin  de  procurar  así 
la  estabilidad  y  sosiego  que  tanto  necesitaban 
las  nuevas  naciones. 

Justo  es  confesar  que  él  rechazó  siempre  las 
ofertas  que  sus  amigos  y  admiradores  le  hi- 
cieran en  aquel  sentido.  Cuanto  se  haya  dicho 
en  contra  de  esto,  ha  sido  obra  de  la  ignorancia 
ó  de  la  perversidad.  Bolívar,  que  ejercía  la 
dictadura,  perú  rechazando  el  título  de  dic- 
tador, no  podía  prestarse  á  ser  Bey  de  su 
patria. 

Además,  los  países  gobernados  por  Bolívar 
no  estaban  preparados  para  recibir  ninguna 
forma  de  gobierno  constitucional,  ni  la  forma 
republicana  siquiera.  Las  necesidades  de  la 
uncirá  habían  impuesto  la  dictadura.  La  misma 
Constitución  de  Cúcuta  la  había  consagrado  en 
su  artículo  1  28,  dando  al  Presidente  facultades 
extraordinarias  de  las  cuales  podía  servirse 
con  más  facilidad  que  los  monarcas  constata- 


278  BOLÍVAR 

cionales.  El  malestar  no  dependía  pues  de  las 
instituciones,  sino  de  la  imposibilidad  de  prac- 
ticarlas lealmente,  y  el  remedio  que  se  buscaba 
en  el  establecimiento  de  la  Monarquía  habría 
resultado  inútil  de  todo  punto.  Bolívar,  dotado 
de  un  talento  tan  extraordinario,  no  podía 
hacerse  ilusiones  en  este  respecto.  Las  tuvo 
muy  grandes  en  su  proyecto  de  Constitución 
Boliviana;  y  al  fin  las  habría  perdido,  como  las 
perdió  el  Gran  Mariscal  de  Ayacucho  que  go- 
bernó á  Bolivia  con  aquella  Constitución,  y  se 
convenció  de  que  sólo  daba  estabilidad  al  Go- 
bierno sobre  el  papel,  mientras  que  en  la 
práctica  le  quitaba  los  medios  de  hacerla  res- 
petar. 

La  verdad  es  que  no  puede  culparse  á  los 
proceres  de  aquel  tiempo  de  que,  deseando 
conservar  la  independencia  de  los  países  que  á 
fuerza  de  sacrificios  habían  conquistado,  pen- 
saran en  una  nueva  forma  de  gobierno,  para 
alcanzar  aquel  bien.  En  este  respecto  seremos 
mucho  más  francos  que  los  demás  escritores 
que  se  han  ocupado  en  este  asunto. 

Hemos  creído  siempre  que  las  instituciones 


BOLÍVAR  279 

republicanas,  si  han  de  ser  lealm ente  practica- 
das, exigen  la  homogeneidad  de  raza  en  los 
pueblos  ;  cierto  grado  de  instrucción  en  las 
masas,  ana  prudente  limitación  en  el  sufragio, 
y  la  preponderancia  de  sanas  costumbres.  Sin 
esto  la  república  no  puede  ser  una  institución 
protectora  de  la  libertad  ni  de  las  demás  garan- 
tías de  los  asociados.  Existirá  en  el  nombre, 
pero  en  el  hecho  no  habrá  sino  gobiernos 
disolventes  v  reaccionarios,  ó  dictaduras  em- 
hozadas  que  representarán  por  supuesto  la 
ausencia  de  toda  Constitución. 

Y  tal  vez  esas  dictaduras,  honradamente 
ejercidas,  serán  las  únicas  que  podrán  alejar 
el  peligro  que  traen  consigo  las  instituciones 
democráticas,  cuando  se  pretende  fundarlas 
con  razas  heterogéneas,  fatalmente  irrecon- 
ciliables. 

Si  hubiera  sido  posible  establecer  monar- 
quías solidas  en  América,  nosotros  las  ha- 
bríamos aplaudido,  y  bendeciríamos  hoy  la 
memoria  de  sus  fundadores  :  así  demostra- 
ríamos que  tenemos  el  valor  de  arrostrar  la 
impopularidad,  que  no  han  tenido  la  mayor 


230  BOLÍVAR 

parte  de  los  hombres  notables  de  nuestra  pa- 
tria, obligados  á  cortejar  casi  siempre  las 
multitudes,  á  cambio  de  efímeros  empleos  y 
de  dudosos  triunfos. 

Hechas  estas  salvedades,  nos  concretare- 
mos á  los  proyectos  de  monarquía  en  Colom- 
bia que  tanto  ruido  hicieron  desde  1826.  Va- 
rios historiadores  han  publicado  una  carta  que 
Bolívar  escribió  al  general  Paez  en  aquel  año, 
en  respuesta  á  otra  que  éste  le  dirigió  por  con- 
ducto del  Señor  Guzman,  proponiendo  una 
monarquía  en  Colombia. 

Es  cierto  que  Guzman  fué  al  Perú,  y  que  de 
allí  regresó  á  Venezuela  en  comisión  de  Bo- 
lívar ;  pero  hasta  la  fecha  nadie  sabe  si  Paez 
hizo  realmente  tal  propuesta,  porque  la  carta 
no  se  ha  publicado,  y  se  ignora  quién  la  tenga. 

El  general  Paez  escribió  en  su  Auto-bio- 
grafía, lo  siguiente  (Véase,  t.  1.°,  pág.  490)  : 

«  En  años  posteriores  se  ha  publicado  una 
carta  que  dicen  me  dirigió  Bolívar  en  respuesta 
de  ésta,  en  la  cual  se  habla  de  que  Colombia 
no  es  Francia,  ni  el  Libertador  es  Napo- 
león, etc.  Dicha  carta  que  no  recuerdo  haber 


BOLÍVAR  281 

recibido  nunca,  y  que  no  se  halla  entre  los  do- 
cumentos de  la  vida  pública  de  Bolívar,  tiene 
más  visos  de  un  manifiesto  á  la  nación  que 
respuesta  á  una  comunicación  privada. 

«  Hay  quien  ha  escrito  que  el  Señor  Anto- 
nio Leocadio  Guzman  fué  comisionado  por  mí 
para  llevar  la  carta  en  que  se  dice  que  yo  pro- 
ponía al  Libertador  el  establecimiento  de  una 
monarquía  en  Colombia.  Afortunadamente, 
vive  aun  el  Señor  Guzman,  que  se  jacta  de  ser 
mi  enemigo,  y  á  cuyo  testimonio  apelo,  sin 
embargo,  para  que  diga  si  yo  le  entregúela 
susodicha  carta,  y  si  de  mi  propio  peculio  ó  de 
la  Tesorería  de  Venezuela  recibió  jamás  fon- 
dos para  ir  en  comisión  al  Perú,  donde  se 
hallaba  el  Libertador,  y  si  su  viaje  tuvo  por 
objeto  proponer  á  éste  algún  plan  de  mo- 
narquía. » 

El  Señor  Guzman  haría  ciertamente  un  ser- 
vicio á  la  historia  contemporánea  revelando  la 
verdad  de  lo  ocurrido,  puesto  que  ya  no  exis- 
ten los  actores  principales,  ni  se  trata  de  man- 
cillar su  memoria. 

No  puede  negarse  que  el  pensamiento  de 


282  BOLÍVAR 

establecer  monarquías  en  América  fué  acari- 
ciado por  los  hombres  más  prominentes  de  la 
revolución,  y  que  entre  los  amigos  más  ínti- 
mos de  Bolívar  el  proyecto  se  concretó  á  ofre- 
cerle la  Corona,  rechazada  siempre  por  éste 
con  energía  y  sin  vacilar  un  instante. 

Podrá  juzgarse  de  las  razones  que  entonces 
se  alegaban  en  favor  del  proyecto,  por  la  si- 
guiente carta  dirigida  á  Bolívar  por  uno  de  sus 
amigos  más  fieles,  el  valeroso  y  honrado  ge- 
neral Diego  Ybarra  á  quién  aquel  distinguió 
en  todas  ocasiones  con  su  más  acendrado 
afecto. 

«  Si  Usted  echa  una  ojeada  sobre  el  término 
de  las  Repúblicas,  á  excepción  de  muy  pocas, 
todas  ellas  han  concluido  por  elevar  un  trono 
de  hierro,  después  de  haberse  despedazado  in- 
teriormente. La  nuestra,  compuesta  de  partes 
tan  heterogéneas  y  en  peor  caso  que  todas  las 
demás,  camina  á  pasos  agigantados  á  un  fin 
mas  trágico  ;  y  no  veo  sino  en  Usted  el  remedio 
de  cortar  todos  estos  males  que  nos  amenazan. 
Usted  no  crea  que  ha  hecho  nada  con  haberla 


BOLÍVAR  283 

defendido  lo  años,  si  ahora,  cuando  está  ha- 
ciendo crisis  el  mal,  Vd.  no  atiende  al  clamor 
general  y  nos  abadona  sin  poner  un  remedio  a 
tantos  males  como  los  que  nos  amenazan  y  sin 
permitir  que  llegue  el  caso  de  que  nos  comen- 
zemos  á  degollar,  [mes  todo  esto  irá  solo  bajo 
la  responsabilidad  de  Yd.,  y  Vd.  no  podrá  con- 
testar otra  cosa  sino  lo  que  me  dijo  en  Guaya- 
quil :  «  Que  no  era  ya  patriota,  sino  amante 
de  su  gloria,  »  esta  respuesta  no  hará  á  Vd. 
honor,  ni  podrá  responder  al  mundo  con  ella. 
Voy  á  dejar  este  asunto,  porque  sería  nunca 
acabar  y  mi  cabeza  la  tengo  un  poco  débil,  y 
mala  todavía  de  resultas  de  la  caída.  El  por- 
tador de  ésta,  impondrá  á  Vd.  de  todo,  todo, 
y  mucho  mejor  de  lo  que  yo  podría  hacerlo 
aun  cuando  le  escribiese  más  largo  de  lo  (pie 
escribió  Voltaire  :  él  está  muy  al  cabo  de  todo, 
y  acaba  de  ver  la  gente  del  país  y  aún  tratar 
mucha  parte  de  ella,  por  lo  que  está  más 
desengañado  que  nadie. 

■  Adiós,    mi  querido  general  ;    páselo    Vd. 
bien  ;  no  nos  deje  Vd.   naufragar  en  este  mar 


284  BOLÍVAR 

revolucionario,  y  cuente  siempre  con  su  inva- 
riable amigo  que  lo  ama  de  corazón,  y  deses- 
pera por  darle  un  abrazo  viéndolo  coronado.  » 

D.  Ybarra. 

Como  esta  cuestión  reaparece  más  tarde  en 
Colombia  bajo  la  forma  oficial,  diferiremos  el 
tratarla  para  cuando  llegue  el  momento  opor- 
tuno. 


XVI 


Sea  que  en  la  Nueva  Granada  hubiera  cau- 
sado desagrado  la  conducta  de  Bolívar  cuando 
regresó  del  Perú,  ó  que  el  arreglo  hecho  re- 
cientemente con  el  general  Paez  en  Venezuela 
turra  motivo  de  amargas  censuras,  es  lo  cierto 
que  en  aquel  país  se  aprovechó  la  ausencia  del 
caudillo  venezolano  para  denigrarle  y  socabar 
su  autoridad  y  prestigio.  El  general  Santander, 
que  al  principio  de  la  guerra  había  sido  leal  á 
Bolívar,  y  le  servio  después  con  falsía,  declaróse 
al  fin  su  enemigo  público.  De  palabra  y  por  La 
prensa  no  perdió  desde  entonces  La  ocasión  de 
zaherirle  v  de  hacerle  daño. 


286  BOLÍVAR 

Á  tiempo  que  los  ánimos  se  exaltaban  con- 
tra Bolívar  en  aquel  país  y  se  hablaba,  sin 
embargo,  de  la  conveniencia  de  separarse  de 
Venezuela,  ocurrió  en  Lima  un  motín  militar, 
protegido  secretamente  por  el  Gran  Mariscal 
Santa  Cruz,  Presidente  del  Perú.  La  3a  divi- 
sión del  ejército  Colombiano  compuesta  de 
2700  hombres,  se  sublevó  el  26  de  Enero  de 
1827.  Los  autores  de  la  sublevación  fueron  el 
coronel  Bustamante,  jefe  de  Estado  Mayor  de 
la  división,  y  los  oficiales  granadinos  subal- 
ternos que  estaban  á  su  servicio.  Los  jefes  y 
oficiales  principales  de  los  cuerpos  fueron  pre- 
sos y  enviados  á  Colombia. 

El  movimiento  de  Bustamante  tuvo  por  pre- 
texto aparente  la  defensa  de  la  Constitución  co- 
lombiana en  contraposición  de  la  Boliviana  que 
allí  existía,  pero  en  el  fondo  no  había  sino  el 
deseo  de  deshacerse  de  Bolívar  y  del  ejército 
auxiliar.    Este  era  el  premio  que  el  Perú  daba 

á  su  benefactor.  Acaso  era  la  reacción  de  las 
inauditas  bajezas  que  cometieran  muchos  de 

sus  persona]  es,  prosternándose  de  rodillas  á  los 

pies  de  Bolívar,  después  de  la  victoria  de  Ayacu- 


BOLÍVAR  287 

cho.  De  pueblos  que  se  entregan  á  la  adula- 
ción y  á  la  bajeza,  no  pueden  salir  hombres 
dignos  ni  agradecidos. 

Al  saberse  en  Bogotá  lo  ocurrido  en  Lima, 
los  enemigos  de  Bolívar  se  dieron  prisa  á  cele- 
brar la  noticia,  con  música  y  fuegos  artificiales 
en  las  calles  públicas,  repiques  de  campanas  y 
otras  ruidosas  demostraciones,  no  siendo  la 
menor  de  estas,  pero  si  La  más  vergonzosa,  que 
•  •I  Vice-Presidente  Santander,  olvidándose  de  su 
propio  decoro  y  del  elevado  carácter  que  re- 
vestía, les  acompañara  personalmente  un  gran 
trecho  en  tan  indigna  demostración,  como 
prueba  de  que  aprobaba  el  escandaloso  aten- 
tado del  Perú. 

Como  el  verdadero  fin  de  aquel  movimiento 
no  había  sido  sino  destruir  la  influencia  y  la 
obra  de  Bolívar  en  el  Perú,  sirvió  después  de 
consumado,  para  invadir  con  las  mismas  tro- 
pas los  Departamentos  del  Sur  de  Colombia 
con  el  propósito  de  desmembrarla  y  apoderarse 
además  de  la  provincia  de  Pasto.  Salió,  pues 
l,i  expedición  del  Callao  en  el  promedio  d^ 
Marzo  conménosde  2,000  hombres.  Una  parte 


288  BOLÍVAR 

de  ella,  al  mando  del  coronel  Eleizalde,  desem- 
barcó en  Menta  y  la  otra,  á  cargo  de  Busta- 
mante,  en  Paita. 

Guayaquil  estaba  indefenso  ó  poco  menos. 
Cuando  se  recibió  allí  la  noticia  de  la  invasión, 
acordóse  que  el  general  Flores  se  trasladara 
en  el  acto  á  Quito  á  levantar  fuerzas.  El  coro- 
nel Mosquera,  intendente  de  la  Plaza,  apenas 
tuvo  tiempo  de  refugiarse  en  unos  buques  de 
guerra  que  estaban  en  la  ría,  y  de  allí  salió 
para  Bogotá  con  la  noticia.  Una  Asamblea 
popular  promovida  por  la  Municipalidad  nom- 
bró al  general  Lámar  jefe  civil  y  militar  del 
Departamento.  El  mismo  general  fué  nom- 
brado poco  después  Presidente  del  Perú,  pues 
el  proditorio  plan  urdido  contra  Bolívar,  debía 
realizarse,  como  había  sido  convenido. 

Cuando  pasaba  esto  en  el  Sur,  se  reunió  el 
Congreso  de  Colombia,  y  tomando  en  consi- 
deración la  renuncia  de  la  Presidencia,  que 
hizo  Bolívar  desde  Caracas,  no  la  aceptó.  Tam- 
poco fué  aceptada  la  del  Vice-Presidente  San- 
tander. 

Bolívar,  al  conocer  los  pormenores  de  los 


BOLÍVAlt  289 

sucesos  ocurridos  en  Guayaquil,  y  las  intrigas 

que  contra  su  autoridad  y  contra  su  propia 
persona  se  urdían  en  Bogotá,  resolvió  trasla- 
darse á  La  .Nueva  Granada,  y  al  efecto  envió 
una  división  de  Puerto-Cabello  á  Cartagena, 
otra  de  Maracaibo  á  Pamplona,  y  dictó  orde- 
nes para  que  Páez  tuviera  dispuestos  las  demás 
tuerzas  que  requeriría  la  campaña. 

Se  trasladó  á  Cartagena  en  la  fragata  inglesa 
Druida,  surta  en  la  Guaira,  puesta  á  su  dis- 
posición por  Sii-  A.  Cockburn,  que  poco  antes 
había  llegado  á  Caracas  en  comisión  diplomá- 
tica del  Gobierno  Británico  cerca  de  Bolívar. 
El  9  de  Julio  llegó  á  aquella  ciudad,  y  conti- 
nuó hacia  la  capital. 

Su  presencia  en  Bogotá  bastó  para  desba- 
ratar los  planes  de  sus  enemigos  y  para  inspi- 
rar á  todos  confianza  en  su  autoridad  y  en 
sus  propósitos.  Prestí'),  como  Presidente  de  la 
República,  el  juramento  constitucional  ante  el 
Congreso,  el  10  de  Setiembre  ;  visitó  en  seguida 
al    Yice-Presidente,    y   terminada   la  ceremonia 

oficial,  ambos  magistrados  departieron  confia 
dencialmenfe  y  aun  comieron  juntos. 

10 


290  BOLÍVAR 

Pero  el  mal  estaba  ya  consumado,  porque 
Bolívar,  considerando  imposible  conservar  la 
Constitución  de  Cúcuta,  acogió  en  su  arenga 
ante  el  Congreso  el  proyecto  de  convocar  una 
Convención  Nacional,  y  ésta  fué  decretada 
poco  después  por  una  ley  para  reunirse  en 
Ocaña  el  día  2  Marzo  de  1828.  De  manera  que 
la  Constitución  Colombiana  quedó  moralmente 
muerta  desde  entonces. 

No  entra  en  nuestro  plan  dar  aquí  los  por- 
menores de  la  pacificación  del  Sur.  Bastará 
decir  que  el  único  hombre  que  allí  cumplió 
con  sus  deberes  como  militar  y  como  caballero 
fué  un  hijo  de  Venezuela,  el  dignísimo  general 
Juan  José  Flores.  No  sólo  levantó  fuerzas  en 
Quito  para  restablecer  la  autoridad  de  Colom- 
bia, sino  que  obrando  con  la  mayor  sagacidad, 
obtuvo  que  las  propias  tropas  de  Bustamante  se 
sublevaran  y  sometiéranse  á  su  autoridad.  Sin 
las  intrigas  de  Obando,  enviado  por  Santander 
á  Guayaquil,  para  ponerse  al  frente  de  las 
tropas,  y  de  las  órdenes  contradictorias  que  el 
Gobierno  Nacional  enviaba  al  teatro  de  la 
guerra,  y  sin  las  innúmeras  perfidias   de  los 


BOLÍVAR  291 

revoltosos,  á  quienes  Flores,  en  horror  á  la 
guerra  civil,  ofreció  repetidas  veces  tran- 
sacciones y  arreglos,  ora  aceptados,  ora  luir- 
lados  por  ellos,  con  el  único  fin  de  evitar  el 
derramamiento  de  sangre,  Flores  habría  ocu- 
pado mucho  antes  á  Guayaquil.  Ocupóla  sin 
embargo  con  sus  tropas  el  29  de  Setiembre  sin 
resistencia  de  los  enemigos,  cuyos  principales 
jefes  regresaron  al  Perú  ;  de  manera  que 
cuando  Bolívar  se  ocupaba  en  Bogotá  en 
dictar  disposiciones  para  la  pacificación  de 
aquellos  Departamentos,  recibió  la  fausta 
nueva  de  estar  ya  cumplida  á  esfuerzos  de  su 
digno  y  leal  compatriota  el  general  Flores. 

En  Venezuela,  confiada  entonces  al  mando 
civil  y  militar  de  Paez,  ocurrieron  ciertas  nove- 
dades, que  por  lo  pronto  causaron  alguna 
inquietud;  pero,  felizmente,  merced  á  la  acti- 
vidad con  que  se  procedió,  no  llegaron  á  per- 
turbar la  paz  pública.  Una  facción  organizada 
en  la  provincia  de  dimana  por  Coronado  y  los 
Castillos,  fué  desbaratada  en  pocas  semanas. 
Otro  movimiento  que  se  intentó  en  Barinas 
para  robar  las  Arcas  públicas  fué  sofocado. 


292  BOLÍVAR 

El  motín  que  ocurrió  en  Guayana  para  desti- 
tuir á  varios  empleados  locales  se  apaciguó 
después  de  ver  justificada  su  obra,  y  las  par- 
tidas de  bandoleros  que  desolaban  los  feraces 
valles  del  Tuy,  al  mando  de  Cisneros,  Herrera 
y  Centeno,  no  tuvieron  mejor  suerte.  Orga- 
nizadas éstas  en  son  de  reconquista  por  un 
teniente  coronel  español  llamado  Arizábalo, 
venido  de  Puerto-Rico  con  el  carácter  de  Co- 
mandante general  de  operaciones  en  Costa 
Firme,  fueron  atacadas  y  dispersas.  Una  es- 
cuadra española  que  se  presentó  en  las  costas 
de  Barlovento  con  auxilios  de  todo  género 
para  el  Comandante  de  operaciones,  no  pudo 
comunicarse  con  él,  que  se  liabía  refugiado  en 
las  montañas,  y  se  retiró. 

Cuando  Bolívar  tuvo  noticia  del  arribo  de 
esta  escuadra,  creyó  que  este  suceso  podría  ser 
el  principio  de  un  nuevo  plan  de  reconquista, 
y  para  conjurar  el  mal,  salió  de  Bogotá  en  di- 
rección de  Venezuela.  Se  detuvo  á  poco  andar, 
sin  embargo,  al  recibir  pliegos  de  Paez,  en  los 
cuales  le  anunciaba  la  completa  pacificación 
del  país  y  la  retirada  de  la  escuadra  española. 


BOLÍVAR  293 

En  cambio  de  tan  lisonjeras  noticias,  el 
general  Padilla,  comandante  de  Marinado 
Cartagena,  y  rival  de  Montilla,  aprovechando 
la  ausencia  de  éste,  promovió  un  desorden  en 
la  plaza,  apoderándose  del  mando  y  come- 
tiendo otros  excesos.  Al  saberlo  Montilla,  que 
estaba  en  Turbaco,  dio  sus  órdenes,  hizo  salir 
de  la  plaza  las  tropas,  aglomeró  otras,  y  se 
preparó  para  batir  al  revoltoso.  Viéndose  éste 
>in  el  apoyo  de  la  población,  se  puso  en  faga, 
y  se  dirigió  á  Mompox,  desde  donde  escribió  á 
Bolívar,  disculpándose.  Pero  no  estaba  con- 
trito, pues  allí  mismo  organizó  un  alzamiento, 
y  lo  habría  puesto  por  obra,  si  previsor  el  ge- 
neral Montilla  no  hubiera  enviado  á  Mompox 
una  fuerza  para  impedírselo.  Despechado  Pa- 
dilla, intentó  todavía  ensayar  una  nueva  aven- 
tura en  Cartagena,  y  penetró  furtivamente 
en  la  ciudad,  pero  lo  supo  Montilla,  y  hacién- 
dole arrestarlo  envió  bajo  escolta  á  Bogotá. 
En  el  Perú  quedó  gobernando  «'1  general 
Santa  Cruz,  cuando  salió  la  expedición  de  Bus- 
tamante  contra  Colombia.  Como  enemigo  de  Bo- 
lívar, l<>  primero  que  hizo  fué  anular  la  Cons- 


294  BOLÍVAR 

títución  Boliviana.  Poco  después  lo  sustituyó 
en  el  mando  el  general  Lámar,  el  faccioso  de 
Guayaquil,  quién  como  era  de  esperarse,  para 
precaverse  de  cualquier  ataque  por  el  lado  de 
Colombia,  situó  fuerzas  considerables  en  la 
frontera,  y  comenzó  á  intrigar  contra  la  paz 
de  Bolivia. 

Estaba  allí  Sucre,  amigo  leal  de  Bolívar,  y 
estorbo  para  los  peruanos.  El  plan  de  ambos 
generales  era  muy  conocido.  Lámar  era  Colom- 
biano de  nacimiento  ;  Santa  Cruz  había  nacido 
en  Bolivia.  Necesitaban,  pues,  para  campear  en 
el  Perú,  la  anexión  de  sus  respectivos  países,  y 
con  este  fin  se  enviaban  fuerzas  al  Sur  de  Co- 
lombia y  se  promovía  la  revolución  en  Bolivia. 

Pero  antes  de  hablar  de  las  maquinaciones 
peruanas  y  referir  el  término  que  tuvieron, 
volvamos  la  vista  á  Bolívar  y  á  la  Convención 
de  O  caña,  instalada  en  dicha  ciudad  el  3  de 
Abril  de  1828,  y  compuesta  de  amigos  y  ene- 
migos del  caudillo  venezolano,  más  que  todo, 
de  hombres  levantiscos,  si  bien  patriotas  ilus- 
trados en  su  mayor  parte. 

Bolívar  dimitió  el  mando  ante  dicha  con- 


BOLÍVAR  29o 

venciÓD,  y  ésta  procedió  en  seguida  á  ocuparse 
en  la  reforma  de  la  Constitución.  Esfuerzo 
vano,  porque  los  convencionales  jamás  habrían 
podido  entenderse.  No  se  trataba  allí  de  dar 
realmente  á  la  República  una  Constitución 
vigorosa,  basada  en  los  verdaderos  principios 
democráticos,  ni  de  salvar  la  situación  de  Co- 
lombia, comprometida  hasta  cierto  punto  por 
el  espíritu  de  discordia  civil  y  amagos  de 
guerra  por  parte  del  Perú  y  de  España.  La 
cuestión  bahía  quedado  reducida  al  estrecho 
círculo  de  las  personalidades,  y  era  «mi  este 
terreno  que  debía  librarse  la  batalla. 

Defectuosa,  si  se  quiere,  la  Constitución  de 
Cúcuta,  ella  había  sido  hasta  allí  el  lazo  de 
unión  entre  los  Colombianos.  Una  vez  desau- 
torizada con  la  instalación  de  la  Convención 
llamada  á  reformarla,  las  consecuencias  de  la 
inconsulta  medida  eran  más  que  evidentes.  El 
país  tendría    que  elegir   éntrela  anarquía  y  la 

dictadura. 

Se  hizo,  pues,  imposible  el  acuerdo  entre 
los  Convencionales.  Santander  v  sus  partida- 
ríos  sometieron  á  la  consideración  de  la  Asam- 


296  BOLÍVAR 

blea  un  proyecto  ele  Constitución  federal,  que 
no  fué  aceptado  por  los  bolivianos.  Á  su  turno, 
presentaron  estos  un  contra-proyecto  que  fué 
rechazado  con  grande  algazara  por  los  partida- 
rios de  Santander.  La  discusión  se  envenenó  á 
poco  andar;  los  diputados  bolivianos  fueron 
insultados,  acaso  intimidados,  y  resolvieron 
separarse  de  la  Convención  y  regresar  á  sus 
domicilios. 

Bolívar,  que  á  la  sazón  se  hallaba  en  Buca- 
ramanga ,  no  tomó  ninguna  parte  en  tal  acuerdo , 
aunque  sus  enemigos  hayan  dicho  lo  contrario. 
Lejos  de  esto,  desde  que  tuvo  noticia  de  los 
desórdenes  que  ocurrían  en  el  seno  de  aquella 
Convención,  manifestó  su  deseo  de  retirarse  á 
la  vida  privada  en  su  patria. 

Quedó,  pues,  Colombia  sin  Gobierno  consti- 
tucional, por  más  que  algunos  creyeran  que 
era  posible  revivir  la  Constitución  de  Cúcuta, 
y  lo  grave  de  la  situación  contribuyó  entonces 
á  precipitar  los  acontecimientos. 

En  Bogotá  se  reunió  una  numerosa  Asamblea 
de  pueblo  que  desconoció  la  autoridad  de  la 
convención  de  Ocañn ,  y  acordó  darla  en  toda 


BOLÍYAli  297 

plenitud  á  Bolívar,  encargándole  del  mando 
supremo  de  la  República.  El  consejo  de  Mi- 
nistros aprobó  lo  hecho,  y  lo  participó  sin 
pérdida  de  instantes  á  Bolívar.  Aceptó  éste  la 
dictadura,  y  se  puso  en  camino  para  Bogotá. 
El  pronunciamiento  de  este  último  punto  fué 
secundado  en  Colombia  por  casi  todas  las 
ciudades  principales,  y  jefes  de  más  nombradla 
en  la  República.  Bolívar  asumió  en  Bogotá 
c]  carácter  de  Libertador  Presidente,  y  en  ejer- 
cicio de  la  dictadura  constituyo  un  consejo,  y 
ofreció  (pie  se  convocaría  un  Congreso  consti- 
tuyente para  el  2  de  Enero  de  1830,  con  el  fin 
de  dotar  á  la  República  de  una  nueva  ley  fun- 
damental. Entre  tanto  ordenó  que  la  Constitu- 
ción de  Cúcuta  tuviera  fuerza  y  vigor.  Las 
cualidades  de  los  hombres  extraordinarios 
están  casi  siempre  en  relación  con  sus  defectos. 
Todo  es  grande  en  ellos  :  sus  errores  se  resien- 
ten <lc  esto  mismo.  Algunos  cometidos  por 
Bolívar  en  elcurso  de  su  gloriosa  vida  podían 
justificarse,  pero  el  error  en  que  incurrió 
aceptando  la  dictadura  fué  el  más  grande  y 

funesto  de  todos.  No  podía  ocultársele  que  el 


298  BOLÍVAR 

curso  de  los  sucesos  y  la  situación  que  él  mismo 
había  aceptado  desde  el  año  anterior,  hacían 
inevitable  la  disolución  de  Colombia.  Paez  no 
aguardaba  sino  la  ocasión  de  pronunciarse  en 
Venezuela,  con  seguridad  del  buen  éxito.  En  la 
Nueva  Granada,  el  odio  contra  su  persona 
había  tomado  grandes  proporciones ;  el  Perú, 
podía  decirse  que  lo  había  proscrito.  ¿Con  qué 
elementos  contaría  entonces  para  restablecer 
el  prestigio  de  su  autoridad?  Si  como  Presi- 
dente constitucional  ésta  le  había  sido  dispu- 
tada, porque  se  le  creía  poseído  de  la  secreta 
ambición  del  mando,  ¿cómo  la  defendería 
ahora  asumiendo  el  poder  dictatorial? 

Antes  de  satisfacer  tales  preguntas,  digamos 
lo  que  había  ocurrido  en  Bolivia  y  en  el  Perú, 
como  resultado  de  las  maquinaciones  de  los 
enemigos  que  tenía  Bolívar  en  ambos  países. 
Situado  el  general  Gamarra  al  frente  de  un 
ejército  peruano  en  Puno  para  acechar  á  Sucre, 
había  conseguido  primeramente  que  varios 
batallones  se  insurreccionaran  en  la  ciudad  de 
la  Paz,  pero  este  movimiento  no  paró  sino  en 
la  fuga  de  los  principales  culpables;  pues  de  las 


BOLÍVAK  29» 

tropas,  unas  no  insistieron  en  la  rebelión  y 
otras  fueron  derrotadas  y  perseguidas.  Pro- 
movió después  un  motín  en  la  ciudad  de  Chu- 
quisaca,  en  el  cual  fué  herido  el  general  Sucre, 
que  con  pocos  hombres  quiso  reprimirlo,  y 
quedó  prisionero  con  sus  Ministros,  salvándose 
afortunadamente  de  tan  inminente  peligro, 
por  la  llegada  de  varias  fuerzas  que  acudieron 
en  su  auxilio.  Esto  fué  causa  de  que  Sucre,  im- 
posibilitado para  ejercerlo,  resignara  el  mando 
en  su  Presidente,  y  convocara  un  Consejo. 
Finalmente,  invadió  Gamarra  el  país  con  su 
ejército  compuesto  de  4,300  hombres,  y  Logró 
seducir  al  Presidente  Urdininea,  celebrando 
con  tan  veleidoso  magistrado  un  convenio,  en 
el  cual  se  estipuló  que  los  naturales  de  Co- 
lombia y  demás  extranjeros  existentes  en  el 
ejército,  evacuarían  en  muy  corlo  plazo  el 
territorio  de  Bolivia  ;  que  se  reuniría  un  con- 
greso  compuesto  délos  que  formaron  el  Consti- 
tuyente para  admitir  la  renuncia  que  el  general 
Sucre  haría  de  la  Presidencia,  y  nombrar  un 
Gobierno  provisional  que  se  encargara  de  la 
administración  del  país. 


300  BOLÍVAR 

Las  tropas  colombianas,  en  virtud  de  lo 
estipulado,  salieron  de  Bolivia  y  llegaron  á 
Guayaquil.  El  general  Sucre,  deseoso  de  ale- 
jarse de  allí  cuanto  antes,  no  esperó  la  insta- 
lación del  Congreso,  sino  que  entregó  á  al- 
gunos de  sus  miembros  su  renuncia  y  se  di- 
rigió á  su  patria.  Así  desapareció  la  honrada 
influencia  de  Sucre  y  del  ejército  Colombiano 
en  aquel  país.  Causa  asombro  que  todavía  no 
haya  surgido  en  aquella  venturosa  tierra  al- 
gún patriota  que  proponga  la  sustitución  del 
nombre  Bolivia,  que  con  tan  poca  gloria  lleva, 
por  otro  más  en  consonancia  con  su  situación 
actual  y  con  sus  costumbres... 

Los  ultrajes  que  el  Perú  infirió  á  Colombia 
habían  inducido  á  Bolívar  á  declarar  la  guerra 
á  aquel  país,  que  la  aceptó,  autorizando  al 
Presidente  Lámar  para  mandar  en  persona  las 
tropas.  El  Perú  tenía  en  esta  guerra  una  se- 
ñalada ventaja,  pues  contaba  con  la  simpatía 
y  protección  secreta  del  partido  liberal  en  Co- 
lombia, es  decir,  del  partido  hostil  á  Bolívar. 

El  Perú  precipitó  en  consecuencia  su  agre- 
sión contra  Colombia,  enviando  hacia  Guaya- 


BOLÍVAK  301 

quil  una  escuadrilla  compuesta  de  cinco  bu- 
ques, y  á  la  frontera  un  ejército  de  ocupación 
de  4,000  hombres,  que  se  elevaría  al  duplo 
cuando  llegaran  las  fuerzas  con  que  Gamarra 
había  ocupado  á  Bolivia. 

La  escuadrilla  no  sólo  penetró  en  la  ría  de 
Guayaquil,  sino  que  cañoneó  la  plaza  y  esta- 
bleció un  riguroso  bloqueo,  apoderándose  de 
los  productos  de  la  Aduana.  La  resistencia  era 
inútil ,  porque  allí  no  tenía  Colombia  marina 
que  oponer  á  la  peruana,  habiéndose  pasado  á 
ésta  la  corbeta  Colombiana  «  Pichincha,  y 
dando  por  pretexto  los  traidores  (pie  la  mon- 
taban, que  el  Perú  les  pagaría  mejor.  Además, 
el  ejército  de  Lámar  había  penetrado  ya  en 
las  provincias  de  Loja  y  Cuenca,  y  lo  que  es 
más  grave  todavía,  los  coroneles  Colombianos 
Obando  y  López  se  habían  pronunciado  en  Po- 
pa van  contra  el  Gobierno  de  Bolívar,  sin  duda 
alguna  en  connivencia  con  los  peruanos,  atento 
á  que  aquel  pronunciamiento  fué  anunciado  y 
comentado  por  la  prensa  de  Lima  horas  antes 
de  ejecutarse. 

Cuando  este  suceso  ocurrió,  algo  más  triste 


302  BOLÍVAR 

y  desgarrador  acababa  de  acontecer  en  el  co- 
razón de  Colombia  ;  algo  que  omitiríamos  en 
esta  relación  si  nuestro  deber  no  nos  lo  impi- 
diera. 


XVII 


Cuando  Bolívar  aceptó  la  dictadura,  los 
enemigos  del  «  Libertador  »  se  exasperaron  y 
decidieron  matarlo.  La  efervescencia  de  los 
ánimos  había  llegado  á  su  colmo  y  las  pasiones 
se  desbordaban  ruidosamente. 

Tan  criminal  proyecto  fué  concebido  no  por 
asesinos  vulgares,  sino  por  hombres  de  cierta 
importancia  política  y  militar,  y  por  varios  jó- 
venes de  los  más  cultos  é  ilustrados  que  la  so- 
ciedad granadina  tenía  en  aquel  tiempo. 

El  general  Santander  era  el  verdadero  jefe 
de  la  propaganda  contra  Bolívar,  y  natural- 
mente no  ignoraba  el  proyecto;  peco  es  justo 


304  BOLÍVAR 

confesar  que  combatió  siempre  el  pensamiento 
del  asesinato.  El  plan  de  Santander  era  desti- 
tuir á  Bolívar  por  medio  de  contra-pronuncia- 
mientos que  se  efectuaran  en  el  país,  del  mismo 
modo  que  los  que  le  invistieron  de  la  dicta- 
dura ;  pero  no  aprobó  la  idea  de  atentar  contra 
su  vida. 

Y  esto  mismo  no  lo  aceptaba  Santander 
sino  á  condición  de  que  se  realizara  después 
de  su  separación  de  Colombia ,  que  debía  efec- 
tuarse sin  demora;  porque  Bolívar,  probable- 
mente para  desliacerse  de  un  modo  honroso  de 
su  rival,  le  había  nombrado  enviado  extraor- 
dinario y  ministro  plenipotenciario  de  Colom- 
bia en  Washington;  y  Santander,  que  conocía 
su  embarazosa  posición,  había  aceptado  aquel 
nombramiento. 

Los  conjurados  habían  resuelto  no  ejecutar 
el  proyecto  sino  el  28  de  Octubre,  día  de  San 
Simón,  porque  contaban  que  para  esa  fecha  se 
habría  ido  ya  Santander,  y  que  con  motivo  de 
la  celebración  del  Santo  de  Bolívar  sería  ase- 
quible la  entrada  en  su  casa,  y  más  fácil,  por 
consiguiente,  la  ejecución  del  proyecto. 


BOLÍVAR  305 

Ocurrió,  sin  embargo,  un  suceso  inesperado 
que  les  obligó  á  proceder  mucho  antes  de 
aquel  dia,  y  fué  que  el  capitán  Triana,  uno  de 
los  conjurados,  fué  reducido  á  prisión  en  la 
tarde  del  25  de  Setiembre  por  delación  del  te- 
niente Salazar,  á  quien  acababa  de  invitar  á 
que  entrara  en  la  conspiración. 

Efectuada  esta  prisión,  temieron  los  cóm- 
plices de  Triana  que  se  descubriera  <■!  proyecto, 
y  no  perdieron  tiempo  en  ponerlo  por  obra 
aquella  misma  noche. 

Á  la  sazón  guarnecían  á  Bogotá  el  batallón 
Vargas,  fuerte  de  700  plazas,  aliñando  déjeles 
y  oficiales  Venezolanos,  admiradores  de  Bolí- 
var;  el  regimiento  Granaderos  montados,  tam- 
bién de  venezolanos,  y  media  brigada  de  ar- 
tilleros, compuesta  de  granadinos.  Los  con- 
jurados contaban  solamente  con  esta  última 
pequeña  fuerza. 

Cuando  Santander  tuvo   noticia  de   que  el 

crimen  iba  á  cometerse,  ni  pudo  impedirlo,  ni 

mucho    menos    denunciarlo.   Resolvió,  pues, 

pasar  la  noche  en  casa  de  su  hermana. 

Los  conjurados,  reunidos  en  la  casa  de  Yar- 

20 


306  BOLÍVAR 

gas  Tejada  hasta  las  once  y  cuarto  de  la  noche, 
bien  armados  y  convenidos  en  el  plan  de  ata- 
que ,  salieron  á  dicha  hora ;    ¡la  más 

ciega  pasión  les  conducía! 

En  el  grupo  iban  Garujo,  Vargas  Tejada, 
Florentino  González,  Horment,  Zulaivar,  Ló- 
pez y  otros.  En  el  cuartel  de  Granaderos  estaba 
preso  desde  que  Montilla  lo  envió  de  Carta- 
gena, el  valeroso  general  Padilla.  Ignoraba 
éste  el  proyecto;  pero  los  conjurados,  cono- 
ciendo sus  resentimientos  contra  Bolívar,  no 
dudaron  que  libertándolo  de  la  prisión,  se 
pondría  al  frente  de  las  tropas. 

El  ataque  empezó  por  el  palacio  en  que 
dormía  Bolívar.  Sorprenden  allí  la  guardia; 
matan  á  puñaladas  cuatro  centinelas,  penetran 
en  las  habitaciones,  hieren  gravemente  al  ani- 
moso edecán  de  servicio  Ibarra  (Andrés)  que 
pretende  oponérseles,  y  á  los  gritos  de  «  ¡Viva 
la  libertad !  »  «  ¡  Muera  el  tirano  !  »  llegan 
hasta  la  propia  estancia  de  Bolívar. 

Este,  que  al  oir  la  algazara  pretendió  salir, 
armado  de  su  espada,  desistió  del  propósito 
porque  su  querida,  que  le  acompañaba  en  la 


BOLÍVAR  307 

noche  de  aquel  trance,  haciéndole  comprender 
la  inutilidad  del  sacrificio,  le  ayudó  á  descol- 
garse por  el  halcón,  y  ya  en  la  calle,  corrió 
Bolívar  en  dirección  del  cuartel  de  Vargas. 

Hecho  ésto,  la  Sáenz  abrió  la  puerta,  y  mos- 
trando á  los  conjurados  la  desierta  estancia, 
les  aseguró  que  Bolívar,  avisado  de  la  cons- 
piración, dormía  esa  noche  en  la  casa  de  un 
amigo. 

Bolívar,  á  poco  de  haberse  arrojado  por  el 
balcón,  tuvo  la  fortuna  de  hallar  á  un  criado 
suyo  de  toda  confianza,  que  se  recogió  tarde 
esa  noche,  y  que  al  conocerlo,  se  le  incorporó. 
Muy  útil  le  fué  tan  fiel  compañero,  porque  con 
su  auxilio  pudo  arrojarse  en  la  hondonada 
del  puente  del  Carmen,  á  tiempo  que  se  cru- 
zaban los  fuegos  del  batallón  Vargas  con  los 
de  artilleros.  Allí  se  guareció  mientras  se  cono- 
cía el  resultado. 

Para  entonces,  el  capitán  Silva  había  ata- 
cado con  la  brigada  de  artillería,  pero  sin  éxito 
alguno,  el  cuartel  de  Vargas  y  Canijo;  que 
venía  en  retirada  del  palacio  de  Bolívar,  había 
matado  de  un  pistoletazo  á  su  íntimo  amigo  el 


308  BOLÍVAR 

coronel  Fergusson,  edecán  de  Bolívar,  que 
yendo  en  auxilio  de  su  jefe,  é  ignorante 
de  lo  que  pasaba,  le  preguntó  qué  novedad 
ocurría . 

El  batallón  Vargas  salió  en  persecución  de 
los  artilleros ;  estos  se  pusieron  en  retirada, 
cubriéndola  con  sus  fuegos  en  las  calles  de  la 
ciudad.  Antes  de  salir  de  su  cuartel  para  ata- 
car el  de  Vargas,  dos  oficiales  con  un  piquete, 
saltando  una  pared,  penetraron  en  la  casa 
donde  estaba  preso  el  general  Padilla,  y  sor- 
prendiendo y  desarmando  la  guardia,  pusieron 
preso  al  coronel  José  Bolívar,  jefe  encargado 
de  la  custodia. 

Obligado  Padilla  á  salir  con  el  coronel 
Bolívar  á  la  calle,  donde  le  esperaba  otro 
piquete  de  artilleros,  para  ponerse  á  sus  órde- 
nes, se  resistió  á  acompañarlos,  exigiendo  que 
se  le  restituyera  á  su  prisión  pocos  instantes 
después. 

En  tal  estado,  que  se  hizo  crítico  por  la 
aproximación  de  las  fuerzas  de  Vargas  en  per- 
secución de  los  artilleros,  mataron  estos  de  un 
pistoletazo   al  coronel  Bolívar,    y   dieron    la 


BOLÍVAR  309 

espada  del  muerto  á  Padilla,  dejándolo  solo  en 
el  puesto.  Saltó  éste  la  misma  pared  «pie  antes 
saltaron  los  artilleros,  y  se  introdujo  en  sn  pri- 
sión, pero  cometiéndola  imprudencia  de  llevar 
consigo  la  espada  ensangrentada. 

Entre  tanto  Bolívar  y  su  fiel  criado  permane- 
cieron ocultos  más  de  tres  horas  bajo  el  puente. 
De  vez  en  cuando,  algunas  partidas  del  bata- 
llón Vargas  que  recorrían  las  calles,  gritaban 
«  ¡Viva  el  Libertador!  »  pero  éste  no  se  pre- 
sentaba temeroso  de  (pie  aquel  grito  fuera  una 
treta  |>ara  descubrirlo.  Al  fin,  repitiéndose  los 
vivas,  acercóse  cautelosamente  el  criado  á  una 
pared,  pororden  de  Bolívar,  á  verquiénes  eran 
los  <pie  pasaban;  y  conociendo  al  comandante 
Espina  y  al  teniente  Fominaya,  edecán  del 
general  Córdova,  snpo  en  el  acto  lo  ocurrido. 

El  historiador  Posada  Gutiérrez,  cuya  na- 
rración nos  parece  la  más  imparcial  de  las  «pie 
hemos  leído,  dice  (pie  Bolívar,  maltrecho  casi 
sin  poder  articular  palabra,  montó  en  el  ca- 
ballo de  Espina,  y  se  dirigió  en  seguida  á  la 
plaza,  donde  fia''  recibido  con  tal  entusiasmo 
([lie,   á   punto  de  desmayarse,    dijo  con   voz 


310  BOLÍVAR 

conmovida  :  «  ¿Queréis  matarme  de  gozo,  ya 
que  no  he  muerto  de  dolor?  » 

En  efecto,  aquellas  horas  fueron  las  más 
amargas  que  pasó  durante  su  vida,  y  fácil  es 
comprender  cuál  no  sería  su  dolor  al  verse 
refugiado  bajo  un  puente  en  las  altas  horas  de 
la  noche,  apenas  vestido,  dentro  del  agua, 
ignorando  lo  que  pasaba,  puesto  que  sólo 
sabía,  en  aquellas  mortales  horas,  que  sus 
grandes  servicios  á  la  patria  habían  sido  des- 
conocidos, ¡  hasta  el  punto  de  buscarle  para 
asesinarlo ! 

Bolívar  regresó  al  palacio  á  las  cuatro  de 
la  mañana,  é  hizo  llamar  en  el  acto  al  Presi- 
dente del  Consejo  Castillo  Rada,  para  que  lo 
convocara  inmediatamente,  á  fin  de  que  este 
cuerpo  se  encargara,  por  renuncia  suya,  de 
la  autoridad  que  los  pueblos  le  habían  con- 
fiado, y  se  promulgara  al  mismo  tiempo  nn 
indulto  en  favor  de  los  conjurados,  á  quienes 
no  quería  conocer.  Agregó  que  estaba  deci- 
dido á  partirse  del  país. 

¡  Cuan  noble  fué  Bolívar  en  aquel  momento  ! 
¡  César  le  habría  envidiado !  Desgraciadamente 


BOLÍVAR  31  i 

no  perseveró  en  su  generosa  resolución,  por- 
que el  general  Urdaneta,  Córelo  va  y  los  jefes 
de  las  tropas,  y  otros  personajes  que  en  tales 
ocasiones  recetan  patíbulas  para  demostrar  los 
quilates  de  su  lealtad,  se  presentaron  en  cuerpo 
ante  Bolívar  apenas  supieron  cuál  era  su  reso- 
lución, y  lograron  influir  en  su  ánimo,  hasta 
hacerle  variar.  ¡  Error  funesto,  del  cual  se 
arrepintieron  los  mismos  que  lo  habían  acon- 
sejado ! 

Catorce  individuos  fueron  pasados  por  las 
armas,  entre  ellos  cinco  sargentos  de  la  bri- 
gada de  artillería.  Al  general  Padilla  y  al 
coronel  Guerra  se  les  exhibió  en  una  horca 
después  de  fusilados,  y  Aziiero,  joven  distin- 
guidísimo, fué  pasado  por  las  armas. 

La  exhibición  de  los  cadáveres  de  los  dos 
jefes  nombrados  produjo  malísima  impresión, 
y  fué  un  alarde  de  crueldad,  indigno  del 
noble  carácter  americano. 

Santander,  condenado  á  muerte,  obtuvo  por 
recomendación  del  Consejo  de  Estado  que  se 
le  conmutara  la  pena  por  la  de  destierro.  Igual 
suerte  cupo  á   Florentino  González,  joven  de 


312  BOLÍVAR 

23  años,  que  tan  brillantes  servicios  prestó 
después  á  su  patria.  El  comandante  Canijo 
salvó  la  vida  á  cambio  de  delaciones  que  le 
infamaron,  y  el  distinguido  joven  Vargas 
Tejada,  huyendo  hacia  Casanare,  se  ahogó  al 
pasar  un  río. 

Este  fué  el  triste  desenlace  de  la  conjuración 
del  25  de  Setiembre.  Por  grande  que  sea  el 
horror  que  inspire  tan  injustificable  crimen,  la 
posteridad  cubrirá  con  el  manto  de  su  compa- 
siva indulgencia  la  memoria  de  algunos  de  los 
que  en  aquella  infausta  noche  asumieron  el 
carácter  de  asesinos.  Más  que  ésto,  fueron 
fanáticos  y  víctimas  de  sus  propios  errores, 
como  lo  reconocieron  después.  Ésta  ha  sido, 
á  lo  menos,  la  opinión  de  su  propia  patria,  que 
honró  más  tarde  á  los  que  sobrevivieron  con 
altos  empleos,  y  á  algunos  de  los  muertos, 
con  la  erección  de  estatuas. 

Por  supuesto,  no  merecen  tan  piadosas 
indulgencias  los  advenedizos  que  tomaron 
parte  en  la  comisión  de  aquel  crimen,  ni  los 
que  por  realistas  carecían  de  motivo  para  in- 
quietarse por  las  opiniones  de  Bolívar. 


BOLÍVAR  313 

Refiramos  para  completar  la    relación    de 

este  desgraciado  asunto,  un  episodio  que  ocu- 
rrió aquella  noche  con  el  general  Córdova,  y 
<{iie  fué  tal  vez  cansa  del  levantamiento  y 
muerte  de  tan  heroico  soldado.  Córdova  ha- 
bía dado  grandes  pruebas  de  fidelidad  á  Bolí- 
var. En  la  Asamblea  que  le  proclamó  Dic- 
tador, Córdova  fué  uno  de  sus  más  fervorosos 
partidarios,  y  aun  poco  faltó  para  irse  a  vías 
de  hecho  contra  el  Dr.  Juan  Vargas,  partidario 
de  Santander.  Al  oir  los  cañonazos  y  las  des- 
cargas de  fusilería  durante  la  noche,  Córdova 
salió  de  su  casa  á  caballo  en  dirección  de  la 
plaza,  como  lo  hicieron  los  demás  amigos  de 
Bolívar,  los  generales  París,  Vélez,  Herrera  y 
otros.  En  el  tránsito  encontró  á  Canijo,  que 
acababa  de  matar  á  Fergusson  ;  y  habiéndole 
dirigido  una  pregunta  igual  á  la  que  le  hizo 
éste,  Carujo  le  hizo  creer  que  venía  replegán- 
dose, porque  las  tropas  de  Vargas  se  habían 
insurreccionado.  Á  tiempo  que  esto  pasaba, 
llegó  una  compañía  de  Vargas,  haciendo  fuego 
sobre  la  fuerza  de  Carujo,  al  grito  de  «  ¿  Quién 
vive?».  Córdova,  comprendiendo  su  engañor 


314  BOLÍVAR 

contestó,  <(  ¡  Viva  el  Libertador  !  »  Canijo 
desapareció,  y  los  de  Vargas  acompañados  por 
Córdova  siguieron  á  la  plaza.  Pero  el  inci- 
dente sirvió  de  pretexto  para  que  la  calumnia 
se  cebara  en  su  nombre,  precipitándole  más 
tarde  en  la  rebelión. 


XVIII 


Fué  consecuencia  de  la  conjuración  del 
25  de  Setiembre  el  levantamiento  de  los  coro- 
neles Obando  y  López  en  Poparán,  descono- 
ciendo la  autoridad  de  Bolívar.  De  manera  que 
existían  por  el  momento  dos  peligros  en  Co- 
lombia, la  insurrección  mencionada  y  la  guerra 
del  Perú. 

Bolívar,  á  pesar  de  sentirse  muy  afectado 
por  el  aciago  acontecimiento  de  Bogotá,  se 
ocupó  seriamente  en  los  asuntos  del  Sur  y 
organizó  en  pocos  días  una  división  de  1,500 
hombres,  que  al  mando  del  general  Córdova 


316  BOLÍVAR 

fué  enviada  en  persecución  de  los  dos  insu- 
rrectos coroneles. 

Él  mismo  resolvió  pasar  en  persona  al  Sur, 
y  en  efecto  salió  para  Popayán  el  28  de 
Diciembre,  dejando  antes  expedido  el  decreto 
en  que  se  convocaba  el  Congreso  constituyente 
de  Colombia  para  el  2  de  Enero  de  1830. 

Á  la  fecha,  una  de  sus  grandes  medidas 
había  sido  encargar  á  Sucre  el  mando  civil  y 
militar  de  aquellos  departamentos  para  orga- 
nizar en  ellos  un  ejército  que  oponer  á  las 
fuerzas  invasoras  del  Perú  al  mando  del  ge- 
neral Lámar.  Pensamiento  muy  acertado  fué 
encomendar  la  defensa  del  Sur  de  Colombia 
a  Sucre  y  á  Flores,  generales  ambos  valerosos 
é  inteligentes  que,  sin  duda  alguna,  destrui- 
rían el  ejército  del  presuntuoso  Lámar. 

Modesto  y  generoso  Sucre,  é  inspirado  por 
Bolívar,  propuso  al  peruano  un  arreglo  hon- 
roso, que  no  fué  aceptado,  porque  envanecido 
Lámar  con  la  posesión  de  Guayaquil,  con  la 
superioridad  de  su  ejército,  y  con  el  auxilio 
moral  que  le  procuraba  la  insurrección  de 
Popayán,  hizo  exigencias  más  que  ridiculas, 


BOLÍVAR  317 

y  aun  intentó  un  movimiento  secreto  sobre 
Cuenca,  que  fracasó,  recibiendo  así  en  el  pue- 
blo de  Saraguro  la  primera  derrota  en  una 
sorpresa  que  le  hizo  Flores,  y  que  le  obligó  á 
huir  para  salvarse. 

Á  pesar  de  esto,  el  ejercito  peruano  era  su- 
perior al  de  Colombia,  pero  esta  superioridad 
no  arredró  á  Sucre,  que  le  buscó  para  des- 
truirlo en  una  acción  más  formal,  encontrán- 
dole al  fin  en  el  Pórtete  de  Tarqui. 

Trabóse  allí  la  batalla,  y  los  peruanos  fueron 
completamente  derrotados,  dejando  el  campo 
sembrado  de  cadáveres,  y  entre  muertos, 
heridos  y  prisioneros  2,500  hombres,  con  60 
jefes  y  oficiales,  en  tanto  que  la  pérdida  de  los 
colombianos  fué  apenas  de  300. 

Sucre,  generoso  siempre  é  inspirado  en  el 
amor  que  tenía  al  país  que  había  redimido 
con  su  espada,  ofreció  á  Lámar  una  capitula- 
ción que  éste  aceptó  el  28  de  Febrero  en  Girón. 

Antes  de  proseguir  en  los  términos  de  este 
convenio,  digamos  que  Sucre,  entusiasmado 
con  el  valor  y  pericia  que  desplegaran  en 
aquella  jornada  el  general  Flores  y  el  coronel 


318  BOLÍVAR 

O'Leary,  concedió  al  primero  el  grado  de 
general  de  división,  y  al  segundo  el  de  general 
de  brigada,  ascensos  ambos  muy  merecidos. 
Ordenó,  además,  que  se  erigiera  una  columna 
en  el  campo  de  batalla  para  conmemorar  los 
nombres  de  los  cuerpos  de  tropa  y  de  los  jefes 
y  oficiales  que  combatieron  aquel  día.  Este 
monumento  debía  tener  en  el  lado  del  campo 
enemigo  la  siguiente  inscripción  incrustada 
en  letras  de  oro  :  «  El  ejército  peruano  de 
«  8,000  soldados  que  invadió  la  tierra  de  sus 
«  libertadores,  fué  vencido  por  4,000  bravos 
«  de  Colombia  el  27  de  Febrero  de  1829.  » 

Obligóse  Lámar  por  la  capitulación,  entre 
otras  cosas  menos  importantes,  á  entregar  á 
Colombia  la  corbeta  Pichincha,  á  devolver  la 
ciudad  de  Guayaquil  y  á  nombrar  plenipoten- 
ciarios que,  unidos  á  los  de  Colombia,  cele- 
braran en  el  mes  de  Mayo  siguiente  el  tratado 
definitivo  de  paz.  Convenido  ésto,  se  retiraron 
á  su  patria  llevándose  apenas  la  tercera  parte 
de  las  fuerzas  con  que  invadieran  á  Colombia. 

Á  tiempo  que  Sucre  obtenía  tales  triunfos, 
otros  no  menores  alcanzaba  Bolívar  sobre  los 


BOLÍVAK  319 

insurrectos  de  Pasto,  al  mando  de  Obando  y 
López.  Envióles  comisionados  excitándoles  á 
la  concordia,  y  al  fin  se  sometieron,  conven- 
cidos de  su  propia  impotencia  ;  pues  si  bien  es 
cierto  que  resistiendo  habrían  impedido  á  Bo- 
lívar el  paso  hacia  el  Sur  que  tanto  le  inquie- 
taba porque  aún  no  conocía  los  triunfos  de 
Sucre,  una  vez  que  el  enemigo  extranjero 
había  sido  vencido,  la  derrota  de  aquellos 
facciosos  no  se  habría  hecho  esperar. 

En  virtud  de  ésta  capitulación  pudo  llegar 
Bolívar  á  Quito  en  la  tarde  del  17  de  Marzo. 
Allí  le  recibió  Sucre,  y  ambos  se  abrazaron  en 
medio  de  la  más  profunda  emoción. 

Narremos  ahora  la  parte  grotesca  de  la 
guerra  peruana.  El  general  Lámar  apenas  se 
vio  fuera  del  alcance  de  las  tropas  colombianas, 
pasó  una  nota  á  Sucre  quejándose  de  haber 
decretado  la  erección  de  un  monumento  tan 
deshonroso  para  el  Perú ;  afrenta  que  éste  no 
podía  soportar,  y  en  consecuencia  pedía  la 
revocación  de  dicho  decreto,  anunciando  que 
si  no  se  accedía  á  su  solicitud,  se  resistiría  á 
devolver  la  ciudad  de  Guayaquil  y  á  cumplir 


320  BOLÍVAR 

las  demás  cláusulas  del  convenio  de  Girón  ; 
y  poniendo  por  obra  la  amenaza  se  preparó  de 
nuevo  á  la  guerra,  reforzando  á  Guayaquil  y 
autorizando  otros  actos  de  hostilidad. 

Bolívar  aceptó  con  dolor  la  prosecución  de 
la  guerra,  pero  decidido  á  emplear  antes  los 
medios  conciliatorios ;  y  de  esto  trataba  cuando 
un  acontecimiento  inesperado  la  hizo  innece- 
saria. Aunque  el  Gobierno  de  Lima  había 
aprobado  la  conducta  de  Lámar,  la  guerra 
era  impopular  en  el  Perú,  y  el  orgullo  nacio- 
nal excitado  con  la  derrota  de  Tarquí,  no  podía 
tolerar  que  aquel  Colombiano  continuara  ejer- 
ciendo la  Presidencia,  una  vez  que  el  éxito  no 
había  coronado  sus  aventuras. 

Ocurrió,  pues,  una  revolución  militar  en  el 
Perú  al  mando  del  general  Gutiérrez  de  La- 
fuente  ;  y  el  Presidente  en  campaña  fué  desti- 
tuido y  reemplazado  poco  después  por  el  gran 
mariscal G amarra,  nombrado  provisionalmento 
por  el  Congreso,  que  Lafuente  convocó  durante 
el  corto  período  de  su  dictadura. 

El  nuevo  Gobierno  peruano  se  apresuró  á 
hacer  la  paz  con  Colombia,  y  el  tratado  defini- 


BOLÍVAR  321 

tivo  quedó  firmado  en  Setiembre  de  1829.  La 
ciudad  de  Guayaquil  fué  devuelta  á  Colombia, 
y  las  relaciones  entre  ambos  países  volvieron  á 
ser  cordiales.  Lamár  fué  expulsado  del  Perú  y 
embarcado  para  Costa-Rica,  donde  murió  al- 
gún tiempo  después, probablemente  de  tristeza. 

Apenas  se  había  restablecido  Bolívar  de  la 
grave  enfermedad  que  padeciera  en  esta  cam- 
paña, y  que  casi  le  puso  á  las  puertas  del  se- 
pulcro, por  la  imprudencia  de  haberla  empren- 
dido en  la  estación  de  las  lluvias,  y  en  un  país 
azotado  por  las  liebres,  cuando  tuvo  el  dolor  de 
saber  que  el  general  Córdova,  con  una  fuerza 
insignificante,  se  había  sublevado  en  Medellin, 
desconociendo  su  autoridad. 

El  levantamiento  de  Córdova,  jefe  éste  que 
fué,  sin  duda,  uno  de  los  más  fervorosos  admi- 
radores de  Bolívar,  no  puede  explicarse  sino 
por  las  intrigas  que  contra  él  pusiera  enjuego, 
de  largo  tiempo  atrás,  el  coronel  *  Tomás  Ci- 
priano de  Mosquera,  á  la  sazón  general.  No 
entra,  sin  embargo,  en  nuestro  plan  mencionar 
aquí  los  pormenores  de  la  enemistad  de  am- 
bos jefes. 

■u 


322  BOLÍVAR 

Bastará  decir  que  era  Córdova  un  joven  pun- 
donoroso, de  temerario  valor  y  con  cierto  ta- 
lento natural  que  cultivaba  con  esmero.  Aspi- 
raba él,  como  todos  los  de  su  posición,  al  re- 
nombre histórico,  y  calumniado  sin  razón  de 
infiel  á  Bolívar  desde  la  aciaga  noche  del  25  de 
Setiembre,  había  sido  víctima  posteriormente 
de  tantas  acusaciones  indignas,  que  al  fin  el 
ánimo  de  Bolívar  se  predispuso,  aunque  sin 
justo  motivo,  contra  él,  y  Córdova  se  lanzó 
por  despecho  en  el  camino  de  la  rebelión. 

Sea  de  esto  lo  que  fuere,  el  general  O'Leary 
recibió  la  orden  de  batir  al  insurgente,  y  no  lo 
efectuó  sin  haberle  dirigido  antes  las  más  ge- 
nerosas proposiciones  de  arreglo.  Apenas  tenía 
Córdova  100  reclutas,  en  tanto  que  O'Leary 
traía  consigo  una  columna  de  800  veteranos. 
Córdova,  empero,  no  aceptó  ningún  arreglo  : 
«  Es  imposible  vencer,  »  le  dijo  el  enviado  de 
O'Leary.  «  ¡  Pero  no  es  imposible  morir!...  » 
replicó  el  insurrecto,  y  probó  más  tarde  que 
tales  palabras,  pronunciadas  por  un  hombre 
de  tan  gran  corazón,  no  eran  mero  alarde  de 
valor. 


BOLÍVAR  323 

Dióse  el  combate,  y  por  supuesto,  en  él 
quedó  vencido  Gordo  va.  En  vano  desplegó  su 
admirable  valor  aquel  día ;  en  vano  peleó  con 
temeridad  inaudita  al  lado  de  sus  compañeros. 
Las  tropas  de  O'Leary  le  derrotaron,  y  Cór- 
dova,  al  verse  casi  solo,  se  refugió  apenas 
con  20  hombres  en  una  casa  inmediata,  en  la 
cual  continuó  defendiéndose,  aunque  herido. 
Atacado  allí  de  orden  de  O'Leary  hasta  ren- 
dirlo, por  una  fuerza  al  mando  de  Castelli  y  de 
Ruperto  Hand,  que  procedía  de  la  escoria  so- 
cial de  Irlanda,  no  quiso  entregarse.  La  fuerza 
penetró,  y  Hand  acahó  de  matarlo  de  dos 
sahlazos. 

Así  concluyó  sus  días  uno  de  los  vencedores 
en  Pichincha  y  Ayacucho. 

Cuando  O'Leary,  nohle  oficial  y  perfecto 
cal  tallero,  tuvo  noticia  de  la  indigna  acción 
de  Hand,  á  quien  despreciaba,  porque  con 
frecuencia  estaha  ebrio,  lo  separó  de  la 
división. 

Bolívar  recibió  la  noticia  de  este  triste  su- 
ceso en  el  tránsito  de  Guayaquil  á  Bogotá,  y 
condolido  de  la  infausta  suerte  de  Córdova, 


324  BOLÍVAR 

indultó  á  todos  sus  parientes  y  amigos,  com- 
plicados en  el  alzamiento. 

Entre  tanto  había  llegado  á  Bogotá,  como 
antes  llegara  á  Caracas  el  Señor  de  Bresson, 
enviado  del  Gobierno  francés,  en  compañía 
del  duque  de  Montebello,  que  no  llevaba  mi- 
sión alguna  para  examinar  el  estado  de  las 
cosas,  y  decidir  si  Francia  podría  entrar  de- 
corosamente en  relaciones  diplomáticas  con  el 
nuevo  país.  Hizo  el  enviado  francés  el  día  de 
su  recepción  un  discurso,  al  final  del  cual  ma- 
nifestó que  los  votos  de  su  Gobierno  eran  por 
la  tranquilidad  de  Colombia,  por  el  restableci- 
miento y  consolidación  de  instituciones  libres 
y  fuertes  que  dieran  á  la  Europa  garantías  de 
que  el  orden  público  se  conservaría  en  los 
nuevos  países  de  América. 

Como  el  Congreso  constituyente  estaba  en 
vísperas  de  reunirse,  y  la  cuestión  de  la  mo- 
narquía surgía  de  nuevo,  por  una  impru- 
dencia de  Bolívar  que  referiremos  después, 
varios  diputados  preguntaron  confidencial- 
mente al  enviado  francés,  si  Carlos  X  recibiría 
con  gusto  la  exaltación  de  un  príncipe  de  su 


BOLÍVAR  325 

familia  al  trono  de  Colombia.  Excusóse  de  con- 
testar el  enviado,  falto  de  instrucciones,  pero 
aplaudió  el  proyecto  y  basta  ofreció  apoyarlo 
<'on  su  influencia.  Pero  en  la  entrevista  oficial 
que  tuvo  con  el  Gobierno  de  Colombia  se  limitó 
al  asunto  de  sus  instrucciones,  lo  cual  descon- 
certó mucho  á  los  miembros  del  Consejo,  que 
unánimemente  apoyaban  el  proyecto  de  mo- 
narquía. Eran  miembros  de  este  Consejo,  Cas- 
tillo Rada,  Urdaneta,  Restrepo,  Yergara  y 
Tanco. 

Bolívar  había  tenido  la  culpa  de  que  esta 
cuestión  se  pusiera  otra  vez  sobre  el  tapete, 
aunque  con  la  más  sana  intención,  porque 
creyéndose  muy  grave  en  su  reciente  enfer- 
medad, y  acongojado  por  la  incertidumbre  del 
porvenir  de  Colombia,  dictó  una  circular,  exci- 
tando á  los  principales  Colombianos  á  que  se 
pronunciarán  libremente  por  la  forma  de  Go- 
bierno y  constitución  que  el  próximo  Congreso 
debiera  promulgar.  Este  acto  tan  sano  y 
bonroso  en  sí  mismo,  despertó  las  ambicio- 
nes, y  fué  causa  de  que  muchos  amigos  de 
Bolívar   pensaran    de    nuevo    en    el   estable- 


326  BOLÍVAR 

cimiento    de   una    monarquía    en    Colombia. 

Y  fué  lo  más  original  que  el  consejo  de  Bo- 
gotá hizo  imprudentes  negociaciones  con  los 
enviados  de  Francia  é  Inglaterra,  y  se  creyó 
burlado  por  Bolívar  cuando  éste  le  notificó  en 
carta  escrita  desde  Popayán  en  22  de  Noviem- 
bre, su  más  abierta  desaprobación  á  todo  lo 
hecho.  Se  quejaban  los  del  consejo  de  que 
Bolívar,  instruido  á  tiempo  de  aquellas  nego- 
ciaciones, no  les  hubiera  hablado  francamente 
desde  el  principio. 

Esto  mismo  tuvo  que  hacer  con  los  comi- 
sionados que  de  varios  puntos  de  Colombia  le 
llegaron,  y  muy  particularmente  con  el  que 
envió  Paez  desde  Venezuela.  De  manera,  que 
nadie  tendría  derecho  para  atribuir  á  Bolívar 
el  designio  de  fundar  una  monarquía  en  su 
patria,  ni  mucho  menos  el  de  ambicionar  para 
sí  una  corona.  Lo  único  cierto  fué  que,  ago- 
tado ya  por  el  sufrimiento  y  desengaños,  de- 
caído en  su  salud  y  temiendo  á  cada  instante 
que  su  gloria,  su  muy  legítima,  gloria  se 
eclipsara  en  el  tempestuoso  cielo  de  Colombia, 
no  tuvo  el  valor  necesario  para  retirarse   á 


BOLÍVAR  327 

tiempo  y  dejar  á  otros  la  ingrata  tarea  de  des- 
truir el  fruto  de  la  abnegación  y  del  sacrificio. 

Bolívar  llegó  á  Bogotá  el  15  de  Enero  de 
1830.  La  entrada,  aunque  muy  concurrida, 
fué  triste.  Copiemos  aquí  el  testimonio  de  Po- 
sada Gutiérrez,  uno  de  sus  más  leales  histo- 
riógrafos. «  Cuando  Bolívar  se  presentó,  yo 
vi  algunas  lágrimas  derramarse.  Pálido,  ex- 
tenuado ;  sus  ojos,  tan  brillantes  y  expresivos 
en  sus  bellos  días,  ya  apagados  ;  su  voz 
honda,  apenas  perceptible;  los  perfiles  de  su 
rostro,  todo  en  fin  anunciaba  en  él,  excitando 
una  vehemente  simpatía,  la  próxima  disolu- 
ción del  cuerpo,  y  el  cercano  principio  de  la 
vida  inmortal.  » 

Bolívar  dirigió  al  Congreso  una  notable  ex- 
posición en  que  brillan  los  sentimientos  de  su 
noble  alma,  é  hizo  dimisión  de  su  cargo,  en 
concepto  nuestro,  de  la  manera  más  leal  y  de- 
cidida. La  vida  de  Colombia  iba  á  extinguirse 
al  mismo  tiempo  que  la  de  su  fundador. 

Faltaba,  sin  embargo,  otra  coincidencia, 
quizas  la  más  dolorosa,  que  ya  iba  á  realizarse. 

Era  la  patria  quien  debía   proscribir  á  su 


328  BOLÍVAR 

propio  hijo,  echarlo  del  regazo  doméstico, 
maldecirlo  y  abofetearlo...  Esta  triste  misión 
estaba  encomendada  al  general  Paez,  que  la 
llenó  cumplidamente  y  á  satisfacción  de  sus 
admiradores... 

Es  lo  cierto  que  Caracas,  patria  del  héroe, 
fué  la  primera  en  pedir  desde  el  24  de  No- 
viembre, en  una  numerosa  asamblea  presidi- 
da por  Arismendi,  que  se  desconociera  la  au- 
toridad de  Bolívar,  que  se  proclamara  la  diso- 
lución de  Colombia  y  se  nombrara  á  Paez 
como  jefe  supremo  de  Venezuela,  mientras 
una  Convención  que  al  efecto  se  convocaría, 
proveyera  lo  conveniente. 

La  comisión  nombrada  por  la  asemblea  de 
Caracas,  y  compuesta  de  Fortique,  Alfonzo  y 
Guzman  se  presentó  á  Paez,  en  Valencia.  No 
aceptó  éste  por  el  momento  la  autoridad ;  tal 
vez  por  recordar  las  escenas  de  1827;  pero 
pasada  la  primera  sombra  del  remordimiento, 
aprobó  lo  hecho,  aceptando  la  dictadura. 
Quedó,  pues,  consumada  la  separación  de  Ve- 
nezuela. Si  allí  se  hubiera  detenido  la  revolu- 
ción, habría  sido  fecunda  tal  vez,  porque,  con 


BOLÍVAR  329 

la   disolución  de  Colombia,  hecha  de    modo 

conveniente,  cada  país  se  hubiera  constituido 
pacíficamente  sin  sembrar,  al  separarse,  el  ger- 
men de  nuevas  é  infecundas  discordias.  Pero 
esto  no  satisfacía  á  las  pasiones  de  aquel 
tiempo.  Era  preciso  sacrificar  á  Bolívar,  y 
seguir  después  invocando  su  nombre  para 
otros  propósitos... 

El  Congreso  colombiano  no  aceptó  la  re- 
nuncia, y  le  suplicó  que  continuara  al  frente 
del  Gobierno,  á  lo  menos  hasta  que  fuera 
proclamada  la  nueva  constitución.  Bolívar 
accedió  ;  pero  no  era  el  poder  lo  que  quedaba 
en  sus  manos,  sino  su  sombra  engañadora. 
El  triste  drama  se  acercaba  ya  á  su  desenlace. 

Al  saber  Bolívar  lo  ocurrido,  pensó  en  ir  á 
Venezuela  para  tener  una  entrevista  con  Paez, 
en  la  que  pudieran  entenderse  ;  pero  el  Con- 
greso, haciéndole  desistir  de  tal  pensamiento, 
nombró  á  dos  de  sus  miembros,  el  gran  Maris- 
cal de  Ayacucho  y  el  obispo  de  Santa  Marta, 
para  llenar  aquel  fin. 

Digamos  antes  de  proseguir,  algo  que  inte- 
resa á  la  moralidad  de  la  historia.    Paez  pu- 


330  BOLÍVAR 

blicó  en  su  auto-biografía  varias  cartas  que 
dirigió  á  Bolívar.  Hay,  sin  embargo,  una  que 
no  fué  publicada,  y  cuyo  original  está  en  po- 
der nuestro.  Esta  carta  desvanece  todas  las 
sombras ;  la  historia  se  encargará  de  comen- 
tarla. 

Dijimos  antes  que  el  acta  revolucionaria  de 
Caracas,  desconociendo  á  Bolívar,  había  sido 
firmada  el  24  de  Noviembre.  Ocho  días  antes, 
con  fecha  16,  escribió  Paez  la  siguiente  carta 
á  su  querido  general  y  amigo.  Hela  aquí. 

PAEZ  Á  BOLÍVAR. 

Valencia  16  de  Noviembre  iS¿í). 
A.  S.  E .  el  Libertador  presidente  Simón  Bolívar,  etc. 

Mi  querido  general  y  amigo, 

Ya  le  he  manifestado  en  mis  anteriores  el  motivo  que 
hubo  para  que  hubiesen  pasado  algunos  correos  sin 
que  hubiese  recibido  carta  mia,  de  lo  que  se  queja  en  su 
muy  apreciada  de  o  de  Setiembre  que  tengo  á  la  vista. 

Á  muchos  he  oido  discurrir  aquí  acerca  de  la  utilidad 
que  resultaría  a  Colombia  de  que  V.  se  acercase  al  Con- 
greso Constituyente  que  ha  de  reunirse  en  Bogotá,  é 
inspirando  confianza  á  los  representantes,  les  ayudase 


BOLÍVAR  331 

con  pus  consejos,  hijos  de  la  experiencia,  á  afianzarnos 
la  dicha  de  un  Gobierno  estable.  Si  todos  se  persuadieran 
tanto  como  yo  de  la  sinceridad  con  que  V.  desea  el  bien  : 
si  la  calumnia  no  asestara  sus  tiros  sobre  la  reputación 
más  bien  establecida  :  si  la  infamia  no  se  complaciera 
en  acercarse  á  lo  menos  á  los  más  grandes  héroes,  no 
dudaría  yo  un  instante  en  pensar  del  mismo  modo,  pues 
estoy  cierto  que  Colombia  sacaría  de  esa  operación  todos 
los  frutos  y  ventajas  que  debe  esperar  de  su  creador,  de 
su  padre,  y  del  hombre  de  quien  ha  recibido  cuantos 
beneficios  está  poseyendo.  Yd.  parece  nacido  para  colo- 
carse en  posiciones  peligrosas,  y  yo,  aunque  mucho 
inferior  y  en  mi  corto  alcance,  para  ser  compañero  de 
-ii  destino.  Vd.  está  colocado  entre  la  fuerza  del  deber, 
y  el  poder  de  la  calumnia  :  debería  Vd.  hacer  cuanto 
crea  útil  para  la  patria,  sin  temerá  la-  pasiones,  dejando 
á  la  posteridad  la  absolución  ó  condenación  de  su  con- 
ducta :  el  poder  de  las  pasiones  dura  poco,  el  de  la  virtud 
es  tan  eterno  como  el  de  la  razón  y  la  justicia.  Cuando 
sus  obras  sean  meditadas  ron  la  calina  de  la  reflexión, 
entonces  el  nombre  de  Bolívar  atraerá  las  bendiciones 
de  todos  los  corazones  tiernos,  de  los  hombres  justos,  y 
entonces  vendrán  á  conocer  que  Yd.  sirvió  para  la  patria 
y  se  sacrificó  por  ella. 

Los  consejos  de  Vd.  desde  tanta  distancia,  serán 
siempre  traicionados;  los  creerán  unos,  los  interpre- 
tarán mal  otros,  cada  cual  los  verá  conforme  á  sus  senti- 
mientos, y  procurará  encontrar  en  ellos,  ó  el  acierto  de 
sus  ideas  ó  el  fundamento  para  ejercitar  su  mordacidad. 
Con  todo,  Yd.  no  podrá  meno-  de  darlos,  porque  ¿cómo 
podría  su  silencio  ser  excusado,  mucho  menos  absuelto 
en  momentos  de  tanta  importancia?  ¿cómo  podría  ser 


332  BOLÍVAR 

justo  que  nosotros  perdiésemos  la  masa  de  razón  y  de 
experiencia  que  Vd.  ha  conseguido  en  tantos  años  de 
ilustres  servicios  hechos  á  su  patria?  Vd.  que  ha  tocado 
todos  los  males,  y  que  ha  estado  luchando  con  los 
obstáculos  de  la  administración,  está  obligado  en  con- 
ciencia y  en  justicia  á  indicar  la  senda  de  nuestra  prospe- 
ridad, aun  cuando  la  impostura  quiera  armarse  contra 
la  buena  fé,  porque  Vd.  es  el  único  que  posee  todos  los 
secretos  de  la  revolución. 

Mi  situación  no  es  menos  penosa;  las  cuestiones  sobre 
forma  de  gobierno  han  comenzado  á  tratarse  por  los 
ciudadanos  :  las  novedades  políticas  siempre  causan  sus 
alarmas,  y  éstas,  por  sus  consecuencias,  no  han  dejado 
de  causar  bastante  inquietud  :  yo  he  creído  que  lo  mejor 
era  no  sofocar  el  torrente  de  los  primeros  movimientos, 
sino  sostener  con  mano  fuerte  el  Gobierno,  según  la 
organización  actual,  y  esperar  que  la  reflexión  rectifique 
las  ideas  y  domine  las  animosidades.  Sin  entrar  en  par- 
tidos, sin  profesar  ninguna  opinión,  con  el  carácter  de  un 
jefe  y  de  un  soldado,  me  he  presentado  cumpliendo  las 
órdenes  que  tengo,  y  protegiendo  la  marcha  de  la  admi- 
nistración pública :  mi  silencio  no  ha  dejado  de  dar  lugar 
á  siniestras  interpretaciones ;  alguna  parte  del  pueblo 
desconfía  de  mí,  porque  me  considera  muy  amigo  de  Vd. 
y  algunos  amigos  de  Vd.  me  consideran  su  enemigo, 
porque  yo  no  hago  todo  lo  que  ellos  quisieran.  ¡  Qué 
trabajo,  general,  gobernar  en  un  gobierno  naciente,  y 
un  gobierno  tal,  en  que  el  Jefe  está  al  alcance  de  todos! 
Aun  en  mi  pequeño  círculo  me  arrebata  también  la 
calumnia  y  despedaza  en  las  aires  mi  reputación,  con 
más  facilidad  que  el  águila  juega  y  despedaza  con  sus 
garras  la  presa.  Miserable  de  mí,  ni  tengo  los  recursos 


BOLÍVAR  333 

mentales  de  Yd.  ni  los  medios  políticos  para  sostenerme; 

estoy  ahora  colocado  en  la  crisis  más  peligrosa  y  enfa- 
dosa que  he  tenido  en  mi  vida  :  antes  estaba  mortificado 
con  el  mando,  ahora  estoy  renegando.  Sólo  me  queda 
un  consuelo  y  un  firme  apoyo,  que  es  la  amistad  de  Yd. 
estoy  cierto  que  nunca  la  perderé,  porque  hago  cuanto 
está  de  mi  parte  para  merecerla.  Si  Yd.  hade  morir  en 
la  Cruz  como  Jesucristo,  espero  que  á  lo  menos  me 
haga  á  mí  la  promesa  que  él  hizo  al  buen  ladrón,  de 
que  aquel  mismo  día  estaría  con  él  en  el  Paraíso,  aunque 
las  dos  tengamos  que  bajar  primero  á  los  infiernos  á 
resucitar  los  cuerpos  de  Jiraldot,  Gedeño,  Plaza  y  todos 
los  santos  patriarcas  de  la  revolución,  que  tomen  ven- 
ganza de  todos  los  ultrajes  que  se  nos  hagan.  Á  Vd. 
no  le  será  posible  separarse  del  mando  :  será  llevado 
á  la  silla  del  Gobierno  con  violencia,  porque  su  nombre 
está  identificado  con  Colombia  ;  pero  yo  debo  ya  descan- 
sar, y  le  pido  y  le  repito,  que  cualquiera  que  sea  el 
desenlace  del  Congreso  constituyente  después  de  su 
reunión,  me  quite  esta  carga,  y  me  deje  sólo  dos  placeres, 
el  primero  sea  considerarme  su  mejor  amigo,  y  el  se- 
gundo poner  en  ejecución  lo  que  antes  de  ahora,  en 
mi  carta  de  21  de  Junio  de  este  año  le  tengo  ofrecido  y 
es,  poner  á  su  disposición  todas  mis  propiedades  y 
acompañarle  en  su  suerte.  Si  estos  solos  bienes  me 
quedan,  estoy  contento  con  Vd.  y  con  la  patria;  con 
ésta,  porque  me  ha  recompensado  más  de  lo  que  yo 
merezco,  y  con  Yd.  porque  tengo  la  amistad  que  más 
he  anhelado  en  el  curso  de  mi  vida  :  compañero  en  las 
armas  y  compañero  en  su  suerte,  quedarán  mis  de- 
seos enteramente  satisfechos,  y  la  posteridad  hallará 
en   mí  la  conducta   de   un    hombre    sincero   desdi-    l,i 


334  BOLÍVAR 

vida  de  un  pastor  hasta  la  elevación  de  un  general. 

Mucho  y  muchísimo  he  sentido  el  ataque  de  fiebre  que 
Vd.  me  dice  ha  padecido  :  cuídese  mucho,  porque  su 
existencia  es  preciosa  :  el  nombre  de  Vd.  está  en  todas 
partes,  y  es  el  que  mantiene  el  orden  :  en  Vd.  están  todas 
las  facultades  y  todos  los  derechos  de  los  Colombianos, 
y  su  falta  sería  la  disolución  del  pacto,  porque  Vd.  es 
el  único  pacto  que  existe  entre  nosotros.  Me  alegro  que 
Vd.  como  me  dice  se  vaya  restableciendo  en  su  campo, 
pues  que  le  ha  aumentado  el  apetito  :  Vd.  sabrá  con  la 
bella  sociedad  extender  esa  pequeña  isla  y  hacerla  cé- 
lebre. 

Espero  que  Vd.  nos  comunique  muy  pronto  la  paz  con 
el  Perú.  Para  cuando  ésta  llegue  á  sus  manos,  estará  la 
Escuadra  en  el  Pacífico,  y  entonces  podrá  exigir  las 
garantías  del  tratado  que  puede  dar  un  gobierno  revo- 
lucionario, y  salir  de  los  embarazos  que  se  le  presenten. 
Sobre  todo,  yo  espero  que  Vd,  nunca  pierda  la  confianza 
de  vencer  todas  las  dificultades,  y  que  me  cuente  como 
siempre  en  el  número  de  sus  mejores  amigos,  como  que 
soy  de  todo  corazón  su  obediente  servidor. 

José  A.  Paez. 


XIX 


Los  acontecimientos  se  sucedieron  con  ver- 
tiginosa rapidez  en  Colombia.  Tanto  en  Nueva 
Granada  como  en  Venezuela,  la  calma  aban- 
donó los  espíritus.  Á  la  reflexión  sucedió  la 
violencia,  al  buen  juicio  la  insensatez.  El  equi- 
librio moral  de  aquella  sociedad  se  había 
perdido . 

Paez,  al  tener  noticia  de  que  el  Congreso  le 
enviaba  dos  comisionados,  decidió  no  reci- 
birlos, y  para  cohonestar  tan  insólita  resolu- 
ción, nombró  otros  que  salieran  á  su  encuen- 
tro en  la  frontera.  Fué  así,  que  al  llegar  al 
territorio  venezolano  Sucre  y  el  Obispo,  se  les 


336  BOLÍVAR 

obligó  á  retroceder  á  Cúcuta.  Ni  la  respeta- 
bilidad de  los  comisionados,  ni  las  protestas 
que  hiciera  Sucre,  que  por  primera  vez  volvía 
á  su  patria  coronado  con  los  laureles  de 
Ayacucho,  contra  aquel  acto  tan  irregular, 
bastaron  para  que  las  autoridades  del  tránsito 
permitiesen  su  residencia  en  la  tierra  venezo- 
lana. Las  órdenes  de  Paez  eran  terminantes. 
Los  Comisionados,  después  de  inútiles  confe- 
rencias con  los  de  Paez,  regresaron  á  Bogotá. 

Para  esa  fecha  Bolívar  se  había  retirado  á 
la  vida  privada,  y  atemperaba  en  su  quinta  de 
Fucha.  La  retirada  había  tenido  por  motivo, 
su  salud,  completamente  decaída.  Así  lo  había 
dicho  al  Congreso,  rogándole  que  le  designase 
un  sucesor  ;  rehusó  aquella  Asamblea,  y  al  fin 
Bolívar  nombró  el  Io.  de  Marzo  al  general 
Caicedo  Presidente  del  Consejo,  quien  se 
encargó  del  Poder  Ejecutivo  de  Colombia. 
Aquel  fué  el  último  día  de  su  mando,  pero  no 
el  de  sus  padecimientos,  pues  hasta  en  su 
modesto  hogar  le  persiguieron  la  calumnia  y  la 
ingratitud. 

Los  sucesos  ocurridos  en  Caracas,  y  partir 


BOLÍVAR  337 

cularmente  la  insurrección  de  la  provincia  de 
Casanare  en  favor  de  aquel  movimiento,  decla- 
rándose adherida  á  Venezuela,  hicieron  com- 
prender á  los  granadinos  la  imposibilidad  de 
conservar  por  más  tiempo  á  Colombia,  y  desde 
entonces  se  reconoció  la  inutilidad  del  Con- 
greso constituyente  y  del  proyecto  de  Consti- 
tución en  que  á  la  sazón  se  ocupaba.  Pen- 
sóse, y  con  razón,  en  que  era  más  cuerdo 
organizar  la  separación.  En  este  sentido  se 
expresó  ante  el  Congreso  el  Presidente  Cai- 
cedo,  sin  alcanzar  que  se  tomase  una  reso- 
lución definitiva,  pues  los  ánimos  estaban 
completamente  anarquizados. 

Al  fin  se  decidió  hacer  la  elección  de  Pre- 
sidente y  Yice-Presidente  de  la  República. 
Pensaron  algunos  en  nombrar  á  Bolívar,  pero 
otros  combatieron  la  elección,  particularmente 
el  general  Urdaneta  que  para  esa  fecha  estaba 
resentido  con  su  antiguo  general.  Varios,  y 
acaso  fundados,  fueron  los  motivos  de  desa- 
cuerdo entre  aquellos  dos  hombres,  unidos 
hasta  allí  por  los  lazos  de  la  común  gloria  y  de 
una  amistad  nunca   desmentida.  Urdaneta  se 

22 


338  BOLÍVAR 

quejaba  de  que  Bolívar  le  hubiera  tratado  con 
injusticia  al  calificar  en  su  presencia  y  de  un 
modo  público  á  Sucre,  como  el  más  digno  de 
los  generales  de  Colombia,  y  se  hubiera  expre- 
sado con  cierta  dureza  de  lenguage  en  la 
Junta  que  convocó  para  consultarle  acerca  de 
la  conveniencia  de  reasumir  el  mando  ;  junta, 
en  la  cual  Urdaneta  opinó  en  contra  del  deseo 
de  Bolívar.  Á  su  turno  se  quejaba  éste,  de  que 
Urdaneta  y  Córdova  hubieran  influido  con  sus 
obsesiones  hasta  hacerle  desistir  de  su 
proyecto  de  indulto  en  favor  de  los  conju- 
rados del  2o  de  Setiembre,  y  también  de  sus 
inconsultos  procederes  respecto  del  proyecto 
de  monarquía . 

El  Congreso  nombró  Presidente  al  señor 
Joaquín  Mosquera  y  Vice-Presidente  al  general 
Caicedo.  Ausente  aquel  en  Popayán,  fué  llamado 
el  segundo  á  encargarse  del  Poder  ejecutivo, 
lo  que  hizo,  aunque  con  alguna  repugnancia. 

Bolívar  decidió  expatriarse,  y  vendiendo 
cuanto  tenía,  vajilla,  alhajas  y  caballos  reunió 
diez  y  siete  mil  pesos  :  palpitante  demostración 
de  su  pureza  é  integridad  ! 


BOLÍVAR  339 

El  Congreso  le  concedió  al  día  siguiente  de 
su  partida  una  pensión  vitalicia  y  un  voto  de 
honores  y  gracias,  digno  de  sus  merecimientos. 
La  partida  de  Bolívar  se  había  fijado  para 
el  8  de  Mayo,  pero  como  era  preciso  que  en 
su  dramática  existencia,  ocurriera  siempre 
algo  que  perturbara  hasta  el  más  noble  de  sus 
propósitos,  sucedió  que  la  víspera  del  viaje  se 
amotinaron  varios  cuerpos  de  tropas  venezo- 
lanas, al  mando  del  general  Portocarrero,  pro- 
duciendo en  la  ciudad  grande  y  general  cons- 
ternación. Felizmente  este  incidente  no  tuvo 
más  consecuencia  que  el  envío  de  dichas 
tropas  á  Venezuela,  que  era  lo  que  ellas  desea- 
ban, pero  sirvió  de  ruin  pretexto  á  los  enemi- 
gos de  Bolívar  para  acusarle  injustamente  de 
complicidad  en  el  movimiento.  Esto  no  impi- 
dió, sin  embargo,  el  viaje  de  Bolívar  hasta 
Cartagena,  que  se  efectuó  el  8  de  Mayo. 

Su  ausencia  tenía  que  producir  grandísimo 
efecto  en  Colombia  ;  con  él  desaparecía  el 
único  prestigio  que  hasta  entonces  había  conte- 
nido tantas  absurdas  ambiciones.  Con  la  sepa- 
ración y  expatriación  del    hombre   superior, 


340  BOLÍVAR 

los  demás  habían  quedado  igualados.  Lícito 
era  ya  lanzarse  en  las  aventuras. 

Colombia  se  había  desmoronado.  El  Ecuador 
no  tardó  en  declararse  en  estado  libre  é  inde- 
pendiente, y  encargó  del  mando  supremo  al 
general  Florez,  el  cual  convocó  para  el  10  de 
Agosto  un  Congreso  constituyente  que  debería 
reunirse  en  la  Ciudad  de  Rio-Bamba. 

En  Venezuela  el  Congreso  constituyente, 
convocado  para  justificar  el  alzamiento  de 
Paez,  abrió  sus  sesiones  el  6  de  Mayo.  Exci- 
tado á  continuar  ejerciendo  el  mando  supremo 
mientras  se  tomaba  alguna  decisión,  presentó 
aquel  su  renuncia.  Como  ésta  no  era  sino  una 
farsa  que  por  frecuente  se  ha  hecho  ya  des- 
preciable en  casi  todos  los  países  de  América, 
el  Congreso  no  la  aceptó,  y  Paez  continuó 
ejerciendo  el  cargo  de  Jefe  supremo  de  la 
República.  Inspirado  el  constituyente  venezo- 
lano en  un  sentimiento  de  implacable  odio 
contra  Bolívar,  previno  al  de  Colombia  que 
para  llegar  á  un  acuerdo  era  indispensable 
que  aquel  se  alejase  del  territorio  de  la  Repú- 
blica !  Hasta  los  más  queridos  compatriotas  de 


BOLÍVAR  341 

Bolívar  le  habían  abandonado  !  Paez  era  el 
nuevo  astro  destinado  á  brillar  en  el  oscuro 
cielo  de  la  patria,  como  el  iris  en  medio  de  la 
tempestad  ! 

Debe  confesarse,  sin  embargo,  que  la  opi- 
nión del  pueblo  venezolano  en  favor  de  la 
transformación  política  fué  casi  unánime,  bien 
que  no  lo  fuera  la  odiosidad  contra  Bolívar, 
sentimiento  explotado  por  sus  enemigos  hasta 
con  crueldad.  Hubo  pocos  disidentes  en  varios 
puntos  de  la  República,  y  aun  se  pusieron  en 
armas  invocando  el  nombre  de  Colombia  y  de 
Bolívar  ;  pero  al  fin  tuvieron  que  rendirse, 
porque  en  el  fondo  el  pensamiento  de  separar 
á  Venezuela  del  resto  de  la  confederación,  era 
verdaderamente  popular  en  dicho  país.  Lo 
mismo  habría  sucedido  en  Nueva  Granada  si 
el  Congreso  de  Cúcuta  hubiera  establecido  la 
capital  en  Caracas,  en  vez  de  establecerla  en 
Bogotá. 

Quedó,  pues,  consumada  la  separación,  y 
proscrito  Bolívar  de  su  propia  patria,  en  virtud 
de  un  decreto  que  expedió  el  Congreso  consti- 
tuyente, el  10  de  Setiembre.   Publicamos  en 


342  BOLÍVAR 

seguida  este  documento,  en  el  cual  no  se 
acordaron  siquiera  á  Bolívar  sus  títulos  de 
Libertador  y  padre  de  la  patria. 


El  Congreso  constituyente  de  Venezuela,  conside- 
rando : 

Io  Que  después  que  Venezuela  proclamó  los  principios 
de  su  política  franca  y  liberal,  y  que  el  Congreso  mostró 
su  indulgencia  en  favor  de  algunos  individuos,  que  se 
habían  desviado  de  la  senda  trazada  por  la  opinión  gene- 
ral, no  faltan  personas  que  intentan  todavía  turbar  la 
tranquilidad  y  el  orden  establecido; 

2o  Que  estos  conatos  y  proyectos  se  apoyan  princi- 
palmente en  la  mansión  que  hace  el  general  Simón  Bolí- 
var en  el  departamento  del  Magdalena,  después  de  haber 
renunciado  el  destino  de  Presidente  de  Colombia,  nom- 
brádose  su  sucesor  constitucionalmente,  y  aún  después 
de  haber  obtenido  su  pasaporte  para  Europa,  según  lo 
anuncian  los  papeles  públicos  de  Cartagena; 

3o  Que  es  tanto  más  insidiosa  la  conducta  del  general 
Bolívar  cuanto  que,  sin  embargo  de  no  tener  ya  carácter 
público,  ha  tratado  de  fomentar  la  insurrección  de  Rio 
Chico,  dirigiéndose  oficialmente  al  Gobierno  de  Bogotá, 
según  lo  demuestra  la  contestación  del  ministerio  del 
Interior  fecha  21  de  Julio  ; 

•4o  Que  desde  allí  promueve  todavía  el  general  Bolí- 
var, por  medio  de  sus  agentes,  la  sedución  de  los  incau- 
tos, y  amenaza  con  hostilidades  á  su  misma  patria, 
cuyos  ciudadanos  fueron  instrumentos    de  su  gloria, 


BOLÍVAR  343 

mientras  él  respetó  el  sistema  de  gobierno,  que  desde 
su  emancipación  política  adoptó  Venezuela  ; 

o°  Que  según  las  últimas  comunicaciones  oficiales, 
que  se  han  recibido  del  departamento  de  Boyacá,  los 
enemigos  de  la  libertad  amenazan  á  mano  armada  la 
capital  de  Bogotá  y  por  consecuencia  también  el  terri- 
torio de  Venezuela  ; 

6o  En  fin,  que  en  tan  críticas  circunstancias  es  un 
deber  de  la  Representación  nacional,  tomar  todas  las 
medidas  que  puedan  evitar  la  propagación  del  contagio, 
y  asegurar  la  paz  interior,  orden  y  tranquilidad  del 
buen  pueblo  de  Venezuela,  cuya  salud  es  la  suprema 
ley,  decreta  : 

Art.  i.°  El  Poder  Ejecutivo  ,de  acuerdo  con  el  Consejo 
de  Gobierno,  aumentado  con  cuatro  miembros  nombra- 
dos por  el  Congreso  de  fuera  de  su  seno,  para  el  solo 
objeto  que  se  expresa  en  este  decreto,  expulsará  del  te- 
rritorio de  la  República,  ó  confinará  á  algún  punto  de 
él,  á  cualquier  individuo,  de  quien  se  tengan  fundados 
motivos,  de  que  contraría  los  principios  y  causa  de  la 
libertad,  que  ha  proclamado  Venezuela. 

Art.  2.°  La  autorización  que  por  el  artículo  anterior 
se  da  al  Poder  Ejecutivo,  no  impide  el  que  los  acusados 
ó  indiciados  de  conspiración,  sean  arrestados,  interro- 
gados y  puestos  á  disposición  del  juez  competente,  con- 
forme al  artículo  3o  del  reglamento  de  gobierno  provi- 
sorio. 

Art.  3.°  Este  decreto  tendrá  fuerza  y  vigor  hasta  que 
se  publique  la  Constitución. 

Art.  i.°  Las  garantías  sancionadas  y  publicadas  en 
favor  de  los  venezolanos,  quedan  en  su  fuerza  y  vigor, 
exceptuando  sólo  el  caso,  en  que  se  autoriza  por  este 


344  BOLÍVAR 

decreto  al  Poder  Ejecutivo  con  el  Consejo  de  Gobierno, 
para  expulsar  ó  confinar  con  motivos  fundados,  á  los 
que  contrarían  los  principios  y  causa  de  Venezuela. 

Art.  5.°  El  Poder  Ejecutivo  dará  cuenta  al  próximo 
Congreso  constitucional  de  las  personas  que  hayan 
sido  expulsadas  ó  confinadas  en  virtud  de  este  decreto, 
para  que  en  vista  de  las  circunstancias,  determine  si 
continúan  ó  nó  en  sus  destinos;  si  antes  el  mismo  Poder 
Ejecutivo,  de  acuerdo  con  el  Consejo  de  Gobierno,  no 
hubiere  alzado  la  expulsión  ó  confinación,  atendida  la 
conducta  que  hayan  observado,  ó  por  haber  cesado  las 
circunstancias  que  motivan  esta  medida. 

Art.  6.°  Comuniqúese  al  Presidente  del  Estado  para  su 
ejecución  y  cumplimiento.  Dado  en  Valencia  á  10  de 
Setiembre  de  1830.  El  Presidente  :  Miguel  Peña.  —  El 
Secretario  :  Rafael  Acevedo. 

Valencia.  Setiembre,  11  de  1830.  —  Cúmplase;  y  al 
efecto  comuniqúese  á  quienes  corresponda  por  la  secre- 
taría del  Interior,  y  publíquese  en  la  Gaceta  de  Gobierno. 

—  El  presidente  del  Estado  :  José  A.  Paez.  —  Por  S.  E. 

—  El  Secretario  interino  del  Despacho  del  Interior  : 
Antonio  L.  Guzman. 


XX 


Al  ostracismo  de  Bolívar  siguió  el  fúnebre 
cortejo  de  la  ruina  de  Colombia.  El  Libertador 
de  América  se  alejaba  de  la  tierra  libertada, 
sin  odios  ni  rencores,  sin  incitar  á  la  rebelión 
ni  á  la  venganza,  aconsejando  el  respeto  al 
Gobierno  constituido. 

Fuerza  fué  que  Bolívar  se  detuviera  en  Car- 
tagena, camino  del  Calvario...  Él,  que  había 
desairado  el  donativo  de  un  millón  de  pesos 
que  le  ofreció  el  Perú,  no  tenía  ahora  dinero- 
bastante  para  embarcarse.  Esperábalo  de  un 
su  amigo  y  agente  de  negocios,  cuando  el 
Sr.  Machado,  teniente  de  navio,  llegó  á  Carta- 
gena con  la  misión  de  entregar  algunos  pliegos 
al   Libertador  de  América  expulsado  por  la 


346  BOLÍVAR 

soberana  voluntad  del  pueblo  redimido.  Se  le 
anunciaba  que  tres  cantones ,  Riochico  ,Orituco  y 
Chaguaramas,  se  habían  pronunciado,  acatando 
la  autoridad  del  proscrito  y  oponiéndose  enér- 
gicamente á  la  desmembración  de  Colombia. 

Á  pesar  de  esto,  Bolívar  recomendó  á  sus 
amigos  que  salvaran  al  país  del  abismo  de  la 
guerra  civil. 

Un  tristísimo  suceso,  nunca  bien  llorado 
por  la  patria,  contribuyó  á  amargar  la  vida 
del  esclarecido  patriota.  El  general  Sucre 
acababa  de  ser  villanamente  asesinado.  La 
virtud  del  gran  Mariscal  de  Ayacucho,  cuya 
espada  era  una  amenaza  constante  contra  los 
malhechores  políticos,  brillaba  demasiado  en 
el  sombrío  cuadro  de  una  sociedad  hundida 
en  el  cieno  de  ambiciones  bastardas. 

El  asesinato  se  llevó  á  cabo  premeditada- 
mente, por  iniciativa  del  general  Obando. 

Los  consejos  de  la  prudencia  no  hicieron 
desistir  á  Sucre  de  su  viaje  á  Quito.  Atento 
sólo  al  deber,  rechazó  con  ánimo  entero  el 
temor  que  buenos  amigos  suyos  (pusieron 
poner  en  su  corazón  ;  y,  sin  precaverse  contra 


BOLÍVAR  347 

el  peligro,  sin  recelos  oí  inquietudes,  tranquilo 
en  su  conciencia  y  firme  en  su  voluntad,  em- 
prendió el  viaje  sin  presentir  que  la  muerte  le 
acechaba  á  traición  y  á  mansalva. 

¡  Horrible  peregrinación  la  suya  por  tor- 
tuosas y  solitarias  montañas,  cuya  oscuridad 
bastaba  para  engendrar  pavura  en  el  ánimo 
más  esforzado  ! 

Sucre  advirtió  á  la  postre  la  celada  que  se  le 
halda  preparado  con  habilidad  suma.  Empero 
ya  no  le  era  dable  esquivarla  ni  ganarse  á  Sarria 
y  áErazo,  asesinos  de  oficio,  á  quienes  encontró 
dos  veces  <mi  el  camino  siguiéndole  cautelosa- 
mente como  sombras  precursoras  déla  muerte. 

Fué  en  el  desfiladero  de  Berruecos  donde 
se  consumó  la  infame  obra.  Del  paraje  más 
sombrío  y  oculto  partieron  traidoramente  los 
disparos  de  fusil  que  pusieron  término  á  la 
vida  de  aquel  militar  íntegro  y  valeroso,  que 
jamas  ocultó  la  frente  ni  el  corazón  á  las  balas 


de  enemigos  leales. 


«  Ay,  balazo!.,  »  exclamó  antes  de  que  la 
muerte  sellara  por  siempre  sus  labios. 

De  esta  suerte  murió  el   gran  Mariscal  de 


348  BOLÍVAR 

Ayacucho,  cuando  anhelaba  el  reposo  del 
hogar  doméstico,  sin  que  enturbiaran  su  pe- 
cho las  ambiciones  del  poder. 

Tan  infame  crimen  no  acalló  un  punto  la 
grita  de  los  partidos.  El  general  López  no  tuvo 
reparo  en  decir  que  si  el  asesinato  no  se  hu- 
biera perpetrado  en  Popayán,  él  lo  habría 
celebrado  con  un  banquete. 

De  esta  escena  de  miserias  se  destaca  lumi- 
nosa la  figura  de  Mosquera.  El  digno  presi- 
dente decretó  que  el  ejército  vistiera  luto  en 
señal  de  duelo,  y  fué  tan  vivo  el  suyo  propio 
que  le  postró  enfermo  en  el  lecho. 

«  General,  el  Gran  Mariscal  de  Ayacucho 
ha  sido  alevosamente  asesinado  en  la  mon- 
taña de  Berruecos;  »  dijo  Montilla.  Y  Bolívar, 
golpeándose  en  la  frente,  paró  estupefacto  y 
mudo  ante  tamaño  infortunio. 

El  acontecimiento  cayó  con  todo  el  peso  de 
lamas  mortal  de  los  congojas,  sobre  el  dolorido 
corazón  del  expatriado,  á  tiempo  que  en  Vene- 
zuela se  alzaba  potente,  como  clamor  de  muerte, 
el  grito  impio  de  :  !  La  expulsión  de  Bolívar  ! 

Fué  un  íntimo  amigo  de  aquel  hombre,  que 


BOLÍYAH  340 

no  tuvo  siquiera  la  inviolabilidad  que  merece 
la  desgracia,  quien  cumplió  la  triste  misión  de 
participarle  las  exigencias  del  Congreso  vene- 
zolano;  fué  el  Sr.  Mosquera  quien  acabo  de 
herir  de  muerte  al  amigo  cuyas  fueron  las 
mercedes  que  le  elevaron  al  poder. 

En  medio  de  las  injusticias  de  la  suerte  y 
de  los  sibaritismos  de  la  crueldad,  pugnaba 
por  erguirse  el  remordimiento,  y  arrastrán- 
dose penosamente  perseguía  á  los  buenos 
patriotas,  para  atarazarles  el  corazón. 

Mosquera,  acobardado  por  sus  propios 
desaciertos,  se  refugiaba  en  Anolaima  y,  ven- 
cido luego  juntamente  con  Caicedo,  abandonó 
el  poder,  que  un  pronunciamiento  militar  puso 
en  mano  del  general  Urdaneta  durante  la  au- 
sencia de  Bolívar. 

Urdaneta,  cumpliendo  como  bueno,  invitó 
á  Bolívar  á  restituirse  al  mando ;  y  á  las  mu- 
chas demandas  de  igual  índole,  uniéronse  las 
de  los  ministros  de  la  Gran  Bretaña,  del  Brasil 
y  de  los  Estados  luidos.  — En  tanto  que  la 
patria  destellaba  á  Bolívar,  las  potencias  ex- 
tranjeras declaraban,  por  medio  de  sus  repre- 


350  BOLÍVAR 

sentantes,  que  sólo  él  podía  atajar  en  Colombia 
el  desbordamiento  de  las  pasiones  políticas. 

Ni  paró  en  esto  el  favor  de  la  reacción. 
También  en  Cartagena  estalló  un  pronuncia- 
miento militar,  y  amigos  y  admiradores  de 
Bolívar  quisieron  proclamarle  jefe  del  ejército. 
Empero,  enamorado  de  los  principios  que  in- 
formaron siempre  su  política,  no  accedió  á  los 
deseos  de  la  Asamblea,  fundando  su  negativa 
en  que  no  la  voluntad  del  pueblo,  sino  la  tira- 
nía de  un  motín,  le  encomendaba  de  nuevo  la 
dirección  del  gobierno. 

Partióse,  pues,  á  Soledad  y  de  allí  á  Barran- 
quilla,  llevando  consigo  el  germen  de  padeci- 
mientos, más  morales  que  físicos,  que  le 
guiaban  aceleradamente  á  la  muerte.  El 
gobierno  de  Paez  proseguía  injuriándole 
cruelmente,  en  tanto  que  Ecuador,  Bolivia 
y    Nueva  Granada   lionraban     su    memoria. 

Las  enfermedades  le  obligaron  á  embarcarse 
con  rumbo  á  Santa  Marta,  y  llegó  á  la  isla  en  tal 
estado  de  gravedad  que  el  doctor  A.  Próspero 
Revereud  hubo  de  socorrerle  inmediatamente 
en  nombre  de  la  ciencia;  y,  habiendo  logrado 


BOLÍVAR  3.¡l 

reponer  algo  de  sus  quebrantadas  fuerzas,  le 
permitió  el  traslado  á  San  Pedro  Alejandrino, 
quinta  del  Sr.  Joaquín  de  Mier. 

En  el  intervalo  de  dos  días,  el  aire  puro  de 
la  campiña  ¡nido  ejercer  en  los  órganos  de 
Bolívar  la  acción,  tan  enérgica  como  ficticia, 
que  el  galvanismo  ejerce  en  los  cadáveres. 
Pero  aquella  vida,  exuberante  de  energías  en 
el  momento  de  derrocar  un  trono  y  de  agitar, 
con  el  cataclismo  del  genio,  al  mundo  ameri- 
cano, se  escapaba  á  torrentes. 

La  primera  alborada  del  día  10  de  Diciembre 
principiaba  á  teñir  de  luz  las  sombras  de  la 
estancia,  cuando  el  ilustre  enfermo  pidió  los 
auxilios  de  la  Iglesia  ;  y  luego  de  haber  ren- 
dido culto  á  su  fe  católica,  ungiéndose  con  los 
óleos  de  la  muerte,  se  dispuso  á  tributar  el 
último  homenajea  su  fe  política,  despidiéndose 
de  los  colombianos.  El  obispo  Estévez  le  acom- 
pañaba en  el  amargo  trance;  un  escribiente 
trazaba  en  el  papel  la  postrera  enseñanza 
del  Redentor  de  un  mundo,  y  Bolívar,  con  la 
resignación  del  martirio  y  la  fe  del  apostolado, 
dictaba  su  testamento  político  ungido  con  el 


352  BOLÍVAR 

óleo  bendito  de  amorosa  frase,  eco  de  la  que 
profirió  en  la  cruz  el  Redentor  de  la  humanidad  : 
/  Yo  les  perdono  l...  Después,  venciendo  á  la 
muerte,  que  le  retenía  en  el  lecho,  logró  incor- 
porar el  desfallecido  cuerpo,  y  con  lágrimas  en 
los  ojos  y  convulsa  mano ,  rastreó ,  más  que  escri- 
bió, al  pié  del  manuscrito,  estas  palabras,  sím- 
bolo de  la  libertad  en  América :  Simón  Bolívar. 
El  17  de  Diciembre  acaeció  su  muerte,  en 
el  momento  mismo  en  que  admiradores  suyos 
proclamaban  las  proezas  del  héroe,  y  adver- 
sarios irreconciliables  disputaban  á  la  tierra  los 
despojos  de  su  nombre.  Murió  sin  amargura, 
enviando  á  sus  enemigos  el  sublime  perdón  del 
Crucificado,  y  acallando  en  el  corazón  la  me- 
recida protesta  contra  los  fatalismos  de  la 
suerte. 


PIN 


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Corbefl.  —  Imprenta  Jo  B.  Reiuudht. 


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